LA CONJURA

jueves, 24 de septiembre de 2026

EL NOVIO

 




Los autores de thriller no paran de engañar a los pobres lectores. Y no solo en la ficción literaria (cuando nos apuntan a un asesino demasiado evidente), sino también en el uso de pseudónimos y falsas identidades. El nombre de Carmen Mola es falso y el de Freida McFadden también, que parece ser una neuróloga o algo así.


Sydney Shaw es una neoyorquina que busca novio. Lo de toda la vida, sólo que ahora los nativos digitales lo hacen a través de una app de citas. Conoce a Tom, un médico guapo, educado, y muy interesante, tanto que no puede creerse la suerte que ha tenido. Está deslumbrada. Pero claro, el asunto no puede ser tan sencillo y Tom tiene un pasado oscuro. La cosa se complica cuando Bonnie, la mejor amiga de Sydney, aparece salvajemente asesinada en su apartamento de New York.


Bueno, pues entretiene. Capítulos cortos con tensión in crescendo y giros, no sé si calificarlos de “inesperados” porque uno sabe que el final va a ser enrevesado, pero sorprendentes, desde luego que sí. ¿Qué más se puede decir? Aunque mi maridito diría, “como no hay crítica a la tiranía política, que es lo propio de todo Gran Libro, no lo es”. Pero es entretenido como dije antes y eso ya es suficiente ¿ o no?


Mi departamento está en silencio.

Demasiado silencio. Los momentos de absoluta quietud resultan raros en un apartamento de Manhattan, por muy tarde que sea. Incluso cuando entro a trompicones en el baño a las tres de la mañana suelo oír que alguien está de fiesta al otro lado de mi ventana. Por eso, el silencio al abrir la puerta me inquieta.




jueves, 17 de septiembre de 2026

LA CIUDAD DE LAS LUCES MUERTAS

 



Llegué a esta novela de Uclés por su anterior libro (La Península de las casas vacías), que me pareció una gran obra y sentí curiosidad por “La ciudad de las luces muertas “ que además fue galardonada con el Premio Nadal de novela de 2026. Es de resaltar la magnifica portada del libro, obra del ilustrador Diego Rodriguez.

Su argumento se inicia con un apagón en la ciudad de Barcelona. De pronto no hay luz; ni solar, ni artificial. Entonces se superponen todas las Barcelonas, pasadas, presentes y futuras en un mismo plano. Coinciden en el mismo espacio temporal, artistas, escritores, pintores, poetas, gentes de la cultura y de las letras.


¡Un aleph artístico y literario en Barcelona!


Pero la desbordante imaginación del autor no ha servido, esta vez, para lograr una obra consistente como ocurrió con su anterior novela; al contrario, el argumento se queda en una mera enumeración, un anecdotario de personajes que eclipsa la trama y el hilo conductor.

Se me ha hecho largo y pesado, y eso que solo tiene 276 páginas. Un David Uclés “ artificial” aunque con buena intención.


Mario había ingresado en el hospital por voluntad propia. No tenía ninguna dolencia física, pero sí una psicológica que solo podía mitigar mediante una intervención quirúrgica. El escritor peruano quería que le movieran el corazón de sitio, de la región izquierda de la cavidad torácica a la derecha. Explicaba que había dejado no solo de pensar como un hombre progresista, sino también de sentir como tal. Quería que la sangre le fuera bombeada en el lado conservador, recto y uniforme del cuerpo.


miércoles, 19 de agosto de 2026

EL AMO


 


“El amo” es el segundo libro de la serie protagonizada por el subinspector Jotadé, policía gitano en una comisaría de Madrid, un agente descarado e intuitivo, que siempre va a su bola.


En esta ocasión se ocupa de un asesino psicópata que durante años secuestra jóvenes a las que mantiene recluidas en un zulo y a las que termina dejándolas embarazadas y al término de dar a luz las asesina. Una idea no muy original, pero sí denunciadora de la condición criminal de la raza humana.


Esta segunda entrega ha resultado bastante más interesante que la anterior y no por acercarse a una lectura más compleja. Y es que la historia comienza sabiendo el lector quien es el asesino desde el principio; el asesino está muy cerquita de Jotadé, y es ni más ni menos que su propio jefe, el comisario. (No desvelo nada, se sabe desde la primera página, incluso desde el libro anterior y está bien que lo haga pues la naturaleza humana de verdad es la de “ser el jefe de alguna tribu violenta”, como diría mi marido )


Capítulos cortos que se agradecen a Santiago Díaz. Pero hay varias subtramas que, al igual que en el libro anterior, no me han interesado porque se nota construidas para rellenar páginas.


Por lo demás, un tipo de libro que cumple su función veraniega; lectura ligera que de vez en cuando se necesita para relajarse debajo de la sombra de un gran árbol o a la orilla de la playa y desconectar del teléfono móvil.



Cuando llegan los viajeros más madrugadores a la parada del autobús, se asustan al ver a Jotadé dormido en el mismo lugar en el que encontraron muerta a Carla Lombardo unos días atrás, convencidos de que se trata de la segunda víctima del mismo asesino. Un hombre de mediana edad se acerca con cautela y lo toca con el dedo, lo que sobresalta al policía, que saca instintivamente su pistola de la cartuchera.

—¡¿Qué hostias pasa?!

—No pasa nada, perdón—dice el hombre con las manos en alto, acobardado—. Pensábamos que estabas muerto.

—Tus muertos lo están, no te digo el payo.—Se tranquiliza y guarda la pistola, avergonzado—. Solo estaba pensando, así que cada uno a lo suyo.





sábado, 8 de agosto de 2026

EL LORO DE FLAUBERT



“El loro de Flaubert” podría ser el Espíritu Santo, la tercera persona de Dios. Pero lo que es seguro es que se trata de un libro de Julian Barnes.


Narra la historia de un médico apasionado de la obra de Flaubert, que emprende un viaje a las ciudades de Croisset y Rouen en Francia, en busca del verdadero loro que inspiró el relato de “Un corazón simple”.


Y digo “verdadero”, porque aparecen dos loros (disecados) que se atribuyen tal mérito. A pesar de que el libro tiene apariencia de novela, en realidad, tiene más de ensayo con elementos metaliterarios y biográficos de Flaubert.


Se precisa una gran capacidad y una técnica virtuosa para escribir “esto”, irse de un tema a otro, sin que el lector se dé cuenta de ello o se harte, escribir sobre un loro disecado, polvoriento, que una vez estuvo en el escritorio de Flaubert. El lector tiene que tolerar tanta pedantería del autor y la presencia obsesiva del loro y, sin embargo, sigue leyendo. La razón es que está muy bien escrito, con una gran técnica y destreza, es culto, irónico… es una gran lectura.


“El loro/escritor acepta con pusilanimidad el lenguaje como una cosa recibida, imitativa e inerte. El propio Sartre reprendió a Flaubert por su pasividad, por su creencia ( o por su colusión con la creencia) en que on est parlé: nos hablan”


La historia del loro aparece en un relato corto “Un coeur simple” . Una criada pobre e inculta llamada “Felicité” sirve toda su vida a la misma familia. Cuando mueren todos o sencillamente se van y se olvidan de ella, sólo le queda un loro al que llama Loulou. El día en que el animal muere lo manda disecar. La reliquia la guarda en un altar sustituyendo a la paloma del Espíritu Santo, pues, según la pobre Felicité, el don de las lenguas la tiene el loro y no la paloma.


Para escribir este cuento Flaubert se basó en una noticia encontrada en la prensa en el año 1863 y del que podríamos decir uno de los primeros casos therians que se conoce. Un hombre víctima de un desengaño amoroso se convierte en un misántropo, viviendo únicamente con su loro. Al cabo del tiempo, cuando éste muere, el hombre empezó a creerse un loro.


A partir de ahí, el autor (Julian Barnes) hace un estudio sobre los loros en la obra de Flaubert. Que si en “Salammbô” los traductores cartagineses llevaban un loro tatuado en el pecho, que si en la “L’Éducation sentimental” aparece la percha de un loro, o que en “Saint Julien l’hospitalier” al cazador le resulta imposible matar a un grupo de loros. Y lo hace con mérito, como si de ello dependiera el realismo literario. Vamos, que no es cosa baladí sino principal encontrar al verdadero loro, disecado y acaroso.


También Barnes hace una aproximación al carácter de Flaubert. Vivía solo, en compañía de sus padres, su hermana, los criados, el perro, y las visitas regulares de sus amigos. Odiaba los ferrocarriles. Sexualmente muy activo, nunca se casó, Louise Colet, fue su confidente y amante, al igual que algunos hombres (le gustaba los muchachos de las casas de baños). Sufría crisis epilépticas y contrajo la sífilis. En un viaje a Egipto su amigo Du Camp le colocó una tarjeta de visita entre las piedras de una pirámide. Pertenecía a un vecino suyo, encerador de suelos. Flaubert la encontró y cayó en la broma. Era un escritor al que la ironía y la forma le apasionaban.


En resumen, un libro genialmente escrito. Digresivo, interesante y culto. Volveré a Barnes.


PD: Las iglesias deberían sustituir el símbolo de la paloma por el del loro a la hora de representar el Espíritu Santo.


Yo me río de todo, incluso de lo que más amo.


El artista, en mi opinión, es una monstruosidad, una cosa que escapa a la naturaleza.


Pase lo que pase—escribió Flaubert cuando estalló la guerra franco-prusiana—seguiremos siendo unos estúpidos.


Flaubert no creía en el progreso: especialmente en el progreso moral, que es el único que importa.


El mayor sueño de la democracia consiste en elevar al proletariado hasta el nivel de estupidez de la burguesía.


De acuerdo con mi ideal de Arte, creo que no hay que mostrar ninguna idea propia. Y que el artista debe aparecer tan poco en su obra como Dios en la naturaleza. ¡El hombre no es nada, la obra es todo!


Creía en el estilo más que nadie. El estilo está en función del tema. No se le puede imponer estilo al asunto, sino que debe surgir de él. El estilo es la fidelidad al pensamiento.


En el fondo de mi corazón estoy irremediablemente convencido de que mis queridos prójimos, con unas pocas excepciones, son unos seres despreciables.


Su sistema preferido de gobierno era el chino, el mandarinazgo; pero estaba perfectamente dispuesto a reconocer que las posibilidades de que este sistema fuese introducido en Francia eran remotísimas.


La democracia no es la última palabra de la humanidad, de la misma manera que tampoco lo fueron la esclavitud, el feudalismo o la monarquía. La mejor forma de gobierno, aseguraba, es la que ya ha empezado a agonizar, porque significa que está cediéndole el paso a otra forma.


Pero quiero añadir otra consideración, la de esta increible debilidad de carácter de mi cliente: no era partidario de que las personas se matasen las unas a las otras. Podrá decir usted que era un remilgado, pero la cuestión es que no lo aprobaba.


El mayor acto de patriotismo consiste en decirle a tu patria que está comportándose de forma deshonrosa, estúpida, malévola. El escritor debe tener simpatías universales, y ser un proscrito por naturaleza: sólo entonces puede ver las cosas con claridad.


Es tan imposible imaginar una Idea sin Forma como una Forma sin Idea. En arte todo depende de la ejecución: la historia de un piojo puede ser más bella que la historia de Alejandro Magno.


Cuando estaba en Croisset soñaba con la arena caliente y el reluciente Nilo; cuando estaba en el Nilo soñaba en nieblas húmedas y el reluciente Croisset. En realidad no le gustaba viajar. Le gustaba la idea de los viajes, y también el recuerdo que dejan los viajes, pero no el viaje en sí.


Una vez dijo que para ser feliz había que cumplir tres requisitos previos—ser estúpido, ser egoísta, y gozar de buena salud—y que él no estaba seguro de cumplir más que el segundo.


El desastre le encantó: en cinco minutos la Naturaleza había impuesto de nuevo a las cosas el verdadero orden, tan diferente del breve y ficticio orden que el hombre, con su característico engreimiento, imagina haber creado. La gente está demasiado dispuesta a creer que la función de sol consiste en ayudar a crecer las coles.


No se puede cambiar a la humanidad, sólo conocerla.






domingo, 26 de julio de 2026

JOTADÉ


 



De nuevo leyendo a Santiago Díaz y a su universo ficcional de policías en una comisaría madrileña que combaten el crimen organizado.


Jotadé, es policía y es gitano y protagonista de esta novela negra que trata de mafias, traficantes y asesinos al más puro estilo hollywoodense. Es Jotadé tan duro y sarcástico como un Clint Eastwood interpretando a Harry el Sucio. El policía patrulla los barrios madrileños con su viejo Cadillac. Muy chulo él, pero leal a sus compañeros. Su familia vende bragas en el mercadillo y su “ex” vive con el hijo de ambos en un modesto piso, y trabaja en un supermercado por el que apenas le llega para pagar la hipoteca.


Empieza la novela con un ajuste de cuentas cuando dos hombres son lanzados con una soga al cuello y destripados desde un puente de la M-30.


Intervienen , claro está, otros policías: Vero Arganza, oficial de confianza de Jotadé; la agente Lucía Navarro, antigua compañera y amiga de Jotadé, que ahora cumple condena por un asesinato; y otros, como Iván Moreno, el viudo de la fallecida inspectora Indira Ramos, que vive en un pueblecito, Villafranca de los Barros, y que forma parte de una subtrama que no interesa mucho, la verdad.


Sigue siendo novela piscinera para amortiguar las olas de calor. Y¿cómo se lee en las piscinas? Se lee y no se lee.



Jotadé habla por el móvil frente a la casa de sus padres, sin quitar ojo al Jonathan, un gitano de su quinta que revisa su Cadillac con una linterna en la boca y una vieja caja de herramientas a sus pies.

—Yo me encargo, tranquila—dice al teléfono—. Pero tú, por si acaso, procura no dejarte ver. Lo digo en serio, Lucía. No salgas de tu celda hasta que te vaya a visitar yo mañana, ¿vale? Intenta descansar.

Cuelga y va hacia el mecánico.

—¿Ya sabes lo que tiene?

—Más años que el hilo negro. ¿Por qué no lo cambias de una vez, primo?

—Porque no. ¿Lo puedes arreglar o no para que me den la pegatina?

—Una de dos: o sueltas cincuenta euros para que lo lleve a una ITV donde curra un colega mío, o le metes cuatrocientos para cambiar el carburador, que falta le hace.

—Hay una tercera: que me lo cambies tú por doscientos o hablo con unos colegas para que vayan a hacer una inspección a tu taller.



domingo, 19 de julio de 2026

EL COLOQUIO DE LOS PERROS


 



Precisamente, tres siglos y medio antes de que James Herriot titulara a su novela “Si los animales pudieran hablar”, (anteriormente reseñada), ya Cervantes construía esta broma donde dos perros adquieren la facultad de hablar y contar y reflexionar sobre su vida y experiencias.


“El coloquio de los perros” es una novela ejemplar publicada en 1613 y estructurada como un diálogo entre dos perros, Cipión y Berganza. Partiendo del famoso dicho que hay sobre nuestras mascotas “sólo le falta hablar” Cervantes estructura un relato con las características de una novela picaresca en la que ,como siempre hizo, supera el género de la novela picaresca y donde el perro Berganza cuenta sus andanzas a lo largo del tiempo a las órdenes de sus diferentes dueños; el mercader, la hechicera, los gitanos, el poeta, los soldados… etc; a todos ellos sirve honradamente pero también con la picaresca del superviviente que ha de intentar mejorar su suerte.


Berganza es el perro que narra su vida y vive sus aventuras, es pícaro aunque noble en sus actos y reflexiones, demostrando tener más ética y valores morales que los humanos que le rodean. Cipión, es el perro que escucha, el crítico, el filósofo, valora la brevedad en el relato, y es racional y pragmático.


Berganza es la acción, Cipión el pensamiento.



CIPIÓN.- Por haber oído decir que dijo un gran poeta de los antiguos que era difícil cosa el no escribir sátiras, consentiré que murmures un poco de luz y no de sangre; quiero decir que señales y no hieras ni des mate a ninguno en cosa señalada: que no es buena la murmuración, aunque haga reír a muchos, si mata a uno; y si puedes agradas sin ella, te tendré por muy discreto.


BERGANZA.- Yo tomaré tu consejo, y esperaré con gran deseo que llegue el tiempo en que me cuentes tus sucesos; que de quien tan bien sabe conocer y enmendar los defetos que tengo en contar los míos, bien se puede esperar que contará los suyos de manera que enseñen y deleiten a un mismo punto.






martes, 30 de junio de 2026

SI LOS ANIMALES PUDIERAN HABLAR


 


Terminados sus estudios en Glasgow, James Herriot ( 1916- 1995 ) se traslada en los años previos a II Guerra Mundial a una clínica rural en Yorkshire en la ciudad de Thirsk, donde trabajará toda su vida como veterinario.


Su jefe, Siegfried, es un tipo malhumorado y gruñón, capaz de agotar la paciencia de la persona más calmada, pero también un hombre sensible e inteligente, experto en caballos. Su hermano, Tristan, un joven de buen corazón y despreocupado e irresponsable, el perfecto camarada de correrías por las tabernas del lugar. La señora Hall es la eficiente ama de llaves que pone orden en la casa. Allí conoce también a Helen, la atractiva hija del granjero Alderson con la que después de varios intentos de noviazgo se convertirá en su prometida.


Me encantan estos libros de James Harriot porque escribe con gracia y sensibilidad; transmite paz, amabilidad, sentido del humor y sus historias no son meramente anécdotas, es mucho más que eso, es música para vivir mejor (como dicen en la radio nacional clásica).


Bajarse del coche para contemplar el valle, granjeros hablándole de las distintas consistencia de las cacas en mitad de una cita con su novia en el cine, extraviar un termómetro en el trasero de una vaca, o asistir a una pareja de caballos que sorprendentemente llevaban doce años “jubilados” sin trabajar.


Un libro que transmite amor y empatía hacia los animales. Y a sus variopintos dueños.


—Solo tengo un miedo. Mis perros y mis gatos, señor Herriot. Me da miedo no volver a verlos cuando me vaya, y eso me preocupa mucho. Sé que volveré a ver a mis padres y mis hermanos pero… pero…

—¿Y por qué no va a volver a ver a sus animales?

—Esa es la cosa.—Sacudió la cabeza en la almohada y solo entonces vi que las lágrimas le caían por la mejilla—. Dicen que los animales no tienen alma.

 — ¿Quién dice eso?

—Lo he leído y sé que hay mucha gente religiosa que lo cree así.

—Bueno, yo no lo creo.—Le di unas palmaditas en la mano, que aún se aferraba a la mía—. Si tener alma significa ser capaz de sentir amor, y lealtad, y gratitud, a los animales se les da mucho mejor que a muchos humanos. Yo por eso no me preocuparía.