LA CONJURA

lunes, 15 de junio de 2026

MADRID, DE CORTE A CHECA

 




En la ciudad de Nastola, al norte de Helsinki, un tipo gordo y alto atraviesa con abrigo de pieles, puro en mano, aire solemne y andares fascistas, el patio de un campo de concentración. Se para ante la celda de un grupo de comunistas españoles capturados en la II Guerra Mundial. Entra, y ante el asombro de los prisioneros les habla en español. En el barracón se hace el silencio hasta que uno de ellos lo reconoce: “Pero si es el conde de Foxá, el que escribió: Madrid, de Corte a Checa”


Así era Agustín de Foxá el autor de este libro, escrito en el año 37, en plena guerra civil española. Un fascista, sí, pero también un hombre inteligente y cínico e imprevisible que haciendo uso de su estatus diplomático no dudó en salvar la vida de un grupo de compatriotas sin importarle su ideología.


La novela está escrita desde el punto de vista del bando sublevado. Es una obra a merced de la propaganda política falangista, un libelo imbuido de la más pura tradición católica que justifica el golpe de Estado previo a la guerra civil.


Pero como una cosa no tiene que ver con la otra, Foxá es también un gran escritor. De una gran capacidad literaria, estilo conciso, audaz en la metáfora y en la ironía. De palabra rápida, ingeniosa, ofensiva.


La obra consta de tres partes: en la primera se relata el final de la Dictadura de Primo de Rivera y el final de la Monarquía; en la segunda, se proclama la II República; y por último, en la tercera parte, la Guerra Civil Española.


El protagonista es José Félix, un joven aristócrata con veleidades revolucionarias, un hombre “tentado por los filmes rusos, la pintura cubista de Picasso, nacido en el siglo de la deshumanización del Arte, abandonando a Dios en la sordidez del Ateneo, a la novia en los libros zoológicos de Freud y a la Patria en los Estatutos de Ginebra”.


Pronto José Félix se desengaña de la República. Todo es decadencia moral y política: Los trabajadores son brutos y resentidos, los intelectuales afines a la izquierda, mediocres y fracasados, y suponen otra decepción para el protagonista; todo va encaminado a una sociedad en la que acecha el comunismo. Por todo esto, y como única forma de volver al orden y evitar el desmoronamiento de la nación, José Félix se afilia a la Falange.


Hoy como ayer, la falange de Foxá.


Hay también una trama sentimental. El protagonista está enamorado de Pilar. Pero ésta, obligada por sus padres, por la necesidad de dinero pues su familia está arruinada, se casa con Miguel Solís, un joven terrateniente con caudales, que tras la boda se nos revela además como juerguista y mujeriego.


El Madrid de las tertulias, de los cafés, es descrito como una gran caricatura. En la segunda parte, durante la vigencia de la II República, el estilo de Foxá es mordaz y grotesco. Recuerda a “las máscaras del héroe”. O más bien al revés. La novela de Juan Manuel de Prada recuerda a la de Foxá en estilo, en personajes, en ese batiburrillo intelectual de la época. Personajes comunes como Pedro Luis de Gálvez salen en ambas novelas. Y otros como, César González Ruano, José Bergamín, y muchos de los intelectuales y políticos de la época.


En las tertulias que describe Foxá encontramos personajes singulares, esperpénticos, como el médico-poeta que trataba de encontrar una lente que devolviera la vista al ojo atrofiado que tenemos en el occipucio. Relata, según él, el esnobismo intelectual simpatizante con los comunistas; uno de ellos Alberti, al que califica de mal poeta, cantando al cemento, las turbinas, el canal de Kiel o el plan quinquenal.


Y llegados a la Guerra Civil, Agustín de Foxá hace un relato descarnado de la contienda, un estado de terror dentro del Madrid sitiado donde cualquiera puede ser perseguido y fusilado a la menor sospecha de pertenecer al bando sublevado. Ello, según Foxá, propició venganzas personales. Olvida Foxá que los militares sublevados fueron los que abrieron la caja de los males.


Hombre, cada uno cuenta la historia según la ha vivido. Está claro que en una guerra se cometen disparates por ambos lados. Pero lo que Foxá cuenta es un horror. Relata, por ejemplo, la historia de los marineros muertos por la república y echados al mar sin ningún reparo. Lo que no cuenta es que la nave en la que iban estaba al mando de la República y que los marineros se amotinaron como terroristas contra la República.


Pero hay un pasaje de la barbarie anticlerical que me ha impresionado. El de los soldados fotografiándose orgullos con los esqueletos de las monjas de un convento. Es cruel, desde luego. Y es real.


Ahora bien, no cuenta Foxá, por ejemplo, las acciones de las tropas moras en Badajoz traídas por Franco de África para defender a los latifundistas españoles.


La vida y la obra de Foxá y la experiencia demuestran que cuando hay guerra lo mejor es escapar, si se puede, a un país neutral.



Era el símbolo de los mediocres en la hora gloriosa de la revancha. Un mundo gris y rencoroso de pedagogos y funcionarios de Correos, de abogadetes y tertulianos mal vestidos, triunfaban con su exaltación. Era el vengador de los cocidos modestos y los pisos de cuarenta duros de los Gutierrez y González anónimos, cargados de hijos y de envidia, paseando con sus mujeres gordas por el Parque del Oeste, de los boticarios que hablan de la Humanidad con h mayúscula, de los cafés lóbregos, de los archivos sin luz, de los opositores sin novia, de los fracasados, de los jefes de negociado veraneantes en Cercedilla, de todo un mundo sin paisaje ni sport, que olían a brasero, a Heraldo de Madrid y a contrato de inquilinos.



Todos repetían en sociedad los temas de sus oposiciones, las preguntas de sus cátedras, las reflexiones de sus críticas, los comentarios de sus bufetes. Porque no habían encontrado todavía ese tono ligero, esa espuma maliciosa y cortés que alude a las cosas y las desflora sin entrar en ellas y que constituye la conversación del hombre de mundo.





lunes, 25 de mayo de 2026

EL COMPOSITOR DE TORMENTAS

 




Esta novela de aventuras de más de 500 páginas y dividida en tres actos se me ha hecho excesivamente larga, con la mitad de texto hubiese estado mejor: una sonata mejor que una sinfonía. Y es que cuando llegué al final había olvidado el principio. Será cosa mía y del momento del cosmos en que lo leí…porque leer es como entonar la melodía respetando la escala y el compás.


La novela consiste en una historia que cuenta el director de la Ópera Garnier de Paris a Michael Steiner, un músico, compositor y director que se siente incapacitado para interpretar cierta melodía tras la muerte de su mujer.


Y entonces nos trasportamos a la Francia del siglo XVII, con Luis XIV, el rey Sol, y a la corte de Versalles, con sus intrigas palaciegas y fiestas en París. Aparecen viajes, historias de piratas y negreros, paisajes idílicos en la isla de Madagascar, y el amor. Matthieu es un joven músico que se ve implicado en un asesinato y por el que tiene que embarcarse rumbo a la isla de Madagascar en busca de la música primigenia que conecta todos los elementos del cosmos, en la búsqueda de una armonía global.


Se presentan personajes históricos como Newton, el ministro Louvois, el jardinero real André Le Nôtre que diseñó los jardines de Versalles, el artista Le Brun, pintor barroco, y el enfrentamiento real, (a la manera de Mozart y Salieri pero esta vez de verdad) entre los músicos Marc-Antoine Charpentier y Lully.


Y como el lenguaje de la Naturaleza también puede ser transcrito en notas musicales en un pentagrama, “El compositor de tormentas” así lo hace una noche de tormenta en la cubierta de un barco. Los truenos eran timbales, las gotas de lluvia que tintineaban como campanillas de percusión, el viento como el silbido cortante de un violín en máxima tensión o como una densa sección de violonchelos.




Los griegos sabían que, al igual que las escalas mixolidias entristecen, otras afiebran la mente—añadió Matthieu—. Es como los ritmos: unos desprenden calma; otros, nobleza, pasión…


¡Sí! —exclamó Misson golpeando con furia la mesa, derramando el cacao líquido.


Como escribió Marc-Antoine Charpentier—se le ocurrió citar, recordando las enseñanzas de su tío—cada modo tiene su espíritu: do mayor es duro y guerrero; do menor, oscuro y triste; re mayor, alegre y muy belicoso; re menor, grave y devoto, y así hasta terminar las tonalidades.





domingo, 12 de abril de 2026

LA PACIENTE SILENCIOSA


 


He comprado este libro en el supermercado entre ricos productos de pescadería, frutería y latas de conservas. No es de lo más habitual, lo sé, pero es otra opción en un mundo en el que ya no se lee y las bibliotecas son puntos de venta. No hay que dejarse atrapar por los prejuicios, ni por la primera impresión al ver los libros rodeados de ofertas de jabones, ni por el estilo del lugar, y entrar al mundo consumista del supermercado que es uno de los mayores ecosistemas urbanos que podamos encontrar.


¿Y acaso no hay veteranos rastreadores de obras que alardean de comprar gangas al peso, por un euro entre montones de libros repletos de ácaros?


¿De qué trata el libro? Pues es un thriller, por supuesto. Alicia Berenson, una exitosa pintora, dispara a su marido cinco tiros en la cabeza. Naturalmente con tales heridas el marido muere. Su mujer, Alicia, no vuelve a hablar y es encerrada en un psiquiátrico. Entonces entra en escena un psicoterapeuta obsesionado con el caso e intenta investigar qué sucedió realmente esa noche.


La pincelada culta (y digo pincelada porque Alicia es una gran pintora) es el paralelismo que el autor hace de su historia con la tragedia griega Alcestis de Eurípides. En la obra griega, Admeto es condenado a muerte pero podrá salvarse si alguien se sacrifica por él. Intenta convencer a sus padres para que mueran en su lugar, pero no los convence; y es Alcestis, su mujer, quien se ofrece voluntaria para morir por su marido.


Se lee rápido. Aunque los avezados lectores de thriller intuirán el desenlace y quien es el culpable .




La cosa no acaba ahí, sin embargo. Hay un final más o menos feliz, un deus ex machina. Heracles saca a Alcestis del Hades y la devuelve triunfal a la tierra de los vivos. Ella regresa a la vida y Admeto llora conmovido en el reencuentro con su mujer. Las emociones de Alcestis son más difíciles de interpretar; permanece callada, no habla.



viernes, 3 de abril de 2026

VERA

 



El nuevo Premio Planeta nos cuenta en su novela ”Vera” la historia de una mujer de la clase alta sevillana separada de su marido aristócrata que conoce al empleado de una inmobiliaria, más joven que ella, atractivo, y de origen humilde, por el que se siente muy atraída y con el que inicia una relación amorosa.


Tras las duras críticas al libro, me hubiera gustado que me gustara, pero el libro no tiene nada destacable. Es como una historia escrita por un alumno de bachiller.


Poco más.


Pero mi “amable” y “nada envidioso” editor al que hice referencia en la entrada anterior (La península de las casas vacías), escribe de nuevo en su muro de Facebook sobre el último Premio Planeta de Juan del Val.


Y describe el editor una escena de la novela en la que el amante desvirga analmente a la protagonista utilizando para lubricarla un aceite virgen edición especial de la almazara del marido mientras de fondo suenan los quejíos del Niño de Elche.


Todo falso claro, porque esa escena no existe. El editor relata ese momento de la novela de Juan del Val pero, en realidad, es inventado ¿Se supone que es una ironía o gracieta del editor?  ¿ O no es más bien la mala baba de alguien que hace crítica sin leerse el libro?


Y estoy además segura que de poner un cantaor flamenco, Juan del Val—aficionado al cante jondo—, no hubiese puesto al Niño de Elche sino al gran cantaor gaditano “El Torta”.


"Mira esto”, dice Antonio casi al mismo tiempo que abre el balcón y los porticones cerrados que oscurecían el salón. Los tejados desiguales del barrio, las terrazas con baldosas de color teja, las antenas de televisión, los balcones de hierro colgados de las paredes blancas y, al fondo, la catedral, a la que los que no son de Sevilla identifican como la Giralda. Desde la terraza del ático del Arenal se ve en todo su esplendor, solemne por encima del resto de la ciudad.



lunes, 16 de marzo de 2026

LA PENÍNSULA DE LAS CASAS VACÍAS

 




La verdad es que no sabía si leer este libro de setecientas páginas que tiene tan buena como mala crítica. Al final me decidí a leerlo con atención, por varias razones, como ésta que cuento a continuación.


Un editor de Murcia, un tío campechano, que parece inteligente, con sentido del humor y un gato y que escribe muy requetebién (no es ironía, lo digo en serio) contaba en su página de facebook que David Uclés es... un desinformado y un pedante y que por ello no iba a leer su libro. Luego le dio la razón (con uno de esos emoticonos en el que aparece el dedo pulgar hacia arriba) a un comentario que alguien hizo en su muro llamando borregos a los cuatrocientas personas que fueron a verlo a Cartagena. A ese y a otros comentarios que le bailaban el agua. ¡Un crítico literario que deja mucho que desear para los lectores!


Continuaba nuestro supuesto editor y “duro crítico” comentando el último libro de Uclés “la ciudad de las luces muertas” que tras leer tres páginas en la sección de libros del corte inglés (dicho por él mismo) afirma lo siguiente: “Lo que leí me hizo pasarlo mal, porque me dió (lo escribe con tilde, además de otras faltas que le he visto en su muro, ¡que no pasa ná!, yo también cometo faltas de ortografía pero no hago esas críticas tan severas) hasta pena de cómo puede hacerse algo tan cursi y tan cutre


Pues eso. Un apasionado odiador de Uclés.




A mí no me gustó el escritor, David Uclés, me pareció—cuando asistí “como borrego” a una conferencia suya— un joven bastante vanidoso y preocupado por el dinero. Y ahora que ha fichado por la Editorial Destino, perteneciente al Grupo Planeta, creo que lo tendremos pronto como Premio Planeta. Pero lo cortés no quita lo valiente.


Además de escritor, David Uclés, es músico, dibujante, cantautor y habla cuatro idiomas. Como dice mi amigo y poeta Antonio G. Soler, "hay gente que nace sabiendo". Así que me puse a leer el libro que además me lo regaló Mariplatónica y del que yo no sabía nada.


Me sorprende encontrar una historia de la guerra civil española contada desde el realismo mágico. Estilo que parece haber asumido como suyo por David Uclés a tenor de su novela “La ciudad sin luces”( último premio Nadal).


En el universo ficcional de “La península de las casas vacías” asistimos a la guerra civil española con la familia de los Odisto Ardolento en Jándula, pueblo trasunto de la ciudad de Quesada (Jaén) durante el inicio y posterior guerra fratricida, con dos hermanos, José y Pablo, enfrentados en bandos opuestos.


Odisto y su mujer María tienen ocho hijos y nadie quedará cuando termine la guerra. No desvelo nada pues lo dice el propio Uclés en la primera página. La idea que inicia la novela, por tanto, es la frase típica que se decía en los pueblos cuando en los hogares ya no hay niños o hijos: “ Cuando ya los hijos no están parece que la casa está vacía”.


La parte histórica ha supuesto para el autor quince años de investigación. Eso dice él. Con una estructura muy trabajada intercala con la ficción capítulos históricos donde aparecen los principales protagonistas de la contienda (militares, políticos, intelectuales y artistas del momento y del futuro también ...) del bando sublevado y del bando legítimo y legal, el republicano.


Relata los crímenes cometidos en ambos lados, las venganzas personales que fueron atroces, aporta datos históricos y otras veces utiliza los augurios de la cuñada de Odisto, Eva, un personaje tipo Casandra que profetiza el futuro), para informar del devenir de la guerra.


David Uclés rompe la línea temporal del relato, y como narrador omnisciente juega a ser Dios con sus personajes. Les habla, los interrumpe, y nos anticipa lo que les va a suceder, juega con nosotros y con los personajes; hasta llegar, por ejemplo, a mantener una conversación de tú a tú con el mismísimo Franco, o con Unamuno, o Robert Capa.


A mí me ha gustado el libro por las razones anteriormente citadas. A ver quien es capaz de escribir un mamotreto de 700 páginas sin aburrir.



Pues mi hermano Pablito va camino de ser uno de ellos. Dice que en cuanto pueda se irá del pueblo y luchará contra los revolucionarios. Tiene un cuaderno en el que escribe todas las peroratas derechistas que oye por la radio como las de los miembros de la Acción Popular. ¿No escuchaste a Gil-Robles decir que hay que ir a por un Estado nuevo, aunque tengamos que derramar sangre? ¡Y que Iberia había de liberarse de los judíos, herejes, masones, liberales y marxistas!


¡La Virgen, le faltarán adjetivos! —se ríen—.No sabía lo de tu hermano. No le pega ser de derechas. ¿A quién ha salido? ¿Tu padre de qué pie cojea?

A mi padre solo le interesa el campo. Vota al partido que le conviene a la huerta.

¡Como si hubiera algún partido que pensara más en la tierra que en el poder!

¿Qué pasa, tú también te vas a cambiar de bando?

No. Yo seré siempre de izquierdas. ¿Cuándo querrá el Dios del cielo que la tortilla se vuelva y los pobres coman pan y los ricos coman mierda?—. Pero no me jodas, José… No es posible que los nuestros sean unos santos y los otros el demonio, ¿no? Vivimos en un pueblo de izquierdas y no nos enteramos de la misa la media. Dice mi padre que el otro día fue a llevar¿no? Dos terneros a un pueblo de Graná y que vio una turba acuchillar a un guardia civil a plena luz del día. Luego le contó en la peña y dijo que nadie se atrevía a admitir que era una mala acción. De hecho Venancio lo amenazó con hacerle otro tanto si hablaba mal de “nuestros camaradas”.

¡Y eso que tu padre no se mete con nadie! ¡Si no sale del establo ni pa cagar!





domingo, 15 de febrero de 2026

A SANGRE Y FUEGO

 



Chaves Nogales escribe estos relatos sobre la guerra civil española cuando se encontraba en el exilio, entre el año 1936 y 1937. Abandona España junto a su familia y se instala en París en el momento en que siente que todo está perdido y sin esperanza para el pueblo español.


Tiempo antes,  los consejos obreros habían tomado la propiedad del periódico donde trabajaba Chaves Nogales. El periodista se convirtió en aquellos años en el“camarada director”poniéndose a las órdenes de los obreros y revolucionarios cuando antes lo estuvo del capitalismo.


Pero Manuel Chaves Nogales se declara como un pequeñoburgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Antifascista y antirrevolucionario, cuya única verdad era su odio insuperable a la estupidez y a la crueldad. Una aversión natural al pecado contra la inteligencia.




Perseguido por los fascistas y muy mal visto por los revolucionarios, anarquistas y comunistas, y sin encajar en ninguno de los bandos enfrentados, sus ideas constituyen lo que ahora ha venido a llamarse la TERCERA ESPAÑA.


Son once relatos crueles donde se muestra la sinrazón de una guerra fratricida. Relatos sacados de la realidad, de lo que había visto y presenciado o de lo que le habían contado y oído. Sin rodeos, con una prosa rápida y ágil, trata de dar una perspectiva crítica y honesta desde el punto de vista de la ilustración.


A veces (solo a veces), encontramos algún rasgo de humanidad entre los personajes. Aquellos que cuentan con una serie de valores por encima de su ideología, ya sean fascistas o revolucionarios. Es el caso de Rafaelito, el hijo del marqués en el relato “La gesta de los caballistas”, que pudo matar como un conejo a un fugitivo republicano y que dejó escapar sin saber por qué.



De todos los relatos destaco "Consejo obrero” por ser, en mi opinión, el más político y crítico. Daniel, el protagonista, es expulsado de la fábrica donde trabajaba por no haber hecho méritos revolucionarios y por ello corre el riesgo de que las milicias lo maten. Para protegerse intenta afiliarse al sindicato anarquista CNT. La libertad individual, el derecho a la vida y al trabajo, frente al sectarismo de cualquier signo político, proletario o capitalista.


Un clásico de la literatura sobre la guerra civil española y que seguro habrá leído el ahora tan famoso David Uclés.



Demócrata antes de cualquier otra consideración política; enemigo de los extremismos de izquierdas y derechas; partidario del diálogo que había sido pisoteado por ambos bandos contendientes; herido en su alma por la contemplación

de la masacre causada por la guerra, Manuel Chaves Nogales defiende una postura que muy pocos se atrevían a defender en el momento: encuentra que, por encima de todos los problemas que acosaban a la sociedad, dos fuerzas se habían enfrentado en el suelo español para imponer sus criterios, ambas extrañas al país y ambas, seno de acogida de todo tipo de seres deplorables, que se amparaban en los miles de combatientes, de uno y otro lado.


(De la introducción de Maria Isabel Cintas)





viernes, 30 de enero de 2026

AUNQUE PAREZCA MI AUTOBIOGRAFIA TAL VEZ SEA LA TUYA


 



A Patricio Peñalver lo vi por primera vez en la cafetería “El Sur” en la época en que yo empecé a estudiar Empresariales en la universidad de Murcia. Ya me iba del local, cuando al pasar junto a la barra, un perro pastor alemán que dormitaba tranquilamente en el suelo, se levantó a mi paso y me atacó.


En un acto reflejo agarré al escritor, que en ese momento hablaba en la barra con unos amigos, y me escondí detrás de él. Estaba algo abochornada porque había sido brusca al colocar a aquel hombre delante de mi para que le mordiera a él y no a mí.


Bueno, pues no se molestó lo más mínimo; al contrario, con mucha calma, Patricio Peñalver, me preguntó si tenía gatos, que probablemente el perro había olido a algo de eso.


Y aunque no lo conozco personalmente y nunca he hablado con él, sí que lo he visto en tertulias, presentaciones de libros, o en el cante de las minas... The quiet man con barba revolucionaria en algún bar bebiendo agua de Espinardo y escribiendo en servilletas.




Hay otro Patricio Peñalver en Murcia que es profesor de filosofía en la la universidad. Y aunque el periodista es más alto y el filósofo más bajo, ambos tienen un aspecto parecido. Así que le he mandado un mensaje a mi amiga Mariplatónica que conoce a los dos preguntándole si guardan algún parentesco. Recibo un mensaje de voz de ella que me dice lo siguiente:


No, no tienen nada que ver. Son parecidos y son así los dos: intelectuales, legendarios, de Murcia, pero no son familia.


El libro que reseño es una autobiografía escrita en tercera persona , por aquello de la omnisciencia y también, según el autor, para distanciarse de aquellos recuerdos, que por otra parte, le son recurrentes. Siempre que se dispone a escribir reaparecen los mismos episodios y no otros.


Es una biografía generacional que puede ser la tuya, la mía y la de aquél, y aunque la vida de cualquier persona tiene su propia y particular novela, hay puntos comunes, experiencias iguales entre individuos de la misma generación que conforman la misma experiencia vital.


Yo, por ejemplo, que soy algo más joven que el autor me sorprendo y me veo igual en mucha de las cosas que cuenta. La primera televisión que llegó al barrio que tenían unos vecinos y que los niños nos colábamos en su casa para verla, la torpeza para subir las escaleras del Corte Inglés, los pimientos despezonados en las lomas del secadero y su olor, el tío de la luz cuando llegaba para cobrar o el tío Saín que se comía a los niños.


.—Debe ser que somos de la misma clase social, es decir, que no somos señoritos de clase alta y por eso hemos estado influidos con las mismas propagandas e historias—dice mi maridito desde su sofá

A menudo me he preguntado cómo se fabrican las cosas más insólitas como las gomillas que sirven para sujetar el dinero o la lotería. Hay un programa de TV sobre esto que yo veo. El caso es que he tenido que leer la autobiografía de un escritor para enterarme. Es muy curioso porque, Patricio Peñalver, que ha tenido multitud de oficios y que también ha trabajado haciendo gomillas (vaya casualidad) nos lo cuenta. Y dice que para entender las teorías de la alienación del hombre y su explotación en la sociedad industrial sólo había que seguir el proceso de fabricación de aquellas gomas, y ver que el hombre es sólo un apéndice de la máquina.


Es un guiño de Patricio Peñalver a la fabricación del alfiler que escribió Adam Smith en su “La Riqueza de las naciones”—me dice de nuevo mi maridito.



El texto de Peñalver está repleto de referencias literarias, obras, autores, y una banda sonora con canciones y textos. Al autor le gusta el flamenco, el cine, viajar en coche, escribir en las servilletas de los bares, el agua de Espinardo (cerveza), pasar tiempo en la estación del tren, leer el Quijote. Se declara cervantino. (Genial)


Peñalver se pregunta por qué escribe. Sobre esto, Alfredo Bryce Echenique decía que “escribo para que me quieran” . Sin embargo, el francés Michel Houellebecq me dijo una vez a mí que “eso no funcionaba”. Otra reflexión del autor es sobre la inspiración ante la página en blanco. A Juan Rulfo le preguntaron ¿por qué llevaba tantos años sin escribir nada? y contestó que se le murió el tío Celerino, que era el que le contaba las historias. Sin embargo, mi amigo García Soler (poeta) me contó que Rulfo había contestado otra cosa: “Parece que ya me van entrando ganas”.


Una autobiografía que conviene leer por reflejar una época que condicionó a toda una generación y que hay que reconocer que Patricio Peñalver tenía razón al escribirla, y que podría la tuya o la mía.




¿Qué era la vida? Gabriel García Márquez ya había escrito que “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”