LA CONJURA

viernes, 30 de enero de 2026

AUNQUE PAREZCA MI AUTOBIOGRAFIA TAL VEZ SEA LA TUYA


 



A Patricio Peñalver lo vi por primera vez en la cafetería “El Sur” en la época en que yo empecé a estudiar Empresariales en la universidad de Murcia. Ya me iba del local, cuando al pasar junto a la barra, un perro pastor alemán que dormitaba tranquilamente en el suelo, se levantó a mi paso y me atacó.


En un acto reflejo agarré al escritor, que en ese momento hablaba en la barra con unos amigos, y me escondí detrás de él. Estaba algo abochornada porque había sido brusca al colocar a aquel hombre delante de mi para que le mordiera a él y no a mí.


Bueno, pues no se molestó lo más mínimo; al contrario, con mucha calma, Patricio Peñalver, me preguntó si tenía gatos, que probablemente el perro había olido a algo de eso.


Y aunque no lo conozco personalmente y nunca he hablado con él, sí que lo he visto en tertulias, presentaciones de libros, o en el cante de las minas... The quiet man con barba revolucionaria en algún bar bebiendo agua de Espinardo y escribiendo en servilletas.




Hay otro Patricio Peñalver en Murcia que es profesor de filosofía en la la universidad. Y aunque el periodista es más alto y el filósofo más bajo, ambos tienen un aspecto parecido. Así que le he mandado un mensaje a mi amiga Mariplatónica que conoce a los dos preguntándole si guardan algún parentesco. Recibo un mensaje de voz de ella que me dice lo siguiente:


No, no tienen nada que ver. Son parecidos y son así los dos: intelectuales, legendarios, de Murcia, pero no son familia.


El libro que reseño es una autobiografía escrita en tercera persona , por aquello de la omnisciencia y también, según el autor, para distanciarse de aquellos recuerdos, que por otra parte, le son recurrentes. Siempre que se dispone a escribir reaparecen los mismos episodios y no otros.


Es una biografía generacional que puede ser la tuya, la mía y la de aquél, y aunque la vida de cualquier persona tiene su propia y particular novela, hay puntos comunes, experiencias iguales entre individuos de la misma generación que conforman la misma experiencia vital.


Yo, por ejemplo, que soy algo más joven que el autor me sorprendo y me veo igual en mucha de las cosas que cuenta. La primera televisión que llegó al barrio que tenían unos vecinos y que los niños nos colábamos en su casa para verla, la torpeza para subir las escaleras del Corte Inglés, los pimientos despezonados en las lomas del secadero y su olor, el tío de la luz cuando llegaba para cobrar o el tío Saín que se comía a los niños.


.—Debe ser que somos de la misma clase social, es decir, que no somos señoritos de clase alta y por eso hemos estado influidos con las mismas propagandas e historias—dice mi maridito desde su sofá

A menudo me he preguntado cómo se fabrican las cosas más insólitas como las gomillas que sirven para sujetar el dinero o la lotería. Hay un programa de TV sobre esto que yo veo. El caso es que he tenido que leer la autobiografía de un escritor para enterarme. Es muy curioso porque, Patricio Peñalver, que ha tenido multitud de oficios y que también ha trabajado haciendo gomillas (vaya casualidad) nos lo cuenta. Y dice que para entender las teorías de la alienación del hombre y su explotación en la sociedad industrial sólo había que seguir el proceso de fabricación de aquellas gomas, y ver que el hombre es sólo un apéndice de la máquina.


Es un guiño de Patricio Peñalver a la fabricación del alfiler que escribió Adam Smith en su “La Riqueza de las naciones”—me dice de nuevo mi maridito.



El texto de Peñalver está repleto de referencias literarias, obras, autores, y una banda sonora con canciones y textos. Al autor le gusta el flamenco, el cine, viajar en coche, escribir en las servilletas de los bares, el agua de Espinardo (cerveza), pasar tiempo en la estación del tren, leer el Quijote. Se declara cervantino. (Genial)


Peñalver se pregunta por qué escribe. Sobre esto, Alfredo Bryce Echenique decía que “escribo para que me quieran” . Sin embargo, el francés Michel Houellebecq me dijo una vez a mí que “eso no funcionaba”. Otra reflexión del autor es sobre la inspiración ante la página en blanco. A Juan Rulfo le preguntaron ¿por qué llevaba tantos años sin escribir nada? y contestó que se le murió el tío Celerino, que era el que le contaba las historias. Sin embargo, mi amigo García Soler (poeta) me contó que Rulfo había contestado otra cosa: “Parece que ya me van entrando ganas”.


Una autobiografía que conviene leer por reflejar una época que condicionó a toda una generación y que hay que reconocer que Patricio Peñalver tenía razón al escribirla, y que podría la tuya o la mía.




¿Qué era la vida? Gabriel García Márquez ya había escrito que “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”





lunes, 19 de enero de 2026

LA NOCHE EN QUE MATARON A CALVO SOTELO

 





El hispanista e irlandés Ian Gibson nos relata en este libro el episodio que se supone el detonante definitivo (o excusa) de la Guerra Civil Española. Ocurrió el 13 de julio de 1936 cuando Calvo Sotelo, político de derechas y opositor importante a la República, fue secuestrado en su domicilio y asesinado de dos tiros en una camioneta policial.


Ian Gibson combina la crónica con el trabajo de archivo, con las intervenciones del Diario de sesiones parlamentarias de la época, entrevistas a los protagonistas supervivientes, en un relato que intenta esclarecer lo ocurrido, consciente de la complejidad del momento histórico.


Por aquel entonces Madrid era un hervidero de tensiones políticas. Tras las últimas elecciones donde había ganado el Frente Popular, los diversos partidos de derechas, (la CEDA, Falange Española, y la propia RENOVACIÓN ESPAÑOLA presidida por Calvo Sotelo y partidaria de una monarquía autoritaria), se enfrentan con el Gobierno en una cadena de atentados y represalias continuas que terminan con un rastro de asesinatos por ambas partes.


La Falange no había conseguido llegar a un acuerdo con Gil Robles, máximo dirigente del Frente Nacional. Jose Antonio Primo de Rivera fue encarcelado, (consideraba que Calvo Sotelo no servía como caudillo de un movimiento salvador pues no sabía montar a caballo).


El fracaso en las últimas elecciones del 36 convirtió a Calvo Sotelo en el nuevo capitán de las derechas. Sus discursos rechazaban la democracia republicana y abogaba por la implantación de un nuevo estado de tipo corportativo fascista.


El relato del asesinato de Calvo Sotelo comienza con otra muerte: la de Anastasio de los Reyes, alférez de la guardia civil, muerto el 14 de abril de 1936 mientras veía el desfile conmemorativo del triunfo de la República.


No está muy claro la intencionalidad del asesinato de Reyes. Mientras algunos piensan que fue un crimen premeditado, otros, creen que fue la mala suerte de una bala perdida en una refriega. Madrid, en aquella época, era como el viejo oeste donde era habitual tiroteos, altercados, venganzas, y ajuste de cuentas. Durante el desfile ciertos grupos reaccionarios soltaron una traca contra la parte posterior de la tribuna presidencial. Después hubo un tiroteo con varios heridos y un muerto que resultó ser un alférez de la Guardia Civil vestido de paisano: Anastasio de los Reyes López.


Nunca se supo quien lo había matado.


El propio hijo de la víctima declaró que su padre, Anastasio de Reyes, no era una persona con ideas políticas, al menos no hablaba notoriamente de política, sin embargo los grupos no afectos a la república aprovecharon su muerte para su propia propaganda, con un entierro que duró tres horas por las calles de Madrid en medio de una batalla campal con ráfagas de metralleta.


Entre los ultraderechistas corrió el rumor que el responsable era el teniente Castillo, a pesar de que no había ningún indicio de que participara en los sucesos.


Y aquella misma noche el teniente Castillo recibió su primera amenaza de muerte.


José del Castillo fue asesinado la noche del 12 de julio de 1936 cuando salía de su casa para dirigirse al Cuartel de Pontejos. Era guardia de asalto, masón, comprometido con la izquierda. Fue famosa su frase en su actuación de la revolución en 1934 donde dijo: “Yo no tiro sobre el pueblo”.


Hay que tener en cuenta el ambiente de aquella noche, después del asesinato del teniente Castillo. Nadie tenía confianza en el Gobierno, y los amigos de Castillo, con la indignación que sentían, decidieron actuar por su cuenta deteniendo a los políticos de derechas que se consideraban culpables de aquella situación”.


Tras la muerte del teniente Castillo había ya un ambiente de guerra civil.


Algunos oficiales de Pontejos reaccionaron anticipándose a los fascistas. En la camioneta número 17 un grupo de oficiales fueron primero a por Gil Robles al que no encontraron y después a por Calvo Sotelo.


Entre todos los que iban en la camioneta n.º 17 estaban Fernando Cordés (amigo del teniente Castillo) y Luis Cuenca. Fue este último, Luis Cuenca, un individuo agresivo y exaltado al que llamaban “el cubano” quien disparó contra Calvo Sotelo. El cuerpo lo dejaron en la madrugada del 13 de julio en el cementerio del Este en Madrid.


Aquella noche le tocaba al comandante Ricardo Burillo estar de guardia en la Dirección General de Seguridad, lugar desde donde saldría la camioneta. Y aunque él no tuvo nada que ver en el asesinato y así lo declaró dos días antes de ser fusilado ante su compañero de la cárcel en una declaración sincera y emocionante rogándole que un día la hiciera pública, fue condenado por el régimen franquista.


La historia posterior ya es conocida por todos… ¿o no?



Según el diputado socialista, Condés le dijo que su intención había sido sólo secuestrar al jefe del Bloque Nacional—y con él, a Gil Robles y a Goicoechea—,con la idea de tenerles como rehenes. Insistió en que no había pensado en matarles. El y sus compañeros estimaban, dijo, que al secuestrar a los dirigentes de la conspiración contra la República existía la posibilidad de coartar la sublevación. Pero había surgido lo imprevisto. Condés culpaba de la muerte de Calvo Sotelo únicamente al “cubano”.






jueves, 8 de enero de 2026

VIDA Y MUERTE DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 




Henry Buckley fue uno de los más importantes reporteros que informó sobre la guerra civil española. El periodista inglés vio más del enfrentamiento español que ningún otro corresponsal. Se relacionó con los grandes personajes de la guerra, Dolores Ibarruri, Enrique Líster, Negrín; coincidió con Hemingway en la batalla de Teruel y en la del Ebro , y viv en directo los acontecimientos más relevantes de una época y sus protagonistas.


Henry Buckley llegó a España a finales del año 1929 como corresponsal de The Daily Telegraph, a tiempo de presenciar la caída de Miguel Primo de Rivera y con ello el final de la monarquía de Alfonso XIII y el principio y posterior derrota de la II República Española.


Henry Buckley


Comienza el libro con las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 cuyos resultados pusieron en entredicho al rey y a la institución monárquica y determinaron la llegada de la Segunda República Española.


Para el hombre de la calle, la llegada de la República significaba el fin de la era feudal en España; el fin de la hegemonía de la Iglesia, el Ejército, la Corona, y la oligarquía sobre el resto de los españoles”.


Fue testigo del nombramiento de los presidentes de la República Alcalá Zamora y de Manuel Azaña. De Negrín dice ser la persona más interesante que conoció en la guerra. “¿Qué demonios hacía ese canario bonachón y bon vivant que desde siempre había mirado con desprecio la política, que había sido elegido diputado un par de veces pero que jamás había pronunciado un discurso parlamentario, que hacía aquel hombre al frente de la República en su hora más crítica( 1939)?”




Denuncia el nefasto papel jugado por las democracias europeas, como Inglaterra y Francia, en su decisión de no ayudar a la República Española, lo que contribuyó a la victoria de Franco.


Los acusa de pasividad y de negarles la ayuda y el apoyo necesario a la democracia española, en guerra contra el alzamiento de Franco. Cierto es que había un Tratado de NO intervención, pero este tratado los fascistas alemanes e italianos se lo saltaron a la torera. Y no solamente los fascistas enviaron tanques, artillería y batallones al bando nacional, sino que la aviación nazi bombardeó Guernika, con la misma impunidad que el destructor Deutschland atacó a la población civil de Almería sin posibilidad alguna de defenderse. Franco contaba también con la Legión y Regulares de Marruecos. Se hablaba entonces de una fuerza que se acercaba a los ochenta mil hombres.


La República sólo tuvo la ayuda de los brigadistas internacionales. La Brigada Lincoln, la Mackenzie-Papineau (canadienses) y el batallón Attlee de los ingleses, además de franceses, italianos y alemanes contrarios a Hitler y Mussolini. Sólo Rusia enviaba material cuando podía sortear el bloqueo al que estaba sometido el país por el tratado de no intervención.


Brigadas internaciones


Contemplando el heroísmo de aquellos soldados británicos, no podía por menos de pensar que ellos estaban haciendo lo que los políticos—y los empresarios y los burócratas—se habían negado a hacer. Porque salvar la democracia en España era salvarla en todo el mundo civilizado”.


Como parte de la ofensiva de Brunete, las Brigadas Internacionales habían tomado Villanueva de la Cañada en una batalla feroz que duró un día entero. El número de bajas fue enorme. Pude visitar a un brigadista inglés en el hospital de campaña. Tenía la espina dorsal destrozada y sus horas estaban contadas. Me pidió que le leyera la orden del día que les habían dado a los brigadistas aquella misma mañana antes de entrar a combate. Mientras la leía me dijo que le parecía una excelente pieza de oratoria. Me contó que había estudiado en la universidad de Cambridge y que se había alistado en las Brigadas poco después de graduarse. En momentos como esos me convencía a mí mismo de que merecía la pena seguir informando sobre aquella guerra. Recoger las últimas palabras de aquel joven que lo había dejado todo para acudir a luchar por un país que no era el suyo era devolver a mi país un rayo de esperanza, decirles a los ingleses que no todos eran tan ruines como los políticos que en aquellos momentos los gobernaban”.


Eso sí, las potencias europeas se preocuparon de salvaguardar los cuadros del Museo del Prado, mientras exiliados republicanos hacinados en el sur de Francia en “campos de concentración” morían de hambre y frio.


Con el tiempo el enfrentamiento se polarizó y defender la República pasó a significar la ayuda a los rojos, a los bolcheviques, a los revolucionarios. Los países europeos terminaron por apoyar a Franco con la creencia que después de la guerra la ideología del alzamiento pasaría por el redil de la democracia.


Cuando Franco inició el levantamiento nacional, es decir, el golpe militar, la organización obrera más importante , la CNT, lo paró en las principales capitales industriales de España , por lo menos en las de Catalunya, las del Mediterráneo e instauraron, ante el exilio de los burgueses capitalistas, la revolución anarcocomunista, hasta ahora la revolución más avanzada que ha existido nunca al mantener la democracia social y la libertad.


El 1 de abril de 1939 el generalísimo Franco anunció el fin de la guerra. La República había muerto.




Pero en aquel verano de 1938 era consciente sobre todo del tremendo sufrimiento humano que aquella guerra estaba causando. Me paraba por la calle, al verme con pinta de extranjero , una viuda para preguntarme por la güera y cuánto tiempo tardarían las tropas de Franco en entrar en Barcelona. Después me contaba que a su marido lo habían matado los “rojos” en los primeros días de la revolución y por eso quería saber cuándo entrarían “los suyos” en la ciudad. Llegaba al hotel y la camarera quería que le contase los últimos triunfos del ejército republicano. A ella la Falange le había matado a sus dos hermanos, asesinados en Pamplona poco después del Alzamiento.




martes, 2 de diciembre de 2025

EL VERANO DE CERVANTES

 



Lector carísimo, desocupado lector, lector suave, yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles”


El verano es la estación del año preferible para leer “Don Quijote de la Mancha”, afirma el escritor Antonio Muñoz Molina, siendo éste el libro que más ha leído en su vida, el que siempre lo ha acompañado y que más veces ha comprado y regalado.


Es además, el verano, el tiempo interno de la novela. Solo en pleno verano se puede dormir al raso tras la siega y la trilla, o celebrarse las bodas de Camacho con su espectacular banquete al aire libre.


En las más de mil páginas de Don Quijote siempre es verano y llueve una sola vez.”


Cuenta el escritor de Mágina que en su adolescencia y juventud, leía el Quijote por la mañana al fresco de un corral encalado o por la tarde, en el granero, mientras los mayores dormían la siesta. Tiempo después, ya de universitario, el libro le ayudó a mitigar los presagios de aquél incierto verano en que cambió de carrera universitaria pendiente de recibir o no la beca sin tener claro su futuro ( profesional).


De nuevo la lectura del Quijote, sus anotaciones y puntos de vista de la obra (también el cultivo de un huerto en un pueblo) le ayudan, esta vez, a superar ahora la depresión. Antonio Muñoz Molina sufre en estos momentos de depresión que con la ayuda de su mujer y amigos está superando.


Y aunque Muñoz Molina está enfermo mientras escribe, guarda, sin embargo, esas pinceladas de humor tan cervantinas en el libro que nos ocupa.


Llama al Quijote un artista perfomance: un hombre con cara de loco con una cacerola sobre la cabeza, una especie de lanza, tridente o lo que fuere en la mano, y una armadura vieja y oxidada atada con cintas para que no se le caiga.


Hace tiempo, cuando yo era profesora de alumnos con problemas de integración social, alumnos casi fuera del sistema educativo, (no querían estudiar, por supuesto) una alumna hizo un examen sobre el Quijote para un titulillo que le daban. Dijo de Don Quijote era “un hombre seco, muy seco... que llevaba en la mano un pincho”. Tiempo después volví a ver a esa alumna y se lo recordé. Le hizo mucha gracia y me contó un poco su vida. Había vuelto a estudiar y era enfermera. El Quijote salva, mejora, ayuda más que todos los libros de autoayuda juntos.


Arturo Pérez Martínez


Tiene Antonio Muñoz Molina una visión reveladora de la obra. Ofrece, en muchos capítulos, una perspectiva nueva en la que descubrimos detalles estilísticos del Quijote que antes se nos escaparon.


En el Quijote están retratadas todas las clases sociales y gremios de la época, de lo más alto a lo más bajo, duques, virreyes, canónigos, labradores ricos, jueces, soldados, labradores ricos, molineros, soldados, maleantes, prostitutas, moriscos, galeotes, asesinos, suicidas, cómicos, barberos… cada personaje tiene su plena identidad singular, con su propia voz. Y en cada personaje se sucede la lucidez y el trastorno, la generosidad y la crueldad, la cobardía y el coraje.


Tal y como le ocurre a Don Quijote casi todo el mundo ha tenido alguna vez convicciones que lo han llevado a sostener una idea equivocada e incluso a actuar con insensatez o temeridad en una faceta de la vida mientras que en todas las demás mantiene lo que parece una sólida cordura.


Y como mucha gente, Don Quijote tiene una opinión muy elevada de sí mismo. Su falta de sentido de la realidad no procede de sus excesos literarios sino de su egocentrismo. Hasta llega a pensar que las mujeres se sienten atraídas irresistiblemente por él.


Analiza Muñoz MOlina la influencia que la obra cervantina ejerció sobre escritores como Faulkner, Mann, Twain, Joice y otros muchos. Sthendal descubrió a Don Quijote de niño, a la muerte de su madre. Le hacía morir de risa, dijo, y le ayudó a sobrellevar el luto y la soledad. Freud quiso aprender español para leer el Quijote en el original cervantino. Laurence Sterne escribió en su Tristam Shandy episodios de marcado carácter Cervantino (el párroco montado en un rucio canijo a la manera de Rocinante).


Hay otros, sin embargo, que cargan contra Cervantes. Para Unamuno, por ejemplo, Cervantes no era sino una especie de tonto afortunado que tuvo la suerte de tener la idea del Quijote pero sin merecerlo. O Nabokov, que calificaba la novela como cruel y detestable. ¡Qué sabrá él!


El caso es que El Quijote es una de las más grandes obras de literatura.


Con distintos planos narrativos como en un juego de espejos: el narrador original en árabe de Cide Hamete, el narrador y traductor al castellano que a veces se convierte en otro narrador omnisciente que conecta todas las voces.


Don Quijote de la Mancha es un largo relato de ficción y un tratado crítico y disperso sobre todas las artes de la literatura y todas las formas de contar; y también es un libro cómico que contiene una reflexión profunda sobre la risa y la comedia.

martes, 28 de octubre de 2025

FOSCA



Si algo me llama la atención de este libro es su título. FOSCA se llamaba mi gata y BORIA su hermana. Eran maravillosas. Todos los días las recuerdo; a ellas, y a su descendencia.


Según mi maridito “fosca” es un término catalán y marinero que significa niebla, de naturaleza húmeda (por nubes) mientras que la “calima” es de naturaleza sólida (tierra en suspensión). En ambos casos hay imposibilidad de ver con claridad. La autora las utiliza como sinónimos, sin embargo, son diferentes.

FOSCA


BORIA



La muerte cruel y gratuita de un animal sin móvil alguno sirve como argumento para un thriller ambientado en el campo de Lorca (Murcia). Bueno, móvil hay, pero incomprensible, ininteligible e insuficiente, ni para los amantes de los animales ni para un lector asiduo de novela negra.


Gabi, el menor de una familia rural, ha de investigar quién de sus hermanos ha matado a su perro. Y aunque el crimen lo ha presenciado, lo tiene difícil porque el protagonista sufre una enfermedad rara que le impide reconocer las caras de las personas (según Google, prosopagnosia del desarrollo). Así que para reconocer a su familia, ha de hacerlo a través de otras señales: la ropa, la voz, o el lugar en que se sientan en la mesa a comer.


Al cabo de la lectura y según nos guste o no el libro, nos puede salir la parte más tierna y empática o la más sensiblera, que no lo tengo claro.



Inma Pelegrin es una reputada y premiada poeta murciana, siendo ésta su primera obra narrativa. No es prosa poética. No hay lirismo. Hay una prosa concisa, polvorienta y seca, agreste, bien escrita, que mantiene la tensión narrativa, a ver como se las apaña el pequeño protagonista para identificar al asesino teniendo ceguera facial.


Una novela negra, rural, y costumbrista del campico de lorca, que utiliza el palabrero murciano. Llampos, bajocas, creciente, cedazo, fosca, calima, alcancil, almazara, janglón, chispear, son algunas de las palabras que utiliza la autora.


Le ha faltado el término BORIA, y el “arroz con pava”, tan lorquino este plato, aunque no sea de mi platos preferidos, por aquello de que sea pava y no pavo.



Un libro murciano y sin embargo universal porque habla de la naturaleza humana. La banalidad de las acciones cuando falta un espíritu crítico,la imagen de la brutalidad y de que el dolor de los demás te importe un pijo. No hay dilemas morales ni reflexiones sino una fotografía estática de un ambiente rural, cruel, de personajes parcos en palabras.


No sé si te hubiera dado miedo el mar, de tan grande que es. La balsa no te daba ningún miedo. En la balsa sí que nadabas. Cuando yo me tiraba al agua, al momento estabas tú chapoteando a mi lado. En la balsa sí te gustaba nadar, pero, claro, la playa es otra cosa. Nunca voy a saberlo. Ya nunca vamos a saber si hubieras nadado conmigo en el mar.



 

sábado, 11 de octubre de 2025

LO QUE LEE UN EDITOR

 


Javier Castro Flórez es el editor de “Newcastle Ediciones”, especializada en libros de no ficción: viajes, memorias, ensayos... Son libros con un formato pequeño y manejable, de poco peso y precios muy asequibles y de un color que parece de cartón.


El libro “Lo que lee un editorconsta de veintisiete capítulos de corta extensión (636 palabras) dedicados cada uno a un autor u obra diferente: Manuel Barrios, Azorín, Carrère, Trapiello, Eça de Queirós, Plinio el joven,... y otros más. No hay criterio de selección salvo lo que lee el editor.


Mientras escribo oigo a mi maridito desde su sofá decir: “grandes obras en pocas páginas hay muchas”, y me habla de las tesis de Lutero (no llega a un folio—dice—,una página o dos), que si el poema de Parménides o la declaración de independencia de Estados Unidos, etc. No sé que tendrá que ver los americanos en todo esto, ¿es interesante como gran obra en la historia?.. pero él (mi marido) se ríe (así como muy superior) y dice: “hombre...je je, pues claro, sólo hay que ver en la etapa histórica en la que estamos...”.


En fin, todo esto para decirme que las grandes obras pueden tener pocas páginas y no tener nada que envidiar, por ejemplo, a “ A la busca del tiempo perdido”.


La reseñas que el autor hace dicen poco de la obra en sí misma, y sin embargo, dicen mucho de ella y mucho más que otras reseñas, porque despliega una mirada singular del libro reseñado, una crónica cargada de afecto y de historia personal, lo que significa una idea esencial.


Y en cada título se desarrolla una serie de voces, autores, ocurrencias, que hacen de cada capítulo algo único y original.


Así por ejemplo, para hablar de Carrère cuenta como a la escritora Sabina Urraca se le ocurre encender una hoguera con la obra “El reino” o se remonta al día en que un grupo de escritores y editores comieron un arroz caldero en cabo Palos y luego se lo pasaron muy bien de parranda.


Aparecen muchos autores y sus obras, y da igual de quien se trate porque el autor y editor todo lo relaciona, y muy bien. ¡o lo intenta relacionar! Incluso de alguno de esos libros que desconocía he tomado nota para comprarlos, lo cual es de agradecer.


El autor te prepara en cada capítulo y da la sensación de que utiliza los libros de los otros para sus fines, y contar sus historias, por ejemplo aprovecha el libro de Gismondi para hablar de una excursión a las Fuentes del Marqués en Caravaca, o el dinero que salió volando cuando intentó pagar en una gasolinera de Santomera que relaciona muy hábilmente con los vendavales de la vida y con "Rialto, 11. Naufragio y pecios de una librería" de Belén Rubiano. La excusa del libro.


Y no es que Javier Castro vampirice los libros como dice el prologista, es que actúa como el parásito de la toxoplasmosis que inocula al ratón y lo manipula y le hace ser más confiado para que lo atrape el gato y así reproducirse en el felino. De la misma manera Javier Castro Flórez se reproduce en los libros de los otros. ¡Qué cosas! Debe ser un método que le enseñó su gata Misha.



Un librito recomendable y maravilloso sobre el amor a los libros.


Cuando era más joven subrayaba todas aquellas cosas que me parecían bonitas para poder volver algún día a releerlas pero lo dejé porque me di cuenta de que lo bonito de las cosas bonitas es que no están subrayadas ni son fáciles de encontrar, que cuando aparecen lo hacen inesperadamente o tras una búsqueda fatigosa.


lunes, 15 de septiembre de 2025

LA NIETA DEL SEÑOR LINH

 





Este libro me lo recomendó mi amiga Mariana Iglesias que lo ha leído en el club de lectura donde suele acudir con su marido para hablar de literatura.


El argumento es el de un anciano que abandona su país (probablemente Vietnam), en compañía de su nieta de muy pocos meses (un bebé). El resto de su familia ha sido asesinada, como también la mayoría de los habitantes de su aldea y embarca hacia un destino seguro, entiendo que algún lugar del sur de Francia.



Sin embargo el protagonista, a su edad, y sin conocer la lengua ni la cultura del país encuentra un amigo.¡Un francés amigo! Todos los días se sienta en un banco del parque junto a un individuo que le sonríe,es el señor Bark, viudo recientemente; ambos hablan, se cuentan su vida, aunque ninguno de ellos sepa lo que uno dice al otro.


Los amigos que se quieren, se respetan, se protegen, y que te acompañan en la vida, con los que quedas y comes y viajas, con los que tomas cerveza o un buen vino, esos amigos pueden (han de) superar barreras idiomáticas, raciales y también ideológicas.


El señor Bart le invita, incluso, a comer en un restaurante. No sé. Yo estaba en guardia, algo le va a hacer, algo le va a hacer... y me acordaba de la teoría del pollo de Bertran Russell. ¿Por qué ser amigo de un viejo con el que no te puedes entender? ¿o sí? ¿Es la gente desinteresada en su amistad? ¿Le hará daño en algún momento? El pollo de Russell al ser alimentado reiteradamente piensa que siempre va a ser así. Hasta que llega la navidad y el hombre que le daba de comer le retuerce el cuello. Es el peligro de la inducción, que puede resultar falsa.


¿Busca algo el señor Bart? ¿Es interesada su amistad o es un amigo de verdad?— pensaba yo mientras leía este episodio. Para saber más habrá que leer esta novelita de ciento veintiséis páginas.


Con un estilo sobrio, conciso, tan tierno como dulzón, nos describe esta historia de exilio, y resiliencia. Un anciano en un mundo ajeno al suyo luchando por su supervivencia y la de su nieta. El autor quiere conmover, se nota, pero a veces lo hace con mal disimulados clichés y no transmite, o no llega lo suficiente.



Gracias al señor Bark, el nuevo país tiene un rostro, una forma de andar, un peso, un cansancio y una sonrisa, y también un olor, el del humo de los cigarrillos. Sin saberlo, el hombre gordo le ha dado todo eso.



[…] y, de pronto, acuden a su mente todos los rostros amados, y a su memoria el olor de la tierra de su país, y el del agua, el del bosque, el del cielo y el del fuego, el olor de los animales, de las flores y de los cuerpos, todos los olores juntos, por fin […]