Los autores de thriller no paran de engañar a los pobres lectores. Y no solo en la ficción literaria (cuando nos apuntan a un asesino demasiado evidente), sino también en el uso de pseudónimos y falsas identidades. El nombre de Carmen Mola es falso y el de Freida McFadden también, que parece ser una neuróloga o algo así.
Sydney Shaw es una neoyorquina que busca novio. Lo de toda la vida, sólo que ahora los nativos digitales lo hacen a través de una app de citas. Conoce a Tom, un médico guapo, educado, y muy interesante, tanto que no puede creerse la suerte que ha tenido. Está deslumbrada. Pero claro, el asunto no puede ser tan sencillo y Tom tiene un pasado oscuro. La cosa se complica cuando Bonnie, la mejor amiga de Sydney, aparece salvajemente asesinada en su apartamento de New York.
Bueno, pues entretiene. Capítulos cortos con tensión in crescendo y giros, no sé si calificarlos de “inesperados” porque uno sabe que el final va a ser enrevesado, pero sorprendentes, desde luego que sí. ¿Qué más se puede decir? Aunque mi maridito diría, “como no hay crítica a la tiranía política, que es lo propio de todo Gran Libro, no lo es”. Pero es entretenido como dije antes y eso ya es suficiente ¿ o no?
Mi departamento está en silencio.
Demasiado silencio. Los momentos de absoluta quietud resultan raros en un apartamento de Manhattan, por muy tarde que sea. Incluso cuando entro a trompicones en el baño a las tres de la mañana suelo oír que alguien está de fiesta al otro lado de mi ventana. Por eso, el silencio al abrir la puerta me inquieta.





