LA CONJURA

sábado, 9 de noviembre de 2019

CUENTOS ESCOGIDOS

SHIRLEY JACKSON





Shirley Jackson fue una escritora estadounidense especializada en el género de terror. Sus relatos describen la vida cotidiana con un realismo inquietante cargado de simbolismo: una mujer buscando a su novio el día de su boda, ¡terrible!, un diabólico viaje en tren, ¡qué miedo!, el caso de la librería y el estudiante que no puede comprar libros, ¡qué horror!, o el cuento más famoso, la lotería, en el que relata una ancestral costumbre en un pequeño pueblo americano, ¡para morirse !..

Dicen que su narrativa inspiró, y es de creer, a Stephen King, y a otros escritores norteamericanos, además de películas y series de televisión como “los juegos del hambre”. Por lo que nuestro imaginario y memoria esta conformada, para bien o para mal, por las historias de Shirley Jackson.


Su estilo es directo, sin rodeos, inteligente, y sus temas reflejan sus obsesiones, la agorafobia, la intolerancia, la maldad... a mi juicio algunos cuentos, (sólo algunos), les falta un final adecuado para ser una historia redonda, pero, en general, están muy bien escritos, mantienen la curiosidad y merece la pena leerlos.

Shirley Jackson fue una mujer desdeñada por ser mujer y escribir relatos de terror, atrapada en un matrimonio machista y patriarcal, en un tiempo que no era el suyo, un marido (infiel), cuatro hijos, un montón de mascotas, en un momento en que la gran literatura no eran los relatos de terror de una ama de casa aficionada a los fantasmas sino otras figuras del momento.

Es mucho más fácil, me parece a mí, escribir una historia que afrontar con éxito los millones de problemas y enfados cotidianos que surgen en una casa cualquiera, y ayuda bastante—en particular si hay niños alrededor—si puedes verlos a través de un velo agradable de ficción.


La ficción se vale de tantas cuestiones menores, de tantos gestos pequeños y hechos recordados y rostros inolvidables.

Ahora bien, hay que llevar mucho cuidado porque la vida cotidiana no es ficción. Y la ficción no es operativa en la realidad de los autores y lectores. No se puede castigar o encarcelar a los personajes de ficción y a sus “hechos”. La ficción de los relatos de terror, misterio o policíacos son, sin embargo, los que más se acercan o mantienen a la vida real pues la realidad es para morirse de miedo.











viernes, 1 de noviembre de 2019

LA SUSTANCIA DEL MAL






El mal es la ausencia de bien, la mala novela, la ausencia de una ficción articulada y creíble. Esta novela no es creíble y su ficción no es coherente. Sus personajes hacen naufragar el relato cruel y disparatado. El relato empieza con rodeos, continúa flojo, y para cuando llega al final, parece poco creíble. 

El protagonista, Jeremiah Salinger, se obsesiona con un triple crimen cometido hace años en un pueblo de los Alpes italianos. Muchos personajes, a veces uno se pierde, y al final, un par de giros en la historia. Será el libro más vendido en su momento en Italia y un fenómeno editorial sin precedentes (según la solapa), pero a mí me parece un producto de Marketing.

Lo mejor es la ilustración de la portada que, si nos fijamos, guarda una sorpresa en sus montañas.


 Eran buenos chicos, ¿sabes?—dijo Werner, tras superar un pino partido por la mitad por un rayo—Los tres habían nacido aquí. Evi y Markus eran hermanos. Ella era la mayor. Una chica guapa. Muy desgriada, sin embargo.¿Por qué?
La enfermedad de Tirol del Sur, Jeremiah, ¿la conoces?
No...—balbucí—No tengo ni idea.
El alcohol.



Caminar significa imaginar. Cada rincón, un misterio; cada edificio, una aventura. En mi cabeza todo se convertía en algo brillante, como en una película.


domingo, 6 de octubre de 2019

¿Quién es Carmen Mola?



                                                                                             
La verdad es que no se sabe. Lo de Carmen Mola es un pseudónimo, la autora o autor, que no está claro, intenta ocultar su verdadero nombre. Se supone que es una escritora española inédita y con dos novelas negras de gran éxito: LA NOVIA GITANA y LA RED PÚRPURA. Aunque teniendo en cuenta  la celeridad con la que se le ha editado las dos novelas, no creo que sea un escritor hasta ahora desconocido e inexperto, sino más bien alguien ya famoso o por lo menos con muy buenas relaciones en el mundo editorial. 


Los dos libros son violentos y adictivos, que ya es bastante. La protagonista es una inspectora divorciada, sexualmente compulsiva y aficionada al Karaoke. Un personaje atormentado como es habitual en la novela negra, aunque en este caso con causa justificada, su hijo fue secuestrado por una red mafiosa que trafica con apuestas y vídeos extremadamente violentos.



Pero nada más. Con esto quiero decir que no es especialmente original, ni en su contenido ni en su forma, pero sí adictiva, de lectura rápida de historias muy violentas bien estructuradas; resuelve bien los casos, sin un as bajo la manga y sin necesidad de efectos especiales ni OVNIS pululando por el espacio como la famosa Fred Vargas y su disparatado caso de la araña premiada. 
En resumen, se pasa el tiempo volando leyendo estas dos novelas de quien quiera que sean, aunque concluyes que Freud se quedo corto en definir al ser humano mediante dos energías incoscientes, el sexo y la agresividad, que se deben sublimar por el bienestar de la cultura.




Elena se despierta porque una mosca le está haciendo cosquillas en la nariz. Tarda solo unos segundos en recordar en dónde está: en el salón en penumbra de una casa aislada en el campo. Atada de pies y manos. Frente a ella un emjambre de moscas revolotea sobre el cuerpo de Victoria.


Un sendero de grava conduce a la puerta principal de la casa, una construcción de piedra, muy sencilla, con un tejado a dos aguas. Elena rodea la casa en busca de alguna pista. En la parte trasera hay un todoterreno aparcado, con el parachoques y los neumáticos manchados de barro. Las contraventanas están echadas e impiden espiar en el interior de la vivienda. 



sábado, 5 de octubre de 2019

TUS PASOS EN LA ESCALERA






   




Empecé a leer este libro este verano antes de ir de viaje a Lisboa para ambientarme un poco; bueno, por eso y porque me lo regaló mi marido.

Antonio Muñoz Molina es uno de mis escritores actuales preferidos. Es un gran escritor, un buen narrador; sin embargo esta novela es el claro ejemplo de que puedes ser un excelente narrador y escribir genial formalmente, y aún así, no funcionar materialmente, porque la literatura necesita alma, algo que decir y contar, un duende, una gracia en su conjunto, algo más que el hecho aislado de escribir bien y construir frases correctamente. Un poco extensas, por lo demás—dice mi maridito.

Una historia intimista. Sabemos que el protagonista vivía en NY con su pareja, y que ahora está en Lisboa preparando el apartamento donde pronto se trasladaran. Y mientras hace los preparativos recuerda el pasado juntos, en pareja, en la gran ciudad. E intuimos, que algo va mal. Y Muñoz Molina se estanca innecesariamente, da vueltas y vueltas y no despega. Pero da igual, porque yo dejo de leer cuando voy por más de la mitad del libro.

Y ya está.

Mi marido se niega a decirme el final.



El cielo estaba oscuro y bajo, y no paraba de llover. En la calle la basura se acumulaba día tras día junto a los contenedores rebosantes Más que la incomodidad me agobiaba la superstición de que por culpa de aquellos percances nuestra vida futura en la ciudad quedara malograda, nuestra casa sin estrenar se contaminara de fracaso. No quería decirle nada a Cecilia por miedo a que retrasara su viaje. Pero tampoco quería que viniera y se encontrara en medio de un desorden deplorable, sin condiciones para vivir ni para trabajar.













domingo, 18 de agosto de 2019

LISBOA



A Lisboa hay que entrar como Dios o como Pessoa manda. Esto es, por mar, adentrarse, si se puede, por las aguas grises y neblinosas del estuario del Tajo, y si no por el Puente 25 de Abril, a la altura de lo alto del mástil de la nave y gritar:
¡Albricias, señores!, ¡albricias pido y albricias merezco!, ¡Tierra, tierra! Aunque mejor diría: ¡cielo, cielo!, porque sin duda estamos en el paraje de la famosa Lisboa”. Cervantes.





Aunque ahora hay otro puente, dicen que el más largo del mundo con sus diecisiete kilómetros, el PUENTE Vasco de Gama, porque aquí todo gira en torno al navegante real Vasco de Gama ( cantado por el soldado poeta Luis de Camoes) , y cumplidor de los planes portugueses  de Enrique , conocido por el navegante, pero que en realidad no fue a la India. En Portugal todos los niños aprenden los primeros versos de Os lusiadas de Camoes:



As armas e os barões assinalados 
Que, da ocidental praia lusitana,

Por mares nunca de antes navegados 

Passaram ainda além da Taprobana,
Em perigos e guerras esforçados
Mais do que prometia a força humana
E entre gente remota edificaram 
Novo reino, que tanto sublimaram.

— Os Lusíadas, Canto I, estrofe 1






   
Las armas y varones distinguidos, 
Que de Occidente y playa Lusitana
Por mares hasta allí desconocidos,
Pasaron más allá de Taprobana;
Y en peligros y guerra, más sufridos
De lo que prometía fuerza humana,
Entre remota gente, edificaron
Nuevo reino, que tanto sublimaron:


Pessoa, ya en los años `20 del siglo XX.  recomendaba llegar a Lisboa por mar en una guía de viajes que escribió sobre la ciudad. Guía que compré para MP a las doce de la noche en una librería aún abierta a esa hora en el Chiado. Y Del puente, o mejor dicho, de los puentes no dice nada Pessoa, se construyeron después de su muerte y a pesar de saber de estrellas y magia no pudo adivinarlo.

Y es que en esta ciudad y país son tres los nombres de personajes insignes que siempre se oyen: Vasco de Gama, Pessoa, y Luis de Cãmoes. Bueno, y también la gran Amalia Rodriguez. Los tres primeros están enterrados en el Monasterio de los Jerónimos y Amalia Rodriguez en el Panteón nacional—la famosa cúpula blanca de Alfama. En un principio también estaba la tumba del dictador Salazar, pero lo trasladaron de allí para que  Amalia pudiera estar libre de política. En España Franco sigue en el Valle, no de Escombreras, sino en el de los Caídos.
Los lisboetas son tozudos y enamoradizos y puede que en ello tenga algo que ver su idioma tan sonoro lleno de vocales que lo hace idóneo para enamorar. Ya lo comprobé en mi primer viaje , luna de miel.  y ahora lo ratifico. A veces con malas pulgas, pero gente noble el portugués - aquí el añadir  el calificativo "portugués" convierte a cualquier cosa en "divina", así la casa es más que una casa cuando le añades "la casa portuguesa". 

En las inmediaciones del Monasterio de los Jerónimos tuve que enseñarle la wikipedia a un trabajador del Museo del conjunto artístico de Belén que me negaba tajantemente que Pessoa estuviese enterrado allí. Me miraba con cara de asombro, discutiendo, enfadado. Cosa comprensible pues estaba estresado con los turistas y el mal funcionamiento del robot que daba las entradas- se está robotizando todo en el mundo y eso es peligroso-.

Si, por otro lado,  se te ocurre cruzar una calle fuera del paso de peatones por un lugar no habilitado para ello, o con el semáforo en rojo, el taxista de turno te increpa, aunque no entorpezcas el tráfico, ni suponga riesgo, y la calle esté desierta y sólo pases tú en ese momento y el taxista esté a más de cincuenta metros, da igual, te pitan y jalean con las manos. A mí me pasó. Me volví y le pedí perdón con las manos extendidas en señal de oración, bajando humildemente la cabeza. Creo que me perdonó. En fin, que las normas de de buena navegación han de respetarse siempre, de lo contrario, no se puede llegar a buen puerto.
A pesar de que procedemos de pueblos navegantes, hay mucha diferencia con nosotros, los españoles del Mediterráneo. En Sevilla, por ejemplo— días antes de llegar a Lisboa— paseamos en un carruaje de caballos. Ya lo sé, eso es demasiado turista, o de paleto provinciano que va de viaje de novios, pero es lo que soy, una turista monda y lironda o como mucho una viajera pero no una periodista del National Geographic haciendo un documental etnológico.
Pues eso, contratamos un coche de caballos. La yegua se llamaba Juanica—sin duda, uno de los seres más nobles y listos de todo el viaje— y el cochero no lo sé, ni falta que me hacía. Era un mozo alto y entrado en carnes, o sea, gordo, agradable por imperativo laboral, que mientras conducía miraba todo el tiempo el móvil, por lo que la única que sabía por dónde íbamos era Juanica, y sólo de vez en cuando, el cochero nos contaba algo sobre los monumentos que veíamos: “Éste es el Ficus americano del jardín de María Luísa” y cosas por el estilo Eso sí, como controlaba muy bien el móvil, cuando llegamos a la plaza de España nos hizo una estupenda foto panorámica.


El caso es que al volver, un hombre que iba por la acera le increpó a nuestro conductor. Le dijo que no podía conducir e ir con el móvil al mismo tiempo; entonces, éste le gritó sin cortarse un pelo:
  • ¿Y tú quién eres? ¿Acaso eres policía? Anda y vete a tu casa, que tu mujer te estará poniendo los cuernos, gilipollas.
Para mí que, a los portugueses, España les es indiferente, no sé… apenas se les ve por aquí, por el litoral Mediterráneo. Yo creo que para ellos el Mediterráneo y sus aguas transparentes y tranquilas son una mariconada y lo que a ellos les va es la bravura gris del océano. Además de que como país de referencia siempre tienen a su adorada Inglaterra y a sus islas, y a Brasil, a Mozambique …etc.
Y luego están los fados. Esos cantos con saudade, como ellos dicen. Hace veinticinco años estuvimos, siguiendo el consejo del actor portugués Joaquim Almeida, en Mascote de Atalaia. Un local grande y destartalado con largos tablones por mesa, allí se reunían los aficionados al fado para cantar. Después de cada intervención, siempre espontáneas y amateur, discutían sobre esto y lo otro, la calidad, la música de cada fado. Era el único sitio donde poder ver fados fuera del circuito comercial.
Volvimos. El local ahora es más pequeño, transformado para cenar y escuchar música, orientado al turismo pero con la misma calidad de antes. Nos costó trabajo encontrarlo porque ahora todo el barrio Alto está lleno de garitos en los que se puede escuchar fados, pero lo conseguimos después de subir la enésima cuesta, pues Lisboa está entre siete colinas.

No puede evitar el viajero enamorado, español, al escuchar la música portuguesa, establecer un paralelismo con el flamenco. Ambas músicas requieren para disfrutarlas dedicación, pasión, y esfuerzo, las dos nos obligan a pensar desde abajo y no desde arriba (J.M. Hernández), música de parias y desheredados, de marineros, obreros, ¿bohemios?…Al contrario de lo que dice Félix Grande es música que aspira a ser poema y no al revés.
Pero mientras que el fado es sentimiento romántico, estiloso y fino; el flamenco se convierte en arrebato, a veces furia incontenida. Ellos cantan de pie con las manos en los bolsillos, nosotros sentados con el quejío y los puños abiertos y cara desencajada. Pero ambos, como dice José Martínez Hernández, filósofo y flamencólogo, son bienes de primera necesidad para vivir con dignidad.
UNA LÁGRIMA
Llena de penas
Llena de penas me acuesto
Y con más penas
Con más penas me levanto




Si yo supiera
Si yo supiera que muriendo
Tú me habrías
Tú me habrías de llorar
Por una lágrima
Por uma lágrima tuya
De alegría
Me dejaría matar


Dice  mi maridito, también filósofo y flamencólogo,  que la Soleá bien puede venir de la Saudade portuguesa del fado, que son fuente del cante hondo del flamenco y  de forma objetiva y no subjetiva.

El caso es que durante los tres días que estuvimos en Lisboa conocimos a gente diversa y hasta invitamos a nuestra ciudad a tres personas de diferentes nacionalidades. A una por noche, así es Lisboa, cosa que muy pocas ciudades tiene. La primera fue cuando tomábamos una copa de oporto al atardecer, en el mirador ( Miradouro) de San Pedro de Alcántara. Sentada a nuestro lado- ella vino después, dice mi marido- en una hamaca leyendo un libro estaba Elizabeth, una norteamericana que viajaba sola. Muy guapa. Guapísima. Me recordaba a Kathleen Turner en sus mejores tiempos. Hablamos de literatura norteamericana, de Sevilla, de las tesis de las tesis de Nancy… 

La segunda noche, ya para cuando regresábamos al hotel, nos montamos en un tuk tuk, y muy de noche recorrimos Alfama, sus miradores, sus casas, sus iglesias y su historia. Nos guiaba Daniel, un italiano que ha viajado por casi todo el mundo.


La tercera noche coincidimos con unos turistas de Marchena en Mascote de Atalaia. Dos profesores, una ama de casa y un conductor del AVE. Hablamos de flamenco, de Fosforito, del cante de las Minas, de Marchena y Cazalla,  del partido comunista portugués , etc... Y emocionados por el fado mi marido predijo algo sobre la unidad de Portugal y España puede ser la solución ....

Bueno, pues así han sido los tres días y noches de amor en Lisboa. Una ciudad privilegiada, de luz y amor, de saudade y estupenda, romántica, decadente y moderna, pequeña y hermosa, de casitas portuguesas con tejados a dos aguas. El tajo y el mar océano, la Revolución de los Claveles que en España no pudo ser... Una maravilla, y está aquí al lado. Portugal era España desde 1580 a 1640, es decir, durante la vida adulta de Cervantes,  como me recuerda una y otra vez  mi maridito en este viaje, pero eso ya es otra historia... 







miércoles, 14 de agosto de 2019

SECRETOS


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Premio Logroño de Narrativa

A la urbanización de Altorreal de Murcia, habitada por familias de clase media alta murciana, muchas de ellas religiosas, de las que se confiesan, llega Helen, una mujer estilosa y perturbadora, cuyo principal negocio consiste en chantajear a financieros, políticos y gente con nivel adquisitivo alto; lo hace a través de una red o “web” de secretos inconfesables, que ella obtiene hilando poco a poco como malla de araña.
En unos pocos días predispone a la mitad de los vecinos de la elegante urbanización contra los otros, sabe manipular para obtener información y luego utilizarla a su favor.
La idea es buena. ¿Hasta dónde llegaríamos por preservar nuestros secretos? Bueno, es el poder de la información y no sólo para las altas esferas sino también para cualquier ciudadano de a pie.
Pero el autor no ha sabido sacarle partido a la idea inicial que me parece muy original, la narración es demasiado larga y repetitiva, (podríamos decir que la historia se le ha partido, roto), estilísticamente plana, resultando así una novela extensa y piscinera.
De lectura ágil, válida si se quiere pasar el rato.


Sale de la calle privada de Los Cipreses y se encamina hacia la Avenida del Golf para bajar hasta la gasolinera. ¿Qué ha querido insinuar su vecina? ¿Lo sabe? ¿La ha amenazado de algún modo? Golpea el volante fuera de sí y maldice su suerte. Ahora que se había quedado tranquila con respecto a la actitud de Juan Luís, aparece esa arpía, Helen, insinuando que lo sabe todo.

domingo, 4 de agosto de 2019

FOSFORITO




Para un grupo de amigas se ha convertido en tradición acudir todos los años con nuestros maridos al festival de flamenco de lo Ferro en el campo de Cartagena. No hay verano sin Lo Ferro, ni Lo Ferro sin verano, es para mí el momento en que arrancan las vacaciones.
Además de figuras de renombre invitadas todos los años como es el caso de Rancanpino o el Capullo de Jerez, sobre todo el capullo y su libertad; hay un concurso de flamenco de gran calidad y se puede asistir a las fases de selección que cada sábado de julio se celebra en el patio viejo y encalado del Mesón del Melón de oro, en mitad del campo, allí, rodeados de bancales de melones y lechugas, de inmigrantes negros y de musulmanes a la puerta del bar, que no entienden qué pasa allí ni por qué hay tanta gente.


El paisaje es desolador, polvo, calor, casas humildes con puertas y ventanas abiertas y sus inquilinos sentados a la puerta descansando de la dura jornada, tomando el fresco de la noche. Se percibe un silencio triste, roto por el compás de una guitarra flamenca procedente de un patio encalao y a los pocos segundos,  los quejíos negros de un cantaor por Malagueñas (la del Mellizo).
Recuerdo un año a las puertas del Mesón, una televisión noruega grabando el festival, como algo ¿exótico?




Este año iba emocionada porque uno de los invitados era Fosforito, mi cantaor favorito. Tiene 87 años ya, pero mantiene una lucidez inaudita para su edad y generación.
Como ya no canta dio un pregón o conferencia que seguramente quedará para los anales del flamenco. Nos contó que el flamenco es un sentío, una forma de vivir, y que se puede ser flamenco de muchas formas. Él ha tenido una vida muy humilde, dura, en la carretera, de pueblo en pueblo, cantando en festivales.


Mientras viajaba leía mucho. Que leía entre otros a Manuel Machado, a Herman Hesse y a Thomas Mann… ¡que leía a Thomas Mann! Entonces pensé que por algo me gustaba este cantaor. Ya intuía yo al oír sus letras que era algo especial, sin duda, sus lecturas, entre ellas, la aurisecular literatura alemana como decía Marcel Reich.


Aquí dejo dos granainas cantadas por Fosforito.

LA NOCHE Y TÚ EL DÍA



HACE TIEMPO QUE NO SÉ DE TÍ













domingo, 21 de julio de 2019

EL ASESINO DE LA PEDRERA

DE: ARO SÁINZ DE LA MAZA





Esta novela negra ambientada en la Barcelona de Gaudí ha sido publicada con otro título y con  bastante éxito en Francia. Sin embargo a mí me ha decepcionado un poco. Aunque la estructura está bien concebida y cuenta una historia potente, hay muchos detalles que me chirrían.  No sé… A lo mejor me estoy volviendo demasiado tiquismiquis.

Tiene los clichés propios del género novelístico de detectives: un policía atormentado, muy atormentado, pero listo e intuitivo que además tiene que hacer frente a la oposición de sus compañeros; un asesino psicópata, inteligente y cruel que utiliza signos masónicos y sentencias jeroglíficas que hay que averiguar, escándalos financieros, corrupción, pederastia, crítica social… Y mucho relleno; al final, claro, un libro de  más de 500 páginas.

Podría ser una buena novela a no ser por las frases que se repiten, archiconocidas; por ejemplo la de “Un escalofrío le recorrió la espalda”, o la de páginas instruyéndonos con los símbolos de la masonería, y situaciones inconcebibles por lo absurdas y poco verosímiles que resultan, como las de una jovencita de quince años de Barcelona que no sabe reconocer el parque Güell.




Por el contrario el libro mantiene unos diálogos rápidos, audaces, siendo interesante el recorrido por las calles, edificios, bares, parques de Barcelona, tanto o más que las guías turísticas. Es una novela negra turística.  En Barcelona todo ha devenido a ser turístico, también su novela.

Aparcó en el paso de peatones, justo en la esquina de paseo de Gracia con Provenza, y bajó del coche. A aquellas horas la gente todavía inundaba de forma masiva las aceras. Echó un vistazo y. por las vestimentas, distinguió que la mayoría eran turistas. Bermudas, calcetines y sandalias, y faldas cortas y chanclas. Todos con cámara en ristre, curioseaban las lujosas tiendas, señalaban los escaparates y sorteaban los distintos mendigos que salían a su encuentro con la mano extendida. Por el contra, resultaba fácil identificar a los residentes de la ciudad; pocos para su sorpresa. Sin hacer caso de las tiendas, mantenían la mirada fija al frente o bien caminaban con los ojos clavados en el suelo, como avergonzados por su palidez extrema, casi enfermiza, en contraste con la piel roja, requemada por el sol, de los foráneos.
Cruzó el lateral de la calzada y se situó ante la Casa Milà.





domingo, 7 de julio de 2019

MI VIDA

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En esta autobiografía  de más de 500 páginas de MARCEL REICH-RANICKI, un gran crítico literario de la prensa y televisión alemana, famoso por su apasionamiento y particular expresividad en sus análisis a los que imprimió especial claridad y sentido práctico, declara que la literatura es un sentimiento vital, porque no hay crítica sin amor a la literatura.
Dice AMB que la crítica literaria se hace para entenderla y exige la razón humana y no tanto el gusto personal.


Nunca le gustó, por cierto, a Reich la siguiente cita de Goethe:


“Cuanto  más inconmensurable e inabarcable sea para la razón una producción poética, tanto mejor”.


Pero—continúa Reich— ¿Lo pensó así Goethe, verdadera y literalmente? ¿O sólo quería insinuar que lo inconmensurable o inabarcable para la razón puede muy bien resultar útil para el autor y su creación?

El análisis de la literatura quedó a menudo en manos de científicos y literatos, contra lo cual no hay, por supuesto, nada que decir. Pero los científicos escribían para científicos, y los literatos para otros literatos, mientras el público se iba de vacío. En cuanto a mí, […] había escrito sobre todo para lectores y no para el estamento literario.


Así, en sus memorias habla principalmente de literatura mucho más que de su vida íntima, salvo períodos específicos como en el gueto de Varsovia cuando, su lucha por sobrevivir, le llevó a esconderse, junto con su mujer,  en el sótano de una casa en la Polonia invadida por los nazis. MARCEL era judío.


Habíamos prometido a Bolek y Genia que, si sobrevivíamos en su casa, les mostraríamos nuestro agradecimiento. […] y sólo puedo expresarlo con palabras grandilocuentes y desgastadas hace ya tiempo: compasión, bondad, humanidad.

Aún después de que finalizara la II Guerra Mundial, en Alemania se seguían produciendo actividades relacionadas con los nazis. Marcel Reich se encontró, por ejemplo, a un dirigente nazi, ya excarcelado,  invitado a la presentación de un libro sobre Hitler. “A él le hubiera gustado”, decía el nazi ante la complacencia de los demás. El propio periódico donde trabajaba Reich publicaba en el año 68 a un historiador nazi Ernst Nolte, un artículo donde exponía que el asesinato de los judíos no es un hecho singular sino absolutamente parangonable con otros asesinatos en masa ocurridos en nuestro siglo, compensando así la culpa alemana con los crímenes de otros.

Según el historiador el Holocausto fue la consecuencia, si no la copia, del imperio bolchevique del terror, una especie de medida de protección, y por tanto, comprensible. Nolte elogiaba todavía en diciembre de 1998 a las SS como la cima, ni más ni menos del carácter guerrero.  

Cuando en 1963 se reunieron los supervivientes de su promoción de bachillerato,  la mayoría de ellos alemanes no judíos, y entre ellos cuatro médicos, se contaron anécdotas inocuas y se intercambiaron recuerdos, pero nadie habló del holocausto, precisamente ellos, caballeros, personas educadas y reflexivas que habían sido oficiales del ejército alemán y que suponemos habían vivido experiencias horribles. Su encuentro duró dos días y no se echó de ver nada de ello, ni siquiera cuando conversaban a solas.

Al fin, Marcel Reich, les preguntó por el tema y ellos contestaron que cómo iban a creer en la inferioridad de la raza judía si precisamente en clase el mejor alumno de alemán era judío y el mejor atleta también. Ante aquella respuesta, Marcel Reich, quedó estupefacto, le pareció ridícula la contestación: “Y si yo no hubiera sido el mejor alumno de alemán y mi amigo el mejor corredor, ¿podrían, entonces, habernos hecho la vida imposible?”

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Marcel Reich fue, desde luego, un entusiasta del romanticismo alemán y, en general, de toda la literatura alemana. Demasiado entusiasta, tanto que ha ignorado o no le  ha importado otros movimientos, otras literaturas.

Es cierto que aunque nació en Polonia, él consideró Alemania su patria y  su lengua materna el alemán, y que a pesar de ser un alumno brillante los nazis no le permitieron estudiar literatura  en la Universidad por ser  judío. Pero lo que no es de recibo es que un crítico literario tan exitoso e influyente, comente  únicamente autores alemanes, mientras que cite,  casi de pasada, algunos  rusos, franceses e ingleses. Y luego nada, absolutamente nada del resto de países que parecen no existir para él a excepción de Shakespeare, al que cita unas dieciocho veces. 

Ni una sola mención a Cervantes, ni al Quijote. ¿Cómo se puede ser crítico literario sin leer y estudiar a Cervantes? Bueno, quizás lo haya estudiado pero lo ignore. En ese caso, todavía peor.



En su libro sobran varios capítulos en los que habla de autores, por supuesto alemanes, muchos de ellos locales, olvidados, desconocidos para el gran público, con tantos detalles que abruman y lo hacen pesado. Por el contrario se salvan, y aún más, son bastante meritorias,  las páginas en las que habla de Günter Grass, Bertolt Brecht, Adorno, Thomas Mann  o Elias Canetti.

De todos ellos dice que la vanidad les puede, y que la relación de un crítico con el autor siempre  depende de lo que haya dicho éste sobre su último libro.

UN EJEMPLO : El día en que conoció a Günter Grass:

En Mayo de 1958 me llamó por teléfono mi amigo Andrzej Wirth para decirme que tenía problemas y solicitarme ayuda. Esperaba a un joven de la República Federal de Alemania que, por desgracia, no conocía a nadie en Varsovia. Había que cuidar un poco de aquél pobre hombre […] Al día siguiente fui al Bristol, donde el invitado me tenía que esperar hacia las tres de la tarde. […] El hombre de la butaca iba vestido, en cambio, con descuido, por decirlo de manera discreta, y además no se había afeitado. Parecía estar haciendo algo nada habitual en la recepción de un hotel elegante: dormitar. De pronto, se incorporó y caminó hacia mí. Me estremecí. Pero lo que me infundió miedo no fue su bigote imponente, sino su mirada, una mirada dura y fija, vidriosa, casi salvaje […] se había bebido una botella entera de vodka mientras comía solo.[…] Quería escuchar sus opiniones sobre la literatura que se hacía en la República Federal. ¿Heinrich Böll? Sonrisa despectiva aunque indudablemente benévola. ¿Max Frisch? Lo que ocurría en sus novelas era demasiado distinguido para él. Tuve la sensación de que aquel joven no sabía por dónde le daba el aire. […] Le pregunté si no querría contarme algo sobre el argumento de la novela que estaba escribiendo. Estaba escribiendo la historia de una persona: el asunto comenzaba en la década de 1920 y llegaba casi hasta el momento actual. ¿Y quién era esa persona? Un enano. ¿Y qué más?, pregunté sin curiosidad. “El tal enano—me explicó—tiene, además, una joroba” ¿Cómo? ¿Enano y jorobado al mismo tiempo?; ¿no sería un poco excesivo? “El enano chepudo—continuó el joven—está internado en un manicomio”.

Termina el autor diciendo que no cree que haya ninguna relación causal entre la música, la literatura y en general de todas las artes con la ética. Que no necesariamente nos hacen más buenos, y duda de su eficacia educativa. Me dice AMB, que la literatura, como arte que es, objetiva ideas, también ideas éticas, pero no es un tratado de ética, en todo caso, puede ser ejemplar, pero no resuelve dilemas.

Yo no estoy del todo de acuerdo. ¿Quién se lee en estos días un tratado de ética? Pocas personas. Sin embargo son muchos los que se han leído a Charles Dickens. Una vez leí que hizo más por la revolución social y el proletariado las novelas de Dickens que el propio Marx con su manifiesto.

No, nunca creí seriamente que la literatura tuviera alguna función pedadógica digna de mención, pero sí en la necesidad del compromiso; es decir, en que si bien los escritores no podían cambiar nada, debían pretender el cambio en beneficio de la calidad de sus trabajos.






lunes, 10 de junio de 2019

Anna




De: Niccolò Ammaniti






Estamos en Sicilia, aproximadamente año 2020. Un virus letal asola el mundo, causando la extinción de los humanos adultos en el planeta. Sólo los niños resultan inmunes a la epidemia, sin embargo conforme van creciendo y acercándose a la fatídica edad adulta contraen inevitablemente  la enfermedad y mueren

Han transcurrido cuatro años desde la catástrofe y nos encontramos con ciudades devastadas, incomunicadas, sin luz eléctrica ni agua, derruidas, a la suerte de pandillas infantiles arrasando los supermercados en busca de comida.

 No hay Estado.

Ya me dijo mi maridito que desde Thomas Hobbes, el Estado, o Leviatán no son tan sólo los edificios o carreteras sino el conjunto de personas funcionarias que lo constituyen; siendo los habitantes, sin embargo, la sociedad encarcelada.

Anna tiene a su cargo a su hermano pequeño al que cuida y protege como si fuera su propio hijo, para ello cuenta con el libro de las cosas importantes que le escribió su madre antes de morir previendo los acontecimientos. Con este libro, al que Anna recurre en momentos importantes,  el autor hace una analogía con el texto sagrado que deja las instrucciones para este mundo: La Torá, La Biblia y  El Corán...

Ante la situación cada vez más insostenible, deciden viajar (a pie) hacia el continente, con la ilusión de encontrar la vacuna que los salve o, por lo menos, cualquier otra solución mínimamente esperanzadora.

A pesar del caos se reproducen los patrones típicos en toda sociedad. La necesidad de creer en algo, quizá en un ser superior, la esperanza  en una vida, aunque sea temporalmente eterna, el amor en todas sus dimensiones: el fraternal, el romántico y el amor en un animal, un perro, que se les une en su peregrinación.

Una novela de teología política infantil y vírica.

Y una novela que nos vuelve a reivindicar el amor, la esperanza y la caridad, pero sobre todo el amor a los demás.

Tras la muerte de su madre, había sentido una soledad tan grande y opresiva quedado como tonta durante meses, pero ni una sola vez, ni siquiera por un momento, se le había pasado por la cabeza acabar de una vez con todo, porque notaba que la vida es más fuerte que todas las cosas. La vida no nos pertenece, nos atraviesa [...] Es nuestro cometido, es lo que han escrito en nuestra carne. Hay que seguir adelante, sin mirar atrás, porque nos impregna una energía que no podemos controlar, y aunque estemos desesperados, mutilados, ciegos, seguimos alimentándonos, durmiendo, nadando para que no nos engulla el remolino.


domingo, 26 de mayo de 2019

SEROTONINA


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¿Es el amor en lo único que podemos tener fe?

Es la gran pregunta que plantea la novela y la respuesta no es un sí o un no, sino un “quizá”.

Florent es un un personaje fracasado, autodestructivo. Para sobrellevar su existencia tiene que tomar antidepresivos, bebe, fuma, se limita a vagar por las calles, hoteles y restaurantes. De profesión agrónomo aunque ya  no ejerce; decide romper con todo y desaparecer. Es cuanto menos gracioso que un hombre que  apenas tiene amigos, ni relaciones sociales decida romper, ¿romper con qué?

Podría decir que el autor, Houellebecq,  es un  provocador y que su nueva novela reflexiona sobre la existencia, que su personaje es un personaje infeliz, anestesiado, que inicia una huida hacia delante, que hay  escenas de pedofilia, sexo con animales y bla bla bla…. Pero no lo haré pues eso es la anécdota.

Leo con atención el libro, y me divierto con su humor inteligente - el humor siempre lo es-  con su ironía, y reconozco  al Houellebecq que le encanta Louis de Funès, un Houellebecq preocupado por la economía de su país, tradicionalmente agrícola, él que es precisamente ingeniero agrónomo y firme defensor de la salida de Francia de Europa. Un Houellebecq cada vez más político.

—España—dice— tiene una gran responsabilidad con respecto a la inmigración y le resultaría más difícil el Spainexit.

Me sorprende las reiteradas citas de las vacas. El tema de las vacas  me tiene en vilo ¿Qué pasa con las vacas? ¿Por qué las nombra tanto? ¿Tenías de pequeño en la granja de tu abuela? ¿Ordeñaste alguna vez alguna? Creo que son difíciles de ordeñar. Pues no tenía vacas la Grandmere de Houellebecq, pero sí que una vez ordeñó una y no le resultó complicado.  

Y leo sin importarme el final porque el final me lo espero, como todo lector  de las obras de Houellebecq, lo intuyo, y sé que no hay posibilidad de salvación…

“La fe en el amor, como en Dios, siempre es intermitente en las obras de Houellebecq” sentencia mi maridito. Ya decía Houellebecq: “cuando estoy en misa creo en Dios, cuando salgo, ya no”.





El porno ha sido siempre puntero en la innovación tecnológica, como ya lo han señalado numerosos ensayistas, sin que ninguno se percatara de lo que esta constatación tiene de paradójica, porque en definitiva la pornografía es el sector de la actividad humana donde la innovación tiene menos importancia, todo lo concebible en materia pornográfica existía ya ampliamente en la Antigüedad griega o romana.

Me estaba convirtiendo en un hombre viejo y gordo, un filósofo epicúreo, ¿por qué no?, ¿qué otra cosa exactamente tenía Epicuro en la cabeza? Ahora bien, un mendrugo de pan duro y un chorrito de aceite de oliva era un poco insuficiente, necesitaba medallones de bogavante y vieiras con sus verduritas, yo era un decadente, no un marica rural griego.

Me pasó por la cabeza la idea de las “acciones simbólicas”, pero me paralizó la vergüenza antes de terminar la frase.                                                                      

Y ahora me encontraba solo, más solo de lo que había estado nunca, bueno, tenía el hummus, adaptado a los placeres solitarios, pero el periodo de fiestas es más delicado, me habría hecho falta una bandeja de mariscos, pero eso se comparte, una bandeja de mariscos en solitario es una experiencia terminal, ni Françoise Sagan habría podido describir eso, era realmente algo demasiado gore.

Y sin embargo existen clientes solitarios la noche de Navidad, todo existe en la vida de una recepcionista, yo no era más que  una modalidad particular de existencia desgraciada [...] Había comprado dos andouilles enteras  y seguro que televisaban la misa del gallo, no me podía quejar.

No obstante de vez en cuando se pregunta si puede concederse una bocanada de esperanza, bueno, se lo pregunta antes de responder negativamente. Sin embargo persevera, y se trata de un espectáculo impactante.

A decir verdad yo me encontraba en la misma situación, los años de estudiante son los únicos felices, los únicos en que el porvenir parece despejado, en que todo parece posible, después la vida adulta, la vida profesional, no es más que un lento y progresivo estancamiento, sin duda por eso las amistades de la juventud, las que entablas durante los años de estudio y que en el fondo son las únicas verdaderas, nunca sobreviven a la entrada en la madurez, evitamos volver a ver a los amigos de juventud para no confrontarnos con los testigos de nuestras esperanzas frustradas, con la evidencia de nuestro propio aplastamiento.

Yo estaba de mal humor y me serví un vaso grande de vodka sin esperar a Aymeric, al tiempo que devoraba rodajas de morcilla artesanal, está claro que no se puede hacer nada con la vida de la gente, me decía, ni la amistad ni la compasión ni la psicología ni la comprensión de las situaciones tienen la menor utilidad, la gente se fabrica ella misma el mecanismo de su desdicha, le da cuerda y luego el mecanismo sigue girando, ineluctable, con algunos fallos, algunas debilidades cuando la enfermedad interviene, pero sigue girando hasta el final, hasta el último segundo.

 Comprendí que el mundo no formaba parte de las cosas que yo podía cambiar, seguramente otros eran más ambiciosos, estaban más motivados, más inteligentes.

El mundo exterior era duro, implacable con los débiles, no cumplía nunca sus promesas, y el amor seguía siendo lo único en lo que todavía se podía, quizá, tener fe.