LA CONJURA
Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arte. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de diciembre de 2024

LA MÚSICA DESPIERTA EL TIEMPO


En este libro Barenboim desarrolla un argumento filosófico alrededor del sonido y del pensamiento armónico. En él se percibe la influencia de filósofos de la talla de Schopenhauer, Voltaire, Locke, y sobre todo de Spinoza y su “Ética” (libro de cabecera de Barenboim), y literatos como Goethe o Thomas Mann y su personaje Settembrini de la montaña mágica. Su discurso no es difícil de seguir, salvo en su parte técnica relativa a la orquesta y práctica musical para los que no son músicos de conservatorio, o de oficio, o expertos en el tema.


Daniel Barenboim, pianista y director de orquesta, nacido en Buenos Aires en 1946, se traslada a los diez años con la música a otra parte, a Israel. Allí continúa con sus estudios de música, convirtiéndose en un niño prodigio. Actualmente tiene cuatro nacionalidades: la argentina, la española, la israelita y cuenta además con el pasaporte palestino.


Es un gran experto sobre la situación actual en Oriente Medio. Del mismo modo que considera el derecho de Israel a existir como nación, Barenboim cree también en la necesidad y en la urgencia de tender puentes en el conflicto judío-palestino, de aceptar la integración de la minoría Palestina en Israel, y de la creación del Estado de Palestina.


Su compromiso le lleva a fundar con su gran amigo Edward Said la orquesta WEST-EASTERN DIVAN, un foro en el que los jóvenes intérpretes palestinos, judíos y de países árabes aprenden música y pueden expresarse libremente con libertad escuchando el relato del “otro”.


La música es un reflejo de la vida, dice Barenboim, pues ambas empiezan y terminan en la nada. Es una muerte temporal, seguida por la capacidad para revivir, para volver de nuevo a la vida. Para Schopenhauer la música es una idea del mundo, para Ferruccio Busoni, el gran pianista y compositor italiano, la música es algo más material y sensible: es aire sonoro.


El libro termina con una serie de pequeños textos publicados y entrevistas al autor al que llama “variaciones” en las que habla de compositores, directores, óperas y temas musicales en general. Con respecto a Furtwängler lo clasifica como un director de orquesta antideólogo, un solitario que se niega a adaptarse a moldes preexistentes. A Pierre Boulez lo califica de compositor original y complejo.


Me llama la atención la anécdota sobre un anuncio de inodoros. Cuenta Barenboim que viendo la televisión americana aparece una publicidad sobre retretes que utiliza la música de Mozart (Lacrimosa del Réquiem) como trasfondo sonoro y con fines comerciales, más tarde, ante las protestas del público, la empresa anunciante pide disculpas y lo cambian por un pasaje de la obertura de Tanhäuser de Wagner. La Compañía atribuyó la indignación del público a un tema religioso y no al abuso de una obra de arte musical.


En fin, un libro interesante donde el autor mezcla lo musical, lo personal y lo politico-social y cuya tesis principal es el enorme potencial de la música para acercarnos, para convivir en paz, pues el contenido de la música tiene que ver con la condición humana. El mundo del sonido es capaz de elevar al individuo por encima de la preocupación limitada por su propia existencia y de brindarle una percepción universal de su lugar entre los seres humanos.



Leí por primera vez la Ética de Spinoza cuando tenía trece años. Desde luego, en la escuela estudiábamos la Biblia, que para mi es la mayor obra filosófica que se ha escrito. Sin embargo la lectura de Spinoza me permitió acceder a una nueva dimensión, y por eso nunca he dejado de cultivar sus libros. […] No hay mejor campo de entrenamiento para el intelecto que la Ética de Spinoza, ante todo porque Spinoza enseña la libertad radical del pensamiento con mayor amplitud que cualquier otro filósofo. […] “Una emoción no puede ser reprimida ni suprimida sino por medio de otra emoción contraria, y más fuerte que la que ha de ser reprimida”.


Krips me dijo: “Si lo tocas así, suena como Beethoven. Beethoven no es Mozart. Beethoven aspira al cielo, mientras que Mozart viene de él.”






lunes, 14 de octubre de 2024

DIEZ HORAS CON CARMEN LINARES




Canto desde que me acuerdo que existo, dice Carmen Linares. Buena prueba de ello es una fotografía entrañable en blanco y negro donde podemos ver a una niña con calcetines blancos y falda por encima de las rodillas delante de un micrófono mucho más alto que ella. Es Carmen Linares. A su lado, un hombre corpulento con guitarra que la mira con ternura, es Antonio, su padre, que la había llevado a un certamen juvenil. Detrás, en una mesa, el premio: la famosa muñeca Mariquita Pérez, el sueño de una niña de entonces.





DE NIÑA EN VADOLLANO.


Maria del Carmen Pacheco Rodriguez nació en el año 1951 en Linares, vivió su infancia en la pedanía de VADOLLANO, en una estación de ferrocaril, a 8 km de Linares. Aunque su abuelo paterno fue minero, su padre era ferroviario. Se crió en un ambiente familiar musical, el padre tocaba la guitarra, su tío la bandurria, su hermana y ella cantaban. Uno de los más grandes recuerdos de su infancia es cuando desde niña se juntaban en navidad y cantaban los campanilleros.


Empezó desde niña a presentarse a concursos de cante que además ganaba. Por aquella época en los concursos le daban a los niños chocolate, también ganó junto a su madre en un sorteo radiofónico un tocadiscos que iba en una maletita y que le sirvió de mucha ayuda y le permitió escuchar y aprender los discos flamencos y la copla.


TRASLADO A AVILA. SECRETARIA.


A los doce años trasladan a su padre a Avila, donde su mudó también toda la familia. Estudió bachillerato, y al principio, aunque cantaba y se presentaba a concursos, también se preparó para ser secretaria estudiando mecanografía y taquigrafía, pero su padre le dijo: “Tú verás lo que haces, pero secretarias hay muchas”


Y es que Carmen Linares ha tenido desde siempre el apoyo de toda su familia, empezando por su propio padre, que la acompañaba a los certámenes, y sobre todo a su marido Miguel Espin que conoció en Avila, periodista, flamencólogo, y persona clave en su carrera artística que ha sabido aconsejarla en su trayectoria, la ha guiado muy exitosamente en los tipos de cante, donde cantar, y en especial sobre sus nuevos proyectos que integran su creatividad personal con su afición a la poesía.


INICIOS MADRID.


De Avila se trasladó a Madrid, eran sus INICIOS, donde empezó a actuar en los tablaos madrileños cantando para el baile en el café de Chinitas y Torres Bermejas. Fue una época mágica y dorada del flamenco, allí conoció y trabó amistad con los grandes del flamenco, Camarón, La Perla, Los hermanos Habichuela, y José Mercé, y sobre todo su gran amigo del alma Enrique Morente del que luego fue madrina de uno de sus hijos.


Hay una anécdota de sus inicios y viene de la mano de Juan Habichuela, cuando le dijo: “Niña, tú cantas como las viejas” “vieja, que eres una vieja” porque ella era la niña que le gustaba la seguiriya y la soleá, los cantes hondos. Su primer maestro por entonces fue FOSFORITO, por su conocimiento de dichos cantes y al que ella empezó imitando.


Precisamente su nombre artístico se lo pusieron Fosforito y Juanito Valderrama cuando estaban preparando una gira por Francia y no les pareció demasiado artístico el nombre de Carmen Pacheco, entonces, al enterarse que era de Linares, le pusieron Carmen Linares.




TÉCNICA DE VOZ.


Carmen Linares ha sido reconocida como una de las cantaoras más completas y con mayor conocimiento de estilos flamencos. Por su elegancia y por su exquisita sensibilidad le llaman la dama del cante. Es de destacar la riqueza de sus registros, su madera de modular los tonos bajos la hacen una cantaora especial, ese recogimiento para llevar la escala hacia abajo, y ese contraste cuando modula también hacia lo alto.


Cuida mucho la dicción a la hora de cantar porque le da mucha importancia a que se entienda la letra a la hora de cantar y considera una pena que no se entienda la letra, así el cante no pierde hondura ni expresión sino todo lo contrario.


VESTIDOS. NO BATA DE COLA, NO LUNARES.


Rompe uno de los tópicos a la hora de vestir en el escenario. No es el prototipo de cantaora al uso. No necesita la bata de cola, los lunares, los volantes porque para cantar necesita reflejar lo que es, así que sale a cantar vestida con una falda, unas botas, una chaqueta, que curiosamente después otras cantaoras jóvenes han imitado su forma de vestir.


Hay una anécdota con Paco de lucía cuando ella era joven y fue a visitarlo a su casa. Paco de Lucía salió de su habitación donde estaba estudiando y la acompañó por alegrías, y le dijo: “Pero si tú no pareces cantaora, pareces una estudiante de Filosofía y Letras”. Y es que ella dice que no quiere sentirse disfrazada.




LA ANTOLOGÍA DE LA MUJER EN EL CANTE.



Importante en su carrera fue el disco LA ANTOLOGÍA DE LA MUJER EN EL CANTE donde recoge una selección de cantes creados o popularizados por las grandes cantaoras de todos los tiempos, y en la que hizo un gran trabajo de documentación para rescatar esos cantes. Fue una idea que le dio el periodista Ángel Álvarez Caballero y que luego llevó a cabo con su marido y José Manuel Gamboa. Se trataba de rescatar la aportación de la mujer al cante flamenco.


En principio no se planteó como un trabajo reivindicativo feminista, porque Carmen Linares entiende que en el cante hondo no existe más machismo que en otros sectores de la vida propios de la época. Sin embargo este disco se convirtió en un referente de la mujer en el mundo flamenco.


En este disco le acompañan guitarristas de la talla de Paco Cepero, Manolo Franco, Los Habichuela, Enrique de Melchor, Moraíto, Tomatito, y otros más, todos ellos grandes guitarristas.



OTRAS FORMAS DE EXPRESIÓN. LA POESÍA.



Pero además de su amplio conocimiento de los cantes tradicionales, Carmen Linares da un salto cualitativo buscando otras formas de expresión, por ejemplo en el terreno de la poesía. Ha traducido al flamenco la poesía de Lorca, de Miguel Hernández, Los Machado, Juan Ramón Jiménez, a Borges. Ha ajustado la poesía a los distintos estilos del repertorio flamenco. Porque Carmen Linares dice que flamenco y poesía se dan la mano.







En el disco “Un ramito de locura” incluye la seguiriya IN PACE, sobre un poema que Jose Angel Valente escribió a la muerte de su hijo y que el propio poeta se emocionó cuando la escuchó en su estreno en el Circulo de Bellas Artes. María Kodama, viuda de Borges, se impresionó cuando EN cierta ocasión vino a Sevilla a una presentación y escuchó “la Milonga del forastero”, poema que tiene una métrica que se ajusta perfectamente al cante.


En 2008 crea su propio sello discográfico “Salobre” donde produce discos con total libertad tanto en la forma como en el concepto. Así publica por ejemplo el disco “Raices y alas” con poemas de Juan Ramón Jiménez.


Otro registro diferente, En 1988 interpreta el Amor Brujo de Falla en la Bienal de Flamenco de Sevilla, actuando con orquestas sinfónica, lo que le abre teatros importantes en todo el mundo, en EEUU, La ópera de Sydney.




Han sido más de cuarenta años en el flamenco, en los que ha obtenido grandes premios, la Medalla de Andalucía, Premio Nacional de Música, La medalla de oro de las Bellas artes, y recientemente el premio Princesa de Asturias. Una flamenca culta, que le gusta el cine, ha trabajado con Irene Papas, es lectora de poesía, de narrativa (le gusta Antonio Muñoz Molina), en una ocasión se acostó a las seis de la mañana terminando Plenilunio. Dice Carmen Linares sobre las artes:


Todas las artes tienen influencia para cambiar las cosas. De hecho, con la música se consigue alimentar el alma, que una persona sea más feliz, que se pueda llevar mejor un confinamiento… El arte es la esencia de la vida. Sin él seriamos muy desdichados. El alma necesita alimentarse, tener alegría y capacidad de amar. Todo eso conlleva la música.



Necesito el flamenco para vivir, para respirar, para ser yo misma.


domingo, 7 de abril de 2024

DON JUAN VALDERRAMA

 




La peña flamenca de la que soy socia me pide presentar, dentro del ciclo de flamenco de Jaén, la proyección del documental “Retrato Flamenco de Juan Valderrama”. Me lo piden a mí o a mi maridito que tanto da.


Resulta que desde pequeña he tenido aversión a una copla que cantaba Valderrama: “La hija de Juan Simón”, copla que por aquella época era muy famosa, la emitían a menudo en los discos dedicados de la radio y también se podía oír en formato antiguo de cinta de radiocassette. La historia trata del enterrador del cementerio al que se le ha muerto su hija y tiene que enterrarla. Una historia terrorífica.


El horror que infundía en mí la letra de esta copla (basada a su vez en una obra teatral de los años treinta) traspasó los límites radiofónicos hasta llegar a identificarlos con la figura del interprete, de cualquiera de los intérpretes, a los que no podía escuchar.


Durante estos días estudiar a este artista, GRAN ARTISTA, ha sido una de las sorpresas más grandes que me he llevado en el flamenco. Y es que Valderrama es tan famoso como desconocido.





Extraigo aquí alguna de las cosas más importantes:


Juan Valderrama Blanca fue un artista multifacético: gran cantaor de flamenco y de copla, compositor, letrista, actor de cine y empresario. Pero sobre todo fue una gran persona, una buena persona en el mejor sentido de la palabra.


Nació en el año 1916 en Torredelcampo (Jaén), y muere en el 2004 es, por tanto, testigo directo de prácticamente un siglo, lo que hace que tenga una vida muy azarosa, ha vivo La República, La Guerra civil, la posguerra, la dictadura y la democracia.


Desde muy niño fue aficionado al cante flamenco, trabajaba en el campo con su padre, en el cortijo que tenía la familia, pero su padre no quería que fuera artista porque entendía que llevaban una vida demasiado desordenada. Él no quería el ambiente de los artistas para su hijo. Sin embargo, no tuvo más remedio que terminar aceptándolo cuando fue al pueblo de gira la compañía de la NIÑA DE LA PUEBLA. Entendió que la cantaora y su compañía era algo más serio y formal.


Y así comenzó la trayectoria artística de Juanito Valderrama.


Valderrama tenía una voz brillante y limpia, con una alta proyección. Podía cantar cualquier cosa. Técnicamente era un tenor ligero.


Además tenía una memoria impresionante y un gran dominio de los cantes, de los que era un estudioso, era una enciclopedia del flamenco. Recopiló todas las modalidades del flamenco. En este sentido tuvo la suerte de conocer a Pepe Pinto y vivir en casa de la Niña de los Peines una larga temporada, en la que aprendió mucho y fue decisivo en la formación del artista. De su recopilación de cantes grabóEl retablo flamenco, antología de cantes, que ha sido reeditado, además de su obra fundamental: “Historia del flamenco”


Durante la guerra civil española se alista en un batallón de la CNT y crea una compañía que actúa para los soldados republicanos que están en el frente. Años después escribiría la letra de la copla “El emigrante” como homenaje a los exiliados españoles que perdieron la guerra. La canción en principio se iba a titular “El exiliado” , pero por precaución Valderrama la llamó “El emigrante”.


Hay una anécdota con respecto a esta copla. En una de las fiestas privadas de Franco le pidió a Valderrama que le cantara la copla. Él temeroso la cantó y pensó que ya iba a tener problemas pero Franco le dijo que le gustaba mucho, y que era una copla muy patriótica.


Valderrama escribe sus propias letras y triunfa en la copla. Hay una cuestión también económica. Él veía que cantando canción copla se ganaba tres veces más que con el flamenco. Fue entonces, cuando el sector más purista del flamenco le criticó, como por ejemplo Mairena que había establecido el canon estético-cultural de lo que debía concebirse como flamenco.


Valderrama asume las criticas, dice literalmente que una figura tiene que tener un 75% de seguidores y un 25% de críticos; de lo contrario no sería un artista.


Montó su propia Compañía y contrató a grandes figuras de la época como Fosforito y también a cantaores que empezaban por aquella época, como Carmen Linares, o un jovencísimo Camarón, (fue el primero en contratarlo) a los que apoyó musical y económicamente.


Le gustaba como empresario poner nombres artísticos. A Carmen Linares se lo puso él. La contrató para hacer una gira por el sur de Francia y le dijo que no sonaba bien lo de Carmen Pacheco. Así que le puso Carmen Linares por ser de allí. A su mujer, Dolores Caballero, le puso Dolores Abril. Y a él le querían poner “El niño de la perla fina” a lo que él se negó diciendo que ya había por entonces demasiados flamencos llamados “niños” y que él se iba a quedar con Juan Valderrama.


Le concedieron la Medalla de Andalucía y la Medalla de oro de las Bellas Artes. Sin embargo, para Valderrama su mejor premio fue el homenaje que le hicieron en el año 1994 en las Ventas de Madrid. 24 de junio, día de San Juan 1994. Fue la noche más grande de su vida artística. Fueron todos sus compañeros, el mundo del flamenco por completo, José Mercé, Lola Flores, Menesse, La Jurado y otros muchos del cine y la música en general, Serrat, Carlos Cano, José Sacristán.


Hay que recordar la relación importantísima entre Valderrama y el festival del Cante de las minas del que el cantaor fue impulsor. Valderrama cantaba en las fiestas patronales de la Union (año 61) cuando le pidieron sus coplas más famosas, a lo que él se negó a cantar y dijo que debían reivindicar sus propios cantes, los cantes mineros. Fue entonces cuando se planteó la creación del festival.


Las grabaciones del recital de Valderrama del año 2000 en el Cante de las Minas es una lección de maestría pues muestran a un cantaor en plenas facultades, cuando Valderrama ya contaba con 84 años. Años después se le hizo también un merecido homenaje por el centenario de su nacimiento. Una reivindicación de un cantaor básico en la historia del flamenco.


Termino con las palabras de Fosforito:

Juanito Valderrama era un hombre sabio, un cantaor muy completo y un adelantado a su tiempo.







miércoles, 8 de enero de 2020

POÉTICA DEL CANTE JONDO

DE: JOSÉ MARTINEZ HERNÁNDEZ





1.- INTRODUCCIÓN: LA RAZÓN POÉTICA DEL CANTE JONDO

Pretende el autor estudiar, investigar y analizar el flamenco desde la perspectiva filosófica. Es decir, desde la estética o poética, esto es, filosofía del arte o reflexión sobre los juicios de gusto estético y sobre la creación artística. 

El flamenco es una música de parias y desheredadados, creadores de un lenguaje poético-musical universal, que sólo en los últimos años ha empezado a merecer amplio reconocimiento social. Es un arte inexistente en la Historia de la Estética. Lo popular ha cumplido siempre una función estética negativa. (Pierre Bourdieu). 

Sin embargo, el cantaor flamenco es un metafísico no académico, un filósofo callejero, un profano en ontología formal, que nos llega con la razón lógica y con la razón poética a través de metáforas, y utilizando un lenguaje que nos permite hablar y pensar a la vez desde la razón y la intuición.  Supone una gran desazón a la inteligencia, porque es, como, todo gran arte, un interrogante para la razón. 

Y como toda música sapiencial, es un arte exigente, impone sus condiciones, exige interés, dedicación, pasión y esfuerzo. Al ser una arte tan peculiar, puede producir por igual atracción o rechazo, amor o repulsión a primera vista o escucha, fascinación o enojo, pero si te atrapa en sus redes sonoras y emotivas, ya no te suelta nunca.

2.- LA VOZ DE LOS PARIAS

El cantaor jondo no es una voz académicamente educada, su exactitud es expresiva, su rigor es la fuerza, su amplio registro de notas musicales, la tesitura o el cromatismo de su voz y la amplitud y riqueza de su emoción. 

3.-  EL CANTE JONDO Y LA CULTURA DE LA SANGRE.

Aunque todo cante jondo es flamenco, no todo el flamenco es cante jondo. Existen estilos de flamencos más o menos hondos. El grito primigenio que da nombre a cante jondo se da en la seguiriya gitana de las que se derivan los polos, martinetes, carceleras y soleares. Las coplas llamadas malagueñas, granadinas, rondeñas...etc no pueden considerarse hondas sino flamencas. 

Pero, al final, la distinción estilística entre cante jondo y cante flamenco es un verdadero galimatías en el que se mezcla el pedigrí, la antigüedad, la pureza dogmática. En este sentido, Gonzalez Climent dice que el jondismo o el flamenquismo no radican en la estructura formal de los cantes, sino en la calidad vital de los cantaores. Y en cuanto a lo triste y alegre, dice Neville que lo jondo no sólo es la pena y la tristeza sino también la alegría.

Y el autor termina diciendo: Flamenco es lo que se canta, jondo es cómo se canta.

Una concepción superficial  de cultura menosprecia el flamenco por ser la música de los parias. Una concepción falsamente ilustrada, lo que Pierre Bordieu define como violencia simbólica, es decir, la imposición a través de la Estética de sus valoraciones artísticas y sus gustos de clase convirtiéndolos en objetivos incuestiomables, únicos y superiores universales.

.Pero el cante jondo es una música culta del mismo modo que pueda serlo cualquier otra manifestación artística: por su profundidad expresiva, por su complejidad creativa, y por su hondo, antiguo y misterioso arraigo en el alma del hombre. 

4.- ARTE Y RITO

La profesionalización del flamenco se produjo a partir de la Época de los cafés cantantes (1860-1922) que supuso el nacimiento del canon flamenco. La primera reivindicación intelectual fue de Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, y por supuesto, la realizada por Falla y Lorca en el año 1922. 

El cante jondo es un arte ritual porque es comunitario, naturalista y ceremonial. Provoca las emociones más intensas, terminando en un proceso regenerador que es una auténtica metamorfosis. La virtud metamórfica del arte convierte la caótica o gris realidad en mundo iluminado, hace extraordinario lo cotidiano, permite que renazca en nosotros el secreto del resplandor de la vida. Se sufre una simpatía metafísica y compasiva pues muda el horror en compasión, transformando el miedo individual en fraternidad.

La pena con sólo ser dicha y cantada es ya menos pena y la alegría es más alegría. Cantarlas nos produce un efecto catártico y establecer un nuevo vínculo de solidaridad: la fraternidad trágica

5.- CREACIÓN EN ACTO

Las cualidades musicales y el dominio técnico de la voz son imprescindibles en el flamenco, pero no son suficientes. No es lo mismo cantar bien flamenco, que hacerlo de verdad. Decía Tolstoi que la sinceridad es también la condición esencial del arte. Y el flamenco corresponde al sentimiento trágico de la vida.

En el cante jondo se busca el pellizco, el escalofrío, el duende, el acontecimiento pasional. Su condición comunitaria del flamenco hace que sea participativo, saber escuchar, pero también jalear  a tiempo y a compás y comunicarse con el cantaor. 

6.- LO JONDO

En el cante podemos encontrarnos lo bonito y lo bello. El cante bonito pretende agradar sin más, es la forma menor del cante flamenco, el menos jondo, porque sobrevalora aquellas cualidades del arte que en el flamenco tienen menos importancia, (aunque a veces la dulzura y la hondura pueden ir unidas). En la categoría de lo bello y dentro de su concepción más romántica, más expresiva, intuitiva y patética, encontramos lo jondo, como espiritu de la tragedia griega, es la voz humana que mira a lo terrible y grita angustiada en el abismo aterrador de la existencia. En lo jondo se juntan la más honda pena con la más loca alegría, se suceden sin separarse el llanto y la alegría, el duende y la gracia, las lágrimas y los besos.

7.- EL DUENDE Y LA GRACIA.

Duende es una palabra tradicionalmente hermética para los aficionados, que se usa ante el estremecimiento y el entusiasmo producido por el cante. El duende, dice Lorca, hiere, y en la curación de esta herida, que no se cierra nunca, está lo insólito, lo inventado de la obra de un hombre. La Gracia es la expresión de la vida que se sobrepone y levanta su ánimo después de haberlo encogido y espantado ante la temible presencia de la muerte.

El duende y la gracia son las dos grandes metáforas flamencas del ser pasional del hombre: el duende es la raíz de nuestra pasión, la gracia es su efímero esplendor.

8.- PATÉTICA.

La palabra patética en su sentido etimológico procede de pathos (pasión), en el sentido de que en el cante jondo hay un modo de conocimiento y una ética derivados de la pasión. Patética significa aquí ética del padecer. Juan de Mairena decía que “hay que ir a la ética por la estética”. Y Wittgenstein que “ética y estética son lo mismo”. 

Más que una Ëtica encontramos una Patética, porque no hay en una teoría de la acción humana sino una poética de las pasiones humanas.

El cante jondo plantea conflictos éticos, pero no los resuelve con reglas, principios o imperativos, su autenticidad consiste en mostrarlos sinceramente. Y ante la fatalidad y el infortunio, se nos propone el más antiguo y más eficaz de los remedios: la fraternidad. Y esta fraternidad es en palabras de Tolstoi, el fin último del arte verdadero.

9.- FILOSOFÍA JONDA

Estamos ante un arte que tiene sus ancestros en Esquilo, Sófocles y Eurípides. Su característica principal es su patetismo donde raramente existe el medio tono, o se grita a las estrellas o se besa el polvo. Pero el sentimiento es imprescindible para el conocimiento y el saber, porque éste no se adquiere sólo en los libros, ni en el puro ejercicio de la razón, sino en el día a día más concreto, con la experiencia, fatigas y duquelas.

El conocimiento la pasión no quita. 

José Martinez Hernández llama Filosofía Jonda al saber que se desprende de la poesía flamenca. Es una filosofía poética y trágica, que parte de un método o camino de acceso a ella: saber/sentir, que consiste en pensar/cantar, que propone una Ontología o teoría del ser: ser es padecer, una Teoría del conocimiento: conocer es desentrañar, una Antropología: ser humano es amar/morir, que a la Lógica racional opone una Paradójica poética y a la Ética una Patética. Es un saber que viene de abajo porque ha nacido en la cultura de la pobreza y que puede resumirse en el enigma latente en tres palabras: pasión, fatalidad y pena.




domingo, 4 de agosto de 2019

FOSFORITO




Para un grupo de amigas se ha convertido en tradición acudir todos los años con nuestros maridos al festival de flamenco de lo Ferro en el campo de Cartagena. No hay verano sin Lo Ferro, ni Lo Ferro sin verano, es para mí el momento en que arrancan las vacaciones.
Además de figuras de renombre invitadas todos los años como es el caso de Rancanpino o el Capullo de Jerez, sobre todo el capullo y su libertad; hay un concurso de flamenco de gran calidad y se puede asistir a las fases de selección que cada sábado de julio se celebra en el patio viejo y encalado del Mesón del Melón de oro, en mitad del campo, allí, rodeados de bancales de melones y lechugas, de inmigrantes negros y de musulmanes a la puerta del bar, que no entienden qué pasa allí ni por qué hay tanta gente.


El paisaje es desolador, polvo, calor, casas humildes con puertas y ventanas abiertas y sus inquilinos sentados a la puerta descansando de la dura jornada, tomando el fresco de la noche. Se percibe un silencio triste, roto por el compás de una guitarra flamenca procedente de un patio encalao y a los pocos segundos,  los quejíos negros de un cantaor por Malagueñas (la del Mellizo).
Recuerdo un año a las puertas del Mesón, una televisión noruega grabando el festival, como algo ¿exótico?




Este año iba emocionada porque uno de los invitados era Fosforito, mi cantaor favorito. Tiene 87 años ya, pero mantiene una lucidez inaudita para su edad y generación.
Como ya no canta dio un pregón o conferencia que seguramente quedará para los anales del flamenco. Nos contó que el flamenco es un sentío, una forma de vivir, y que se puede ser flamenco de muchas formas. Él ha tenido una vida muy humilde, dura, en la carretera, de pueblo en pueblo, cantando en festivales.


Mientras viajaba leía mucho. Que leía entre otros a Manuel Machado, a Herman Hesse y a Thomas Mann… ¡que leía a Thomas Mann! Entonces pensé que por algo me gustaba este cantaor. Ya intuía yo al oír sus letras que era algo especial, sin duda, sus lecturas, entre ellas, la aurisecular literatura alemana como decía Marcel Reich.


Aquí dejo dos granainas cantadas por Fosforito.

LA NOCHE Y TÚ EL DÍA



HACE TIEMPO QUE NO SÉ DE TÍ













sábado, 9 de marzo de 2019

Flamencólica



DE ROCIO HELLÍN

Flamencólica es la historia de una joven aficionada al flamenco, una buena aficionada. El FLAMENCO ES SU PATRIA. Y de como se convirtió en su tabla o cajón de salvación cuando siendo adolescente su padre sufre un infarto y, para animarlo empezó a interesarse por el cante,  y a hablar con él de palos o de artistas como Camarón y Manolo Caracol.


Y es que su padre, según dice la autora, era incapaz de adaptarse a su nueva vida, envejece de repente, con la mirada perdida frente a la chimenea durante horas, leyendo una y otra vez el Quijote. Esto último me parece curioso, que en el mismo orden de cosas, y todas ellas negativas, diga que leía el Quijote.

- Hombre... ¡Ni que Cervantes fuera Cioran!



Es Rocío Hellín una bloguera, escritora y flamencóloga. Nacida en Puerto Lumbreras en Murcia, en una familia de tradición flamenca. Su padre, camionero y cantaor. La Juana, su madre, una mujer de fuerte carácter.- Está bien que los autores hablen de su familia. Rocío diferencia la vida normal de la vida flamenca, al igual que se diferencia la vida normal de la vida del sabio:

Entre una vida normal y una vida flamenca hay muchas diferencias pero sí tengo que escribir alguna, ahora mismo destacaría la percepción y la sensibilidad con la que venimos al mundo.


Escribe sus reflexiones y vivencias flamencas y opiniones desde un punto de vista personal; sin embargo, creo yo que, en gran medida, su análisis es autorizado y cabal.


Sobre la situación actual del flamenco, considera que es necesario su evolución. Pero no todo vale. Es decir, las nuevas tendencias han de ser significativas y respetar las bases, la estructura. Por ejemplo, en el cante se puede abrir nuevas posibilidades en la voz, y en el talento para recrear un cante; pero la métrica y estructura de ritmo deben permanecer inalterables.

Para mi la vanguardia flamenca es la apertura hacia nuevos caminos a partir de los pilares fundamentales, estos caminos los fabrican las personas que lidian con sus inquietudes e indagan el modo de cubrir sus necesidades artísticas. Esta es la parte en la que me despojo de mi disfraz de talibán y respeto al artista, aunque campee campos erróneos, porque equivocarse es necesario para rebuscar la esencia propia y parir una identidad.


El librito cuenta con un excelente prólogo de Javier Osuna, y termina con una cita de Pessoa. “...¿Piedras en el camino? Las guardaré todas. Un día construiré un castillo.”

Termino esta reseña con una cita de la propia autora, Rocio Hellín, y su definición del “aficionado al flamenco” que me ENCANTA. No se puede decir mejor y quien define bien , bien empieza.

Somos unos románticos que vamos buscando algo que nos pellizque el alma; un temple, un quejío, un silencio, una falseta, un remate, un gesto, un golpe, una mirada. Cada uno con su percepción, su sensibilidad y su paladar. Rocío Hellín








sábado, 25 de marzo de 2017

DOS FLAMENCOS SINGULARES Y UN GUITARRISTA




Cartagena. Sábado por la noche en el restaurante Mare Nostrum. Un tipo muy raro para ser flamenco canta por Soleá. Es alto, mide casi dos metros, y lleva una bufanda al cuello y un pañuelo en la americana que le da un aspecto de dandy inglés. Sus modales son finos, elegantes, y camina sin prisa. Se llama Perico Pañero y es gaditano.

“Canta rancio” nos dice Ángel asombrado. “Clásico” dice mi maridito— marianista y toronjista—. Pues sí, su voz resuena a disco viejo de vinilo, con chasquidos incluidos, como de la época de Enrique el Mellizo, la Perla de Cádiz, o el Niño Gloria.

Antes de cantar, se le vio pasear por entre el público, tranquilo, algo poco habitual entre los cantaores que no se dejan ver hasta el momento mismo de la actuación. Cuando dedicó una seguiriya a su novia, que estaba entre el público, entendimos el motivo. Y no bebía alcohol, nada de whisky, ni gin tonic, ni siquiera cerveza. ¡Sólo agua!  (“agua con sal, mitad agua marina). Durante su actuación se bebió más de dos litros, y, según dijo el presentador era un hombre aún más frugal en su dieta.



En la mesa contigua a la mía, dos individuos TODAVÍA MÁS RAROS, de edad avanzada, jaleaban  y bebían toda la cerveza que podían. Se habían traído un táper con croquetas de otro bar, que no dudaron en sacar y comer con toda naturalidad, aunque tuvieron el detalle de pedirse una cerveza.

Hacían palmas, (en perfecto compás según el palo) y hablaban a gritos por encima de los demás.  Uno de ellos estaba emocionado. ¡Dios mio! ¡Es como escuchar a Enrique el Mellizo! Se levantó temblando, y se dirigió al escenario, y ante la sorpresa de los espectadores, y del cantaor, y del guitarrista también, se arrancó a bailar.

                                                                    A partir del minuto cinco salta el Bongui al tablao



¡Olé!

A mí me divertían, pero a mi amigo P. no les hacían ni chispa de gracia. Él tiene alma de científico, es un hombre de orden. Les mandó callar un par de veces aunque ellos no se dieron por aludidos, y la única vez que se percataron de nuestra presencia lo hicieron con esa SEGURIDAD que tienen aquellos que nada les afecta, sin enfadarse.

Hice mis indagaciones. El bailaor ESPONTÁNEO, resulto ser el “Bongui” conocido cantaor de Cartagena, del barrio de Santa Lucía,  que fue premio lámpara  minera. No sé si el Bongui es un buen cantaor, ni idea, (ahora buscaré en youtube) pero lo que sí tengo claro es que era, por así decir, el más flamenco de todos los que estábamos allí.

Porque el flamenco es una forma de entender el amor, la amistad, etc., en fin,  la vida. Sólo los grandes viven para el flamenco y no al revés (vivir del flamenco lo hace cualquiera).  Y el Bongui es un flamenco a todas horas del día. Su vida es flamenca.

Me cuentan que suele llevar una bandolera (de esas horteras donde se guarda el móvil) en la que lleva una lata de sardinas y un tomate, y allí, en el mismo puerto de Cartagena, con sus compadres la abre y se la comen, bebiendo una cervesita mientras se arrancan por mineras.






Mientras tanto, en el tablao, asistimos asombrados a la mutación de Perico Pañero, que en ese momento, se lanzaba por seguiriyas y arrugaba el ceño y cerraba los ojos y su rostro evolucionaba sorprendentemente de gentleman inglés a Spock, el de Star Trek.

Y luego un gran ARTISTA; así en mayúsculas: Antonio Carrión, un virtuoso de la guitarra, sevillano, y también cantaor. Yo lo había visto en anteriores ocasiones en el festival de lo Ferro. Al terminar le di la enhorabuena y quise hacerme una foto con él, a lo que el ARTISTA accedió muy amablemente.