LA CONJURA
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domingo, 23 de julio de 2023

LA PUERTA


 

Hacía tiempo que no leía un libro tan bueno como éste.

La puerta” cuenta la relación entre una señora y la mujer que le limpia la casa, y lo hace con unos matices extremadamente sensibles y delicados. Ella, la empleadora, es novelista, culta, exitosa, una escritora acomodada y creyente, y Emerenc, la vieja de la limpieza, es casi analfabeta; sin embargo es una mujer fascinante, con una fuerte personalidad arrolladora, y con una capacidad de trabajo y sentidos de la justicia asombrosos.

No cabe duda de que el gran personaje de esta historia es la enigmática Emerenc con su alto sentido de la dignidad. Su forma de entender el mundo le supone una actitud antiintelectual y un desprecio por todo lo que ella no comparte, incluso contra las ideas religiosas de su señora, con la que a menudo discute manteniendo a lo largo del tiempo una relación compleja donde la vieja marca los ritmos. A la señora le causa admiración su empleada, quiere conocer, saber de ella; pero ella trabaja incansablemente, a cualquier hora, y de la forma que ella estima oportuno, sin importarle lo más mínimo las opiniones de la escritora, ni las órdenes que de ella recibe. Vive en una pequeña casa donde invita  a sus amigos en el porche, pues nunca ha dejado a nadie traspasar la puerta de su casa donde guarda celosamente encerrados los verdaderos componentes de su identidad.

Y terminas leyendo esta novela con el sabor que deja la buena literatura.


Esa mañana de junio, con Emerenc contándome tales cosas y desgranando con sus dedos huesudos las vainas de guisantes, experimenté una sensación muy parecida a la que me invadió en otro tiempo ante la tumba de Agamenón en Micenas.


¿Qué más quiere? Le lavo, le plancho, le cocino, cuido de Viola...ya está bien, ¿no?Más no puedo. Ahora bien, suplir a su madre muerta, a su niñera, o ser su compañerita de juegos...¡ah!, a todo eso yo sola no doy abasto. Así que le pido que me deje en paz de una vez por todas.


No debe entregarse nunca a una pasión con toda su alma, porque eso lleva, antes o después pero infaliblemente, a la perdición. Los que lo hacen, terminan mal siempre. Para evitarlo es mejor no querer a nadie; porque si eres capaz de amar, siempre habrá un ser querido que será sacrificado por tu culpa y, si no, serás tú quien se arrojará de un vagón. Bueno, vuelva a su casa; por hoy ya no hay más que hablar, mañana será otro día.


¿Qué es “kitsch”?—preguntó—¿Qué significa esa palabra? Por favor, explíquemela.

Me costaba encontrar la fórmula adecuada para hacerle ver qué culpa tenía el pobre perrito para ser considerado un producto barato, feo y mal proporcionado. Que kitsch es algo falso, irreal, ideado para satisfacer sin más necesidades de placer baratas y superficiales; kitsch es el sustituto de valores verdaderos, sinónimo de falta de autenticidad y calidad.

¿Este perrito es entonces falso?—preguntó indignada—. ¿Y por qué, si no le falta nada? ¿Acaso no tiene sus orejas, sus patas y su rabo? ¿Y esa cabeza de bronce que ha colocado usted sobre el archivero, y que todos sus invitados adoran y le dan golpecitos como idiotas, pero que es un león que no tiene cuello ni nada, solo la cabeza, y que cuando la golpean hacen como si llamaran a una puerta que no es más que un armario lleno de papeles? ¿De modo que un león que ni siquiera tiene cuerpo no es falso, y un perro que se parece a un perro de verdad sí lo es? ¡Vaya cuentecito! Pura mentira. ¿Por qué no me dice directamente que no quiere aceptar nada mío y punto…?


Al cabo de tantos años de la muerte de Viola, aún conservo en mi mente muchas imágenes suyas: en cualquier calle, casi siempre al atardecer, poblada de silencio, de luces y sombras, todavía oigo el sonido de sus pequeñas pezuñas trotando sobre el asfalto, sus pasos me persiguen y siento el jadeo entrecortado del animal que me alcanza con su hálito caliente […] Cuántas veces ese gemido, hoy ya expirado, aún persiste y resuena en mi memoria...


sábado, 20 de mayo de 2017

EL ÚLTIMO ENCUENTRO





SÁNDOR MARÁI

“Para mi padre la palabra “amistad” era un sinónimo de honor”








Me dice mi maridito desde su sofá:

En la época clásica, en la que la política era la cumbre de la ética, la amistad convertía a los hombres en portadores de una misma alma. Sólo hay que conocer la obra de Aristóteles o Cicerón y creer que el alma sigue existiendo.  En esta época de tecnociencia, hay que  volver a dar a la amistad un sentido profundo y no banal como hoy en día ocurre en facebook.

Dos hombres vuelven a reunirse después de cuarenta años. Henrik; viejo general retirado, que continúa viviendo en su antigua mansión y  Konrád, músico, artista, que ha viajado y vivido en otros países. Será su último encuentro.  De jóvenes eran inseparables, casi hermanos. Sin embargo, un buen día, uno de ellos desaparece sin dar explicaciones.

Pero ambos saben muy bien que hay un SECRETO entre ellos y  ambos han vivido todos estos años esperando el momento de volverse a ver.

“Uno se pasa toda la vida preparándose para algo. Primero se enfada. A continuación quiere venganza. Después espera”


La narrativa de Sandor Marái es de gran calado, sin pretensiones y a la vez  con profundidad y sencillez. De pulso elegante y preciso, al estilo de las novelas realistas decimonónicas, con una gran sensibilidad y prolíficas reflexiones. 

Henrik, el viejo general,  recapacita sobre lo que hay de VERDAD en su AMISTAD con Konrád, y analiza los GRANDES TEMAS de la vida; la fidelidad, el honor, la pasión, la decrepitud, lo que nos quedará al final de la existencia y  lo que verdaderamente nos importará.

Leer a Sándor Marai es un dardo. Acierta en la diana de la esencia de las personas y  su destino. Tal es así,  que  aunque la novela es corta (unas 189 páginas),  son muchos los textos que he seleccionado y que la reseñan por sí mismos.

Como dardos de una ballesta.




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Mi padre también es poeta, ¿no lo sabías? Siempre está pensando en otra cosa.



En toda comunidad humana se tienen celos de este tipo de relaciones. La gente no desea nada con más fervor que una amistad desinteresada. La desea con fervor, aunque sin esperanza.



Temía la música, a la cual lo ataban unos lazos invisibles, no solamente en el nivel mental, sino también en el corporal, como si el significado profundo de la música constituyese un mandato superior.



La música que Konrád prefería no sonaba para que la gente olvidara ciertas cosas, sino que despertaba pasiones, despertaba incluso un sentimiento de culpa, y su propósito era lograr que la vida fuera más real en el corazón y en la mente de los seres humanos. Esta música es temible, pensó el hijo del guardia imperial..



El poder humano siempre conlleva un ligero desprecio, apenas perceptible, hacia aquellos a quienes dominamos. Solamente somos capaces de ejercer el poder sobre las almas humanas si conocemos a quienes se ven obligados a someterse a nosotros, si los comprendemos y si los despreciamos con muchísimo tacto [...] hablaba del mundo con burla, con un leve desprecio mezclado con un interés inútil.



Mi patria era un sentimiento.



Desde hace algún tiempo solamente me acuerdo de lo esencial.




Mientras uno tenga algo que hacer en esta tierra, se mantiene con vida.


A veces pienso que la amistad es la relación más intensa de la vida… y que por eso se presenta en tan pocas ocasiones ¿Qué se esconde detrás de la amistad? ¿Simpatía? Se trata de una palabra hueca, poco consistente, cuyo contenido no puede ser suficiente para que dos personas se mantengan unidas, incluso en las situaciones más adversas, ayundándose y apoyándose de por vida… ¿por pura simpatía? ¿O se trata quizás de otra cosa?... ¿Habrá tal vez  cierto erotismo en el fondo de cada relación humana? Aquí, en mi soledad, en mis bosques, al tratar de comprender los múltiples aspectos de la vida, puesto que no tenía otra cosa que hacer, algunas veces lo he llegado a pensar. Naturalmente, la amistad es algo distinto, no tiene nada que ver con la atracción enfermiza de quienes buscan la satisfacción con personas de su propio sexo. Al erotismo de la amistad no le hace falta el cuerpo… no le es atractivo, resulta incluso inútil. Sin embargo, no deja de ser erotismo. En el fondo de todo amor, de todo cariño, de toda relación humana late el erotismo. ¿Sabes?, he estado leyendo mucho--apostilla, como para disculparse--. Hoy se escribe de todo esto con más libertad. También he releído muy a menudo a Platón, puesto que en la Academia no entendí nada de lo que quería decir. La amistad, así lo creo, es la relación más noble que pueda haber entre los seres humanos. Es curioso: los animales también la conocen. Existe la amistad entre los animales, el altruismo, la disposición para ayudar.



Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos. No espera ningún galardón, no idealiza a la persona que ha escogido como amiga, ya que conoce sus defectos y la acepta así, con todas sus consecuencias. [...] Y si un amigo nuestro se equivoca, si resulta que no es un amigo de verdad, ¿podemos echarle la culpa por ello, por su carácter, por sus debilidades? ¿Qué valor tiene una amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que busca una recompensa? ¿No sería obligatorio aceptar al amigo desleal de la misma manera que aceptamos al abnegado y fiel? ¿No sería justamente la abnegación la verdadera esencia de cada relación humana, una abnegación que no pretende nada, que no espera nada del otro?



Uno no peca por lo que hace, sino por la intención con que lo hace. Todo se resume en la intención.



--¿Lo crees así?--pregunta el general, con afectada ingenuidad--¿Que las palabras no tienen importancia? Yo no me atrevería a afirmarlo con tanta seguridad. A veces creo que muchas cosas, que todo depende de las palabras, de las palabras que uno dice a su debido tiempo, o de las que se calla, o de las que escribe.



Al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. Las preguntas son éstas: ¿Quién eres?...¿Qué has hecho de verdad?...¿Qué has sabido de verdad?...¿A qué has sido fiel o infiel?...¿Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía?...Éstas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa. Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera.



Es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona. El deseo de ser diferentes de quienes somos: no puede latir otro deseo más doloroso en el corazón humano. Porque la vida no se puede soportar de otra manera que sabiendo que nos conformamos con lo que significamos para nosotros mismos y para el mundo. Tenemos que conformarnos con lo que somos, y ser conscientes de que a cambio de esta sabiduría no recibiremos ningún galardón de la vida: no nos pondrán ninguna condecoración por saber y aceptar que somos vanidosos, egoístas, calvos y tripudos; no, hemos de saber que por nada de eso recibiremos galardones ni condecoraciones. Tenemos que soportarlo, éste es el único secreto.



Pero quien se confía, quien se vuelve arrogante o altivo, quien no puede soportar con humildad los agasajos del destino, quien no percibe que ese estado de gracia solamente dura mientras no se malgaste el regalo de los Dioses, ése sucumbirá. El mundo sólo perdona, y sólo momentáneamente, a los puros y humildes de corazón…



Porque la amistad no es un estado de ánimo ideal. La amistad es una ley humana muy severa.



Existe una forma de vergüenza, la más penosa que un ser humano pueda experimentar: la vergüenza de la víctima al tener que mirar a la cara a su asesino.



Sólo a través de los detalles podemos comprender lo esencial, así lo he experimentado yo, en los libros y en la vida. Es preciso conocer todos los detalles, porque nunca sabemos cuál puede ser importante, ni cuándo una palabra puede esclarecer un hecho.



Se aproximaba a todo lo que la vida le daba con la alegría incondicional de una criatura que ha nacido al mundo para disfrutarlo todo. Como si estuviera en conexión íntima  con cada criatura, con cada fenómeno del universo, ¿comprendes lo que quiero decir?...



Todo se convierte en polvo y en ceniza, incluso los hechos. Todo lo que nos quemaba el corazón, de tal manera que creíamos que no podríamos soportarlo y que moriríamos por ello, o que mataríamos por ello, o que mataríamos a alguien.


domingo, 7 de febrero de 2016

TENTACIÓN


DE JANOS SZÉKELY



“Tentación” es una gran novela húngara.

El libro se lee rápido (aunque tiene 775 páginas). Nadie que empiece a leer esta historia con hechuras de novela Dickensiana, puede dejar de hacerlo. (Y si no lo creen, inténtelo a ver si lo consiguen). Se aprende y se disfruta con ella. Con un estilo sencillo, sin requiebros, nada recargada, elegante y de gran intensidad emocional nos cuenta cómo era la vida corriente entre la gente normal en una clase baja  empobrecida. Muy actual.

Comienza de esta forma:

Mi vida empezó como una novela policiaca. Intentaron asesinarme. Por suerte eso pasó cinco meses antes de que yo naciera, de manera que no creo que la cosa me causara mayor sobresalto


Béla es un niño húngaro, pobre y bastardo. Su madre, obligada por las circunstancias, debe marchar a trabajar a Budapest, confiando al pequeño Béla a una especie de hospicio rural regentado por una vieja mezquina que le hará la vida imposible y en unas condiciones de vida infrahumanas. Era una época de inestabilidades políticas: la descomposición del imperio Austro-Hungaro y la llegada al poder del fascista Miklós Horty.

Pero Béla consigue ir al colegio gracias a su insistencia y tenacidad.  Un excepcional maestro, un auténtico magiar, tan bruto como delicado, lo iniciará en la lectura, en la poesía y en el pensamiento. Una joyita en mitad de aquella inhóspita región.

El protagonista marcha  a Budapest.  Allí conocerá a sus padres 
(aunque bastardo conoció al padre,  que resultó ser un gran personaje; un hombre entrañable, divertido,  fuerte…). Entrará a trabajar de botones en un gran hotel. Alternará la riqueza y lujo del hotel con la extrema pobreza del piso y edificio donde malvive junto con otras familias sin apenas recursos. Pasará hambre, conocerá el amor, el sexo, el socialismo, el fascismo…

 Un reflejo de la proverbial tristeza húngara, un mundo desazonado por el destino al que vamos encaminados sin posibilidad de salvación…





“En un mundo como el nuestro solo quedan dos alternativas: hacerse revolucionario o sinvergüenza”

Esta reflexión, me dice mi maridito, debió ser escrita en el año 1990 también por Antonio Muñoz Molina y Mario Vargas Llosa – el marido de Isabel-,,,,,,,J (Yo le digo que no, que es un exagerado, que son dos grandes escritores y que no se meta con ellos y él se ríe dándome la razón)

Y no me digan, señores de la PAH, si esta escena descrita en la novela no es actual en España:

“Al cabo de un minuto todo el mundo sabía ya a quién se disponía a desalojar el portero: se detuvo ante la puerta de Mári, abrió la puerta con su llave, hizo una seña a los matones y entraron los tres. El portero abrió las contraventanas que Mári no se había atrevido a abrir por su culpa y los alemanes tiraron por la ventana  el “mobiliario” de la casa que—para presentar un inventario exhaustivo—consistía en dos maletas desgastadas, una burda manta de color marrón y una caja de madera tosca que hacía las veces de mesa. Y nada más. Eso era todo lo que había quedado de aquel cajista tan laborioso que no bebía ni jugaba a las cartas, que trabajó de sol a sol mientras le dejaron y que soñaba con un hijo y con un mundo más humano”


Janos Székely,  el autor, nació en Hungría, emigró a Berlín y posteriormente a EEUU. Fue, además guionista del genial Lubitsch. "Tentación" es una novela autobiográfica.  ¡Ahh! Y nuestro autor es  uno de los escritores favoritos de la también húngara Agnes Heller.








sábado, 15 de diciembre de 2012

TIERRA, TIERRA de Sándor Márai




"¡Tierra! ¡Tierra!" !  dijo  el marinero vigía que iba en una de las carabelas al mando de Colón. Este marinero vive eternamente dentro de todos nosotros, en cada ser humano. Así de perdido se encontraba también Marai cuando tuvo que salir de su Patria.

La situación en Hungría era insostenible por lo que terminó exiliándose de  Hungría en  el verano del año 48. Poder tocar su "Tierra", y olerla y saborearla era algo que le negaban los que ocuparon su Patria, donde estaba prohibido pensar libremente, incluso  estar callado era peligroso.

"Tierra, Tierra" es la segunda parte de sus memorias que ya inició en "Confesiones de un burgués".

En el año 1944 el ejército alemán, y digo bien, el alemán, invade Hungría y Sandor Marai junto a su esposa se refugia en un pueblecito a las afueras de Budapest. Cuando unos meses después, el ejército soviético se acerca a Budapest, la casa del escritor sirve como  retaguardia para los soldados rusos, donde se aprovisionarán, se organizarán,  y  algunos, incluso, compartirán la vida con el escritor.

Sandor Marai se esfuerza en comprender el alma rusa. Hay en los rusos algo diferente, algo que una persona de educación occidental no es capaz de comprender. Se mostraban infantiles, a veces salvajes, otras nerviosos y tristes, siempre chocantes e imprevisibles. "Nunca he sido capaz de descifrar las reacciones de los rusos, eran todos distintos, complicados, extraños e incomprensibles, como si fueran miembros de una raza humana diferente"  ah... El alma rusa.

Para los rusos la palabra "escritor" era mágica. Respetaban a los escritores con una admiración casi reverencial. Por eso Sandor Marai pudo defenderse en aquella guerra entre aquellos soldados venidos desde tan lejos con la palabra mágica "escritor". «Está bien porque sí tú eres escritor, puedes decir lo que nosotros pensamos"

Los soldados rusos eran astutos, hábiles, pícaros y maliciosos y les encantaba tomar el pelo y engañar a los occidentales. Pero también soportaban la amenaza con indiferencia y sin decir palabra. En una ocasión fue testigo de como unos soldados que iban a la deriva en una barca hacia una muerte segura, se mantuvieron sin moverse, sin gritar, sin quejarse, impasibles.

Todo el libro es una reflexión en blanco y negro (porque Sandor Marai sueña en blanco y negro), sobre el proceso de bolchevización en Hungría, la constatación de que nazis y comunistas utilizaban los mismos sistemas represivos, con la sospecha de que había algo peor que la violencia y el terror organizado, un enemigo mucho más peligroso del cual era imposible defenderse: la estupidez.

Porque la persona que cree en un solo libro es siempre peligrosa: se enfrenta a los problemas de la vida sin flexibilidad interna.


El marxismodice Sandor Marai estaba basado en valiosas premisas que hace un siglo respondía  a elementos con una razonable indignación social humana, pero que había sido trasplantado a un momento histórico totalmente distinto, con ayuda de una ortodoxia extrema, violenta y testaruda, algo así como sí el feudalismo hubiese influido aún después de la Revolución Francesa.

Aquellos que iban a traer la justicia social sólo trajeron nuevas forma de explotación. Se habían apoderado de la propiedad privada, y como el comunismo considera al individuo una propiedad privada, un día empezaron a apoderarse también de los individuos.

Sandor Marai sólo le quedaba una posibilidad: el exilio, como treinta años después, en 1977, tuvo que hacerlo la también húngara Ágnes Heller a la que recibí para una conferencia en Alicante con mi corgi Clemente en el año 2004. Allí en el aeropuerto de Alicante le pregunté por Sandor Marai . Ágnes Heller reconoció que fue un gran escritor pero no era el tipo de lectura que le interesaba a la filósofa. Quizás, digo yo, porque Sandor Marai fue el símbolo del escritor húngaro exiliado contra el comunismo, y no olvidemos que Ágnes Heller fue comunista, pero reflexiva.


Dejo aquí algunas de las reflexiones del libro.


Una obra literaria no es solamente lo que el escritor (y el libro) cuentan, ni tampoco su manera de relatar, sino sobre todo la atmósfera que la rodea. En esa atmósfera el libro cobra vida,y sin ella se resume en un astro frío, en un cuerpo celeste que brilla pero que no tiene alma.

Pues sabía que cualquier rasgo de carácter distinguido es ridículo, y que una persona solamente puede ser verdaderamente distinguida si es capaz de reírse de sí misma, y si la ironía brilla por encima de la máscara que lleva.

No se puede discutir con fanáticos y todavía menos si para colmo son también estúpidos.

¿Quiénes eran los proselitistas? Se podían distinguir tres tipos característicos. En primer lugar el proselitista creyente que tiene fe en la Idea, aunque sea obsoleta o inhumana. En segundo lugar estaban los compañeros de viaje cínicos y agresivos, que no eran en absoluto idiotas pero que están ahí porque les viene bien aunque las ideas que defienden fuesen injustas. Y la mayoría son aquellos que no saben, no pueden o no se atreven a quedarse solos, ya que tienen que pertenecer a algún lugar y se apresuran a unirse a los demás.

Exactamente igual que hoy en día. Los tontos que se lo creen, los listos que saben de qué va el asunto y la masa borrega que sigue a los demás, así que tarda en llegar a España la república democrática .


El ser humano es una posibilidad en sí mismo. ( Pensamiento filosófico que, según mi maridito, lo acerca a Zubiri.)

Sobre Goethe dijo que cuando alguien empezaba a hablar de la muerte de la nación,     éste se ponía a bostezar de aburrimiento porque sabía que lo que estaban contándole sólo era una serie de frases rimbombantes. Sin embargo, si se enteraba de que la casa de al lado había ardido en un incendio, entonces dormía mal y lleno de preocupaciones, porque eso sí lo consideraba una auténtica tragedia.

Leyendo a Chateaubriand cuando en "Memorias de ultratumba" escribió: Sin propiedad privada no existe la libertad.


La crueldad no se puede contemplar como un fenómeno ligado a determinada época: es un fenómeno atemporal, situado fuera de la Historia. ¿Cuál es la auténtica razón de la crueldad? ¿La represión psicológica? [] La molécula no es cruel. ¿ Acaso la razón de la crueldad es el pánico causado por la conciencia de nuestra muerte? No sabemos nada, todos los seres vivos estamos condenados a morir, somos unos condenados a muerte que vagamos en un universo indiferente y oscuro, llamados a la vida por una casualidad ciega.

Toda su vida se resume en amor a la literatura. Querido Sándor Marai!!!




miércoles, 30 de noviembre de 2011

DIARIOS 1984-1989 DE SÁNDOR MÁRAI







DIARIOS 1984-1989 DE SÁNDOR MÁRAI

Los Diarios de Márai Sándor son conmovedores, llenos de rabia e impotencia. Conforme vas leyendo te sumerges en el dolor, en su duelo y se le saltan a uno las lágrimas por el sufrimiento de este anciano, por la vejez inevitable en un pensamiento lúcido e implacable que hace la existencia aún más incomprensible, más sórdida e inútil.

El momento en el que al final de una larga vida uno comprende que el destino no sólo es cruel, sino además deshonesto”.El dieciocho de febrero del año ochenta y seis Sándor Márai compra un arma de fuego. El 22 de febrero de 1989 se quita la vida, es decir, que se pega un tiro.

Él mismo relata con pasmosa normalidad como se traslada en taxi al otro extremo de la ciudad de San Diego, California, para comprar el arma. Todavía no quería morir pero deja el revólver en la mesita de noche para cuando lo necesitase, no pasaría los últimos días de su vida, inútilmente, en hospitales para enfermos terminales, en frías habitaciones de hospital, como le sucedió a Lola, su mujer.

Su última anotación la hace el quince de enero:

“Estoy esperando el llamamiento a filas; no me doy prisa, pero tampoco quiero aplazar nada por culpa de mis dudas. Ha llegado la hora”.Sándor Márai hizo un cursillo de armas de fuego. Estaba solo, su mujer hacía tres años que había muerto, sus hermanos también, y su hijo adoptivo János muere súbitamente a los cuarenta y seis años. Y ya no le quedaba nada, ni nadie, ni siquiera Patria, Hungría estaba ocupada por los comunistas estalinistas. Meses antes había escrito: Se cumplen cuarenta años desde que nos marchamos de Budapest, de todos los que vinieron a despedirnos a la estación de tren tal vez la niñera esté viva; los demás ya murieron.En la foto de la contraportada, se ve un hombre elegante, aristocrático aunque burgués, vestido impecablemente, con abrigo, corbata y pequeña boina. Su mirada es atractiva, es dulce, es la mirada de un escritor. Él supo plasmar en su obra los acontecimientos del siglo XX, fue testigo de la primera y segunda guerra mundial, del ascenso del nazismo y del oprobio del éxodo judío por Europa para terminar finalmente, viviendo como inmigrantes- su mujer L. era judía- en los EEUU. Fue un gran escritor, aunque no le dieron el Nobel, tampoco a Borges- su amigo.

Su mujer está ciega y Sándor la cuida en casa, le da de comer, la ayuda a salir, a pasear a duras penas, “no puede dar ni un paso sin mí: la sujeto por el brazo, pero yo mismo necesito un bastón, pues ando con inseguridad” y cuando está en la cama le coge la mano y lee para ella. Se queja amargamente de los médicos a los que llama perreros y del sistema médico por el que Lola (L. en sus diarios) tiene que esperar cuatro horas en un pasillo de hospital en condiciones deplorables para poder hacerse una radiografía. Después de su muerte no hay ni un solo día que no hable de ella:

“Soy muy desgraciado. Ya no me ayuda el razonamiento de que se nos haya terminado la vida. Ha sido un ser maravilloso, la mujer completa, el compendio de todo lo humano, de las virtudes femeninas, el sentido de mi vida, y sigue siéndolo. Si se va, ya nada tendrá sentido”.Sándor Marai tiene un teléfono rojo con hilo directo con L. Todas las noches habla con ella, todos los días lee los diarios de L. y cada vez que escribe habla de L.:

“Fue una mujer extraordinaria, un ser único y excepcional” “Duermo solo. Leo solo. Todo representa un esfuerzo. Ya no mantengo ningún vínculo con la vida, excepto con la vida sin sentido, sin fines ni deberes,”Sándor Marai escribe: “ Un acto reflejo que no consigo erradicar: al despertarme, aún medio dormido, alargo la mano para coger la suya como he venido haciendo cada día a lo largo de sesenta y dos años y ocho meses. Cuando no la encuentro me invade el terror. ¿Dónde está? ¿En el salón? ¿En el baño? ¿Se habrá caído?... Y de pronto me sobreviene el recuerdo de su muerte; por eso no está a mi lado. Y a ese momento lo sigue de modo cada vez más íntimo el asco. Asco porque no está aquí. Porque murió. Porque todo es mentira: lo que los curas, los médicos y gente de toda clase masculla sobre la muerte. La realidad de la muerte es asquerosa. ”
Mientras cuida a Lola, Sándor Márai sólo puede leer por las noches, antes de acostarse, poesía húngara y Don Quijote de la Mancha, la novela más hermosa de la literatura mundial según escribe. Sin embargo Voltaire es más bien aburrido. “En literatura no existe la democracia; sólo hay solistas. El escritor que decida cantar en un orfeón descubrirá que su voz no se distingue del coro”. Una persona enamorada no escribe poemas y si lo hace desde luego no serán buenos. El poeta más bien está enamorado del poema que escribe sobre el amor.De Schopenhauer dice lo que dice siempre mi marido: Para Schop… los bípedos son parásitos mezquinos, bestiales, codiciosos e ignorantes. Y la gran mayoría sin duda lo es. Sin embargo parece olvidar que no es la mayoría la que cuenta, sino siempre y en todos los tiempos aquellos pocos que son diferentes.Según Dewey los sofistas tenían razón en muchas cosas, pero hablaban demasiado.

De Aristóteles le parece extraordinariamente aburrido el capítulo sobre el alma, algo osado de un sabio sobre un tema del que carece de conocimientos. Sin embargo sus reflexiones sobre la naturaleza le refrescan: “por ejemplo cuando afirma que los peces también duermen. Eso sí que no lo sabía”.De las lecturas de Marco Aurelio:“el hombre realmente fuerte es capaz de soportar no sólo los golpes, sino las ofensas”.Sobre Joseph Conrad y La flecha de oro, al final muy aburrida, Conrad, quiere ser inglés pero solo lo consigue a la manera polaca y es que a pesar de tener talento, en el fondo era un provinciano.

Me hace gracia cuando vuelve a leer su novela autobiográfica Confesiones de un burgués y sólo se le ocurre decir: ¡!!Cuánta verborrea!!!

Los acontecimientos se precipitan. Su querido hijo János muere: un buen hombre, inteligente, honesto, humilde, nunca pedía nada y siempre estaba agradecido por todo.

Venimos de la nada y desaparecemos en la nada; lo demás son fantasmagorías infantiles.Sus últimas palabras para Lola: “Hoy he añorado mucho la nobleza y la elegancia del cuerpo de L. Su sonrisa. Su voz.”¿Dónde queda tanto amor Márai Sándor? ¿Dónde ha ido a parar?