LA CONJURA
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sábado, 18 de noviembre de 2023

EL RULETISTA


 

Este relato corto del rumano Mircea Cártárescu gira en torno a la vida, la muerte y el azar, está considerado como uno de los grandes textos referente de la literatura rumana actual.


Cuenta la historia de un hombre que se hace rico jugándose la vida a la ruleta rusa. Pero ese hombre que nunca antes había tenido suerte, ahora, sin embargo, la tiene y sale vivo cada noche. Las condiciones del juego se empeoran. El revolver tiene cada vez más balas en su recámara, lo que parece no afectarle. En cada una de las sesiones un público ávido de impresiones fuertes hace apuestas. El ruletista, como una especie de José Tomás en el ruedo, se acerca cada vez más a la muerte saliendo invicto en todas las ocasiones.


El ruletista parece inmortal.


Aunque la verdadera historia es, en realidad, la del narrador,  que resulta ser  un viejo escritor que conoció al ruletista en su infancia y juventud y cuya única forma que conoce de inmortalidad es la literatura.


Pues ahí está el relato. Es corto. Y es bueno. Inmortal. No muere a tiros.


Quizá habría sido mejor serlo, porque la escritura exige drama y el drama nace de esa lucha agónica entre la esperanza y la desesperanza, en la que la fe desempeña un papel , me imagino, esencial. En mi juventud, la mitad de los escritores se convertía y la otra mitad perdía la fe, pero en su obra literaria el efecto era más o menos el mismo. ¡Cómo los envidaba yo por aquel fuego que sus demonios atizaban bajo los calderos en que se regodeaban como artistas! Y mírame ahora, en mi escondrijo, un ovillo de harapos y cartílagos por cuya mente o corazón nadie apostaría, porque a mí nadie puede ya quitarme nada.



lunes, 9 de enero de 2012

La Biblia para hormigas según José Saramago







La Biblia para hormigas según José Saramago. Stefan Mitroi.

Stefan Mitroi es un escritor rumano que conocí hace pocos días en un acto de entrega de los premios Niram art. Él era uno de los galardonados por su obra: “La Biblia para hormigas según José Saramago”. La ceremonia fue en general soporífera, en ocasiones caricaturesca, como cuando uno de los presentadores, corto de vista, se atascó en una palabra ilegible durante cinco largos minutos intentando descifrarla sin éxito, mientras el mismo auditorium le apuntaba otra en sustitución.

Pero he aquí, que de pronto se oye una voz grave y melodiosa como de intelectual ruso. Era un hombre con aspecto de campesino o quizás de minero, con cierto parecido a Lech Walesa. El caso es que empieza a contar una disparatada historia sobre el libro que esa noche presentan y que acaban de traducir al español una modesta editorial. A su lado una joven intérprete nos traduce como puede lo que intuyo va a ser un discurso complejo.

Comienza el escritor explicando su admiración por el talento de Saramago al que le escribe una carta con acuse de recibo proponiéndole un trato. Se le ocurre un intercambio, ofrecer años de su vida probablemente todavía longeva a cambio de un poco de genialidad del nobel. Pero Stefan Mitroi el escritor minero, que no lo es porque es abogado, no recibe contestación alguna.

Visita la aldea de Saramago en Portugal; pero no lo encuentra allí. Saramago vive desde hace tiempo en Lanzarote. Cuando decide ir a Lanzarote desgraciadamente Saramago muere. Entonces Stefan Mitroi le encarga a su ángel de la guarda que se ponga en contacto con su homónimo, es decir, con el también ángel de la guarda de Saramago para que le explique a su representado la admiración que siente el escritor rumano por la obra del portugués españolizado. En esta ocasión tampoco recibe ningún acuse de recibo.

Nos dice Stefan Mitroi: Yo creo en Dios. Mejor dicho, yo le exijo a Dios que exista. Pero le pongo condiciones: Que no tenga que arrodillarme.

Desde luego que compré el libro. Y como pensaba es un libro complejo de leer. Primero porque es prosa poética. Es la poesía de Saramago, y es la poesía de Ricardo Reis o cualquier otro heterónimo de Fernando Pessoa. Y segundo porque adentrarse en este libro es hacerlo en el mundo interior del rumano Stefan Mitroi, donde cada palabra es un símbolo a Saramago o un tributo a Pessoa.

Los padres de Saramago, su aldea natal, su primera mujer, y cómo no Pilar, la Granaina de la Alpujarra que vivió con él sus últimos años. El viejo olivo a la puerta de la casa paterna. El lector de la biblia para hormigas según José Saramago ha de ser necesariamente lector de Saramago, por sus múltiples referencias a su obra, el épico viaje con el elefante Salomón atravesando Europa, el personaje Raimundo Silva, revisor de textos y destinos, de Historia del cerco de Lisboa…Domicilia ( ni idea quién es ).


Se tropieza uno con frases incomprensibles pero líricas, poesía en prosa, que por sí solas constituyen unidad argumental. Ya es difícil conseguir esto!!. Pero lo mejor para leer este libro es conocer muy bien la obra de Saramago, de lo contrario sólo podemos intuir y entonces nos perderemos entre frases tan bellas como éstas (miren...)

Los judios están más cerca de la esencia de la muerte que nosotros, los europeos. Para ellos la muerte se parece, como debe ser, al nacimiento. Salen desnudos del vientre de su madre. Y desnudos se van del vientre del mundo.

¿ Y si en lugar de ser yo mismo habría sido Lenin?. La historia es, tal como la conocemos, aburrida por su falta de humor. Otra habría sido la historia si Franco se encontraba al nacer con el destino de Churchill y la Madre Teresa con el de Hitler.

Este hombre no puede frenar su imaginación ni siquiera en la muerte.

En Azinhaga, a un segador se le rompió la herramienta con la que había salido de casa y entonces, apurado por los demás que se alejaban, dejándole muy atrás, birló la luna del cielo, ni siquiera se tuvo que poner de puntillas, ella pasaba justo por encima de su cabeza, o puede que el cielo se inclinara un poquito por el peso de las estrellas, ninguna de ellas había hecho pellas aquella noche.

Los sentimientos que me invaden los he cogido prestados.

¿Hay un ángel de la ignorancia? Pues claro, fíjate en los hombres, estos ángeles son del grupo más numeroso.

Tiene noventa años Josefa y escogió, de todo lo que es belleza en el mundo, disfrutar del cielo cargado de estrellas.



He sido un hombre que escribió algunos libros para darse a sí mismo explicaciones acerca del bien y del mal, con el sentido que escogen los hombres en el corto camino que hay entre los dos y también para entender por qué se nos acaban las vidas antes de que se acabe el tiempo que tenemos para vivir.


Y para terminar como en las muñecas rusas: El niño se esconde en un joven. El joven se oculta en un hombre en la flor de la vida y aquel, en un anciano. Cuando el anciano muere, todos mueren con él.


Stefan Mitroi explica el significado del título: la Biblia es para las hormigas porque ellas tienen objetivos más pequeños con arreglo a sus dimensiones y por ende más fáciles de conseguir.

Guardaré este libro para volver a leerlo el día en que haya leído toda la obra de Saramago.

Nota: 7.5