LA CONJURA
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martes, 2 de diciembre de 2025

EL VERANO DE CERVANTES

 



Lector carísimo, desocupado lector, lector suave, yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles”


El verano es la estación del año preferible para leer “Don Quijote de la Mancha”, afirma el escritor Antonio Muñoz Molina, siendo éste el libro que más ha leído en su vida, el que siempre lo ha acompañado y que más veces ha comprado y regalado.


Es además, el verano, el tiempo interno de la novela. Solo en pleno verano se puede dormir al raso tras la siega y la trilla, o celebrarse las bodas de Camacho con su espectacular banquete al aire libre.


“En las más de mil páginas de Don Quijote siempre es verano y llueve una sola vez.”


Cuenta el escritor de Mágina que en su adolescencia y juventud, leía el Quijote por la mañana al fresco de un corral encalado o por la tarde, en el granero, mientras los mayores dormían la siesta. Tiempo después, ya de universitario, el libro le ayudó a mitigar los presagios de aquél incierto verano en que cambió de carrera universitaria pendiente de recibir o no la beca sin tener claro su futuro ( profesional).


De nuevo la lectura del Quijote, sus anotaciones y puntos de vista de la obra (también el cultivo de un huerto en un pueblo) le ayudan, esta vez, a superar ahora la depresión. Antonio Muñoz Molina sufre en estos momentos de depresión que con la ayuda de su mujer y amigos está superando.


Y aunque Muñoz Molina está enfermo mientras escribe, guarda, sin embargo, esas pinceladas de humor tan cervantinas en el libro que nos ocupa.


Llama al Quijote un artista perfomance: un hombre con cara de loco con una cacerola sobre la cabeza, una especie de lanza, tridente o lo que fuere en la mano, y una armadura vieja y oxidada atada con cintas para que no se le caiga.


Hace tiempo, cuando yo era profesora de alumnos con problemas de integración social, alumnos casi fuera del sistema educativo, (no querían estudiar, por supuesto) una alumna hizo un examen sobre el Quijote para un titulillo que le daban. Dijo de Don Quijote era “un hombre seco, muy seco... que llevaba en la mano un pincho”. Tiempo después volví a ver a esa alumna y se lo recordé. Le hizo mucha gracia y me contó un poco su vida. Había vuelto a estudiar y era enfermera. El Quijote salva, mejora, ayuda más que todos los libros de autoayuda juntos.


Arturo Pérez Martínez


Tiene Antonio Muñoz Molina una visión reveladora de la obra. Ofrece, en muchos capítulos, una perspectiva nueva en la que descubrimos detalles estilísticos del Quijote que antes se nos escaparon.


En el Quijote están retratadas todas las clases sociales y gremios de la época, de lo más alto a lo más bajo, duques, virreyes, canónigos, labradores ricos, jueces, soldados, labradores ricos, molineros, soldados, maleantes, prostitutas, moriscos, galeotes, asesinos, suicidas, cómicos, barberos… cada personaje tiene su plena identidad singular, con su propia voz. Y en cada personaje se sucede la lucidez y el trastorno, la generosidad y la crueldad, la cobardía y el coraje.


Tal y como le ocurre a Don Quijote casi todo el mundo ha tenido alguna vez convicciones que lo han llevado a sostener una idea equivocada e incluso a actuar con insensatez o temeridad en una faceta de la vida mientras que en todas las demás mantiene lo que parece una sólida cordura.


Y como mucha gente, Don Quijote tiene una opinión muy elevada de sí mismo. Su falta de sentido de la realidad no procede de sus excesos literarios sino de su egocentrismo. Hasta llega a pensar que las mujeres se sienten atraídas irresistiblemente por él.


Analiza Muñoz MOlina la influencia que la obra cervantina ejerció sobre escritores como Faulkner, Mann, Twain, Joice y otros muchos. Sthendal descubrió a Don Quijote de niño, a la muerte de su madre. Le hacía morir de risa, dijo, y le ayudó a sobrellevar el luto y la soledad. Freud quiso aprender español para leer el Quijote en el original cervantino. Laurence Sterne escribió en su Tristam Shandy episodios de marcado carácter Cervantino (el párroco montado en un rucio canijo a la manera de Rocinante).


Hay otros, sin embargo, que cargan contra Cervantes. Para Unamuno, por ejemplo, Cervantes no era sino una especie de tonto afortunado que tuvo la suerte de tener la idea del Quijote pero sin merecerlo. O Nabokov, que calificaba la novela como cruel y detestable. ¡Qué sabrá él!


El caso es que El Quijote es una de las más grandes obras de literatura.


Con distintos planos narrativos como en un juego de espejos: el narrador original en árabe de Cide Hamete, el narrador y traductor al castellano que a veces se convierte en otro narrador omnisciente que conecta todas las voces.


Don Quijote de la Mancha es un largo relato de ficción y un tratado crítico y disperso sobre todas las artes de la literatura y todas las formas de contar; y también es un libro cómico que contiene una reflexión profunda sobre la risa y la comedia.

viernes, 6 de octubre de 2023

NO TE VERÉ MORIR

 




La última novela de Antonio Muñoz Molina—septiembre 2023— nos cuenta la emotiva historia del reencuentro entre dos amantes tras cincuenta años separados.


Gabriel Aristu y Adriana Zuber protagonizaron en su juventud una apasionada historia de amor. Pero no pudo ser. Él tenía miedo de defraudar a sus padres que tanto se sacrificaron y le ayudaron. Así que dejó la música que era lo que realmente le gustaba y eligió la carrera y profesión equivocadas marchándose a vivir a EEUU. Adriana Zuber quedó en España atrapada en un matrimonio condenado al fracaso.


Ninguno de los dos tuvo una existencia plena. Ambos convivieron con la frustración y el dolor, y con la nostalgia por el recuerdo de aquellos que una vez fueron.


El autor usa un estilo de escritura parecida a la de Proust, Joyce, Juan Goytisolo, Thomas B., y otros en la que imitando el flujo de la conciencia no usa puntos.


La novela tiene, sin embargo, sus altibajos aunque Antonio Muñoz sigue mereciendo el Premio Nobel y otros muchos galardones. El continente es, en ocasiones, experimental, setenta y tres páginas con muchos signos de puntuación pero sin un punto y que constituyen una sola oración; luego, en el contenido, vuelve a aflorar el Muñoz Molina que conocemos, con su prosa musical, detallista, espléndida y su capacidad para fabular y emocionar.


El título de la obra se debe a un poema (“Ya no”) de Idea Vilariño escrito para el novelista Juan Carlos Onetti—admirado por Antonio Muñoz Molina—. Ellos, al igual que los protagonistas de la novela, mantuvieron una relación apasionada e intermitente en el tiempo.

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

 


—Dijiste que volverías pronto y has tardado cincuenta años.

—Cuarenta y siete en realidad.

—El hombre experto en números.

—No he dejado de acordarme de ninguno de tus cumpleaños. Cada Nochevieja, justo a las doce, pensaba dónde estarías, cómo lo estarías celebrando, con quién. Si te estarías acordando de mi.

—Podías haberme escrito. Hasta podías llamarme por teléfono, si hubieras querido. Podías haberme visitado alguna vez.


—Tenía miedo de morirme sin haber podido contarte todas las cosas que te he contado en los sueños, sin que tú llegaras a saber todo lo presente que has estado en mi vida. Tomaba decisiones de las que no estaba seguro y me preguntaba si tú las habrías aprobado. Había cosas que dejaba de hacer porque no tenía la menor duda de que te disgustaría que las hiciera. Veía una película, o leía un libro, o me entusiasmaba en un concierto, y entonces me entraba la duda sobre si a ti te hubiese gustado o no.




sábado, 5 de octubre de 2019

TUS PASOS EN LA ESCALERA






   




Empecé a leer este libro este verano antes de ir de viaje a Lisboa para ambientarme un poco; bueno, por eso y porque me lo regaló mi marido.

Antonio Muñoz Molina es uno de mis escritores actuales preferidos. Es un gran escritor, un buen narrador; sin embargo esta novela es el claro ejemplo de que puedes ser un excelente narrador y escribir genial formalmente, y aún así, no funcionar materialmente, porque la literatura necesita alma, algo que decir y contar, un duende, una gracia en su conjunto, algo más que el hecho aislado de escribir bien y construir frases correctamente. Un poco extensas, por lo demás—dice mi maridito.

Una historia intimista. Sabemos que el protagonista vivía en NY con su pareja, y que ahora está en Lisboa preparando el apartamento donde pronto se trasladaran. Y mientras hace los preparativos recuerda el pasado juntos, en pareja, en la gran ciudad. E intuimos, que algo va mal. Y Muñoz Molina se estanca innecesariamente, da vueltas y vueltas y no despega. Pero da igual, porque yo dejo de leer cuando voy por más de la mitad del libro.

Y ya está.

Mi marido se niega a decirme el final.



El cielo estaba oscuro y bajo, y no paraba de llover. En la calle la basura se acumulaba día tras día junto a los contenedores rebosantes Más que la incomodidad me agobiaba la superstición de que por culpa de aquellos percances nuestra vida futura en la ciudad quedara malograda, nuestra casa sin estrenar se contaminara de fracaso. No quería decirle nada a Cecilia por miedo a que retrasara su viaje. Pero tampoco quería que viniera y se encontrara en medio de un desorden deplorable, sin condiciones para vivir ni para trabajar.













sábado, 11 de febrero de 2012

Plenilunio

PLENILUNIO. ANTONIO MUÑOZ…MOLINA

En honor a Antonio Muñoz Molina he preparado el ambiente propicio para escribir esta reseña, todos los detalles dispuestos—como supongo le gustaría a él—en la cocina de mi casa, de grandes ventanales por los que entra a raudales el sol de una espléndida mañana de sábado, con Gladiator—mi gato—sentado a mi lado, y al fondo música de Bach en el spotify mientras tecleo en el portátil. Mi maridito que también se llama Antonio Muñoz… pero Ballesta y no Molina, se fue esta mañana a una excursión, a castillitos, unos acantilados que fueron del ejército con fortificación y cañones abandonados, y desde donde se divisa, según él porque yo lo dudo, la costa africana. Las mismas caminatas que Muñoz Molina—le digo yo—pero en diferentes escenarios, tú en el levante español y él en las calles de Niuyor y en el rio Jadson en vez del Mediterráneo.
Muñoz Molina se enrolla mucho, tanto que algunas veces desespera, pero algo tiene que cuando leo alguno de sus libros (por lo menos los leídos hasta ahora), transmite ganas de vivir, ilusión y esperanza sobre todo en las pequeñas cosas que hacemos a diario: una simple comida con un buen vino, una canción, un atardecer o amanecer, el cielo gris plomizo con persistente lluvia; es como cuando uno sale del cine después de ver una buena película (un drama o una comedia, da lo mismo) y respira profundo, y dice ¡Qué bien!. Y empiezas a pensar cuál será el próximo libro suyo que leerás.
Luego está el autor, el propio AMM, al que así llamaré de ahora en adelante para diferenciarlo del otro gran genio, mi maridito AMB, que intuyes una buena persona, lúcido en sus comentarios, un poco progre en ocasiones, pero siempre, siempre, respetuoso e incluso honesto.
Plenilunio es la historia de un inspector de policía, trasladado desde el País Vasco, que tiene que resolver el caso del asesinato de una niña, y es también la historia de su relación amorosa con Susana Grey, la maestra del pueblo. Ambos personajes fracasados en sus respectivas vidas, indiferentes a todo o casi todo, se reconocen como almas gemelas en el lento discurrir de acontecimientos anodinos del pueblo, y se unen el uno al otro como única tabla de salvación.
“Ahora descubro que no sé nada, que en realidad no me he preocupado de aprender ni de entender nada, de pronto no sé en qué se me ha ido la vida, aparte de en tener miedo y en perseguir terroristas y en beber whisky”.
Descubrimos al asesino, con su historia sórdida y miserable, y en ocasiones se le tiene lástima o asco, o ambas cosas a la vez. Y ese pueblo inconfundible, que en toda la narración me ha recordado a la eterna Mágina, con sus plazas, centro histórico, y sus estatuas de generales y toreros.
Aunque se enrolla demasiado para mi gusto, a pesar de ello, qué bien describe:
“La luz de la mañana de mayo le había herido los ojos cansados por el insomnio, le aturdía como una sonoridad muy aguda después de una noche de resaca. Haría calor en cuanto avanzara la mañana, se levantaría una niebla tenue de la tierra profundamente empapada de agua a lo largo de tantos meses y resplandecería violentamente al sol el verde fragante y limpio de los sembrados, el amarillo cegador de los jaramagos que crecían con una pujanza inusitada de vegetación selvática entre las filas de olivos y en las cunetas de la carretera.”
El primer libro que leí de AMM fue "El jinete polaco” y lo hice por la gran estima que tiene mi amigo César Cóbos a la novela y sobre todo al autor, me lo prestó, pero en mi casa se inundó el sótano donde tengo la biblioteca, entonces el jinete polaco se hinchó y relinchó y lo colgué junto a otros libros en el tendedero de la ropa; así se secó al sol.
Después he leído otros, como por ejemplo “Los secretos de Madrid” que me parece una pequeñita obra de arte. Estos últimos días mi maridito ha recibido un SMS de Michel Houellebecq donde dice que le ha gustado mucho Plenilunio.
AMB no tardará en volver, me dice por teléfono que ha hecho fotos. Yo, por mi parte, tengo la comida preparada mientras escribo estas líneas y escucho a Rocio Jurado por Alegrias.

NOTA: 7