LA CONJURA
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viernes, 29 de diciembre de 2017

ESCRITO EN EL AGUA



De: PAULA HAWKINS


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No me ha gustado este libro. Pero nada, nada, de nada. A punto he estado de abandonar la lectura, y no lo he hecho porque quería saber quién era el asesino. Tenía interés en ver cómo la autora resolvía el misterio de las tres mujeres ahogadas/asesinadas en un río. Y cuando lo he descubierto ha sido todavía peor.

Puff.

El caso es que me gustó su anterior novela: “La chica del tren”. Que sí, que era un best seller, para pasar el tiempo y tal, pero aquél primer libro me enganchó desde el principio, fue de lectura trepidante y lo pasé muy bien leyéndolo. ¿Qué más se puede pedir a este tipo de lecturas?

“Escrito en el agua” le falta ritmo e interés. El perfil de los personajes es artificial, sus vidas son demasiado complejas y lo que es más grave, sin interés, melodramáticas, hasta conseguir el aburrimiento. La autora da vueltas y vueltas para rellenar páginas, con una sorpresa final, que guarda en la última página y que, a pesar de ser enrevesada, es demasiado obvia y, encima, mal explicada, ¿Qué motivación había? ¿Fue un arrebato, planeado, o un accidente? No lo sé.

Nel Abbott muere en extrañas circunstancias.  Si bien la versión oficial es que se ahogó en el río, es extraño puesto que ella fue una gran nadadora. Su hermana, Jules, con la que no se habla desde hace años, regresa al pueblo de su infancia para hacerse cargo de su sobrina, ahora huérfana.

He reconocido en ella algo que sé que yo también tenía, algo que quizá todo el mundo tiene a esa edad: una inaccesibilidad esencial. Te recuerdo a ti con diecisiete y a mí con trece y estoy segura de que nuestros padres no tenían ni idea de quiénes éramos.


martes, 6 de septiembre de 2016

LA CHICA DEL TREN


La “chica del tren”, o "la borracha del tren", adolece de profundidad, trama y riqueza en los personajes, en definitiva, carece de calidad literaria “políticamente correcta”; no es un gran libro, o al menos no es el libro del año como se publicita. Con todo, a mí ME HA GUSTADO.

A veces libros tontos te ayudan, y pasas un buen rato con ellos. Y es que una historia, por disparatada que sea, te la crees o no. Eso es lo fundamental,  (ya lo dice el premio nobel Vargas Llosa). Y YO ME LO HE CREIDO.


Así que el libro ha cumplido gran parte de su cometido. Desde luego que se puede mejorar, claro, y mucho. Frases como:

 “un escalofrío ha recorrido toda mi columna vertebral”  

suenan a cliché de novela negra de serie B. (¡Si es que existe la novela serie B!  Que yo no lo sé. Quizás sí.)


Aún así, he pasado un buen rato leyéndolo. Y no sabía quién era el asesino, hasta que la autora da la pista fundamental. Lo digo porque hay mucha gente que decía saberlo desde el principio.

Narrado en primera persona, cuenta la historia de Rachel una chica que coge todos los días el tren para simular que va al trabajo. (¡Ah! Las historias de trenes tan maravillosas).



Desde hace un tiempo la han despedido de su trabajo pero ella no lo ha dicho en casa. Es alcohólica, divorciada y emocionalmente inestable. Y está obsesionada con su ex-marido, que ha rehecho su vida y tiene un nueva mujer y un bebé. Lo acosa, es decir, le manda emails, lo llama por teléfono, y deambula por el barrio donde vive, lugar donde también se comete un crimen… La policía tiene que tomar cartas en el asunto.

Y es que todos los días, al detenerse el tren en un semáforo, observa una casa donde vive una pareja, para ella idílica. Representan todo lo que Rachel no ha tenido con Tom, su “ex”. Un día la mujer desaparece. Y ella,  comienza a investigar.

El ritmo de la novela, como los viajes en tren,  es trepidante. Va al grano y no se enrolla demasiado con sueños ni con historias paralelas que no interesan ni chorradas de ese estilo. Para pasar un buen rato… ¿Te parece poco?

Me comporté  de un modo estúpido, como una niña, porque no soporto sentirme rechazada. Necesito aprender a perder un poco mejor.

Sé bien lo que es sentirse hueca. Comienzo a pensar que no se puede hacer nada para arreglarlo. Eso es lo que he sacado de las sesiones de psicoanálisis: los agujeros de la vida son permanentes. Hay que crecer alrededor de ellos y amoldarse a los huecos, como las raíces de los árboles en el hormigón. Todas estas cosas las sé, pero no las digo en voz alta, ahora no.

A las mujeres todavía  se  las valora únicamente por dos cosas: su aspecto y su papel como madres. Yo no soy guapa y no puedo tener hijos. ¿En qué me convierte  eso? En alguien inútil.


No puedo echarle la culpa de todo esto a la bebida. Tampoco a mis padres, ni a mi infancia, ni que abusara de mí un tío o alguna tragedia terrible. Fue únicamente culpa mía. Yo ya bebía, siempre me había gustado el alcohol. Pero me volví más triste y, al cabo de un tiempo, la tristeza se vuelve aburrida tanto para la persona triste como para la gente que hay a su alrededor. Entonces pasé de ser una bebedora a una borracha, y no hay nada más aburrido que eso.