James
Rhodes llega a España tras dar un primer concierto en Gijón. En ese
momento empieza su deslumbramiento por España, por su gente, su
gastronomía, su clima, y su cultura en general, y es tal su
fascinación que abandona de inmediato Inglaterra y se instala en
Madrid. Aprende el idioma español muy rápidamente, y también el
gallego, y el catalán; recorre todo el país dando conciertos.
En este libro relata su llegada a España tras el drama de violaciones y abusos sufridos desde niño, en su país natal, Inglaterra. Aquí propulsa la ley de protección de la infancia, la ley Rhodes, recientemente aprobada en las Cortes. Se mueve como pez en el agua en ambientes culturales, siendo colaborador en distintos programas de televisión, radio y prensa escrita.
Made in Spain es el relato de un hombre inglés con sueños de niño que un buen día decidió cambiar de país, de rumbo, de vida, creyendo que así mejoraría su depresión y obsesiones y termina pasando a la historia de la política española contemporánea mediante una ley que llevará popularmente su nombre en una causa justa: proteger a la infancia de los abusos y violaciones sexuales.
Yo
era el niño al que siempre elegían el último en los deportes de
equipo. El que se sentía aislado y solo. El que creía que debía
luchar por sobrevivir solo. Y, de pronto, me parecía que todo un
país me protegía. Nunca había sentido nada semejante.
¿He mencionado lo agradecido que estoy de vivir en España? ¿Lo he recalcado bastante? No sé cómo hacerlo mejor. Escribo este libro en mi mesa, en mi apartamento de Madrid. A escasa distancia hay un piano de cola Steinway, enorme y majestuoso. Detrás del piano, en mi televisor se ven las noticias en las que cinco "expertos" hablan a la vez (a grito pelado, la verdad), y no sé cómo, pero todo encaja, al igual que un quinteto de Mozart. Hay una terraza que parece un invernadero, aún en invierno, porque la luz le empieza a dar a las ocho de la mañana y no desaparece hasta la noche. Cuando me siento en ella a fumar y pensar, contemplo una zona llamada Vallehermoso ( por Dios, qué nombre tan apropiado). Enfrente no hay edificios, solo espacio. Flota una sensación de paz que la ciudad ha instalado en mi interior, a nivel celular. El sol entra a raudales por la ventana que tengo delante, por doquier hay luz (literal y metafórica), las cosas no podían ser más distintas de como era hace tres años en Londres.
Una crítica constructiva a Rhodes: El sol de España es un tópico, pero viene bien para combatir la depresión,
James Rhodes nos
cuenta en este libro una terrible historia. Su autobiografía. Pero nos ofrece
también una historia de redención a través de la música clásica.
De niño sufrió
abusos sexuales por parte de un profesor de boxeo. Tenía sólo seis años y era un
niño tímido e inteligente, alumno en un buen colegio, hijo de una familia de
clase media-alta. A esa edad, el niño entendía que los abusos eran un castigo a
su propia conducta, porque era evidente que “era malo a nivel celular” y por
eso precisamente le pasaban esas cosas.
Como consecuencia
de las reiteradas violaciones, James Rhodes pasó por un camino de vejaciones y
torturas que lo llevaría a su propio desprecio y destrucción. Fue drogadicto,
alcohólico, fumador empedernido, suicida, con estrés postraumático, síndrome de
Asperger y trastorno disociativo de la personalidad, entre otras enfermedades
mentales.
Muy completito el
diagnóstico.
Pero la MÚSICA
CURA, puede llegar a los recovecos de nuestro corazón y nuestra mente y tener
un efecto positivo. Es la respuesta a aquello que no la tiene.
Schumann:Mandar
luz a la oscuridad del corazón de los hombres: ése es el deber del artista.
Es un hecho
irrefutable que la música me ha salvado la vida de una forma muy literal, y
creo también que la de un montón de personas más. Ofrece compañía cuando no la
hay, comprensión cuando reina el desconcierto, consuelo cuando se siente
angustia, y una energía pura y sin contaminar cuando lo que queda es una
cáscara vacía de destrucción y agotamiento.
A los siete años
Rhodes conoció la música clásica. Este descubrimiento le produjo una verdadera
conmoción que le salvó la vida. Concretamente, fue la Chacona de Bach y al famoso y virtuoso pianista y compositor
Busoni.
Cuando murió la
mujer de Bach, el gran amor de su vida, compuso una pieza musical en su
memoria. […] Es una puta
catedral musical erigida para recordar a su mujer, la torre Eiffel de las
canciones de amor. Y el punto culminante de esta partita lo constituye el
último movimiento, la chacona. Quince minutos de desgarradora intensidad en la
conmovedora clave de re menor. Imaginad todo lo
que os gustaría decirle a alguien a quien queréis si supierais que va a morir,
hasta las cosas que no podéis expresar con palabras. Imaginad que condensarais
todos esos sentimientos y emociones en las cuatro cuerdas de un violín, que los
concentrarais en quince minutos llevados al límite. Imaginad que de un modo u
otro descubrieses la forma de construir todo el universo de amor y dolor en que
existimos, que le dieseis forma musical, que lo pusieseis negro sobre blanco y
se lo regalaseis al mundo. Eso es lo que él logró, con creces, y todos los días
esta pieza basta para convencerme de que en el mundo existen cosas que son más
grandes y mejores que mis demonios.
El libro tiene su
propia banda sonora. En cada tema o capítulo el autor nos introduce a una obra
clásica, explica las características de la pieza, las del autor y su vida, el
momento en que la compuso y por qué. Y lo más importante, Rhodes cuenta lo que
siente ante esa composición, nos traduce la música a sus palabras, con sus
emociones y logra transmitirnos su entusiasmo. Esto debería hacerlo hasta un Barenboim.
“Encontremos lo que nos encanta y
dejemos que nos mate” dijo Bukowski
Algunas resultan
audaces y agresivas, otras traslucen resignación y cansancio. Transmiten
alternativamente heroísmo, desesperación, alegría, sensación de triunfo y de
derrota. Logran que el tiempo se detenga, se acelere, retroceda.
Actualmente James
Rhodes es un talentoso pianista. En sus giras, se presenta como un gran
renovador de la música clásica. Hasta ahora en un recital de piano se seguía un
rígido protocolo: el concertista debe ir con frac y pajarita blanca, no habla,
tan sólo sube al escenario, toca y se marcha. Del público se espera que sepa lo
suficiente de música clásica para “comprenderla” y se considera de mal gusto
aplaudir entre los movimientos de las piezas Qué
horror, que apareciera alguien con unos vaqueros y se atreviera a aplaudir
cuando no toca.
Pues bien, en los conciertos de Rhodes no es así. Esta
visión “tan elitista” de la música clásica cambia. Él se salta el protocolo. Viste
como quiere, explica sus intervenciones, las características de la pieza que
toca, y está en contacto con su público.
El mayor motivo
del éxito de los Proms es el hecho de que en ellos no se observa una actitud
engreída; no se habla en público con condescendencia; se logra transmitir que,
sea cual sea tu conocimiento sobre música clásica, tu experiencia, tus filias y
tus fobias, tu estilo en el vestir, tu procedencia o tu inteligencia, se te
acogerá con los brazos abiertos. Si
quieres aplaudir entre movimientos, no te cortes un pelo. ¿No sabes cómo se
pronuncia el apellido del compositor? ¿A quién le importa? ¿No eres de los
que se mueren de ganas de anunciar en voz muy fuerte y con suficiencia cómo se
llama el bis que el solista ha decidido tocar? Aún mejor.
Rhodes no se
queda sólo en la música. Porque él ve la música en todos
sus campos, y así la extiende y la proyecta a otros ámbitos. El amor a la
música le sirve para ser mejor. Mejor padre, mejor concertista, mejor amante.
Entiende la música como un TODO, como el poeta que lo es las veinticuatro horas
al día. “La arquitectura es música congelada” dijo Goethe
Si en este
momento estás con alguien a quien quieres y ambos aspiráis a durar […] ¿A él se le ha olvidado vuestro aniversario
y te has enfadado? Te equivocas al enfadarte. Cierra el pico. ¿Ella no deja de
quejarse (Y bla, bla, bla) hasta que te cabreas con ella? Te equivocas. Deja de
ser un imbécil. Lo que más deteriora una relación es tratar de salir ganando. Alégrate de
equivocarte. Adopta la siguiente postura: “Tengo que currármelo mogollón para
compensar que siempre estoy equivocándome, a ver si ella me perdona”, y te irá
de maravilla.
Vive cada comida/excursión/conversación/paseo juntos como si
fuera la primera cita con una persona a la que te mueres de ganas de
impresionar. Preocúpate de la ropa que llevas, ponte nervioso al pensar si te
va a quedar algo entre los dientes en la cena, lávate los bajos a fondo por si
se da la remota posibilidad de que pilles cacho, lleva flores, pide la mesa más
romántica del restaurante, presta atención y escucha todas las palabras que
pronuncie como si tu vida dependiera de ellas.
Sé generoso. Se
generoso todo el rato. Hasta que estés agotado, y luego sigue siéndolo un poco más.
Cuando ella te esté sacando de quicio y te quieras tirar por la ventana, ve a
prepararle un té, hazle un masaje, hazle un cunnilingus, comprale un puto
diamante. Es el más asombroso de los ejercicios. Y que ni se te pase por la
cabeza ponerlo en práctica esperando una recompensa o las gracias. Hazlo porque
quieres a esa persona, porque es espectacular, porque la adoras y la deseas. Si
todo eso no fuera cierto, no estaríais juntos. Hazlo porque en el fondo sabes
que para ti es una puta suerte tener la oportunidad de salir a la calle cuando
hace un frío que pela y llueve a mares para comprarle sus flores preferidas.
BANDA SONORA
Bach, Variaciones
Goldberg, aria
Prokófiev, Concierto
para piano nº 2, final
Schubert, Trío
para piano nº 2
en mi bemol, segundo movimiento
Bach y Busoni, Chacona
Beethoven, Sonata
para pianonº
32, Op.III, segundo movimiento.
Scriabin,Concierto
para piano, último movimiento
Ravel, Trio
para piano
Shostakóvich,Concierto
para piano nº 2, segundo
movimiento