LA CONJURA
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viernes, 3 de abril de 2026

VERA

 



El nuevo Premio Planeta nos cuenta en su novela ”Vera” la historia de una mujer de la clase alta sevillana separada de su marido aristócrata que conoce al empleado de una inmobiliaria, más joven que ella, atractivo, y de origen humilde, por el que se siente muy atraída y con el que inicia una relación amorosa.


Tras las duras críticas al libro, me hubiera gustado que me gustara, pero el libro no tiene nada destacable. Es como una historia escrita por un alumno de bachiller.


Poco más.


Pero mi “amable” y “nada envidioso” editor al que hice referencia en la entrada anterior (La península de las casas vacías), escribe de nuevo en su muro de Facebook sobre el último Premio Planeta de Juan del Val.


Y describe el editor una escena de la novela en la que el amante desvirga analmente a la protagonista utilizando para lubricarla un aceite virgen edición especial de la almazara del marido mientras de fondo suenan los quejíos del Niño de Elche.


Todo falso claro, porque esa escena no existe. El editor relata ese momento de la novela de Juan del Val pero, en realidad, es inventado ¿Se supone que es una ironía o gracieta del editor?  ¿ O no es más bien la mala baba de alguien que hace crítica sin leerse el libro?


Y estoy además segura que de poner un cantaor flamenco, Juan del Val—aficionado al cante jondo—, no hubiese puesto al Niño de Elche sino al gran cantaor gaditano “El Torta”.


"Mira esto”, dice Antonio casi al mismo tiempo que abre el balcón y los porticones cerrados que oscurecían el salón. Los tejados desiguales del barrio, las terrazas con baldosas de color teja, las antenas de televisión, los balcones de hierro colgados de las paredes blancas y, al fondo, la catedral, a la que los que no son de Sevilla identifican como la Giralda. Desde la terraza del ático del Arenal se ve en todo su esplendor, solemne por encima del resto de la ciudad.



lunes, 16 de marzo de 2026

LA PENÍNSULA DE LAS CASAS VACÍAS

 




La verdad es que no sabía si leer este libro de setecientas páginas que tiene tan buena como mala crítica. Al final me decidí a leerlo con atención, por varias razones, como ésta que cuento a continuación.


Un editor de Murcia, un tío campechano, que parece inteligente, con sentido del humor y un gato y que escribe muy requetebién (no es ironía, lo digo en serio) contaba en su página de facebook que David Uclés es... un desinformado y un pedante y que por ello no iba a leer su libro. Luego le dio la razón (con uno de esos emoticonos en el que aparece el dedo pulgar hacia arriba) a un comentario que alguien hizo en su muro llamando borregos a los cuatrocientas personas que fueron a verlo a Cartagena. A ese y a otros comentarios que le bailaban el agua. ¡Un crítico literario que deja mucho que desear para los lectores!


Continuaba nuestro supuesto editor y “duro crítico” comentando el último libro de Uclés “la ciudad de las luces muertas” que tras leer tres páginas en la sección de libros del corte inglés (dicho por él mismo) afirma lo siguiente: “Lo que leí me hizo pasarlo mal, porque me dió (lo escribe con tilde, además de otras faltas que le he visto en su muro, ¡que no pasa ná!, yo también cometo faltas de ortografía pero no hago esas críticas tan severas) hasta pena de cómo puede hacerse algo tan cursi y tan cutre


Pues eso. Un apasionado odiador de Uclés.




A mí no me gustó el escritor, David Uclés, me pareció—cuando asistí “como borrego” a una conferencia suya— un joven bastante vanidoso y preocupado por el dinero. Y ahora que ha fichado por la Editorial Destino, perteneciente al Grupo Planeta, creo que lo tendremos pronto como Premio Planeta. Pero lo cortés no quita lo valiente.


Además de escritor, David Uclés, es músico, dibujante, cantautor y habla cuatro idiomas. Como dice mi amigo y poeta Antonio G. Soler, "hay gente que nace sabiendo". Así que me puse a leer el libro que además me lo regaló Mariplatónica y del que yo no sabía nada.


Me sorprende encontrar una historia de la guerra civil española contada desde el realismo mágico. Estilo que parece haber asumido como suyo por David Uclés a tenor de su novela “La ciudad sin luces”( último premio Nadal).


En el universo ficcional de “La península de las casas vacías” asistimos a la guerra civil española con la familia de los Odisto Ardolento en Jándula, pueblo trasunto de la ciudad de Quesada (Jaén) durante el inicio y posterior guerra fratricida, con dos hermanos, José y Pablo, enfrentados en bandos opuestos.


Odisto y su mujer María tienen ocho hijos y nadie quedará cuando termine la guerra. No desvelo nada pues lo dice el propio Uclés en la primera página. La idea que inicia la novela, por tanto, es la frase típica que se decía en los pueblos cuando en los hogares ya no hay niños o hijos: “ Cuando ya los hijos no están parece que la casa está vacía”.


La parte histórica ha supuesto para el autor quince años de investigación. Eso dice él. Con una estructura muy trabajada intercala con la ficción capítulos históricos donde aparecen los principales protagonistas de la contienda (militares, políticos, intelectuales y artistas del momento y del futuro también ...) del bando sublevado y del bando legítimo y legal, el republicano.


Relata los crímenes cometidos en ambos lados, las venganzas personales que fueron atroces, aporta datos históricos y otras veces utiliza los augurios de la cuñada de Odisto, Eva, un personaje tipo Casandra que profetiza el futuro), para informar del devenir de la guerra.


David Uclés rompe la línea temporal del relato, y como narrador omnisciente juega a ser Dios con sus personajes. Les habla, los interrumpe, y nos anticipa lo que les va a suceder, juega con nosotros y con los personajes; hasta llegar, por ejemplo, a mantener una conversación de tú a tú con el mismísimo Franco, o con Unamuno, o Robert Capa.


A mí me ha gustado el libro por las razones anteriormente citadas. A ver quien es capaz de escribir un mamotreto de 700 páginas sin aburrir.



Pues mi hermano Pablito va camino de ser uno de ellos. Dice que en cuanto pueda se irá del pueblo y luchará contra los revolucionarios. Tiene un cuaderno en el que escribe todas las peroratas derechistas que oye por la radio como las de los miembros de la Acción Popular. ¿No escuchaste a Gil-Robles decir que hay que ir a por un Estado nuevo, aunque tengamos que derramar sangre? ¡Y que Iberia había de liberarse de los judíos, herejes, masones, liberales y marxistas!


¡La Virgen, le faltarán adjetivos! —se ríen—.No sabía lo de tu hermano. No le pega ser de derechas. ¿A quién ha salido? ¿Tu padre de qué pie cojea?

A mi padre solo le interesa el campo. Vota al partido que le conviene a la huerta.

¡Como si hubiera algún partido que pensara más en la tierra que en el poder!

¿Qué pasa, tú también te vas a cambiar de bando?

No. Yo seré siempre de izquierdas. ¿Cuándo querrá el Dios del cielo que la tortilla se vuelva y los pobres coman pan y los ricos coman mierda?—. Pero no me jodas, José… No es posible que los nuestros sean unos santos y los otros el demonio, ¿no? Vivimos en un pueblo de izquierdas y no nos enteramos de la misa la media. Dice mi padre que el otro día fue a llevar¿no? Dos terneros a un pueblo de Graná y que vio una turba acuchillar a un guardia civil a plena luz del día. Luego le contó en la peña y dijo que nadie se atrevía a admitir que era una mala acción. De hecho Venancio lo amenazó con hacerle otro tanto si hablaba mal de “nuestros camaradas”.

¡Y eso que tu padre no se mete con nadie! ¡Si no sale del establo ni pa cagar!





domingo, 15 de febrero de 2026

A SANGRE Y FUEGO

 



Chaves Nogales escribe estos relatos sobre la guerra civil española cuando se encontraba en el exilio, entre el año 1936 y 1937. Abandona España junto a su familia y se instala en París en el momento en que siente que todo está perdido y sin esperanza para el pueblo español.


Tiempo antes,  los consejos obreros habían tomado la propiedad del periódico donde trabajaba Chaves Nogales. El periodista se convirtió en aquellos años en el“camarada director”poniéndose a las órdenes de los obreros y revolucionarios cuando antes lo estuvo del capitalismo.


Pero Manuel Chaves Nogales se declara como un pequeñoburgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Antifascista y antirrevolucionario, cuya única verdad era su odio insuperable a la estupidez y a la crueldad. Una aversión natural al pecado contra la inteligencia.




Perseguido por los fascistas y muy mal visto por los revolucionarios, anarquistas y comunistas, y sin encajar en ninguno de los bandos enfrentados, sus ideas constituyen lo que ahora ha venido a llamarse la TERCERA ESPAÑA.


Son once relatos crueles donde se muestra la sinrazón de una guerra fratricida. Relatos sacados de la realidad, de lo que había visto y presenciado o de lo que le habían contado y oído. Sin rodeos, con una prosa rápida y ágil, trata de dar una perspectiva crítica y honesta desde el punto de vista de la ilustración.


A veces (solo a veces), encontramos algún rasgo de humanidad entre los personajes. Aquellos que cuentan con una serie de valores por encima de su ideología, ya sean fascistas o revolucionarios. Es el caso de Rafaelito, el hijo del marqués en el relato “La gesta de los caballistas”, que pudo matar como un conejo a un fugitivo republicano y que dejó escapar sin saber por qué.



De todos los relatos destaco "Consejo obrero” por ser, en mi opinión, el más político y crítico. Daniel, el protagonista, es expulsado de la fábrica donde trabajaba por no haber hecho méritos revolucionarios y por ello corre el riesgo de que las milicias lo maten. Para protegerse intenta afiliarse al sindicato anarquista CNT. La libertad individual, el derecho a la vida y al trabajo, frente al sectarismo de cualquier signo político, proletario o capitalista.


Un clásico de la literatura sobre la guerra civil española y que seguro habrá leído el ahora tan famoso David Uclés.



Demócrata antes de cualquier otra consideración política; enemigo de los extremismos de izquierdas y derechas; partidario del diálogo que había sido pisoteado por ambos bandos contendientes; herido en su alma por la contemplación

de la masacre causada por la guerra, Manuel Chaves Nogales defiende una postura que muy pocos se atrevían a defender en el momento: encuentra que, por encima de todos los problemas que acosaban a la sociedad, dos fuerzas se habían enfrentado en el suelo español para imponer sus criterios, ambas extrañas al país y ambas, seno de acogida de todo tipo de seres deplorables, que se amparaban en los miles de combatientes, de uno y otro lado.


(De la introducción de Maria Isabel Cintas)





viernes, 30 de enero de 2026

AUNQUE PAREZCA MI AUTOBIOGRAFIA TAL VEZ SEA LA TUYA


 



A Patricio Peñalver lo vi por primera vez en la cafetería “El Sur” en la época en que yo empecé a estudiar Empresariales en la universidad de Murcia. Ya me iba del local, cuando al pasar junto a la barra, un perro pastor alemán que dormitaba tranquilamente en el suelo, se levantó a mi paso y me atacó.


En un acto reflejo agarré al escritor, que en ese momento hablaba en la barra con unos amigos, y me escondí detrás de él. Estaba algo abochornada porque había sido brusca al colocar a aquel hombre delante de mi para que le mordiera a él y no a mí.


Bueno, pues no se molestó lo más mínimo; al contrario, con mucha calma, Patricio Peñalver, me preguntó si tenía gatos, que probablemente el perro había olido a algo de eso.


Y aunque no lo conozco personalmente y nunca he hablado con él, sí que lo he visto en tertulias, presentaciones de libros, o en el cante de las minas... The quiet man con barba revolucionaria en algún bar bebiendo agua de Espinardo y escribiendo en servilletas.




Hay otro Patricio Peñalver en Murcia que es profesor de filosofía en la la universidad. Y aunque el periodista es más alto y el filósofo más bajo, ambos tienen un aspecto parecido. Así que le he mandado un mensaje a mi amiga Mariplatónica que conoce a los dos preguntándole si guardan algún parentesco. Recibo un mensaje de voz de ella que me dice lo siguiente:


No, no tienen nada que ver. Son parecidos y son así los dos: intelectuales, legendarios, de Murcia, pero no son familia.


El libro que reseño es una autobiografía escrita en tercera persona , por aquello de la omnisciencia y también, según el autor, para distanciarse de aquellos recuerdos, que por otra parte, le son recurrentes. Siempre que se dispone a escribir reaparecen los mismos episodios y no otros.


Es una biografía generacional que puede ser la tuya, la mía y la de aquél, y aunque la vida de cualquier persona tiene su propia y particular novela, hay puntos comunes, experiencias iguales entre individuos de la misma generación que conforman la misma experiencia vital.


Yo, por ejemplo, que soy algo más joven que el autor me sorprendo y me veo igual en mucha de las cosas que cuenta. La primera televisión que llegó al barrio que tenían unos vecinos y que los niños nos colábamos en su casa para verla, la torpeza para subir las escaleras del Corte Inglés, los pimientos despezonados en las lomas del secadero y su olor, el tío de la luz cuando llegaba para cobrar o el tío Saín que se comía a los niños.


.—Debe ser que somos de la misma clase social, es decir, que no somos señoritos de clase alta y por eso hemos estado influidos con las mismas propagandas e historias—dice mi maridito desde su sofá

A menudo me he preguntado cómo se fabrican las cosas más insólitas como las gomillas que sirven para sujetar el dinero o la lotería. Hay un programa de TV sobre esto que yo veo. El caso es que he tenido que leer la autobiografía de un escritor para enterarme. Es muy curioso porque, Patricio Peñalver, que ha tenido multitud de oficios y que también ha trabajado haciendo gomillas (vaya casualidad) nos lo cuenta. Y dice que para entender las teorías de la alienación del hombre y su explotación en la sociedad industrial sólo había que seguir el proceso de fabricación de aquellas gomas, y ver que el hombre es sólo un apéndice de la máquina.


Es un guiño de Patricio Peñalver a la fabricación del alfiler que escribió Adam Smith en su “La Riqueza de las naciones”—me dice de nuevo mi maridito.



El texto de Peñalver está repleto de referencias literarias, obras, autores, y una banda sonora con canciones y textos. Al autor le gusta el flamenco, el cine, viajar en coche, escribir en las servilletas de los bares, el agua de Espinardo (cerveza), pasar tiempo en la estación del tren, leer el Quijote. Se declara cervantino. (Genial)


Peñalver se pregunta por qué escribe. Sobre esto, Alfredo Bryce Echenique decía que “escribo para que me quieran” . Sin embargo, el francés Michel Houellebecq me dijo una vez a mí que “eso no funcionaba”. Otra reflexión del autor es sobre la inspiración ante la página en blanco. A Juan Rulfo le preguntaron ¿por qué llevaba tantos años sin escribir nada? y contestó que se le murió el tío Celerino, que era el que le contaba las historias. Sin embargo, mi amigo García Soler (poeta) me contó que Rulfo había contestado otra cosa: “Parece que ya me van entrando ganas”.


Una autobiografía que conviene leer por reflejar una época que condicionó a toda una generación y que hay que reconocer que Patricio Peñalver tenía razón al escribirla, y que podría la tuya o la mía.




¿Qué era la vida? Gabriel García Márquez ya había escrito que “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”





martes, 2 de diciembre de 2025

EL VERANO DE CERVANTES

 



Lector carísimo, desocupado lector, lector suave, yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles”


El verano es la estación del año preferible para leer “Don Quijote de la Mancha”, afirma el escritor Antonio Muñoz Molina, siendo éste el libro que más ha leído en su vida, el que siempre lo ha acompañado y que más veces ha comprado y regalado.


Es además, el verano, el tiempo interno de la novela. Solo en pleno verano se puede dormir al raso tras la siega y la trilla, o celebrarse las bodas de Camacho con su espectacular banquete al aire libre.


En las más de mil páginas de Don Quijote siempre es verano y llueve una sola vez.”


Cuenta el escritor de Mágina que en su adolescencia y juventud, leía el Quijote por la mañana al fresco de un corral encalado o por la tarde, en el granero, mientras los mayores dormían la siesta. Tiempo después, ya de universitario, el libro le ayudó a mitigar los presagios de aquél incierto verano en que cambió de carrera universitaria pendiente de recibir o no la beca sin tener claro su futuro ( profesional).


De nuevo la lectura del Quijote, sus anotaciones y puntos de vista de la obra (también el cultivo de un huerto en un pueblo) le ayudan, esta vez, a superar ahora la depresión. Antonio Muñoz Molina sufre en estos momentos de depresión que con la ayuda de su mujer y amigos está superando.


Y aunque Muñoz Molina está enfermo mientras escribe, guarda, sin embargo, esas pinceladas de humor tan cervantinas en el libro que nos ocupa.


Llama al Quijote un artista perfomance: un hombre con cara de loco con una cacerola sobre la cabeza, una especie de lanza, tridente o lo que fuere en la mano, y una armadura vieja y oxidada atada con cintas para que no se le caiga.


Hace tiempo, cuando yo era profesora de alumnos con problemas de integración social, alumnos casi fuera del sistema educativo, (no querían estudiar, por supuesto) una alumna hizo un examen sobre el Quijote para un titulillo que le daban. Dijo de Don Quijote era “un hombre seco, muy seco... que llevaba en la mano un pincho”. Tiempo después volví a ver a esa alumna y se lo recordé. Le hizo mucha gracia y me contó un poco su vida. Había vuelto a estudiar y era enfermera. El Quijote salva, mejora, ayuda más que todos los libros de autoayuda juntos.


Arturo Pérez Martínez


Tiene Antonio Muñoz Molina una visión reveladora de la obra. Ofrece, en muchos capítulos, una perspectiva nueva en la que descubrimos detalles estilísticos del Quijote que antes se nos escaparon.


En el Quijote están retratadas todas las clases sociales y gremios de la época, de lo más alto a lo más bajo, duques, virreyes, canónigos, labradores ricos, jueces, soldados, labradores ricos, molineros, soldados, maleantes, prostitutas, moriscos, galeotes, asesinos, suicidas, cómicos, barberos… cada personaje tiene su plena identidad singular, con su propia voz. Y en cada personaje se sucede la lucidez y el trastorno, la generosidad y la crueldad, la cobardía y el coraje.


Tal y como le ocurre a Don Quijote casi todo el mundo ha tenido alguna vez convicciones que lo han llevado a sostener una idea equivocada e incluso a actuar con insensatez o temeridad en una faceta de la vida mientras que en todas las demás mantiene lo que parece una sólida cordura.


Y como mucha gente, Don Quijote tiene una opinión muy elevada de sí mismo. Su falta de sentido de la realidad no procede de sus excesos literarios sino de su egocentrismo. Hasta llega a pensar que las mujeres se sienten atraídas irresistiblemente por él.


Analiza Muñoz MOlina la influencia que la obra cervantina ejerció sobre escritores como Faulkner, Mann, Twain, Joice y otros muchos. Sthendal descubrió a Don Quijote de niño, a la muerte de su madre. Le hacía morir de risa, dijo, y le ayudó a sobrellevar el luto y la soledad. Freud quiso aprender español para leer el Quijote en el original cervantino. Laurence Sterne escribió en su Tristam Shandy episodios de marcado carácter Cervantino (el párroco montado en un rucio canijo a la manera de Rocinante).


Hay otros, sin embargo, que cargan contra Cervantes. Para Unamuno, por ejemplo, Cervantes no era sino una especie de tonto afortunado que tuvo la suerte de tener la idea del Quijote pero sin merecerlo. O Nabokov, que calificaba la novela como cruel y detestable. ¡Qué sabrá él!


El caso es que El Quijote es una de las más grandes obras de literatura.


Con distintos planos narrativos como en un juego de espejos: el narrador original en árabe de Cide Hamete, el narrador y traductor al castellano que a veces se convierte en otro narrador omnisciente que conecta todas las voces.


Don Quijote de la Mancha es un largo relato de ficción y un tratado crítico y disperso sobre todas las artes de la literatura y todas las formas de contar; y también es un libro cómico que contiene una reflexión profunda sobre la risa y la comedia.

martes, 28 de octubre de 2025

FOSCA



Si algo me llama la atención de este libro es su título. FOSCA se llamaba mi gata y BORIA su hermana. Eran maravillosas. Todos los días las recuerdo; a ellas, y a su descendencia.


Según mi maridito “fosca” es un término catalán y marinero que significa niebla, de naturaleza húmeda (por nubes) mientras que la “calima” es de naturaleza sólida (tierra en suspensión). En ambos casos hay imposibilidad de ver con claridad. La autora las utiliza como sinónimos, sin embargo, son diferentes.

FOSCA


BORIA



La muerte cruel y gratuita de un animal sin móvil alguno sirve como argumento para un thriller ambientado en el campo de Lorca (Murcia). Bueno, móvil hay, pero incomprensible, ininteligible e insuficiente, ni para los amantes de los animales ni para un lector asiduo de novela negra.


Gabi, el menor de una familia rural, ha de investigar quién de sus hermanos ha matado a su perro. Y aunque el crimen lo ha presenciado, lo tiene difícil porque el protagonista sufre una enfermedad rara que le impide reconocer las caras de las personas (según Google, prosopagnosia del desarrollo). Así que para reconocer a su familia, ha de hacerlo a través de otras señales: la ropa, la voz, o el lugar en que se sientan en la mesa a comer.


Al cabo de la lectura y según nos guste o no el libro, nos puede salir la parte más tierna y empática o la más sensiblera, que no lo tengo claro.



Inma Pelegrin es una reputada y premiada poeta murciana, siendo ésta su primera obra narrativa. No es prosa poética. No hay lirismo. Hay una prosa concisa, polvorienta y seca, agreste, bien escrita, que mantiene la tensión narrativa, a ver como se las apaña el pequeño protagonista para identificar al asesino teniendo ceguera facial.


Una novela negra, rural, y costumbrista del campico de lorca, que utiliza el palabrero murciano. Llampos, bajocas, creciente, cedazo, fosca, calima, alcancil, almazara, janglón, chispear, son algunas de las palabras que utiliza la autora.


Le ha faltado el término BORIA, y el “arroz con pava”, tan lorquino este plato, aunque no sea de mi platos preferidos, por aquello de que sea pava y no pavo.



Un libro murciano y sin embargo universal porque habla de la naturaleza humana. La banalidad de las acciones cuando falta un espíritu crítico,la imagen de la brutalidad y de que el dolor de los demás te importe un pijo. No hay dilemas morales ni reflexiones sino una fotografía estática de un ambiente rural, cruel, de personajes parcos en palabras.


No sé si te hubiera dado miedo el mar, de tan grande que es. La balsa no te daba ningún miedo. En la balsa sí que nadabas. Cuando yo me tiraba al agua, al momento estabas tú chapoteando a mi lado. En la balsa sí te gustaba nadar, pero, claro, la playa es otra cosa. Nunca voy a saberlo. Ya nunca vamos a saber si hubieras nadado conmigo en el mar.



 

sábado, 11 de octubre de 2025

LO QUE LEE UN EDITOR

 


Javier Castro Flórez es el editor de “Newcastle Ediciones”, especializada en libros de no ficción: viajes, memorias, ensayos... Son libros con un formato pequeño y manejable, de poco peso y precios muy asequibles y de un color que parece de cartón.


El libro “Lo que lee un editorconsta de veintisiete capítulos de corta extensión (636 palabras) dedicados cada uno a un autor u obra diferente: Manuel Barrios, Azorín, Carrère, Trapiello, Eça de Queirós, Plinio el joven,... y otros más. No hay criterio de selección salvo lo que lee el editor.


Mientras escribo oigo a mi maridito desde su sofá decir: “grandes obras en pocas páginas hay muchas”, y me habla de las tesis de Lutero (no llega a un folio—dice—,una página o dos), que si el poema de Parménides o la declaración de independencia de Estados Unidos, etc. No sé que tendrá que ver los americanos en todo esto, ¿es interesante como gran obra en la historia?.. pero él (mi marido) se ríe (así como muy superior) y dice: “hombre...je je, pues claro, sólo hay que ver en la etapa histórica en la que estamos...”.


En fin, todo esto para decirme que las grandes obras pueden tener pocas páginas y no tener nada que envidiar, por ejemplo, a “ A la busca del tiempo perdido”.


La reseñas que el autor hace dicen poco de la obra en sí misma, y sin embargo, dicen mucho de ella y mucho más que otras reseñas, porque despliega una mirada singular del libro reseñado, una crónica cargada de afecto y de historia personal, lo que significa una idea esencial.


Y en cada título se desarrolla una serie de voces, autores, ocurrencias, que hacen de cada capítulo algo único y original.


Así por ejemplo, para hablar de Carrère cuenta como a la escritora Sabina Urraca se le ocurre encender una hoguera con la obra “El reino” o se remonta al día en que un grupo de escritores y editores comieron un arroz caldero en cabo Palos y luego se lo pasaron muy bien de parranda.


Aparecen muchos autores y sus obras, y da igual de quien se trate porque el autor y editor todo lo relaciona, y muy bien. ¡o lo intenta relacionar! Incluso de alguno de esos libros que desconocía he tomado nota para comprarlos, lo cual es de agradecer.


El autor te prepara en cada capítulo y da la sensación de que utiliza los libros de los otros para sus fines, y contar sus historias, por ejemplo aprovecha el libro de Gismondi para hablar de una excursión a las Fuentes del Marqués en Caravaca, o el dinero que salió volando cuando intentó pagar en una gasolinera de Santomera que relaciona muy hábilmente con los vendavales de la vida y con "Rialto, 11. Naufragio y pecios de una librería" de Belén Rubiano. La excusa del libro.


Y no es que Javier Castro vampirice los libros como dice el prologista, es que actúa como el parásito de la toxoplasmosis que inocula al ratón y lo manipula y le hace ser más confiado para que lo atrape el gato y así reproducirse en el felino. De la misma manera Javier Castro Flórez se reproduce en los libros de los otros. ¡Qué cosas! Debe ser un método que le enseñó su gata Misha.



Un librito recomendable y maravilloso sobre el amor a los libros.


Cuando era más joven subrayaba todas aquellas cosas que me parecían bonitas para poder volver algún día a releerlas pero lo dejé porque me di cuenta de que lo bonito de las cosas bonitas es que no están subrayadas ni son fáciles de encontrar, que cuando aparecen lo hacen inesperadamente o tras una búsqueda fatigosa.


lunes, 28 de julio de 2025

INDIRA

 





Indira” es la tercera novela de una trilogía del escritor Santiago Díaz, guionista de cine y televisión y de la que yo he leído éste último libro. Y así va a seguir siendo, creo yo; que por ahora no tengo intención de leerme los anteriores.


Thriller piscinero y playero con sus consecuencias y atributos, esto es, libro insustancial, para no calentarse la cabeza mientras se sobrelleva la canícula del sureste español y quizás se afronte una nueva DANA.


He de reconocer que los capítulos (que son muy cortos) resultan adictivos, trepidantes, y a priori con unos personajes de gran fuerza y carácter.


Pero te crea unas expectativas que al final el autor no cumple: toda la historia queda muy superficial. Y uno termina de leer el libro con la sensación de que te han engañado. O lo que es peor, que has perdido el tiempo...porque, vamos a ver, ¿desde cuando se puede confiar en la palabra de un criminal asesino, medio psicópata y sin escrúpulos? Y no olvidemos, que éste no deja de ser un libro de un determinado género literario por mucho que el autor quiera innovar.


A la inspectora Indira Ramos y a su equipo le surge un nuevo caso cuando al remover la tierra de un solar aparecen cinco cadáveres. A su grupo se ha incorporado Jotadé, un policía gitano de métodos poco ortodoxos. El grupo cuenta además con dos agentes de policías. Por otro lado, la inspectora sufre un trastorno obsesivo compulsivo por la higiene y el orden, lo que limita sus relaciones personales con amigos y familia.



Resulta paradójico que al final del libro el propio autor pida a los lectores que no desvelemos el final, cuando es él precisamente quien cuenta el desenlace nada más empezar en la primera página. Y supongo que este final que supone un giro argumental está encaminado a seguir buscando la justicia en posteriores sagas. No sé. Pero nosotros los lectores caniculares queremos inmediatez piscinera, no estamos por la labor de esperar.


Yo no digo que sea mala jefa, pero es rara de cojones.

Jotadé unta una gruesa capa de mantequilla en la tostada, que después cubre con varias tarrinas de mermeladas de diferentes sabores. Lucía mira hipnotizada la bomba calórica que se come su compañero.

Lo mejor es ignorar sus manías—responde sin apartar la mirada de la tostada—. Oye, ¿tú sabes la cantidad de colesterol que tiene eso?

Eso es cosa de payos...¿Y del tal Óscar Jimeno qué me cuentas?




jueves, 24 de julio de 2025

JUAN BELMONTE, MATADOR DE TOROS






Al caballo Pabilo y a su compañero, asesinados en Panamá


Tengo que decir que a pesar de haber leído y reseñado una obra sobre un torero, yo no soy aficionada a la fiesta nacional (o drama nacional, como diría Machado), al contrario, si por mí fuera ya estarían abolidas las corridas de toros. Ni siquiera el autor de esta biografía lo era. Al escritor sevillano, Chaves Nogales, no le gustaban tampoco los toros y, por supuesto, no acudía a las plazas de toros; sin embargo escribió esta historia “al dictado” de su amigo torero Juan Belmonte.


Pero lo que a Chaves Nogales le interesó del matador de toros fue más bien su carácter intelectual y aventurero, quizás porque él también era un aventurero y un intelectual. Belmonte fue un hombre pobre sin estudios pero con una inteligencia natural extraordinaria.


Así que me acerco a esta obra, más que por otra cosa, por la narrativa de Chaves Nogales que hace del relato un magnífico reflejo literario de la época y del espíritu humano.


Personajes singulares, sevillanos del costumbrismo andaluz, el mundo latinoamericano, el encanto de los mexicanos y a la vez la exaltación de sus malas pasiones populares capaces de morir o matar por no importa qué causas, aquellos personajillos de la picaresca española como el hombre español con cara de tonto y aspecto de infeliz del que todos se mofaban y que resultó ser un estafador inteligente y a gran escala, en fin, toda una fauna de servidumbre y clientela que pululan alrededor del toreo y del torero.


La figura de Belmonte es excepcional porque representa el toreo moderno. Hasta entonces había terreno vedado para el matador porque se arriesgaba a sufrir una cornada del toro. Pero Belmonte sentó las bases actuales de la tauromaquia.


El diestro entraba en el terreno del toro sin ser cogido , es decir, corneado, y lo que en principio podría parecer suicida luego no lo era tanto (esta característica la ha llevado a su culmen el torero actual José Tomás). Según Belmonte, el único ser racional en el albero es el torero, mientras que el toro tiene el espacio que el matador le permite.


Juan Belmonte perteneció junto a Joselito a la Edad de Oro del toreo, en una época en que la faena del matador no moría en la plaza sino que proseguía más allá discutiéndose en la calle, con los aficionados analizando la corrida. No se hablaba de otra cosa pues los toreros eran ídolos de multitudes y el toreo era una continuación de la vida de los españoles.


Joselito significaba la técnica, la razón, el dominio, EL poder a todos los toros, EL dominar todas las suertes. Belmonte significaba la pasión, el arte, la estética, EL romper las reglas. Es como si dices el arte clásico y la revolución de vanguardias”.


Además Belmonte era el torero de los intelectuales. Se relacionaba con Pérez de Ayala, Romero de Torres y otros muchos escritores y artistas de fama. De él dijo Ramón de Valle Inclán: ¡Juanito, no te falta más que morir en la plaza!, a lo que el torero le respondió: “Se hará lo que se pueda, don Ramón”. Viajaba con un baúl repleto de libros, él, que era hijo de un quincallero y que en su infancia apenas aprendió a leer.


Chaves Nogales no es ajeno a la crueldad del toreo. En la narración se cuelan episodios espeluznantes. Pobres caballos despanzurrados con sangre por todas partes. O la historia del caballo que compró Belmonte y que siempre llegaba a la grupa tantas personas que el pobre animal no pudo más y se suicidó estampándose contra un muro. Destaca el caso de una corrida en Panamá que organizó Belmonte y su cuadrilla. Necesitando caballos para los picadores cogieron dos jacos que se dedicaban a repartir leche y que en realidad eran ajenos a las lides del toreo. Aseguraronle en todo momento a su dueño que sus animales no corrían peligro. Pero no fue así y los dos caballos terminaron destrozados. Uno de ellos que se llamaba Pabilo, al sentirse herido el pobre animal salió corriendo de la plaza con las tripas colgando. Todos tenemos una vida, una sola, también los pobres animalicos y nadie tiene derecho a quitárnosla para el disfrute exclusivo de ninguna persona. No hizo daño a nadie Pabilo, que era un animal tranquilo y feliz, y que junto a su compañero se dedicaba a trabajar.


Aquel toro parecía de goma. Le pinché en todas partes, y, si bien es verdad que llegó un momento en que murió, más creo que lo hizo harto de mí y de mi torpeza que por la virtud mortífera de mi acero.


La tesis de Belmonte sobre el toreo es que es, ante todo, un ejercicio de orden espiritual. La fuerza física es importante pero aún más lo es la fuerza mental. Lidiar contra el toro y contra los aficionados. Afrontar que, en ocasiones, la gente iba a ver las corridas con un papel y un lápiz para ajustar las cuentas al torero que no moría en la plaza. Y luego, resistir frente a los espectadores de toros que van de severos críticos y presumen de entendidos. Mientras la multitud aplaude o se divierte, el falso entendido acredita su tecnicismo tauromáquico manifestando ostensiblemente su disconformidad y es inútil todo cuanto el torero haga. Esto último es aplicable a casi todas las artes y disciplinas donde interviene el público.


Alguien dijo de “El pasmo de Triana” que parecía más un humorista inglés que un torero. Desde luego, lo que sí fue, es una figura dentro y fuera de la plaza.


Por último, hay una teoría antropológica e histórica-política sobre el toreo que voy a tratar de exponer aquí. Según esta teoría el toreo es la consecuencia de la Revolución Francesa en la España imperial y aristocrática. El rejoneo hecho por nobles y que se hace a caballo es objeto de revolución y es a partir de la revolución francesa cuando el torero (caballero) baja del caballo y va a pie y se enfrenta con arte al toro, y el toro mismo adquiere nobleza. El toreo en España representa, por tanto, la revolución francesa que no pudo darse en la política, en el estado y quedó limitada a la fiesta nacional. 


Uno cree que es desgraciado porque tiene que pelear sin descanso en su arte o su oficio y espera cándidamente que el día que tenga dinero será feliz descansando mano sobre mano; pero la verdad es que hay muy pocos hombres capaces de resignarse a ese bienestar burgués, que consiste en ver girar el sol sobre nuestras cabezas, bien comidos y bien descansados.


Se torea y se entusiasma a los públicos del mismo modo que se ama y se enamora, por virtud de una secreta fuente de energía espiritual que, a mi entender tiene allá, en lo hondo del ser, el mismo origen.


Hace poco quise impugnar unas tarifas de contribuciones que me habían impuesto arbitrariamente. Me quedé estupefacto cuando oí al recaudador que me decía como todo el mundo:

Pero hombre, a usted, ¿qué más le da? ¡Si con torear un par de corridas más tiene todos los problemas resueltos!

Y por esto sí que no paso. Me niego a que el Estado y el Municipio y la Diputación tengan ese concepto de mi dinero. Pase que haya que torear para ayudar a unos infelices que, a fin de cuentas, forman el pedestal del torero. ¡Pero me niego a dar una sola verónica en beneficio del Estado!