LA CONJURA

martes, 24 de noviembre de 2020

Como maté a mi padre

 




Sara Jaramillo es colombiana, de Medellín. Ésta es su primera novela. En ella relata el proceso de duelo que sufrió cuando unos sicarios asesinaron a su padre siendo ella una niña.

A partir de este hecho trágico, la familia de Sara se desestructura, cada uno acepta la muerte del padre a su manera según su personalidad y su carácter y aunque el duelo es individual y cada uno lo asume como puede, todos ellos tienen que aprender a vivir con el fantasma del padre asesinado por aquellos sicarios que un día lo tirotearon en su coche y que casi siempre quedan impunes.

Algunos lo lograrán, como la autora, que tras muchos años consigue “matar” la ausencia del padre y transformar el vacío que dejó en su memoria en un relato que es su primer libro. Otros no.

La novela es un proceso de aprendizaje, un intento de olvido y superación. De evolución. Una bildungsroman.  Es intimista, un poco mágica, recuerda la mansión con la vegetación desbordada, invadiendo las habitaciones, los árboles exóticos, o la piel de conejo que su padre metía en una madriguera para que ella tocara la suave piel y creyera que tocaba un conejo de verdad y que años después descubrió entre las cosas personales de su padre. Una serie de relatos, que ganan al final. 

Un final reconciliador. Con otro suceso que ella desconocía y que dejo a la lectura personal de cada uno.


Cuando pienso en ese árbol de frutas con formas extrañas, me pregunto si sus cenizas sabrán que ya son libres, me pregunto si desplomarse fue su forma de encontrar la libertad. Y aunque no tenga respuestas y sienta a ratos un sabor amargo en la boca, siempre quedarán las manos callosas de mi madre para seguir haciendo jaleas y bocadillos, como cuando éramos niños y crecíamos felices a la sombra de ese árbol gigante de guayabas, que una vez vivió en el patio de la casa y se desplomó antes de tiempo para enseñarnos que ni las raíces más profundas ni la madera más gruesa permanece firme para siempre.


Me di cuenta de que esa espiral de deseos que nos hace humanos es la que nos hace tan desdichados. No disfrutamos el presente por andar pensando que lo mejor está en otra parte, siempre en otra parte. Nunca con uno, siempre en otra parte.

A veces solo nos mirábamos sin decirnos nada, nos mirábamos con insistencia porque sabíamos que un año pasa pronto y que esas miradas tendrían que alcanzar para recordarnos por el resto de nuestras vidas.


martes, 27 de octubre de 2020

AMOR INTEMPESTIVO

 DE RAFEL REIG



Amor intempestivo” es una novela de autoficción, es decir, una autobiografía que tiene mucho de fantástica. El autor comienza su recorrido por su etapa universitaria, cuando era estudiante de literatura. Como todos los jóvenes, (y como el poema de Gil de Biedma también) tenía ínfulas de genialidad y la seguridad de que escribiría una obra maestra, sólo era cuestión de ponerse manos a la obra, pues un escritor no solo es teórico sino práctico, es decir, es un ingeniero que además de diseñar la novela la escribe, en este caso, a máquina.

Recuerda la amistad con aquellos compañeros recién salidos de la universidad, lo que querían ser y lo que llegaron a ser en la vida, las juergas, el whisky, las mujeres, su etapa en Estados Unidos, sus primeros escritos y sus primeras novelas y la lucha y esfuerzo para que fuesen publicadas.

La parte más entrañable es la que dedica a su familia, siempre pendientes de lo que escribía, y en especial la relación que describe con su madre y su padre. El título de la obra va dedicado a ellos, hace referencia a la época en que los dos estaban hospitalizados en distintas plantas del mismo hospital y quedaban en un sitio intermedio. Amor intempestivo le llamo el autor. Las situaciones límites ponen a funcionar la mente de un escritor y al amor también.



Al final del libro pesa sobre todo el convencimiento del autor, que no del lector, de que nunca hará una Obra Maestra.

Y es que los escritores se dividen en I) los que escriben obras maestras y lo saben. II) Los que escriben obras maestras y no son conscientes de ello. III) Los que nunca escriben ninguna maestra, lo sepan o no.


Lo que sí he logrado comprender es por qué no he podido escribir una obra maestra. No era una cuestión de una glándula, se trataba de un alma. Ahora sé que ya nunca escribiré esa O.M. que ya nadie espera de mí, ni siquiera en mi casa. Y aunque no sin melancolía puedo confesar que casi me alegro.”


Reig se pierde demasiado en sus conquistas y vaivenes amorosos, en relatar los saraos donde bebe alcohol, sus jaranas, y esa manía suya y de otros muchos de “follar” cuando en su generación (que es la generación de los nacidos en los sesenta) se decía “echar un polvo” y no follar. Porque follar era tirarse un pedo sin ruido y maloliente pero no realizar el acto sexual. De hecho, así también lo dice la RAE.

El libro se lee rápido, es entrañable, bien escrito; pero claro, como intuye o sabe el propio Reig, la novela no es una obra maestra. Pero Rafael Reig tiene los mimbres necesarios para escribir una gran obra. Una y las que hagan falta. Que escriba lo que le apetezca realmente con la pasión que lo caracteriza y se deje de modas. Entonces llegará la OM. Las musas visitan al escritor cuando menos lo espera y no es para follar.





lunes, 12 de octubre de 2020

EL DIABLO A TODAS HORAS




 

Primera novela de Donald Ray Pollock, que como en “El banquete celestial” (de la que ya hablé aquí) nos presenta, aunque de forma más tosca, su característico universo Pollock: personajes lumpen proletariado o sencillamente lumpen, la mayoría violentos y malvados, otros resignados y malditos, y unos secundarios igualmente o más execrables, todos ellos lanzados en una carrera autodestructiva. “En esta ciudad hay muchos hijos de puta, por lo menos cien le dijo el padre a Arvin después de llevar a cabo su venganza sobre dos de ellos.


Relatos sobrecogedores en un ambiente sórdido. La verdad es que se echa en falta algún personaje entrañable pero el universo Pollock no los tiene o, quizás podemos decir, que Arvin, quiere ser entrañable a la manera en que lo es la sociedad anormal en la que vive.


El guitarrista paralítico y el predicador echándose arañas por la cara como prueba del amor de Dios, el fotógrafo psicópata y asesino y su mujer a la que prostituye, el sheriff corrupto, el predicador pederasta y el putero...y un largo etcétera donde sólo encontramos miseria moral por todas partes, sin duda procedentes de una ignorancia unida a una educación con muchas carencias y entre ellas el otorgar el mismo valor racional a todo tipo de supersticiones y religiones.


Muy pocos personajes se salvan de la crudeza de estereotipos que dibuja el autor: tan sólo la abuela, el viejo tío y el anciano tendero que atiende a Arvin, el niño protagonista, el día que se queda huérfano. Y ello porque están marginados en lo suyo, su trabajo natural de la tierra, una constante en la obra de Pollock: sólo el trabajador del campo mantiene una bondad natural no contaminada por la corrupta sociedad.


Pollock es Rousseauniano—me dice mi maridito cuando lee mi reseña.

Pues será. No digo yo que no.


VENGANZA DE ARVIN POR EL ACOSO A SU HERMANASTRA

Arvin blandió otra vez la palanca y le rompió dos costillas. A continuación se puso a darle patadas hasta que el chico dejó de intentar levantarse. Por fin sacó una bolsa de papel de la chaqueta y se arrodilló junto a aquel cuerpo que gimoteaba. Agarró a Matson del pelo rizado y tiró de su cabeza hacia arriba. La chica de dentro del autobús ni siquiera se asomó”

FANATISMO RELIGIOSO COMO ESENCIA DE EEUU

La policía los había trincado por vagabundos justo antes de que oscureciera. Ellos habían estado predicando en una esquina. América se estaba poniendo igual de mal que Rusia, les gritó aquella noche un hombre flaco y medio calvo mientras pasaban escoltados por delante de su celda.¿Por qué la policía podía meterlo a uno en la cárcel solo porque no tenía dinero ni dirección? ¿Y si uno no quería tener dinero ni tampoco una puta dirección? ¿Dónde estaba toda la libertad de la que se jactaban siempre? Cada mañana los policías sacaban a aquel descontento de las celdas y lo obligaban a pasarse el día entero llevando una pila de listines telefónicos escaleras arriba y escaleras abajo. Según contaban los demás reclusos, al tipo lo habían detenido por vagabundo veintidós veces solo en lo que iba de año, y ya estaban hartos de alimentar a aquel comunista de mierda. Por lo menos iban a hacerlo sudar para ganarse sus salchichas y sus gachas.”


Muchas salvajadas, como corresponde a un país raro desde que después de abolir la esclavitud se empeñó en ser el sheriff del mundo y el asesino en serie de víctimas colaterales.



jueves, 10 de septiembre de 2020

VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN

 


Una mujer regresa a casa en tren después de dejar a su marido internado en un psiquiátrico. Mientras el tren avanza, un desconocido que dice ser psiquiatra, la aborda, y empieza a contarle su vida. El hombre lleva consigo una carpeta roja con historias clínicas de diversos pacientes, auténticas narraciones literarias, que deja olvidada en el asiento del tren justo delante de la protagonista, Helga Pato, cuando se baja.


Con este argumento el autor escribe una novela corta o cuasinovela, apenas 150 páginas, de corte surrealista, delirante según se mire. Un relato esquizoide, una historia que deriva en otra y la otra en otra y así sucesivamente, como en un juego de muñecas rusas. Cuesta trabajo seguir el hilo, salvo si uno se hace un esquema, vuelve a leer el libro, o es muy listo. Y al final ni siquiera sabes a ciencia cierta quién estaba loco. Mi maridito, por ejemplo, ha empezado a leer por los capítulos finales, dice que así se entiende, que es como se lee este libro pues el mismo narrador hace referencia a que eres lo que comes por lo que al final dejas de ser al descomer o cagar. Está claro.


A mí lo que me queda al final de la lectura y relectura es el argumento a grandes rasgos, aunque, lo importante no es la historia, sino lo que dice y cómo lo dice respecto a la teoría literaria:


Además, la verosimilitud me aburre. ¿Para qué tanto esfuerzo en parecer real si todo el mundo sabe que no es más que un libro?"


 “Que a Helga le aburría leer cada vez más. Que no sólo le aburrían las novelas de sus escritores, de los escritores de su agencia, que le aburrían todas las novelas, decía. Que si había abandonado los estudios literarios había sido porque no creía en ellos, porque de pronto le parecieron una vía muerta, un esfuerzo que no conducía a ninguna parte, una actividad inútil y estéril, un subgénero mediocre y pretencioso de la ficción en prosa.


La novela es un ejercicio de estilo diferente a lo que estamos acostumbrados a leer, contiene crítica literaria, neuropsicología cognoscitiva y afectiva, pensamiento inteligente, reflexiones hilarantes, y también algún que otro reduccionismo.


Definitivamente el psicoanálisis no sirve para estudiar la esquizofrenia. Las causas de la esquizofrenia hay que buscarlas en la anatomía, en la neuropatología, en el sistema neuroendocrino o en el psiconeuroinmunológico. Los desencadenantes de la enfermedad son electrofisiológicos y bioquímicos; sabemos que están implicadas las monoaminas, los aminoácidos y los neuropéptidos. En realidad los seres humanos no somos más que un millón de impulsos eléctricos por segundo y unas cuantas reacciones químicas.”







Antonio Orejudo es filólogo, profesor de literatura en la universidad de Almería, amigo de mi amigo Antonio G. Soler y amigo de José María Ridao, al que convierte en personaje en la novela con el nombre de Jose María Thybaut. El autor, como filólogo que es, nos muestra el estilo, el estilo bien estructurado, la fuerza de las palabras bien puestecitas una detrás de otra.


Además, está demostrado desde los tiempos de la Retórica que si se utilizan las palabras adecuadas en el orden preciso es posible desencadenar en el sistema nervioso esas reacciones bioquímicas que denominamos risa o inquietud, pero también otras más complejas, que reciben los nombres de calidez, proximidad, o esa sensación, la impresión de que los seres humanos tenemos alma, espíritu, personalidad, una dimensión interior a fin de cuentas. Pero no hay dimensión interior que valga. Eso que las personas buscan en el arte al caer la tarde, después de haberse comportado por el día como bestias, y que suelen llamar presencia humana, autenticidad, verdad, heridas del alma, eso no es más que un ORDEN DE LAS PALABRAS”


al fin y al cabo nos pasamos la vida buscando personas que no existen, lugares y estados mentales imaginarios que nos han dicho que son reales, pero que jamás hemos experimentado por nosotros mismos. Fíjese, mucha gente se muda de ciudad y de pareja mil veces y a continuación otras mil, y en ninguno de esos cambios encuentra el ESTADO LITERARIO DE LA FELICIDAD, sino que topa siempre con su propia melancólica”


antes de comprender que el extranjero no es un lugar, sino un estado de ánimo”


pero no estoy loco; los basureros me han implantado micrófonos en los agujeros de la nariz y un chip identificativo en la corteza cerebral”



miércoles, 2 de septiembre de 2020

NADA

 



Cuando Andrea hace las maletas para marcharse de Barcelona y mira hacia arriba, en dirección a la casa que abandona de la calle Aribau donde ha vivido con su familia, dice que no se lleva NADA. Pero no es cierto, se lleva la experiencia vital de una convivencia en un ambiente opresivo y de relaciones truculentas, como muchas de las existencias de los españoles en esos años del franquismo.


Bajé las escaleras, despacio. Sentía una viva emoción. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con que las había subido por primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces.


Nada” es la ópera prima de Carmen Laforet, con la que además ganó la primera edición del premio Nadal, es una novela feminista y existencialista, un relato lineal contado en primera persona con una sensación de desasosiego y una actitud pesimista.


Andrea llega a Barcelona desde el pueblo para estudiar en la universidad. Es huérfana y se aloja en la casa de su abuela, en la que viven también sus tios: Angustias, Juan y Román, una familia de clase media, arruinada y con apenas recursos que han de vender el mobiliario y antigüedades para poder sobrevivir.


Un elenco de personajes desequilibrados pululan por esta familia, Angustias, una tía religiosa, rígida e implacable, Juan, un tío agresivo y fracasado y Román, una persona interesante, violinista, pintor... pero el más mezquino de todos ellos.

La Barcelona de los años cuarenta…


CALLE ARIBAU EN BARCELONA





lunes, 24 de agosto de 2020

MANUAL DE LITERATURA PARA CANÍBALES

 


 Manual de literatura para caníbales es, además de un compendio de dos siglos de literatura española (s. XIX y s. XX), un atípico manual, sobre literatos y sus obras, escrito con una intención desmitificadora e irreverente, que pareciera, en principio, una simple recolección de anécdotas y rumores  pero  que sorprende porque resulta ser una obra con erudición y buenas dosis de  humor, y a veces, con muy mala leche.


Rafael Reig se sirve de un protagonista generacional, una saga familiar inventada, los Belinchón, todos ellos con ínfulas literarias, para hacer un recorrido desde el romanticismo español y demás movimientos literarios  hasta nuestros días. 

Románticos, Realistas, Modernistas, Naturalistas, La Generación del 98 y la del 27, todos como en una cadena trófica, alimentándose los unos de los otros, enfrentados entre sí por  razones generacionales (Idealistas); es decir,  jóvenes contra viejos, en lugar de enfrentarse entre sí por razones Materialistas, como la Lucha de clases.

 

Rafael Reig es capaz, cualidad perdida en la omniabarcadora crónica periodística ínter náutica actual, de narrar con rigurosidad y descaro a la vez.

 

Es maestro en el difícil equilibrio entre el fervor y la insolencia, sin llegar nunca al improperio gratuito. Así tiene gracia cuando habla de Pepe Ortega o de Federico García, como él los llama, o de Camilo José Cela, premio Nobel, del que cuenta sus intrigas para alcanzar el éxito y ser el escritor de referencia en el régimen y también en la posterior restauración monárquica.

 

—Menos mal que la Academia del Nobel supo premiar antes al más grande de los poetas españoles contemporáneos: Vicente Aleixandre,—exclama mi marido,—de lo contrario el Nobel de Literatura sería como el de la Paz— añade.

 

La idea del autor—muy gramsciana en cuanto tiene de lucha para lograr la hegemonía cultural en un país que intentaba salir del erial intelectual en el que se encontraba—es que la Historia de la Literatura (Española Moderna) no es más que un bestiario, un recuento de animales feroces que se devoran unos a otros en luchas antropófagas con el fin de hacerse con el poder cultural y situarse en el centro del canon.

 

Ahora bien, hasta aquí hemos hablado de la primera parte del título, que justifica su contenido, pero ¿por qué los grandes escritores españoles iban a ser “caníbales” unos de otros y no simples plagiadores?

 

La razón es la sinrazón: porque la lucha es a muerte y personal y no sólo literaria. No sólo devoran textos como caníbales (textófagos) unos de otros, sino que  se devoran las vidas y cargos de los que están en lo alto de la fama y el poder para arrebatárselo y adquirir ellos, como caníbales, su espíritu poderoso, el espíritu de los que habían alcanzado la fama y el poder.

 

Es una historia tribal, salvaje y Rafael Reig lo relata en su novela antropológica, como si de un Marvin Harris se tratara.

 

Una pregunta fundamental que se hace el autor en medio de tal salvajismo literario es la que se hiciera Horacio en su Epístola a los Pisones, sobre las tres disyuntivas básicas por las que todo escritor tiene que tomar partido y que son:

 

*   Ars versus ingenium: (EL ARTE CONTRA EL GENIO NATURAL) o bien la literatura es un arte que se aprende como cualquier otro oficio o bien, todo lo contrario, la literatura es fruto del genio innato e individual del artista creador. ¿nace o se hace?

*   Res versus verba: EL FONDO CONTRA LA FORMA

*   Docere versus delectare: ENSEÑAR CONTRA DIVERTIR

 

 

Cualquiera respondería:

 

    Oiga usted, ¿por qué narices tengo que elegir? ¿Es que acaso no pueden ser las dos cosas a la vez?

    Pues mire, don Cualquiera, no. No puede ser—habría que decirle—. Le veo venir. Usted me dirá: el artista es el resultado de un talento natural (su ingenium), al que se añade el estudio y el aprendizaje de un ars. ¿A que sí? ¿A que le veo venir de lejos? ¿A que van por ahí los tiros?

    ¡Nos ha merengao!—dirá don Cualquiera—. Y la forma y el fondo, en realidad, son inseparables…

    Ya, ya…¡que le veo venir! Ahora añadirá usted que la literatura cumple una función social, o sea, su poquito docere; pero que al mismo tiempo persigue un placer estético, su ración de delectare. ¿A que sí?

    Corriente. Es que salta a la vista.

 Pues mire usted, ¡ni hablar! No se puede andar por ahí templando gaitas, don Cualquiera. Usted es socialdemócrata y eso lo explica todo: ni chicha ni limoná.

 

 

 

domingo, 16 de agosto de 2020

La Casa del Alfabeto

 

¿Qué estás leyendo?—le pregunté a mi hermana, economista y gran lectora y sobre todo una gran seguidora de Jussi Adler Olsen. Entonces me contó la siguiente historia:



 

Dos pilotos de la RAF son derribados mientras sobrevuelan Alemania. Consiguen escapar subiendo a un tren que lleva soldados de las SS. enfermos. En uno de los vagones tiran dos cadáveres del tren y ocupan su lugar. Así llegan camuflados a un hospital psiquiátrico para altos mandos alemanes. Para sobrevivir tienen que asumir sus identidades y simular que están enfermos y locos, sin saber si los tratamientos que reciban pondrán más en riesgo su vida...

 

— Ya, no sigas, que siempre cuentas el final.

 

Se trataba de “La casa del alfabeto”, aunque podría titularse “La casa de los locos”, dice mi marido, con su acostumbrada exactitud. Con ese argumento tan original, no tardé en comprarme el libro.

Como si fuera una película de Hitchcock, el autor, Jussi Adler-Olsen escribe una novela trepidante y psicológica ambientada en la II Guerra Mundial. Y aunque los personajes viven en el infierno más absoluto, con el terror siempre presente por si son descubiertos ya sea por los médicos o enfermeros o por otros pacientes, más oscuros y malvados, y que también simulan estar enfermos para librarse de la guerra, a pesar de todo, esta historia es también una historia de aventuras y sobre todo de amistad.

 




   ¡Sígueme!—susurró James.

   ¿Por qué no nos quedamos donde estamos?—prorrumpió Bryan al llegar al pasillo de comunicación. Casi todo el suelo estaba cubierto de vendas usadas que enrarecían el aíre y lo hacían irespirable.

   Pero ¿es que no tienes ojos en la cara, Bryan?

   ¿Qué quieres decir con eso?

   Los oficiales del vagón llevaban todos la insignia de las SS.¡Todos! ¿Qué crees que pasará si, en lugar de los enfermeros, nos descubren unos soldados de las SS?—Le dedicó una sonrisa triste a Bryan y cerró los labios. Su mirada se endureció—. Te prometo que saldremos de aquí, Bryan, ¡siempre y cuando me confíes las decisiones a mí!

 Bryan no dijo nada.

    ¿De acuerdo?—La mirada de James se volvió insistente.

   ¡De acuerdo!—Bryan intentó sonreírle.

 Un cubo lleno de instrumental cromado tintineó a sus pies. Una oscura masa líquida e indefinida se escurría por los bordes.

 Todo parecía indicar que el cometido primordial de aquel transporte era trasladar a aquellos hijos de la gran Alemania a tierras alemanas.

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 15 de agosto de 2020

EXPEDIENTE 64

 

DE: JUSSI ADLER-OLSEN

 

Aunque hoy día Sprogo es solo uno de los puntos de apoyo del puente colgante Gran Belt, el pequeño islote danés, con su pintoresco faro, tiene un pasado sombrío.

 


“Entre 1923 y 1961, la isla de SPROGØ albergó un sanatorio para mujeres; un eufemismo para lo que en realidad era una cárcel a la que se enviaba a mujeres que padecían enfermedades mentales, prostitutas, madres solteras o jóvenes demasiado ligeras de cascos para la moralidad de la época, en un movimiento eugenésico iniciado a principios del siglo XX para evitar que genes indeseados se propagaran en la sociedad. Muchas de estas mujeres fueron encerradas en la isla durante años y sometidas a tortura disfrazadas de terapia y maltratos por parte del personal. En muchos casos, la única forma de poder salir era someterse a una esterilización forzada"


  


"Además, los método usados en Sprogo y en varias otras instituciones parecidas, no solo fueron aplaudidos en Dinamarca, sino que convirtieron al país escandinavo en un ejemplo de salud pública para el resto de Europa. Tras su cierre a principios de los años sesenta, se dejó que el horror de lo sucedido cayera en el olvido. Las víctimas, es decir, las mujeres prisioneras, sus hijos y sus familias, nunca fueron reconocidas ni compensadas de ninguna forma”

 

Mujeres de Sprogo



De nuevo el Departamento Q. En esta ocasión una historia inventada pero basada en los hechos reales que ocurrieron en la isla de Sprogo y que el autor, Jussi Adler-Olsen ha querido incluir porque quedó conmovido, desde su infancia,  por la tremenda injusticia cometida.

 

Esta serie, a la que mi esbelta hermanita CARMEN y yo seguimos con gran devoción, resulta ser de lo mejor en novela negra escandinava de los últimos años. Aunque ésta en concreto, Expediente 64,  me ha gustado algo menos,  aún así merece la pena leer la saga completa.

 

Carl Morck, jefe del departamento Q, y sus ayudantes, el sirio Assad, personaje enigmático del que apenas conocemos su historia pero extremadamente eficaz e intuitivo a la hora de resolver los casos y Rose, la secretaria con trastornos de personalidad, tienen un nuevo caso (que es también un viejo caso).

 

La investigación se centra en cinco desapariciones que se producen en la década de los ochenta y que parecen estar relacionadas entre sí, además las pesquisas parecen llevar hasta Curt Wad, un viejo ginecólogo y político de un partido de extrema derecha, con pretensiones eugenésicas. La extrema derecha es xenófoba y racista, dicho sea para los nuevos lectores que no conocieron el régimen nazi.

 

¡Ah! He visto la película, y hay gran diferencia con el libro, aunque a mi maridito le gustó más. Suele pasar…

 

 

 

 

 

 

martes, 11 de agosto de 2020

EL TIEMPO ENTRE ARMARIOS


Después de una mañana entera ordenando PAPELES he encontrado lo siguiente:

 Unos versos de mi maridito.

Si bien suele escribir poesía, éstos, en concreto, eran especiales para mí. Recuerdo perfectamente cuando los escribió. Estábamos en un restaurante, de estos populares de menús. Parecía triste. Mientras esperábamos al camarero, escribió los siguientes versos en el papel del mantel de nuestra mesa.  

 

Estos versos desaparecerán
al limpiar la mesa
¿Por qué continuarlos?

 

Entonces intervine yo, con lo que creí en ese momento ganarle la partida al tiempo y al olvido.  Recorté el poema y lo guardé.

 —Ya no desaparecerán.

Pero sí que desaparecieron perdidos en algún cajón de casa, mezclado entre otros muchos papeles, y eso que llevé ese poema muchos años guardado en mi monedero.

 

Bar Bernardo

 

Un post-it con un número de teléfono. El de un bar en el campo de Almería que hacía las mejoras migas de la comarca. Por aquella época trabajaba con Mari Platónica. Le dije que se viniera a comer pero ella  tenía que corregir cantidad de exámenes. 

 

—Cuando pase el tiempo—le dije—no recordarás ninguno de esos exámenes, sin embargo, si te vienes, quedará en tu memoria este día de migas.

 —Pues tienes razón—me dijo. Y nos fuimos a comer.

No sé si Mari Platónica recordará el bar. Yo apenas me acuerdo de un local sobrio, algo oscuro, que contaba con lo fundamental: una barra y unas cuantas mesas con manteles de plástico. Pero lo que no he olvidado fue esa conversación que mantuvimos  sentadas en un banco que había a la puerta de la sala de profesores.

Las migas estuvieron muy buenas, para mí deliciosas, la dueña del bar y también cocinera nos ofreció muy amablemente tomate y pimientos secos para acompañarlas.

 

Versos para Fosky

 

Mi gata se llamaba Fosca y su hermana Boria, los dos nombres significan lo mismo: niebla. Mi querida Fosky murió en mis brazos. A las dos las llevo en mi corazón.

Duerme Fosky
en tus brazos
duerme
y al verte llorar
lloraba
 


Un laurel

 

La hoja de un laurel que regalé a Águeda para su parterre. Le pusimos de nombre Chomsky por el lingüista y anarquista.  Guardo un recuerdo de aquél arbusto porque fue el primer regalo que le hice a Águeda cuando se compró su casa. Formaba parte de su jardín junto a otros árboles y varias tortugas moras que se escondían entre sus raíces. Hace poco le pregunté por el laurel y ya no lo tiene; por eso cuando vi la hoja olvidada en un cajón y que una vez, hace ya tiempo cogí del árbol,  la rescaté, como parte del pasado diluido en el tiempo. 


 

Una factura

 

Si mi padre hubiese tenido la oportunidad de estudiar habría hecho Geografía con total seguridad. Le encantaba saber de países, continentes, ciudades, provincias o caminos diversos… Por eso le regalé una bola de mundo que repasaba en sus ratos de ocio. Ya era mayor cuando se la compré.  Estaba jubilado. La señora de la papelería me dijo que era un buen regalo para un niño. Sí de ochenta años le contesté. Todos los días me acuerdo de él.

 


Un mechón de pelo

 

De Fox. Nuestro querido perro. Te echamos de menos. Todavía no hace un año.



 

 

 

        

EL FUEGO INVISIBLE

 



“El Fuego Invisible” es una novela tipo thriller al estilo del Código Da Vinci, una búsqueda del mito del Santo Grial por Iglesias Románicas con frontispicios en clave, textos sagrados, y campos de fuerza que encienden las conciencias.

 

Es la primera vez que leo a este autor, a Javier Sierra. Fue hace dos navidades cuando mi amigo invisible, que era mi sobrina, me regaló el libro y aunque no suele ser mi estilo o tipo de lectura que me suele gustar, al final he terminado por leerlo.

 

Timpano de la Epifanía, iglesia de San Pedro el Viejo, Huesca


El protagonista, David Salas, es un lingüista de Dublín, que está pasando unas breves vacaciones en Madrid, y que, finalmente, se ve envuelto en el asesinato de un alumno de una escuela de literatura.

 

Bueno, no se le puede negar al autor el trabajo de documentación que ha realizado tanto en el campo del arte como en el de la literatura, y sobre todo la originalidad e inteligencia de saber relacionar dicha información para escribir esta trama de intriga esotérica.

 

Ábside de San Clemente de Tahull, 1123
Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC)


Hay datos interesantes que cita el autor, como Ada Lovelace que fue la primera teórica de la informática, o Mark Twain que nació con la venida del cometa Halley y murió justo con el retorno del cometa. O que una tarde tormentosa y para exorcizar sus miedos y aburrimiento el doctor Polidori escribió la primera novela de vampiros, antes incluso del Drácula de Stoker, y Mary Shelley hizo aquella tarde lo mismo, en una especie de duelo de textos, escribiendo Frankenstein.

 

Todo esto me recuerda a lo que me decía mi maridito recordando el Principio de Lucrecio, “de la nada, nada sale o nada puede surgir, o lo que es lo mismo, que la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma” y el escritor es también un transformador de materiales, ya sea al estilo vampiro que ingiere lo esencial de otros relatos para mantener el suyo siempre vivo, o, al modo Frankenstein, componiendo con partes de textos ajenos una nueva novela.

 

No es de extrañar que tras leer la dichosa novela un par de veces más llegara a la conclusión de que los escritores son una especie de oteadores de lo invisible. Su trabajo, cuando es noble, consiste en actuar de intermediarios entre este mundo y los otros.

 La vida de algunos autores confirmaron esas sospechas. Philip K. Dick, por ejemplo, no tuvo complejos en admitir que había hollado esos “otros mundos”. Edgar Allan Poe tampoco. De pronto advertí que mis autores favoritos comulgaban con esa idea. Admitían sin complejos que la dimensión invisible de la que abrevaban, lejos de ser una mera invención, era tan infinita y real como las estrellas del universo.

 

 

Si tomases un microscopio y analizases a fondo cualquiera de las cosas que nos rodean, terminarías viendo que están hechas de…¡nada! Esa nada es algo intangible, misterioso, una energía que se condensa en átomos que, a su vez, dan forma a lo que ven nuestros ojos. La materia está hecha de partículas sin cuerpo unidas por grandes, enormes espacios vacíos. Hay más “nada” que “algo” en eso que llamamos “realidad”. Si hicieras lo mismo contigo, si te analizaras bajo la lente más potente del mundo, verías que tampoco tú eres distinto a ese patrón.

 

 

 

—La clave de una vida feliz, querido David,  es que aprendas a dirigir bien tus sueños. Tu visión. Que descubras qué forma dar a esa “nada” que a la vez es “todo”.—Las palabras del abuelo sonaron muy serias—. La visión es como ese caldero mágico de los antiguos cuentos de este país que se llena por sí mismo y es capaz de colmar tu apetito y tus deseos durante toda la vida. Sólo tienes que encontrarlo y asegurarte de que nadie te lo robe. Cuando lo hagas, ése será el grial personal que te alimentará siempre.

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 10 de agosto de 2020

LA NENA


 

 

“La Nena” es el tercer libro de la escritora y/o escritor de novela negra— se desconoce la autoría, pero se sabe que existe pues no hay novela sin autor— que firma con el pseudónimo de Carmen Mola.

 

Según mi marido es evidente que el autor es un hombre de unos sesenta años y  está casado con una escritora llamada Carmen, pues el pseudónimo es revelador: “ME MOLA CARMEN”.

 

Comienza el libro con el mismo equipo de investigación, un protagonista colectivo, que en las anteriores novelas; aunque ahora se les incorpora una joven policía novata y sobrina del comisario jefe, cuya principal característica es su identidad de género voluble. Sin duda alguna, afirma mi marido, eso significa que alguna sobrina del matrimonio ha leído los borradores de la novela y aporta esa idea.

 

Esta vez, el nuevo protagonista colectivo, trata de esclarecer el paradero de la inspectora  y compañera Francisca Olmo, que desaparece justo cuando tenía que declarar en una vista importantísima en los juzgados.

 

Carmen Mola, en su línea, nos hace un relato descarnado, salvaje, de narración fluida y con detalles y secuencias de gran crudeza, más propios de la España profunda que de los tiempos que corren del covid-19. Cerdos, caníbales, deficientes mentales… siguiendo el viejo adagio contemporáneo de cuanta más sangre, más ventas, más dinero.