Canto desde que me acuerdo que existo, dice Carmen Linares. Buena prueba de ello es una fotografía entrañable en blanco y negro donde podemos ver a una niña con calcetines blancos y falda por encima de las rodillas delante de un micrófono mucho más alto que ella. Es Carmen Linares. A su lado, un hombre corpulento con guitarra que la mira con ternura, es Antonio, su padre, que la había llevado a un certamen juvenil. Detrás, en una mesa, el premio: la famosa muñeca Mariquita Pérez, el sueño de una niña de entonces.
DE NIÑA EN VADOLLANO.
Maria del Carmen Pacheco Rodriguez nació en el año 1951 en Linares, vivió su infancia en la pedanía de VADOLLANO, en una estación de ferrocaril, a 8 km de Linares. Aunque su abuelo paterno fue minero, su padre era ferroviario. Se crió en un ambiente familiar musical, el padre tocaba la guitarra, su tío la bandurria, su hermana y ella cantaban. Uno de los más grandes recuerdos de su infancia es cuando desde niña se juntaban en navidad y cantaban los campanilleros.
Empezó desde niña a presentarse a concursos de cante que además ganaba. Por aquella época en los concursos le daban a los niños chocolate, también ganó junto a su madre en un sorteo radiofónico un tocadiscos que iba en una maletita y que le sirvió de mucha ayuda y le permitió escuchar y aprender los discos flamencos y la copla.
TRASLADO A AVILA. SECRETARIA.
A los doce años trasladan a su padre a Avila, donde su mudó también toda la familia. Estudió bachillerato, y al principio, aunque cantaba y se presentaba a concursos, también se preparó para ser secretaria estudiando mecanografía y taquigrafía, pero su padre le dijo: “Tú verás lo que haces, pero secretarias hay muchas”
Y es que Carmen Linares ha tenido desde siempre el apoyo de toda su familia, empezando por su propio padre, que la acompañaba a los certámenes, y sobre todo a su marido Miguel Espin que conoció en Avila, periodista, flamencólogo, y persona clave en su carrera artística que ha sabido aconsejarla en su trayectoria, la ha guiado muy exitosamente en los tipos de cante, donde cantar, y en especial sobre sus nuevos proyectos que integran su creatividad personal con su afición a la poesía.
INICIOS MADRID.
De Avila se trasladó a Madrid, eran sus INICIOS, donde empezó a actuar en los tablaos madrileños cantando para el baile en el café de Chinitas y Torres Bermejas. Fue una época mágica y dorada del flamenco, allí conoció y trabó amistad con los grandes del flamenco, Camarón, La Perla, Los hermanos Habichuela, y José Mercé, y sobre todo su gran amigo del alma Enrique Morente del que luego fue madrina de uno de sus hijos.
Hay una anécdota de sus inicios y viene de la mano de Juan Habichuela, cuando le dijo: “Niña, tú cantas como las viejas” “vieja, que eres una vieja” porque ella era la niña que le gustaba la seguiriya y la soleá, los cantes hondos. Su primer maestro por entonces fue FOSFORITO, por su conocimiento de dichos cantes y al que ella empezó imitando.
Precisamente su nombre artístico se lo pusieron Fosforito y Juanito Valderrama cuando estaban preparando una gira por Francia y no les pareció demasiado artístico el nombre de Carmen Pacheco, entonces, al enterarse que era de Linares, le pusieron Carmen Linares.
TÉCNICA DE VOZ.
Carmen Linares ha sido reconocida como una de las cantaoras más completas y con mayor conocimiento de estilos flamencos. Por su elegancia y por su exquisita sensibilidad le llaman la dama del cante. Es de destacar la riqueza de sus registros, su madera de modular los tonos bajos la hacen una cantaora especial, ese recogimiento para llevar la escala hacia abajo, y ese contraste cuando modula también hacia lo alto.
Cuida mucho la dicción a la hora de cantar porque le da mucha importancia a que se entienda la letra a la hora de cantar y considera una pena que no se entienda la letra, así el cante no pierde hondura ni expresión sino todo lo contrario.
VESTIDOS. NO BATA DE COLA, NO LUNARES.
Rompe uno de los tópicos a la hora de vestir en el escenario. No es el prototipo de cantaora al uso. No necesita la bata de cola, los lunares, los volantes porque para cantar necesita reflejar lo que es, así que sale a cantar vestida con una falda, unas botas, una chaqueta, que curiosamente después otras cantaoras jóvenes han imitado su forma de vestir.
Hay una anécdota con Paco de lucía cuando ella era joven y fue a visitarlo a su casa. Paco de Lucía salió de su habitación donde estaba estudiando y la acompañó por alegrías, y le dijo: “Pero si tú no pareces cantaora, pareces una estudiante de Filosofía y Letras”. Y es que ella dice que no quiere sentirse disfrazada.
LA ANTOLOGÍA DE LA MUJER EN EL CANTE.
Importante en su carrera fue el disco LA ANTOLOGÍA DE LA MUJER EN EL CANTE donde recoge una selección de cantes creados o popularizados por las grandes cantaoras de todos los tiempos, y en la que hizo un gran trabajo de documentación para rescatar esos cantes. Fue una idea que le dio el periodista Ángel Álvarez Caballero y que luego llevó a cabo con su marido y José Manuel Gamboa. Se trataba de rescatar la aportación de la mujer al cante flamenco.
En principio no se planteó como un trabajo reivindicativo feminista, porque Carmen Linares entiende que en el cante hondo no existe más machismo que en otros sectores de la vida propios de la época. Sin embargo este disco se convirtió en un referente de la mujer en el mundo flamenco.
En este disco le acompañan guitarristas de la talla de Paco Cepero, Manolo Franco, Los Habichuela, Enrique de Melchor, Moraíto, Tomatito, y otros más, todos ellos grandes guitarristas.
OTRAS FORMAS DE EXPRESIÓN. LA POESÍA.
Pero además de su amplio conocimiento de los cantes tradicionales, Carmen Linares da un salto cualitativo buscando otras formas de expresión, por ejemplo en el terreno de la poesía. Ha traducido al flamenco la poesía de Lorca, de Miguel Hernández, Los Machado, Juan Ramón Jiménez, a Borges. Ha ajustado la poesía a los distintos estilos del repertorio flamenco. Porque Carmen Linares dice que flamenco y poesía se dan la mano.
En el disco “Un ramito de locura” incluye la seguiriya IN PACE, sobre un poema que Jose Angel Valente escribió a la muerte de su hijo y que el propio poeta se emocionó cuando la escuchó en su estreno en el Circulo de Bellas Artes. María Kodama, viuda de Borges, se impresionó cuando EN cierta ocasión vino a Sevilla a una presentación y escuchó “la Milonga del forastero”, poema que tiene una métrica que se ajusta perfectamente al cante.
En 2008 crea su propio sello discográfico “Salobre” donde produce discos con total libertad tanto en la forma como en el concepto. Así publica por ejemplo el disco “Raices y alas” con poemas de Juan Ramón Jiménez.
Otro registro diferente, En 1988 interpreta el Amor Brujo de Falla en la Bienal de Flamenco de Sevilla, actuando con orquestas sinfónica, lo que le abre teatros importantes en todo el mundo, en EEUU, La ópera de Sydney.
Han sido más de cuarenta años en el flamenco, en los que ha obtenido grandes premios, la Medalla de Andalucía, Premio Nacional de Música, La medalla de oro de las Bellas artes, y recientemente el premio Princesa de Asturias. Una flamenca culta, que le gusta el cine, ha trabajado con Irene Papas, es lectora de poesía, de narrativa (le gusta Antonio Muñoz Molina), en una ocasión se acostó a las seis de la mañana terminando Plenilunio. Dice Carmen Linares sobre las artes:
Todas las artes tienen influencia para cambiar las cosas. De hecho, con la música se consigue alimentar el alma, que una persona sea más feliz, que se pueda llevar mejor un confinamiento… El arte es la esencia de la vida. Sin él seriamos muy desdichados. El alma necesita alimentarse, tener alegría y capacidad de amar. Todo eso conlleva la música.
Necesito el flamenco para vivir, para respirar, para ser yo misma.