LA CONJURA

domingo, 12 de abril de 2026

LA PACIENTE SILENCIOSA


 


He comprado este libro en el supermercado entre ricos productos de pescadería, frutería y latas de conservas. No es de lo más habitual, lo sé, pero es otra opción en un mundo en el que ya no se lee y las bibliotecas son puntos de venta. No hay que dejarse atrapar por los prejuicios, ni por la primera impresión al ver los libros rodeados de ofertas de jabones, ni por el estilo del lugar, y entrar al mundo consumista del supermercado que es uno de los mayores ecosistemas urbanos que podamos encontrar.


¿Y acaso no hay veteranos rastreadores de obras que alardean de comprar gangas al peso, por un euro entre montones de libros repletos de ácaros?


¿De qué trata el libro? Pues es un thriller, por supuesto. Alicia Berenson, una exitosa pintora, dispara a su marido cinco tiros en la cabeza. Naturalmente con tales heridas el marido muere. Su mujer, Alicia, no vuelve a hablar y es encerrada en un psiquiátrico. Entonces entra en escena un psicoterapeuta obsesionado con el caso e intenta investigar qué sucedió realmente esa noche.


La pincelada culta (y digo pincelada porque Alicia es una gran pintora) es el paralelismo que el autor hace de su historia con la tragedia griega Alcestis de Eurípides. En la obra griega, Admeto es condenado a muerte pero podrá salvarse si alguien se sacrifica por él. Intenta convencer a sus padres para que mueran en su lugar, pero no los convence; y es Alcestis, su mujer, quien se ofrece voluntaria para morir por su marido.


Se lee rápido. Aunque los avezados lectores de thriller intuirán el desenlace y quien es el culpable .




La cosa no acaba ahí, sin embargo. Hay un final más o menos feliz, un deus ex machina. Heracles saca a Alcestis del Hades y la devuelve triunfal a la tierra de los vivos. Ella regresa a la vida y Admeto llora conmovido en el reencuentro con su mujer. Las emociones de Alcestis son más difíciles de interpretar; permanece callada, no habla.



viernes, 3 de abril de 2026

VERA

 



El nuevo Premio Planeta nos cuenta en su novela ”Vera” la historia de una mujer de la clase alta sevillana separada de su marido aristócrata que conoce al empleado de una inmobiliaria, más joven que ella, atractivo, y de origen humilde, por el que se siente muy atraída y con el que inicia una relación amorosa.


Tras las duras críticas al libro, me hubiera gustado que me gustara, pero el libro no tiene nada destacable. Es como una historia escrita por un alumno de bachiller.


Poco más.


Pero mi “amable” y “nada envidioso” editor al que hice referencia en la entrada anterior (La península de las casas vacías), escribe de nuevo en su muro de Facebook sobre el último Premio Planeta de Juan del Val.


Y describe el editor una escena de la novela en la que el amante desvirga analmente a la protagonista utilizando para lubricarla un aceite virgen edición especial de la almazara del marido mientras de fondo suenan los quejíos del Niño de Elche.


Todo falso claro, porque esa escena no existe. El editor relata ese momento de la novela de Juan del Val pero, en realidad, es inventado ¿Se supone que es una ironía o gracieta del editor?  ¿ O no es más bien la mala baba de alguien que hace crítica sin leerse el libro?


Y estoy además segura que de poner un cantaor flamenco, Juan del Val—aficionado al cante jondo—, no hubiese puesto al Niño de Elche sino al gran cantaor gaditano “El Torta”.


"Mira esto”, dice Antonio casi al mismo tiempo que abre el balcón y los porticones cerrados que oscurecían el salón. Los tejados desiguales del barrio, las terrazas con baldosas de color teja, las antenas de televisión, los balcones de hierro colgados de las paredes blancas y, al fondo, la catedral, a la que los que no son de Sevilla identifican como la Giralda. Desde la terraza del ático del Arenal se ve en todo su esplendor, solemne por encima del resto de la ciudad.