LA CONJURA
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miércoles, 19 de agosto de 2026

EL AMO


 


“El amo” es el segundo libro de la serie protagonizada por el subinspector Jotadé, policía gitano en una comisaría de Madrid, un agente descarado e intuitivo, que siempre va a su bola.


En esta ocasión se ocupa de un asesino psicópata que durante años secuestra jóvenes a las que mantiene recluidas en un zulo y a las que termina dejándolas embarazadas y al término de dar a luz las asesina. Una idea no muy original, pero sí denunciadora de la condición criminal de la raza humana.


Esta segunda entrega ha resultado bastante más interesante que la anterior y no por acercarse a una lectura más compleja. Y es que la historia comienza sabiendo el lector quien es el asesino desde el principio; el asesino está muy cerquita de Jotadé, y es ni más ni menos que su propio jefe, el comisario. (No desvelo nada, se sabe desde la primera página, incluso desde el libro anterior y está bien que lo haga pues la naturaleza humana de verdad es la de “ser el jefe de alguna tribu violenta”, como diría mi marido )


Capítulos cortos que se agradecen a Santiago Díaz. Pero hay varias subtramas que, al igual que en el libro anterior, no me han interesado porque se nota construidas para rellenar páginas.


Por lo demás, un tipo de libro que cumple su función veraniega; lectura ligera que de vez en cuando se necesita para relajarse debajo de la sombra de un gran árbol o a la orilla de la playa y desconectar del teléfono móvil.



Cuando llegan los viajeros más madrugadores a la parada del autobús, se asustan al ver a Jotadé dormido en el mismo lugar en el que encontraron muerta a Carla Lombardo unos días atrás, convencidos de que se trata de la segunda víctima del mismo asesino. Un hombre de mediana edad se acerca con cautela y lo toca con el dedo, lo que sobresalta al policía, que saca instintivamente su pistola de la cartuchera.

—¡¿Qué hostias pasa?!

—No pasa nada, perdón—dice el hombre con las manos en alto, acobardado—. Pensábamos que estabas muerto.

—Tus muertos lo están, no te digo el payo.—Se tranquiliza y guarda la pistola, avergonzado—. Solo estaba pensando, así que cada uno a lo suyo.





domingo, 26 de julio de 2026

JOTADÉ


 



De nuevo leyendo a Santiago Díaz y a su universo ficcional de policías en una comisaría madrileña que combaten el crimen organizado.


Jotadé, es policía y es gitano y protagonista de esta novela negra que trata de mafias, traficantes y asesinos al más puro estilo hollywoodense. Es Jotadé tan duro y sarcástico como un Clint Eastwood interpretando a Harry el Sucio. El policía patrulla los barrios madrileños con su viejo Cadillac. Muy chulo él, pero leal a sus compañeros. Su familia vende bragas en el mercadillo y su “ex” vive con el hijo de ambos en un modesto piso, y trabaja en un supermercado por el que apenas le llega para pagar la hipoteca.


Empieza la novela con un ajuste de cuentas cuando dos hombres son lanzados con una soga al cuello y destripados desde un puente de la M-30.


Intervienen , claro está, otros policías: Vero Arganza, oficial de confianza de Jotadé; la agente Lucía Navarro, antigua compañera y amiga de Jotadé, que ahora cumple condena por un asesinato; y otros, como Iván Moreno, el viudo de la fallecida inspectora Indira Ramos, que vive en un pueblecito, Villafranca de los Barros, y que forma parte de una subtrama que no interesa mucho, la verdad.


Sigue siendo novela piscinera para amortiguar las olas de calor. Y¿cómo se lee en las piscinas? Se lee y no se lee.



Jotadé habla por el móvil frente a la casa de sus padres, sin quitar ojo al Jonathan, un gitano de su quinta que revisa su Cadillac con una linterna en la boca y una vieja caja de herramientas a sus pies.

—Yo me encargo, tranquila—dice al teléfono—. Pero tú, por si acaso, procura no dejarte ver. Lo digo en serio, Lucía. No salgas de tu celda hasta que te vaya a visitar yo mañana, ¿vale? Intenta descansar.

Cuelga y va hacia el mecánico.

—¿Ya sabes lo que tiene?

—Más años que el hilo negro. ¿Por qué no lo cambias de una vez, primo?

—Porque no. ¿Lo puedes arreglar o no para que me den la pegatina?

—Una de dos: o sueltas cincuenta euros para que lo lleve a una ITV donde curra un colega mío, o le metes cuatrocientos para cambiar el carburador, que falta le hace.

—Hay una tercera: que me lo cambies tú por doscientos o hablo con unos colegas para que vayan a hacer una inspección a tu taller.



lunes, 28 de julio de 2025

INDIRA

 





“Indira” es la tercera novela de una trilogía del escritor Santiago Díaz, guionista de cine y televisión y de la que yo he leído éste último libro. Y así va a seguir siendo, creo yo; que por ahora no tengo intención de leerme los anteriores.


Thriller piscinero y playero con sus consecuencias y atributos, esto es, libro insustancial, para no calentarse la cabeza mientras se sobrelleva la canícula del sureste español y quizás se afronte una nueva DANA.


He de reconocer que los capítulos (que son muy cortos) resultan adictivos, trepidantes, y a priori con unos personajes de gran fuerza y carácter.


Pero te crea unas expectativas que al final el autor no cumple: toda la historia queda muy superficial. Y uno termina de leer el libro con la sensación de que te han engañado. O lo que es peor, que has perdido el tiempo...porque, vamos a ver, ¿desde cuando se puede confiar en la palabra de un criminal asesino, medio psicópata y sin escrúpulos? Y no olvidemos, que éste no deja de ser un libro de un determinado género literario por mucho que el autor quiera innovar.


A la inspectora Indira Ramos y a su equipo le surge un nuevo caso cuando al remover la tierra de un solar aparecen cinco cadáveres. A su grupo se ha incorporado Jotadé, un policía gitano de métodos poco ortodoxos. El grupo cuenta además con dos agentes de policías. Por otro lado, la inspectora sufre un trastorno obsesivo compulsivo por la higiene y el orden, lo que limita sus relaciones personales con amigos y familia.



Resulta paradójico que al final del libro el propio autor pida a los lectores que no desvelemos el final, cuando es él precisamente quien cuenta el desenlace nada más empezar en la primera página. Y supongo que este final que supone un giro argumental está encaminado a seguir buscando la justicia en posteriores sagas. No sé. Pero nosotros los lectores caniculares queremos inmediatez piscinera, no estamos por la labor de esperar.


—Yo no digo que sea mala jefa, pero es rara de cojones.

Jotadé unta una gruesa capa de mantequilla en la tostada, que después cubre con varias tarrinas de mermeladas de diferentes sabores. Lucía mira hipnotizada la bomba calórica que se come su compañero.

—Lo mejor es ignorar sus manías—responde sin apartar la mirada de la tostada—. Oye, ¿tú sabes la cantidad de colesterol que tiene eso?

—Eso es cosa de payos...¿Y del tal Óscar Jimeno qué me cuentas?