Tenía pendiente esta reseña. ¡Que no se me olvide! Vengo diciéndome
desde hace tiempo, desde que fui a Alhama a visitar a unas amigas y compré el
libro. Ese día, como todavía faltaba para la cita, me fui a la librería, a
hacer tiempo. Allí, compré algunas carpetas azules de elástico (de esas de toda
la vida). ¡Con el maridito tan desastre que tengo debo tener la mayoría de las
cosas clasificadas!
Entonces vi el librito y lo ojee. Como hace todo escritor en
una librería.
Lo compré por diez euros, 53 páginas que leí enfrascada en el coche, de vuelta a casa. Yo no conducía ¿eh? Que conste.
Y está muy bien escrito. ¡Sí señor!
La autora, Marta Serrano, es Diplomada en Educación Social, una
disciplina que nada tiene que ver con la literatura, lo cual, confirma mi
teoría. Mi teoría consiste en que los filólogos o lingüistas están demasiado
atentos a la construcción de las frases, a no equivocarse sintácticamente, de
tal manera que nunca o casi nunca se deciden a escribir. A escribir algo para
el público. Así, La mayoría de los
escritores o poetas suelen ser de profesión médicos, abogados, historiadores… Aquellos
que se arrojan sin miedo, sin temblor ni pudor a la escritura. Lorenzo Silva,
Bulgakov, Antonio Muñoz Molina, Alfredo Bryce Echenique… y tantos otros.
La historia gira en torno a la búsqueda de César, un
personaje enigmático, que irrumpe en la vida de sus amigos para luego desaparecer sin más. La autora consigue que nos interesemos en el protagonista; alguien especial, que
deja huella en aquellas personas que lo conocen y al que todos recuerdan.
A los pocos minutos de comenzar a hablar con él, me dí cuenta de que disfrutaba con la conversación. Su forma de expresarse y de mover las manos al hablar me resultó muy natural. Había en él algo enérgico, activo, atrayente.
_ ¿No te parece raro cómo nos aferramos a los recuerdos? Estamos atrapados por aquellas cosas que hemos vivido y que nos gustaría revivir una y otra vez. Paso cada día pensando en lo que he experimentado en lo que he perdido... esa forma de existencia me impide disfrutar más del "ahora"
Recuerdo que esa tarde nos hallábamos los dos sentados a la sombra de unos árboles, en un parque, sin nada que hacer. En verdad no hicimos nada de lo que comúnmente se entiende por "hacer algo" en todo el verano. Yo disponía de vacaciones en la universidad. César simplemente decía que estaba de vacaciones, aunque nunca supe de qué.
Lástima de la ortografía en la portada.
ResponderEliminarEs que el puntito de la "i" huyó y se convirtió en una tilde.
ResponderEliminarN.