LA CONJURA

domingo, 15 de febrero de 2026

A SANGRE Y FUEGO

 



Chaves Nogales escribe estos relatos sobre la guerra civil española cuando se encontraba en el exilio, entre el año 1936 y 1937. Abandona España junto a su familia y se instala en París en el momento en que siente que todo está perdido y sin esperanza para el pueblo español.


Tiempo antes,  los consejos obreros habían tomado la propiedad del periódico donde trabajaba Chaves Nogales. El periodista se convirtió en aquellos años en el“camarada director”poniéndose a las órdenes de los obreros y revolucionarios cuando antes lo estuvo del capitalismo.


Pero Manuel Chaves Nogales se declara como un pequeñoburgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Antifascista y antirrevolucionario, cuya única verdad era su odio insuperable a la estupidez y a la crueldad. Una aversión natural al pecado contra la inteligencia.




Perseguido por los fascistas y muy mal visto por los revolucionarios, anarquistas y comunistas, y sin encajar en ninguno de los bandos enfrentados, sus ideas constituyen lo que ahora ha venido a llamarse la TERCERA ESPAÑA.


Son once relatos crueles donde se muestra la sinrazón de una guerra fratricida. Relatos sacados de la realidad, de lo que había visto y presenciado o de lo que le habían contado y oído. Sin rodeos, con una prosa rápida y ágil, trata de dar una perspectiva crítica y honesta desde el punto de vista de la ilustración.


A veces (solo a veces), encontramos algún rasgo de humanidad entre los personajes. Aquellos que cuentan con una serie de valores por encima de su ideología, ya sean fascistas o revolucionarios. Es el caso de Rafaelito, el hijo del marqués en el relato “La gesta de los caballistas”, que pudo matar como un conejo a un fugitivo republicano y que dejó escapar sin saber por qué.



De todos los relatos destaco "Consejo obrero” por ser, en mi opinión, el más político y crítico. Daniel, el protagonista, es expulsado de la fábrica donde trabajaba por no haber hecho méritos revolucionarios y por ello corre el riesgo de que las milicias lo maten. Para protegerse intenta afiliarse al sindicato anarquista CNT. La libertad individual, el derecho a la vida y al trabajo, frente al sectarismo de cualquier signo político, proletario o capitalista.


Un clásico de la literatura sobre la guerra civil española y que seguro habrá leído el ahora tan famoso David Uclés.



Demócrata antes de cualquier otra consideración política; enemigo de los extremismos de izquierdas y derechas; partidario del diálogo que había sido pisoteado por ambos bandos contendientes; herido en su alma por la contemplación

de la masacre causada por la guerra, Manuel Chaves Nogales defiende una postura que muy pocos se atrevían a defender en el momento: encuentra que, por encima de todos los problemas que acosaban a la sociedad, dos fuerzas se habían enfrentado en el suelo español para imponer sus criterios, ambas extrañas al país y ambas, seno de acogida de todo tipo de seres deplorables, que se amparaban en los miles de combatientes, de uno y otro lado.


(De la introducción de Maria Isabel Cintas)





viernes, 30 de enero de 2026

AUNQUE PAREZCA MI AUTOBIOGRAFIA TAL VEZ SEA LA TUYA


 



A Patricio Peñalver lo vi por primera vez en la cafetería “El Sur” en la época en que yo empecé a estudiar Empresariales en la universidad de Murcia. Ya me iba del local, cuando al pasar junto a la barra, un perro pastor alemán que dormitaba tranquilamente en el suelo, se levantó a mi paso y me atacó.


En un acto reflejo agarré al escritor, que en ese momento hablaba en la barra con unos amigos, y me escondí detrás de él. Estaba algo abochornada porque había sido brusca al colocar a aquel hombre delante de mi para que le mordiera a él y no a mí.


Bueno, pues no se molestó lo más mínimo; al contrario, con mucha calma, Patricio Peñalver, me preguntó si tenía gatos, que probablemente el perro había olido a algo de eso.


Y aunque no lo conozco personalmente y nunca he hablado con él, sí que lo he visto en tertulias, presentaciones de libros, o en el cante de las minas... The quiet man con barba revolucionaria en algún bar bebiendo agua de Espinardo y escribiendo en servilletas.




Hay otro Patricio Peñalver en Murcia que es profesor de filosofía en la la universidad. Y aunque el periodista es más alto y el filósofo más bajo, ambos tienen un aspecto parecido. Así que le he mandado un mensaje a mi amiga Mariplatónica que conoce a los dos preguntándole si guardan algún parentesco. Recibo un mensaje de voz de ella que me dice lo siguiente:


No, no tienen nada que ver. Son parecidos y son así los dos: intelectuales, legendarios, de Murcia, pero no son familia.


El libro que reseño es una autobiografía escrita en tercera persona , por aquello de la omnisciencia y también, según el autor, para distanciarse de aquellos recuerdos, que por otra parte, le son recurrentes. Siempre que se dispone a escribir reaparecen los mismos episodios y no otros.


Es una biografía generacional que puede ser la tuya, la mía y la de aquél, y aunque la vida de cualquier persona tiene su propia y particular novela, hay puntos comunes, experiencias iguales entre individuos de la misma generación que conforman la misma experiencia vital.


Yo, por ejemplo, que soy algo más joven que el autor me sorprendo y me veo igual en mucha de las cosas que cuenta. La primera televisión que llegó al barrio que tenían unos vecinos y que los niños nos colábamos en su casa para verla, la torpeza para subir las escaleras del Corte Inglés, los pimientos despezonados en las lomas del secadero y su olor, el tío de la luz cuando llegaba para cobrar o el tío Saín que se comía a los niños.


.—Debe ser que somos de la misma clase social, es decir, que no somos señoritos de clase alta y por eso hemos estado influidos con las mismas propagandas e historias—dice mi maridito desde su sofá

A menudo me he preguntado cómo se fabrican las cosas más insólitas como las gomillas que sirven para sujetar el dinero o la lotería. Hay un programa de TV sobre esto que yo veo. El caso es que he tenido que leer la autobiografía de un escritor para enterarme. Es muy curioso porque, Patricio Peñalver, que ha tenido multitud de oficios y que también ha trabajado haciendo gomillas (vaya casualidad) nos lo cuenta. Y dice que para entender las teorías de la alienación del hombre y su explotación en la sociedad industrial sólo había que seguir el proceso de fabricación de aquellas gomas, y ver que el hombre es sólo un apéndice de la máquina.


Es un guiño de Patricio Peñalver a la fabricación del alfiler que escribió Adam Smith en su “La Riqueza de las naciones”—me dice de nuevo mi maridito.



El texto de Peñalver está repleto de referencias literarias, obras, autores, y una banda sonora con canciones y textos. Al autor le gusta el flamenco, el cine, viajar en coche, escribir en las servilletas de los bares, el agua de Espinardo (cerveza), pasar tiempo en la estación del tren, leer el Quijote. Se declara cervantino. (Genial)


Peñalver se pregunta por qué escribe. Sobre esto, Alfredo Bryce Echenique decía que “escribo para que me quieran” . Sin embargo, el francés Michel Houellebecq me dijo una vez a mí que “eso no funcionaba”. Otra reflexión del autor es sobre la inspiración ante la página en blanco. A Juan Rulfo le preguntaron ¿por qué llevaba tantos años sin escribir nada? y contestó que se le murió el tío Celerino, que era el que le contaba las historias. Sin embargo, mi amigo García Soler (poeta) me contó que Rulfo había contestado otra cosa: “Parece que ya me van entrando ganas”.


Una autobiografía que conviene leer por reflejar una época que condicionó a toda una generación y que hay que reconocer que Patricio Peñalver tenía razón al escribirla, y que podría la tuya o la mía.




¿Qué era la vida? Gabriel García Márquez ya había escrito que “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”





lunes, 19 de enero de 2026

LA NOCHE EN QUE MATARON A CALVO SOTELO

 





El hispanista e irlandés Ian Gibson nos relata en este libro el episodio que se supone el detonante definitivo (o excusa) de la Guerra Civil Española. Ocurrió el 13 de julio de 1936 cuando Calvo Sotelo, político de derechas y opositor importante a la República, fue secuestrado en su domicilio y asesinado de dos tiros en una camioneta policial.


Ian Gibson combina la crónica con el trabajo de archivo, con las intervenciones del Diario de sesiones parlamentarias de la época, entrevistas a los protagonistas supervivientes, en un relato que intenta esclarecer lo ocurrido, consciente de la complejidad del momento histórico.


Por aquel entonces Madrid era un hervidero de tensiones políticas. Tras las últimas elecciones donde había ganado el Frente Popular, los diversos partidos de derechas, (la CEDA, Falange Española, y la propia RENOVACIÓN ESPAÑOLA presidida por Calvo Sotelo y partidaria de una monarquía autoritaria), se enfrentan con el Gobierno en una cadena de atentados y represalias continuas que terminan con un rastro de asesinatos por ambas partes.


La Falange no había conseguido llegar a un acuerdo con Gil Robles, máximo dirigente del Frente Nacional. Jose Antonio Primo de Rivera fue encarcelado, (consideraba que Calvo Sotelo no servía como caudillo de un movimiento salvador pues no sabía montar a caballo).


El fracaso en las últimas elecciones del 36 convirtió a Calvo Sotelo en el nuevo capitán de las derechas. Sus discursos rechazaban la democracia republicana y abogaba por la implantación de un nuevo estado de tipo corportativo fascista.


El relato del asesinato de Calvo Sotelo comienza con otra muerte: la de Anastasio de los Reyes, alférez de la guardia civil, muerto el 14 de abril de 1936 mientras veía el desfile conmemorativo del triunfo de la República.


No está muy claro la intencionalidad del asesinato de Reyes. Mientras algunos piensan que fue un crimen premeditado, otros, creen que fue la mala suerte de una bala perdida en una refriega. Madrid, en aquella época, era como el viejo oeste donde era habitual tiroteos, altercados, venganzas, y ajuste de cuentas. Durante el desfile ciertos grupos reaccionarios soltaron una traca contra la parte posterior de la tribuna presidencial. Después hubo un tiroteo con varios heridos y un muerto que resultó ser un alférez de la Guardia Civil vestido de paisano: Anastasio de los Reyes López.


Nunca se supo quien lo había matado.


El propio hijo de la víctima declaró que su padre, Anastasio de Reyes, no era una persona con ideas políticas, al menos no hablaba notoriamente de política, sin embargo los grupos no afectos a la república aprovecharon su muerte para su propia propaganda, con un entierro que duró tres horas por las calles de Madrid en medio de una batalla campal con ráfagas de metralleta.


Entre los ultraderechistas corrió el rumor que el responsable era el teniente Castillo, a pesar de que no había ningún indicio de que participara en los sucesos.


Y aquella misma noche el teniente Castillo recibió su primera amenaza de muerte.


José del Castillo fue asesinado la noche del 12 de julio de 1936 cuando salía de su casa para dirigirse al Cuartel de Pontejos. Era guardia de asalto, masón, comprometido con la izquierda. Fue famosa su frase en su actuación de la revolución en 1934 donde dijo: “Yo no tiro sobre el pueblo”.


Hay que tener en cuenta el ambiente de aquella noche, después del asesinato del teniente Castillo. Nadie tenía confianza en el Gobierno, y los amigos de Castillo, con la indignación que sentían, decidieron actuar por su cuenta deteniendo a los políticos de derechas que se consideraban culpables de aquella situación”.


Tras la muerte del teniente Castillo había ya un ambiente de guerra civil.


Algunos oficiales de Pontejos reaccionaron anticipándose a los fascistas. En la camioneta número 17 un grupo de oficiales fueron primero a por Gil Robles al que no encontraron y después a por Calvo Sotelo.


Entre todos los que iban en la camioneta n.º 17 estaban Fernando Cordés (amigo del teniente Castillo) y Luis Cuenca. Fue este último, Luis Cuenca, un individuo agresivo y exaltado al que llamaban “el cubano” quien disparó contra Calvo Sotelo. El cuerpo lo dejaron en la madrugada del 13 de julio en el cementerio del Este en Madrid.


Aquella noche le tocaba al comandante Ricardo Burillo estar de guardia en la Dirección General de Seguridad, lugar desde donde saldría la camioneta. Y aunque él no tuvo nada que ver en el asesinato y así lo declaró dos días antes de ser fusilado ante su compañero de la cárcel en una declaración sincera y emocionante rogándole que un día la hiciera pública, fue condenado por el régimen franquista.


La historia posterior ya es conocida por todos… ¿o no?



Según el diputado socialista, Condés le dijo que su intención había sido sólo secuestrar al jefe del Bloque Nacional—y con él, a Gil Robles y a Goicoechea—,con la idea de tenerles como rehenes. Insistió en que no había pensado en matarles. El y sus compañeros estimaban, dijo, que al secuestrar a los dirigentes de la conspiración contra la República existía la posibilidad de coartar la sublevación. Pero había surgido lo imprevisto. Condés culpaba de la muerte de Calvo Sotelo únicamente al “cubano”.






jueves, 8 de enero de 2026

VIDA Y MUERTE DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 




Henry Buckley fue uno de los más importantes reporteros que informó sobre la guerra civil española. El periodista inglés vio más del enfrentamiento español que ningún otro corresponsal. Se relacionó con los grandes personajes de la guerra, Dolores Ibarruri, Enrique Líster, Negrín; coincidió con Hemingway en la batalla de Teruel y en la del Ebro , y viv en directo los acontecimientos más relevantes de una época y sus protagonistas.


Henry Buckley llegó a España a finales del año 1929 como corresponsal de The Daily Telegraph, a tiempo de presenciar la caída de Miguel Primo de Rivera y con ello el final de la monarquía de Alfonso XIII y el principio y posterior derrota de la II República Española.


Henry Buckley


Comienza el libro con las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 cuyos resultados pusieron en entredicho al rey y a la institución monárquica y determinaron la llegada de la Segunda República Española.


Para el hombre de la calle, la llegada de la República significaba el fin de la era feudal en España; el fin de la hegemonía de la Iglesia, el Ejército, la Corona, y la oligarquía sobre el resto de los españoles”.


Fue testigo del nombramiento de los presidentes de la República Alcalá Zamora y de Manuel Azaña. De Negrín dice ser la persona más interesante que conoció en la guerra. “¿Qué demonios hacía ese canario bonachón y bon vivant que desde siempre había mirado con desprecio la política, que había sido elegido diputado un par de veces pero que jamás había pronunciado un discurso parlamentario, que hacía aquel hombre al frente de la República en su hora más crítica( 1939)?”




Denuncia el nefasto papel jugado por las democracias europeas, como Inglaterra y Francia, en su decisión de no ayudar a la República Española, lo que contribuyó a la victoria de Franco.


Los acusa de pasividad y de negarles la ayuda y el apoyo necesario a la democracia española, en guerra contra el alzamiento de Franco. Cierto es que había un Tratado de NO intervención, pero este tratado los fascistas alemanes e italianos se lo saltaron a la torera. Y no solamente los fascistas enviaron tanques, artillería y batallones al bando nacional, sino que la aviación nazi bombardeó Guernika, con la misma impunidad que el destructor Deutschland atacó a la población civil de Almería sin posibilidad alguna de defenderse. Franco contaba también con la Legión y Regulares de Marruecos. Se hablaba entonces de una fuerza que se acercaba a los ochenta mil hombres.


La República sólo tuvo la ayuda de los brigadistas internacionales. La Brigada Lincoln, la Mackenzie-Papineau (canadienses) y el batallón Attlee de los ingleses, además de franceses, italianos y alemanes contrarios a Hitler y Mussolini. Sólo Rusia enviaba material cuando podía sortear el bloqueo al que estaba sometido el país por el tratado de no intervención.


Brigadas internaciones


Contemplando el heroísmo de aquellos soldados británicos, no podía por menos de pensar que ellos estaban haciendo lo que los políticos—y los empresarios y los burócratas—se habían negado a hacer. Porque salvar la democracia en España era salvarla en todo el mundo civilizado”.


Como parte de la ofensiva de Brunete, las Brigadas Internacionales habían tomado Villanueva de la Cañada en una batalla feroz que duró un día entero. El número de bajas fue enorme. Pude visitar a un brigadista inglés en el hospital de campaña. Tenía la espina dorsal destrozada y sus horas estaban contadas. Me pidió que le leyera la orden del día que les habían dado a los brigadistas aquella misma mañana antes de entrar a combate. Mientras la leía me dijo que le parecía una excelente pieza de oratoria. Me contó que había estudiado en la universidad de Cambridge y que se había alistado en las Brigadas poco después de graduarse. En momentos como esos me convencía a mí mismo de que merecía la pena seguir informando sobre aquella guerra. Recoger las últimas palabras de aquel joven que lo había dejado todo para acudir a luchar por un país que no era el suyo era devolver a mi país un rayo de esperanza, decirles a los ingleses que no todos eran tan ruines como los políticos que en aquellos momentos los gobernaban”.


Eso sí, las potencias europeas se preocuparon de salvaguardar los cuadros del Museo del Prado, mientras exiliados republicanos hacinados en el sur de Francia en “campos de concentración” morían de hambre y frio.


Con el tiempo el enfrentamiento se polarizó y defender la República pasó a significar la ayuda a los rojos, a los bolcheviques, a los revolucionarios. Los países europeos terminaron por apoyar a Franco con la creencia que después de la guerra la ideología del alzamiento pasaría por el redil de la democracia.


Cuando Franco inició el levantamiento nacional, es decir, el golpe militar, la organización obrera más importante , la CNT, lo paró en las principales capitales industriales de España , por lo menos en las de Catalunya, las del Mediterráneo e instauraron, ante el exilio de los burgueses capitalistas, la revolución anarcocomunista, hasta ahora la revolución más avanzada que ha existido nunca al mantener la democracia social y la libertad.


El 1 de abril de 1939 el generalísimo Franco anunció el fin de la guerra. La República había muerto.




Pero en aquel verano de 1938 era consciente sobre todo del tremendo sufrimiento humano que aquella guerra estaba causando. Me paraba por la calle, al verme con pinta de extranjero , una viuda para preguntarme por la güera y cuánto tiempo tardarían las tropas de Franco en entrar en Barcelona. Después me contaba que a su marido lo habían matado los “rojos” en los primeros días de la revolución y por eso quería saber cuándo entrarían “los suyos” en la ciudad. Llegaba al hotel y la camarera quería que le contase los últimos triunfos del ejército republicano. A ella la Falange le había matado a sus dos hermanos, asesinados en Pamplona poco después del Alzamiento.