Precisamente, tres siglos y medio antes de que James Herriot titulara a su novela “Si los animales pudieran hablar”, (anteriormente reseñada), ya Cervantes construía esta broma donde dos perros adquieren la facultad de hablar y contar y reflexionar sobre su vida y experiencias.
“El coloquio de los perros” es una novela ejemplar publicada en 1613 y estructurada como un diálogo entre dos perros, Cipión y Berganza. Partiendo del famoso dicho que hay sobre nuestras mascotas “sólo le falta hablar” Cervantes estructura un relato con las características de una novela picaresca en la que ,como siempre hizo, supera el género de la novela picaresca y donde el perro Berganza cuenta sus andanzas a lo largo del tiempo a las órdenes de sus diferentes dueños; el mercader, la hechicera, los gitanos, el poeta, los soldados… etc; a todos ellos sirve honradamente pero también con la picaresca del superviviente que ha de intentar mejorar su suerte.
Berganza es el perro que narra su vida y vive sus aventuras, es pícaro aunque noble en sus actos y reflexiones, demostrando tener más ética y valores morales que los humanos que le rodean. Cipión, es el perro que escucha, el crítico, el filósofo, valora la brevedad en el relato, y es racional y pragmático.
Berganza es la acción, Cipión el pensamiento.
CIPIÓN.- Por haber oído decir que dijo un gran poeta de los antiguos que era difícil cosa el no escribir sátiras, consentiré que murmures un poco de luz y no de sangre; quiero decir que señales y no hieras ni des mate a ninguno en cosa señalada: que no es buena la murmuración, aunque haga reír a muchos, si mata a uno; y si puedes agradas sin ella, te tendré por muy discreto.
BERGANZA.- Yo tomaré tu consejo, y esperaré con gran deseo que llegue el tiempo en que me cuentes tus sucesos; que de quien tan bien sabe conocer y enmendar los defetos que tengo en contar los míos, bien se puede esperar que contará los suyos de manera que enseñen y deleiten a un mismo punto.
