“El amo” es el segundo libro de la serie protagonizada por el subinspector Jotadé, policía gitano en una comisaría de Madrid, un agente descarado e intuitivo, que siempre va a su bola.
En esta ocasión se ocupa de un asesino psicópata que durante años secuestra jóvenes a las que mantiene recluidas en un zulo y a las que termina dejándolas embarazadas y al término de dar a luz las asesina. Una idea no muy original, pero sí denunciadora de la condición criminal de la raza humana.
Esta segunda entrega ha resultado bastante más interesante que la anterior y no por acercarse a una lectura más compleja. Y es que la historia comienza sabiendo el lector quien es el asesino desde el principio; el asesino está muy cerquita de Jotadé, y es ni más ni menos que su propio jefe, el comisario. (No desvelo nada, se sabe desde la primera página, incluso desde el libro anterior y está bien que lo haga pues la naturaleza humana de verdad es la de “ser el jefe de alguna tribu violenta”, como diría mi marido )
Capítulos cortos que se agradecen a Santiago Díaz. Pero hay varios subtramas que, al igual que en el libro anterior, no me han interesado porque se nota construidas para rellenar páginas.
Por lo demás, un tipo de libro que cumple su función veraniega; lectura ligera que de vez en cuando se necesita para relajarse debajo de la sombra de un gran árbol o a la orilla de la playa y desconectar del teléfono móvil.
Cuando llegan los viajeros más madrugadores a la parada del autobús, se asustan al ver a Jotadé dormido en el mismo lugar en el que encontraron muerta a Carla Lombardo unos días atrás, convencidos de que se trata de la segunda víctima del mismo asesino. Un hombre de mediana edad se acerca con cautela y lo toca con el dedo, lo que sobresalta al policía, que saca instintivamente su pistola de la cartuchera.
—¡¿Qué hostias pasa?!
—No pasa nada, perdón—dice el hombre con las manos en alto, acobardado—. Pensábamos que estabas muerto.
—Tus muertos lo están, no te digo el payo.—Se tranquiliza y guarda la pistola, avergonzado—. Solo estaba pensando, así que cada uno a lo suyo.

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