LA CONJURA

martes, 30 de junio de 2026

SI LOS ANIMALES PUDIERAN HABLAR


 


Terminados sus estudios en Glasgow, James Herriot ( 1916- 1995 ) se traslada en los años previos a II Guerra Mundial a una clínica rural en Yorkshire en la ciudad de Thirsk, donde trabajará toda su vida como veterinario.


Su jefe, Siegfried, es un tipo malhumorado y gruñón, capaz de agotar la paciencia de la persona más calmada, pero también un hombre sensible e inteligente, experto en caballos. Su hermano, Tristan, un joven de buen corazón y despreocupado e irresponsable, el perfecto camarada de correrías por las tabernas del lugar. La señora Hall es la eficiente ama de llaves que pone orden en la casa. Allí conoce también a Helen, la atractiva hija del granjero Alderson con la que después de varios intentos de noviazgo se convertirá en su prometida.


Me encantan estos libros de James Harriot porque escribe con gracia y sensibilidad; transmite paz y amabilidad, sentido del humor y sus historias no son meramente anécdotas, es mucho más que eso, es música para vivir mejor (como dicen en la radio nacional clásica).


Bajarse del coche para contemplar el valle, granjeros hablándole de las distintas consistencia de las cacas en mitad de una cita con su novia en el cine, extraviar un termómetro en el trasero de una vaca, o asistir a una pareja de caballos que sorprendentemente llevaban doce años “jubilados” sin trabajar.


Un libro que transmite amor y empatía hacia los animales. Y a sus variopintos dueños.


Solo tengo un miedo. Mis perros y mis gatos, señor Herriot. Me da miedo no volver a verlos cuando me vaya, y eso me preocupa mucho. Sé que volveré a ver a mis padres y mis hermanos pero… pero…

¿Y por qué no va a volver a ver a sus animales?

Esa es la cosa.—Sacudió la cabeza en la almohada y solo entonces vi que las lágrimas le caían por la mejilla—. Dicen que los animales no tienen alma.

 — ¿Quién dice eso?

Lo he leído y sé que hay mucha gente religiosa que lo cree así.

Bueno, yo no lo creo.—Le di unas palmaditas en la mano, que aún se aferraba a la mía—. Si tener alma significa ser capaz de sentir amor, y lealtad, y gratitud, a los animales se les da mucho mejor que a muchos humanos. Yo por eso no me preocuparía.




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