Y yo que pensaba que el libro de la
infamia iba a ser muy, pero que muy gordo Y CON MUCHAS PÁGINAS , pero
sorprendentemente sólo tiene poco más de cien. ¡Algo pasa ahí!
Borges, escribió estos relatos en
la década de los treinta del siglo pasado, con la intención de publicarlos por separado en un periódico de la época y que, más tarde, recopiló en un librito. Es un CLÁSICO que todo el mundo considera
obra maestra, admira, le parece excepcional y del que suele decirse afirmaciones del
estilo de “Sólo el genio de Borges sabría hacerlo”.
Fue una de sus primeras obras. Ejercicios
de prosa narrativa, los llamó el propio autor.
En ellos incorpora historias reales de bandidos, asesinos, forajidos; en general gente de baja ralea, y a partir de ahí construye falsas biografías,
anécdotas supuestas o inventadas.
Al respecto de estos cuentos dijo
Borges:
Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a
escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación
estética alguna vez) ajenas históricas.
Así, podemos leer la historia de Lazarus Morell, que fingía liberar a
los esclavos negros para revenderlos, lucrarse,
y finalmente asesinarlos; la del
impostor Tom Castro, que suplantó al
hijo de una adinerada familia inglesa; la viuda Ching,
famosa pirata de los mares de Asia; Monk
Eastman, personaje real de las bandas de New York de los años veinte; la
historia de Bill Harrigan (Billy el
niño); aunque también incluye el relato “Hombre
de la Esquina Rosada”, relato ficticio, a diferencia de los anteriores.
Todos
ellos, relatos admirablemente construidos, con un gran talento y un lenguaje culto, ¿barroquista?, denso y
sutilmente irónico.
Sin embargo, en mi opinión, el conjunto que se alcanza no es tan bueno, es demasiado frio (Borges decía que no era frio sino
desagradablemente sentimental) y recargado;
es cierto que al leer a Borges se descubren párrafos magníficos, que son
pequeñas obras de arte, es filosófico, ocurrente, intuitivo, magistral; pero el
texto, en mi modesta opinión, pierde interés cuando haces una valoración del
TODO, del CONJUNTO de la Historia. Es
por eso que sigo prefiriendo a ABC (Alfredo Bioy Casares) Y SUS HISTORIAS
REALES y FANTÁSTICAS.
Y aunque considere distante la
prosa de Borges, tengo que reconocer que hay una cita que me conmueve
especialmente y que es una constante en mi vida. La cita se puede encontrar en el inicio de otro de sus libros, el Aleph. Se trata del hecho irrelevante del
cambio de una valla publicitaria, para expresar, mejor que nada, el implacable paso del tiempo, cuando se produce una muerte cercana a nosotros:
La candente mañana de febrero en que
Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo
instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro
de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios;
el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se
apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.
Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad
Eso sí, para terminar, quiero
apuntar que Borges es uno de los MÁS Grandes poetas, si no el mejor.
Dejo un trocito del libro y una
gran entrevista realizada en España.
En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en Paris por el pintor doctor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la decimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el Moreno que asesinó Martín Fierro, la deplorable rumba el Manisero… la habanera madre del tango…
