LA CONJURA

domingo, 23 de julio de 2023

LA INVASIÓN DEL PUEBLO DEL ESPÍRITU

 



Gastón cultiva un pequeño huerto en compañía de su perro al que llama Gato. Su vida social se limita a beber cerveza en el restaurante de su amigo Max. Pero las cosas cambian. A su amigo no le renuevan el contrato de alquiler y pierde el restaurante, y Gato, es decir, el perro, tiene una enfermedad terminal. Para colmo aparece el padre de Max, que resulta ser un funcionario corrupto, y el hijo de Max, un científico investigador cuya estancia en La Tundra le ha jugado una mala pasada afirmando tener pruebas de que los humanos somos un experimento alienígena.


Con su particular sentido del humor el autor nos cuenta la historia de amistad entre dos amigos en un barrio cada vez más complejo con más problemas por la inmigración. De las dificultades de integración en un nuevo espacio con distintas razas y nacionalidades: los proximoorientales, los cercanoorientales, los lejanoorientales o los medioorientales.


Están solos en el restaurante vacío, trece mil ochocientos millones de años después del nacimiento de nuestro Universo, viendo un partido del equipo de la ciudad, el equipo donde juega el mejor futbolista de la Tierra, y tomando una segunda cerveza en la barra; Gastón del lado de los clientes, con Gato echado a sus pies, dormitando, y Max del lado del barman.








sábado, 17 de junio de 2023

LA ISLA DEL TESORO

 




Ahora que viene el verano apetece leer una de piratas. Una isla perdida llena de vegetación, palmeras, mares color turquesa, esqueletos, y un tesoro oculto, nos permite revivir aventuras de piratas como el niño que todos llevamos dentro.


La isla del tesoro es una novela de aventuras escrita en el verano de 1881 por Robert Louis Stevenson. El joven protagonista Jim Hawkins regenta con su madre la posada “Almirante Benbow” donde un día llega para alojarse un tipo oscuro y siniestro, un viejo marinero, alto y fuerte, por supuesto con una coleta que le llegaba hasta la sucia casaca, lleno de cicatrices y con un viejo cofre que guarda celosamente en su habitación.


Jim Hawkins se hace con el mapa del tesoro y junto al caballero Trelawnwy, el doctor Livesey, el capitán Smollett y un nutrido grupo de marineros zarpan en la “Española” rumbo a la isla del tesoro del capitán Flint.


De la tripulación destaca la personalidad manipuladora de John Silver, también conocido como “John el largo”. Es un pirata que se ha enrolado como cocinero, trabando amistad con el grumete Jim Hawkins. La pierna de palo que lleva no le impide arrojo y valentía. Su inteligencia, su capacidad de persuasión, le hacen sobrevivir entre las conspiraciones de un bando y otro. Un viejo pirata que cae bien en el fondo cuyo final era de esperar en un personaje de su talla.



Quince hombres tras el cofre del muerto,

¡oh, oh, oh y una botella de ron!



Le recuerdo como si hubiese sido ayer mismo. Entró en la posada con paso cansino, seguido por una carretilla de mano en la que iba su cofre de marinero. Era un hombre alto, fuerte, macizo, tostado; su embreada coleta caía sobre las hombreras de su sucia casaca azul; las manos eran rugosas y estaban llenas de cicatrices; las uñas, negras y quebradas, y el sablazo que le cruzaba una mejilla de parte a parte erqa de un blanco lívido y sucio. Recuerdo cómo echó una mirada a su alrededor, silbando mientras lo hacía, y luego entonó la vieja canción marinera que tan a menudo cantaría después:






miércoles, 14 de junio de 2023

PELUQUERÍA Y LITERATURA



Una novelita de apenas cien páginas y una Gran Obra. Comienza el relato con el desayuno de la familia al principio del día y termina con la cena familiar. El conflicto se plantea desde la perspectiva de la felicidad, pues opina el autor que la cotidianidad que nos rodea puede llegar a ser asombrosa.


El hecho tan habitual y sin importancia de pedir un justificante para el trabajo, como le ocurre al protagonista, se nos puede complicar peligrosamente, hasta tal punto, que podemos terminar haciendo un recorrido por la ciudad con el dedo seccionado de una peluquera metido en un frasco. La tensión narrativa también está asegurada ante las vicisitudes nimias y prosaicas de la vida cotidiana, la metaliteratura y la buena literatura se manifiestan entre las páginas de este libro: “ir de una cosa aunque en realidad estás hablando de otra”


—Pues mira—le expliqué, ahora es lo contrario; voy a escribir de nosotros porque en el fondo no voy a estar hablando de nosotros, sino de algo más, de algo que está más allá de nosotros. En la literatura siempre es así, escribes de una cosa aunque en realidad estás hablando de otra.

—¿De qué?—me preguntó.

—No sé—le contesté—, de una idea, de una forma, de la forma de una idea, de la idea de una forma, algo así.



Una novela frívola, trascendental, profunda, con la que te ríes a carcajadas.



domingo, 14 de mayo de 2023

"LA CONDENA" Y "EL FOGONERO"


 



“Todos mis escritos tratan de ti” decía Kafka en su célebre “Carta al padre”. Y esta idea parece ser una constante en su obra. Así en "La Condena”, la autoestima del protagonista está condicionada al veredicto del padre. El relato refleja la mala relación que el autor mantenía con su padre: el temor hacia él y el complejo de culpa por considerarse un mal hijo.


Georg escribe a un amigo que reside en Rusia. Desde hace años mantiene una relación epistolar con él, aunque le oculta detalles exitosos de su vida personal como su futuro enlace matrimonial. Todo ello por no molestarlo pues no le han ido bien sus negocios en el extranjero. Cuando Georg enseña la carta a su padre acaban discutiendo. Ante el rechazo del padre, que odia al hijo a muerte, Georg sale corriendo de la casa...


¡Quédate donde estás, no te necesito! Crees que todavía tienes fuerzas para acercarte y que te quedas atrás porque quieres, ¡pero no te equivoques! Yo sigo siendo el más fuerte.


En el relato “El fogonero” un joven es desterrado por sus padres y enviado a Norteamérica como castigo por haber dejado embarazada a una criada. Según el propio Kafka concibió este relato pensando en Dickens, impresionado por la lectura de David Copperfield. Sin embargo, en el texto siguen manifestándose las pésimas relaciones paternofiliales. El joven Karl llega en barco a América, y una vez en tierra descubre que ha olvidado el paraguas en el barco, volviendo a por él. Entonces conoce al fogonero, un hombre tosco y con problemas laborales al que Karl trata de ayudar.


“El fogonero” iba a ser su novela americana, pero quedó en un sólo capítulo. Kafka, que era hipercrítico con su obra, destruyó el resto de capítulos dejando únicamente el primero.


Y le asaltaron dudas de si ese hombre alguna vez podría sustituir para él al fogonero. El tío rehuyó su mirada y miró hacia las olas que balanceaban el bote.



sábado, 13 de mayo de 2023

Cien cruces arrastradas

 


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En la costa de cierto país aparecen cien cadáveres amontonados sobre la arena de la playa. Son probablemente inmigrantes procedentes de un naufragio. Ante este hecho el presidente de la nación convoca un Consejo Extraordinario del Gobierno. El objetivo es buscar las causas que expliquen tamaña tragedia y así poder tomar las medidas necesarias que calmen los ánimos y el malestar de los ciudadanos, aunque ello signifique disfrazar o inventar la realidad. Todo sea para volver a ser reelegido en las nuevas elecciones.


Pero los enemigos del Presidente no dejan de ver la ocasión perfecta para acabar con él. Para ello cuentan con la ayuda de la prensa del país, el cuarto poder, además de la figura paterna—el padre del propio Presidente— con el que está enfrentado desde hace ya tiempo, pues el viejo minero y antiguo luchador sindical le recrimina al hijo haber abandonado los principios democráticos y anteponer los intereses personales y partidistas a la ética y a la justicia.


Una novela distópica sobre la verdad y la imperfección de la sociedad que se desliza por los sinuosos vericuetos de la política; y sobre todo de  la separación de poderes: esto es, el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial (encarnado éste último en la “jueza”,  la esposa del presidente, como metáfora del control del poder judicial). 


Un cuadro actual. Para completarlo, surge desde el fondo la presencia amenazante de las grandes corporaciones y del poder financiero...



Te han declarado la guerra aquellos a quienes salvaste la vida, poco más podría suceder.


domingo, 23 de abril de 2023

El gato tuerto

 




Itziar lleva en coche a su marido para ingresar en la cárcel. Ha sido condenado a diez años de prisión por acoso y violación. Así comienza la novela de Manuel Avilés.

A partir de esa primera escena, continua la narración mostrando una serie de dudas sobre el sistema judicial español. El final nos lleva a una larga reflexión. ¿Es posible encarcelar a alguien sin pruebas? ¿De qué manera la justicia está politizada e influida por las corrientes culturales y grupos de presión? ¿Cómo es posible que un inocente sea tan fácilmente acusado, enjuiciado sin las debidas garantías y condenado y, sin embargo, sigamos creyendo ingenuamente que vivimos en un estado de derecho y en democracia?


Alberto, que así se llama el personaje principal, es denunciado por dos trabajadoras del colegio, en el que precisamente su mujer es la directora. Tras ser despedidas, las trabajadoras deciden poner una denuncia por acoso y posteriormente también por violación.


Uno comienza leyendo la novela con la convicción de que Itziar es una enamorada de su marido, un cubano negro, guapo y atlético, que la ha engañado y vete tú a saber de qué ha sido capaz.  ¡Vamos! Una española que fue a Cuba a hacer turismo sexual (aunque ella lo niega) y que volvió con un cubano meloso y bailón al que le solucionó la vida; pero a medida que avanzamos en la lectura nos posicionamos cada vez más con la protagonista y se va percibiendo que ha habido muchos errores en el proceso.


Así, por ejemplo, el abogado defensor pidió un perito psiquiatra, que se le negó porque eso sería maltratar y afligir un daño más a la víctima, una falta de respeto y un atentado a su dignidad. Se pidieron las pruebas de los whatsapps y esos supuestos mensajes donde la acosaban, pero no se aportaron. Incongruencias como que el acusado le pedía constantemente el teléfono y ella no se lo daba, mientras dice recibir mensajes. Pero difícil es mandar un mensaje si no se tiene el teléfono. Nunca se presentaron tampoco los audios que dicen les enviaba. Y la cuestión de la violación, una cuestión tan importante y vital y que la declaró un año después. En fin, una serie de incongruencias, como quedarse a solas en una fiesta con tu acosador, salir a pasear con él, o llevarlo en tu propio coche.


No duda la protagonista que su marido es un jeta, y que le ha sido infiel. Pero niega rotundamente que haya violado a nadie. No hay pruebas de ello. No hay pruebas físicas. Sólo la declaración de alguna amiga de la víctima que habla de oídas e influida por el abogado de la acusación. Sin embargo su marido ha sido condenado. Ha sido vulnerado el principio in dubio pro reo. Porque, dice el autor, la lucha contra toda violencia no se realiza vulnerando los derechos constitucionales…, criminalizando a todos los hombres y victimizando a todas las mujeres que pueden declararse víctimas sin garantías ni cautela alguna con el acusado.


Todo político (principio que pretendo establecer desde hoy), más cuanto más efímero es su paso por el poder, como muchos que vemos pulular, tiene una pulsión megalómana de quedar en la memoria para los siglos venideros.


Tengo que poner sobre el tapete más cosas, Miriam, pero el resumen rápido es ese. Se han cargado las garantías de que tanto presumen los estados modernos, democráticos y justicieros, y Alberto cumple diez años de condena y está encerrado con un gitano que no se lava, que se come tres cabezas de ajo cada día y se la pela por las noches incansablemente en la litera de arriba. Es triste, ¿no?


sábado, 8 de abril de 2023

NUESTROS AÑOS VERDE OLIVO


 

Novela autobiográfica sobre las experiencias del chileno Roberto Ampuero en la Cuba revolucionaria.

En 1974, un joven chileno, tras el golpe militar de Pinochet en Chile, se exilia en la Alemania democrática haciendo de traductor de textos políticos. Allí conoce a Margarita, hija de un prócer del régimen de Fidel Castro. El matrimonio se celebra en Cuba, y tendrán un hijo.

Lo que en principio parece una idea idílica, romántica y utópica sobre la justicia social, vivir en Cuba, en “la isla de la libertad”, en el Caribe, con playas de arena blanca, paisajes de palmeras en atardeceres rosáceos, termina convirtiéndose en una pesadilla. Un lugar de donde escapar. Al que no volver. La pobreza en que se debatía la gente desde el triunfo de la revolución era estremecedora, cada persona disponía de una libreta de racionamiento que regulaba de forma espartana su existencia. Se desconfiaba de quienes tuvieran ideas propias y distintas a la revolución, y cuya única forma de mantenerlos a raya era la probabilidad de morir; de los que leyeran mucho porque los libros confundían sexual e ideológicamente a los hombres, convirtiéndolos en maricones y contrarrevolucionarios; desconfiando de la más mínima fisura ideológica que representaba el comienzo del fin y la colaboración con el enemigo.

Un testimonio contundente contra la dictadura cubana, que dispone de un buen principio y un valiente final. Pero hacia la mitad de la lectura se nos hace larga y repetitiva durante las más de seiscientas páginas que tiene la novela. Un libro prohibido en Cuba, que seguramente no haya leído el actor Willy Toledo.


El socialismo solo sobrevivía gracias a las aguas infestadas de tiburones que impedían la fuga de ciudadanos.


Sobre el propio hijo del autor:

Mi hijo se hizo a la mar en balsa durante una noche de luna llena y nunca arribó a los cayos de Florida. Una nave del servicio de guardacostas de Estados Unidos descubrió su embarcación en aguas internacionales. Estaba volcada y vacía.


La experiencia del Chile de Pinochet y la Cuba de los Castro, y de la escritura de esta novela, me enseñaron algo adicional: no hay nada que se parezca más a una dictadura de derecha que una dictadura de izquierda, no hay nada más parecido al fascismo que el comunismo, nada más parecido al hitlerismo que el estalinismo. Para el ciudadano corriente, las dictaduras son todas iguales. Para el que aguarda el interrogatorio en una celda de la seguridad del Estado da lo mismo si su torturador es de izquierda o de derecha, es religioso o ateo, cree en el comunismo o la seguridad nacional, lleva al cinto un Kalashnikov o una Luger, fue formado en la antigua Bucarest o en una escuela de las Américas de Panamá. Para este ser humano, sentado desnudo en la silla, con las manos atadas a la espalda, cuya familia ignora cuándo retornará, todo eso da lo mismo. El terror y el dolor, la angustia y el sufrimiento, la impotencia y la arbitrariedad que experimentará en esos calabozos será simplemente una afrenta a la especie humana. En ese instante todas las dictaduras son una y la misma, y todo el dolor que sufre el ser humano atañe a la humanidad en su conjunto, con independencia de sus convicciones políticas.



¿Qué retorcido mecanismo mental los conduce a denunciar el abuso, la tortura, la marginación, el escarnio, el exilio, la represión y el asesinato de quienes piensan distinto bajo una dictadura de derecha, pero los conduce a justificar esas mismas medidas contra quienes se oponen a una dictadura de izquierda? ¿Qué lleva a una persona a condenar a un general que dirige durante diecisiete años un país andino con mano de hierro, y a alabar en cambio a un comandante que lleva cincuenta años dirigiendo de igual modo una isla?


Me confesó que había roto con la lucha armada el día en que la guerrilla salvadoreña le entregó, en Ciudad Mexico, la misión de ajusticiar a un supuesto traidor a la causa. El quiebre se produjo en los instantes en que aguardaba en una esquina, pistola en mano, la aparición de su víctima. Desde su posición pudo ver como esta salía por última vez de su modesta casita de techo de zinc a la alegre luminosidad de la calle. Llevaba de la mano a un niño de unos cinco años, que portaba un globo rojo y debía ser su hijo. Los dejó pasar a su lado, identificó desde la distancia el punto preciso al que debía disparar, se vio a sí mismo descargando los tiros, vio luego la mirada de espanto del niño y el globo manchado de bermejo, el cielo ya sucio y… no pudo hacerlo. Comprendió entonces que la idea revolucionaria estaba exigiéndole demasiado.