LA CONJURA

domingo, 28 de enero de 2018

EL REY LEAR



Lo que era un cuento popular inglés del siglo XII, Shakespeare lo amplia presentando una gran tragedia de traición, locura y desamor filial desde el punto de vista del hombre moderno, del bufón. Una historia moderna, de destrucción, donde muere hasta el apuntador.

El viejo REY LEAR desea abdicar en sus tres hijas. Acción moderna: la vida privada se impone a la pública. Las consecuencias serán terribles.
Para ello les pide pruebas de amor, así REGAN y GONERIL  le adulan y se deshacen en elogios mientras que la hija pequeña CORDELIA es sincera y le habla de un amor razonable entre padre e hija; lo que provoca la ira del rey que la deshereda y reparte su feudo entre las dos mayores.


Gustav Pope (1875)
Una vez repartida la herencia, Regan y Goneril se ven poderosas. Le dan la espalda a su padre, le niegan hospitalidad, y le niegan un séquito apropiado a su rango y otros privilegios. Son modernas.

 El viejo rey Lear se da cuenta de su error cuando ya es tarde.

Lo que él pensaba que era un poder político indivisible se convertirá en el desmembramiento de su reinado con la traición de su propia familia. Y se vuelve loco, vaga por los campos bajo una tormenta y con la sola compañía de su bufón y la del fiel conde KENT, al que no reconoce, pues ha de ir disfrazado por haber sido anteriormente desterrado por él mismo.



Las hermanas se enfrentarán más tarde en una guerra fratricida produciendo más caos y destrucción a su alrededor. Cosa muy moderna.
¡Vaya panorama! El panorama actual del mundo después de la Guerra Fría.

Por otro lado se cuenta la historia paralela del conde GLOSTER con su hijo EDGAR y el bastardo EDMUNDEste último utiliza sus artimañas para arrebatar la herencia a Edgar, legítimo heredero, traicionar a su padre y flirtear con las reinas Regan y Goneril que, a pesar de estar casadas, se disputan su favor.

El conde de Gloster es fiel al rey Lear, tienen varios puntos en común. No en vano, los dos han cometido la misma torpeza, se han dejado engañar por sus hijos malévolos y han cometido el error de desterrar al hijo que sí que los amaba. Su apoyo al rey Lear le costará  caro: le sacarán los ojos dejándolo ciego. Así es conducido por su propio hijo Edgar, también disfrazado de mendigo. De ahí la famosa frase de la época moderna:

“La plaga de este tiempo: locos guiando a ciegos”


Una gran tragedia sobre las pasiones del hombre, un clásico, que en verdad, se disfruta leyendo.

William Dyce (1851)


Bufón: Fíjate Tito.
Ten más de lo que aparentas.
Di menos de lo que sepas,
Da menos de lo que debas,
Cabalga siempre que puedas,
Aprende y no todo creas,
Guarda más de lo que juegas,
Deja el frasco y la ramera,
Echa el pestillo a la puerta
Y ganarás mucho más
Que de un golpe de azar.

Bufón: Tito, dame un huevo y te daré dos coronas.
Bufón: Bien, tras haber cortado el huevo por la mitad y habérmelo comido, las dos coronas del huevo. Cuando partiste tu corona por la mitad y regalaste ambas partes, te echaste el burro a la espalda para cruzar el fango. Te quedaba poco seso en la corona calva cuando regalaste la de oro. Si en esto hablo como lo que soy, azota al primero que lo diga.



Bufón: Me maravilla ver cuán parecidos sois tú y tus hijas. Ellas me azotarían por decir la verdad, tú me azotarías por mentir y a veces se me azota por guardar silencio. Preferiría ser cualquier otra cosa que bufón y aun así no quisiera ser tú, Tito: te has partido en dos la cabeza y no has dejado nada en el medio.



Bufón: Ahora eres un cero a la izquierda. Soy más que tú ahora: soy un bufón, tú nada eres.



Kent: ¡Desenvainad hijo de puta de peluquería! ¡Desenvainad!



Bufón: Fortuna, puta acabada, a los pobres da la espalda.


Lear: ¡Oh la necesidad razón no atiende!


Bufón: He aquí una noche que no se apiada de los sabios ni de los locos.


Kent: Aquí está, mi señor, bien, mi señor, entrad. La tiranía de la noche abierta es demasiado cruda para el hombre.

Lear: Muy duro te parece que esta hostil tormenta nos cale hasta los huesos: será para ti, pues allá donde arraiga un mal mayor, los menores apenas se perciben.

Lear: Me basta una mirada para que tiemble el súbdito. Yo perdono la vida de este hombre. ¿Cuál fue tu falta? ¿Adulterio? No morirás. ¿Morir por adulterio? No.  Lo hacen los gorriones y la mosca dorada fornica en mi presencia […] los dioses solo controlan hasta la faja, más abajo todo es del diablo.


Lear: En ropas rotas grandes vicios aparecen; en ropajes y túnicas de piel todo se esconde. Baña el pecado con una capa de oro y la lanza mortal de la justicia se quebrará sin ser notada.


Lear: Cuando nace uno llora la llegada a este gran escenario de idiotas. Es una buena pieza: astuta treta herrar una manada de caballos con fieltro. Voy a probarlo.


Edgar: ¿Qué, tristes pensamientos de nuevo? Los hombres tienen que aguantar tanto el irse como el venir. Madurar lo es todo. Vamos.


Kent: No humilléis a su fantasma; oh, dejadle pasar. Él odiaría a quien le retuviera en este potro de tortura que es el mundo.

Edgar: Nuestro es el peso de estos tristes tiempos, digamos qué sentimos, no lo que debemos. Cuánto han sufrido los más viejos. Nosotros los que ahora somos jóvenes nunca veremos tanto ni tanto viviremos.

sábado, 20 de enero de 2018

Botchan




Natsume Soseki  es un clásico moderno de la literatura japonesa. La época Meiji  (1868-1912) representa un periodo de intensa transformación cultural y social. En esta transformación  entraron en Japón la técnica, las ciencias modernas y también la novela psicológica realista, (y el estado moderno o Leviathan,- me dice mi marido, pero con la costumbre de obediencia ciega del samurái al emperador que “obligó” a EEUU a tener que tirar  dos bombas atómicas en el Japón, así de tozudos eran y son)

Soseki, un japonés de la ciudad de Tokio (pero tozudo como el japonés típico), estudia inglés y literatura inglesa, marchando a Inglaterra, donde vivirá becado para ampliar sus estudios. Soseki no es feliz durante su estancia  en Inglaterra. Los choques culturales son continuos: en cierta ocasión, invita a alguien a contemplar cómo cae la nieve—sin duda una costumbre elegante y delicada en Japón—y sólo logra que se rían de él.  Occidente le enseña a ser individualista y a no seguir las reglas. (Occidente  destruye la delicadeza oriental)

Del prólogo de “Botchan”


“El mundo poético ha cambiado mucho en estos diez años. Hoy se lee la poesía moderna recostándose cómodamente o mientras se espera el tranvía en las estaciones”.

Del libro: “Soy Un gato”




Comienzo la reseña citando el prólogo del libro y, en ella, la irrupción de mi maridito. Es fundamental cierta información de su cultura y época para entender al autor y su obra. Causa extrañeza, por ejemplo, que en su vida real los padres lo entregaran en adopción a uno de sus sirvientes cuando tenía tan sólo dos años. Qué extraña es la cultura japonesa. Qué costumbres más refinadamente bárbaras, perdón, diferentes.


Soseki, el autor, trabajó como profesor en una escuela de secundaria de principios del siglo XX, lo que le valió como experiencia para escribir esta novela, que por cierto, en lo esencial, no difiere EN NADA de la actual situación educativa en España.

Botchan, que da título al librito, es una forma cariñosa de dirigirse a un niño, significa algo así como chiquillo o niño mimado. Así lo llama Kiyo, la vieja y fiel niñera y la única que le muestra realmente afecto al protagonista, aún cuando su niño crece y ya no es siquiera un adolescente sino un joven profesor. Un joven profesor novato e incapaz de hacer frente al cinismo, ignorancia y falta de sensibilidad de sus alumnos y profesores en una remota isla del Japón.

Una historia de antihéroes, divertida y delicada…




Es posible que ya no nos volvamos a ver. Cuídate mucho—me dijo muy triste.
Las lágrimas se agolparon en sus ojos. Yo no lloré. Pero a punto estuve. Luego, cuando el tren se alejó lo bastante del andén y me imaginé que ya no podría notar mis lágrimas, saqué la cabeza por la ventanilla para mirar la estación que dejaba atrás. Kiyo todavía seguía allí de pie. Parecía muy pequeña en la distancia.


Hasta ese momento solo había tenido tiempo para pensar en matemáticas y antigüedades, y había olvidado la mera existencia de los tallarines.

Francamente, debo confesar que aunque me sobre el valor, lo que a veces me falta es algo de inteligencia.

Pero si se piensa un poco, se descubre que la mayoría de la gente, de una forma u otra, quiere que te tuerzas, que no cumplas con tu obligación. Es como si pensasen que si no lo haces no tendrás éxito en la vida. Y cuando de repente se topan con alguien bueno e inocente, deciden tratarlo como a un niño mimado, y se dedican a despreciarlo y meterse con él. ¡Sería mejor quitar las clases de ética de la escuela y dejar de decir a los niños que no se debe mentir! Es más, las mismas escuelas deberían enseñarte a mentir mejor, a desconfiar de los demás y a tomarle el pelo a la gente. ¿No sería mejor así?



Pero cuando aceptas una invitación, bien sea de un sorbete, de una taza de té o de lo que sea, lo que haces en realidad es decirle a la otra persona que le tienes respeto y que la aprecias. La gratitud que sientes en el corazón cuando aceptas una invitación, gratitud fácilmente evitable si pagas tú mismo tu parte, es una forma de devolver esa invitación con algo que va más allá del dinero, o de lo que el dinero puede comprar. Quien acepta la invitación puede ser un don nadie, pero eso da igual. Basta con que sea un ser humano libre e independiente. El hecho de que ese hombre independiente te encuentre digno de respeto y aprecio es más valioso que un millón de yenes.

viernes, 29 de diciembre de 2017

ESCRITO EN EL AGUA



De: PAULA HAWKINS


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No me ha gustado este libro. Pero nada, nada, de nada. A punto he estado de abandonar la lectura, y no lo he hecho porque quería saber quién era el asesino. Tenía interés en ver cómo la autora resolvía el misterio de las tres mujeres ahogadas/asesinadas en un río. Y cuando lo he descubierto ha sido todavía peor.

Puff.

El caso es que me gustó su anterior novela: “La chica del tren”. Que sí, que era un best seller, para pasar el tiempo y tal, pero aquél primer libro me enganchó desde el principio, fue de lectura trepidante y lo pasé muy bien leyéndolo. ¿Qué más se puede pedir a este tipo de lecturas?

Escrito en el agua” le falta ritmo e interés. El perfil de los personajes es artificial, sus vidas son demasiado complejas y lo que es más grave, sin interés, melodramáticas, hasta conseguir el aburrimiento. La autora da vueltas y vueltas para rellenar páginas, con una sorpresa final, que guarda en la última página y que, a pesar de ser enrevesada, es demasiado obvia y, encima, mal explicada, ¿Qué motivación había? ¿Fue un arrebato, planeado, o un accidente? No lo sé.

Nel Abbott muere en extrañas circunstancias.  Si bien la versión oficial es que se ahogó en el río, es extraño puesto que ella fue una gran nadadora. Su hermana, Jules, con la que no se habla desde hace años, regresa al pueblo de su infancia para hacerse cargo de su sobrina, ahora huérfana.

He reconocido en ella algo que sé que yo también tenía, algo que quizá todo el mundo tiene a esa edad: una inaccesibilidad esencial. Te recuerdo a ti con diecisiete y a mí con trece y estoy segura de que nuestros padres no tenían ni idea de quiénes éramos.


martes, 26 de diciembre de 2017

PATRIA



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Patria es una novela sobre el conflicto vasco, cuyo argumento principal es la necesidad del perdón como forma de vida. Las víctimas necesitan perdonar para poder seguir viviendo. Así también los asesinos.

El autor, Fernando Aramburu, nos muestra el enfrentamiento desde su perspectiva más personal y cotidiana, al margen de la política. Un enfrentamiento que ha destrozado familias, arruinado vidas, y ha dejado una sociedad anquilosada por el miedo, silenciada, y que ha justificado, en nombre de la libertad,  los actos más bárbaros.
  
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La narración empieza el día en que ETA declara el cese de la lucha armada. Dos familias de signo político distinto, una de ellas abertzale, la otra, con un miembro asesinado por la banda terrorista ETA, se enfrentan a este acontecimiento, cada cual a su manera. Ambas familias han sido inseparables en otro tiempo: Bittori y Miren, Txato y Joxian, amigos íntimos desde la infancia, muy unidos en su adolescencia y juventud, y posteriormente en su matrimonio; sus hijos han formado pandilla, sus mujeres han sido íntimas desde niñas, ellos, deportistas, compañeros de mus... Sin embargo, en la actualidad, no mantienen ninguna relación ni contacto, ni siquiera se dirigen la palabra.

Txato, es un empresario vasco con una modesta flota de camiones, que paga el impuesto revolucionario de ETA. Hasta ahora ha pagado puntualmente, pero se le hace difícil cumplir cuando se le exige más dinero, lo que le supone un esfuerzo añadido y  dificultades económicas. El hombre intenta  llegar a un acuerdo, pide que le fragmenten la cuota, que se la aplacen o que se la reduzcan. Ante la imposibilidad de pagar, los vecinos le retiran el saludo y dejan de hablarle,  el miedo se instala en un pueblo donde los presos etarras son héroes, sus fotos cuelgan de la fachada del ayuntamiento o de la iglesia, se recauda dinero para su causa, y las víctimas, además de víctimas, son acosadas. Todo lo que no sea manifiestamente abertzale es sospechoso.

Al poco tiempo, Txato es asesinado.

La otra familia es la de Miren. Ella está casada con Joxian, un hombre apocado ante el fuerte carácter de su mujer. Cuando el hijo mayor, Joxe Mari,  ingresa en la ETA, Miren, sufre un proceso paralelo de fanatización, hasta tal punto, que lo que únicamente importa es una Euskal Herria libre, aunque para ello tenga que pasar por encima de la amistad, de la justicia o de la felicidad de sus otros hijos.

He leído algunas críticas negativas sobre el estilo de la novela. Argumentan que carece de calidad literaria. Yo no lo veo así. Lo cierto es que no es el típico novelón decimonónico, a pesar de sus casi setecientas páginas; sino que la narración intercala estilo directo, indirecto y frases sin terminar (a propósito)  y una estructura que, en mi opinión, refleja la atmósfera represiva y, lo que es peor, de autocensura existente en el país vasco. En un blog, por ejemplo, escribe un lector que sólo  leyó sesenta páginas y que a punto estuvo de vomitar. ¡Ah!  ¡Qué mala es la envidia!

Incluso, diría más... Como sostenía Fernando Fernán Gómez: “Ni siquiera es que los españoles seamos envidiosos; no, no, es que sentimos un enorme desprecio hacia el trabajo de los demás”

Habían aparecido pintadas en las paredes. Una de tantas: TXATO TXIBATO. Por la rima, supongo, pero el caso es difamar y meter miedo. Fulano hace un poco, mengano hace otro poco y, cuando ocurre la desgracia que han provocado entre todos, ninguno se siente responsable porque, total, yo sólo pinté, yo sólo revelé dónde vivía, yo sólo le dije unas palabras que igual ofenden, pero, oye, son sólo palabras, ruidos momentáneos en el aire.

--Pues como ocurren estas cosas. De sorpresa no le ha podido pillar. Ya se lo venían anunciando con pintadas.--¿Ha sido el que han matado por la tarde? No jodas.--Pues jodo. Se acabó el Txato. Es lo que tiene la guerra, que deja muertos.

Cagüen la puta, cagüendiós. No paraba de proferir palabrotas con cabeceos disgustados, negadores. Trató de cenar. No pudo. Le temblaba tanto la mano que era incapaz de sujetar la cuchara y esto a Minen la molestó.--Oye, ¿no te irás a poner triste?Cagüen la puta, etcétera. Y también:--Un vasco, uno del pueblo como tú y como yo. Hostia si dirías un policía, pero ¡el Txato! Yo no lo tengo por mala persona.--No se trata de buenas o malas personas. Está en juego la vida de un pueblo. ¿Somos abertzales o qué somos? Y no se te olvide que tienes un hijo en la lucha.

--Con la ama. Una tarde entra en mi cuarto a echarme en cara que yo estuviera en casa entretenido con libros mientras mi hermano se sacrificaba por Euskal Herria y la gente del pueblo había salido a la calle a protestar contra no me acuerdo qué. Y me soltó que si Joxe Mari se enteraba, se llevaría un disgusto muy grande. --¿Y tú que hiciste? --¿Qué iba a hacer? Cogí el paraguas y me fui a la manifestación a pegar cuatro gritos.








domingo, 26 de noviembre de 2017

EL HÉROE DE LAS MUJERES


¿Qué quieres que te traiga? Me pregunta Mariplatónica a las tres de la madrugada desde Argentina (Aquí son las siete y pico). Y yo le contesto por wasap que cualquier cosa me viene bien,  una piedra, un pañuelo blanco de las madres de mayo, una fotografía linda, un souvenirs o una camiseta del Boca para mi marido.Lo que tú veas.


Entonces, me trajo  “El héroe de las mujeres”, un libro del gran ABC de las letras argentinas, Adolfo Bioy Casares,  y que ella sabe que a mí tanto me gusta. Es lo que tiene conocerse.




Además, por entre las páginas, encuentro una servilletita del café Tortoni. Este último detalle es importante, quizás lo que más. Tengo también de ella, por ejemplo, una cajetilla de cerillas del bar, en Nueva York, donde toca o tocaba el clarinete Woody Allen, un vaso de cristal de una terraza de Venecia, o, también, arena del Sahara, o agua del Mar Muerto.




Significa, que alguien se acuerda de tí, cuando estaba allí, lejos,  y te ha traído algo "vivo" del lugar... Ahí es ná.


El héroe de las mujeres es un libro de relatos de corte fantástico. A mí me parece que a Bioy Casares le pasa factura su amistad y colaboración con su gran amigo Borges o al revés. No sé. No se puede saber. Es una impresión mía.  Sin embargo, su destreza literaria, nos permite disfrutar sus relatos, ante todo su fino humor, elegante y culto, el gran Adolfito, el gentleman argentino, el descendiente de conquistadores, de familia de clase alta, oligarcas ganaderos.


Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo y José Luis Borges



Aquí, un pequeño resumen de los argumentos de cada relato.


En “De la forma del mundo” Unos contrabandistas utilizan un túnel para su negocio, túnel que une misteriosamente Argentina con Uruguay, trasladándolos a otra dimensión espacial y que el protagonista aprovecha para visitar a una mujer.


--Ahí está lo que no entiendo. Si partimos de la premisa que la tierra es redonda…--Qué premisa ni premisa. Usted dice que es redonda porque se lo contaron, pero en realidad no sabe si es redonda, cuadrada o como su propia cara. Le prevengo: si el detalle geográfico es lo que le llama la atención, no cuente conmigo. A mis años no tengo paciencia para estupideces. Me pregunto si tomarlo de socio no habrá sido un error fatal. Un hombre como usted, que está completamente fuera de la realidad, a lo mejor se pone a ventilar mi túnel con mujeres y extraños.


En “Otra esperanza”, El director de un sanatorio transforma el dolor humano en energía eléctrica.


El empleo me atrajo por su carácter humanitario. En seguida le aviso que yo no siento particular admiración por el género humano. Prefiero los animales: por ejemplo, las vacas y los caballos, que pastan a los lados del camino. Si levantan la cabeza, cuando paso, les devuelvo el saludo. Lo que sí respeto es la caridad, porque sé que a la gente no la consultaron para traerla a una vida donde lo único cierto es el dolor; pero socorrer a los que sufren no siempre es fácil.


“Una guerra perdida” Un hombre abandona a su esposa por su amante y posteriormente por otras mujeres; todas ellas, extrañamente obsesionadas por el estudio de la formación de las dunas (médanos).


“Entonces, ¿no es tu abuelo?” pregunté, dolido. “Es mucho más que un abuelo”, replicó. “Es el padre de la fijación de médanos.” “¿Brémontier?”, inquirí en un murmullo. “Brémontier”, contestó. Le di la espalda.
En la soledad de mi escritorio, yo pensaba: “Evidentemente, el azar me echó en medio de esta racha… Hay que esperar a que pase”. O quizá, cambiando tanta mujer, como dice el tango, envejecí. Envejecer y distraerse (ya se sabe) es la  misma cosa. Durante mi distracción, el mundo cambió, se llenó de fijadoras de médanos y, por buena cara que le ponga a Mercedes, a mí el asunto me aburre. No sólo me aburre; me enoja. Si toda mujer se dedica a fijar médanos, disminuye la variedad de mujeres (pero, ¿no hay precedentes? Los filósofos, al clasificar la realidad, ¿no la empobrecieron?). En todo caso, la historia conoció muchas obsesiones no menos universales.


O “Lo desconocido atrae a la juventud”  La atracción de Luisito Coria, por el mundo de lujo del hampa, y finalmente el cuento que da título al libro, “El héroe de las mujeres” en el que se hace una expedición a una Hacienda ya derruida para constatar la existencia o no de un tigre.

Acaso en el afán de hacer gala ante Laura de una impecable imparcialidad, o meramente en el afán de ser generosos, llegaron a una situación extraña: después de un rato de alegar, cada uno se había mudado a la posición del otro, de modo que el conservador cifraba sus esperanzas en la transformación de la sociedad y el radical, en el escrupuloso respeto de la tradición.

jueves, 16 de noviembre de 2017

TIERRA DE CAMPOS






“Todos conocemos el final. Y el final no es feliz”, así empieza “Tierra de Campos” de David Trueba. La idea es que todos somos conscientes del final de la historia, nuestra historia, que es la vida; aunque desconocemos el argumento.


Mi maridito dice que no es cierto. Eso dice desde el sofá en el que se recuesta para leer filosofía. Según él, el FINAL de cada uno es de lo más distinto que pueda imaginarse, depende de la narración de nuestras vidas y cada uno tiene la suya. Conocerla en su totalidad es lo que se produce al final, por lo que el final, la narración final de cada uno, es diferente  uno de otro. Además es aparente el final de la muerte, pues la muerte es algo que ocurre a la vida justo después de la identidad personal completada de cada cual, cuando termina la narración. Y, por tanto también el final es feliz y no infeliz, es feliz pues al final completamos la identidad personal.  


Y yo le digo algo alterada mientras escribo ¿Pero es o no es cierto que al final está la muerte? ¿Cómo puede ser “eso” un final feliz? ¡Jesús! ¡Qué cosas dices! ¡En fin! Volvamos al relato.


Dani Mosca, es un músico de éxito, que emprende un viaje para enterrar a su padre en el pueblo donde nació. Durante el trayecto, el protagonista, siente el desarraigo de no pertenecer a un lugar concreto como lo es su padre. Su identidad, al contrario que su padre, le viene dada por sus convicciones culturales, por sus ideas, por el arte,  y no por un lugar geográfico. ¡Así estamos más de uno!





Aquí interviene de nuevo mi maridito con lo que a continuación transcribo: “Esto le sucede al narrador y al autor por la pérdida de la idea de nación española durante la transición. Al no ser ni vasco ni catalán no ha conseguido contarse en su vida un nomos de la tierra, unas raíces en la tierra. Tener piernas y no raíces exige la desterritorialización de la vida


En lo que nunca fracasábamos era en fracasar.


El viaje por Tierra de Campos o por Campos de Castilla, como diría el poeta, se convierte en un recorrido interior que representa los orígenes del protagonista, que reconstruye su vida, y reflexiona sobre la infancia vivida, la familia y sus inicios en la música. Trueba nos cuenta la historia sin estridencias, desde la perspectiva de lo cotidiano, como la forma de componer sus canciones que tiene mucho que ver con su relación con las mujeres o con su padre... y en cuyas anécdotas sonreímos los lectores de su generación.


Y me invadió la pereza, hablar mal de los políticos es parecido a comentar el frío cada vez que llega el invierno.


Es una novela con feedbak bien hilvanados y estructurados, con algún que otro cliché sobre la relación entre la música el sexo y la vida desenfrenada en estos ambientes. Por lo demás, muy bien.





A mi el desamor me valía, era tal mi pasión por Oliva que perderla era otra forma de quererla, de gozarla, una perversión mía, un placer oculto y malsano que me provocaba satisfacción incluso en la infelicidad más absoluta. Era otra liberación.

Cuando Gus me dijo es de esa clase de chicas que te pueden hacer sufrir mucho, lo tomé como un elogio, tantas veces nos decíamos él y yo que si una canción no podía terminar siendo un disparate vergonzante no merecía la pena comenzarla. Como todo en la vida, sólo lo que puede salir mal merece la pena intentarse.



Sus manos y las de mi padre, con aquella herida de guerra que nunca quiso aclararme si se debía a la gangrena causada por la astilla de un azadón mientras cavaba una trinchera en Tremp, versión ramplona, o la metralla de una descarga de antitanques, versión épica, me inspiraron la canción “Manos de viejo”.


Heredé su capacidad para ser amable con gente que no apreciaba. Nunca le niegues el saludo a nadie, me explicaba, no les concedas la ventaja de que sepan lo que piensas de ellos.


Cuanto peor te traten, tú sé más amable con ellos, [...] Mi padre era el mejor jefe de prensa de sí mismo. Mi trabajo es la política, decía, yo llamo de puerta en puerta, a mí no me regalan nada.


¿Me dejaría allí ducharme sin gritarme que cerrara el grifo de una maldita vez?


Es interesante aceptar sin traumas la idea de decepcionar a los demás, de no hacer lo que esperan de ti.


Pero él sabía que el oficio venía a salvarme de nuevo, que la desdicha es lo único que las personas llegamos a poseer de verdad.


Metí la ropa de mi padre en cajas de cartón y salvé alguna prenda, aquel abrigo, una visera. Deshacer la casa tuvo algo de deshacer la infancia.

Ya no guardaba en mí aquella hambre de los once años cuando quería saberlo todo. Puede que ahora ya entendiera mejor que no hay un orden, que no existe ese orden que creen los niños que lo explica todo, la disciplina moral, la consecuencia exacta de cada cosa, su significado. Hacerse adulto puede que signifique aceptar el caos o al menos aprender a convivir con él. Caos que a un niño le desasosiega y por eso inventa un mundo tan sólido como el que fabrica con su juego de bloques de construcción. Con palabras robustas como papá, mamá, familia, futuro.