LA CONJURA

jueves, 10 de marzo de 2016

MORTADELO Y FILEMÓN


De cómo se me ocurrió reseñar a Mortadelo y Filemón

Me disponía a leer un  ensayo sobre la experiencia política del profesor de filosofía  José Antonio Marina titulado “Los sueños de la razón”cuando apareció mi maridito y me dijo:

— ¡Vaya!  ¡Otro libro divulgativo de Marina!

Quien como yo esté rodeado de filósofos o de profesores de filosofía apreciará, sin duda, el retintín con el que se pronuncia dicha palabra. ¡Divulgativo! Os aseguro con conocimiento de causa que “divulgativo” es lo peor que se puede decir en estos casos. Viene a ser como un  ¡Bahdivulgativo!

Y ese ¡Bah!se traduce de la siguiente manera: “Éste es un libro para enseñar a quien no sabe. Pero claro, nosotros, sesudos pensadores, necesitamos surcar el pensamiento abstracto de grandes autores, bucear por ejemplo en el “ser y el tiempo” de Heidegger, que ese sí que es difícil y ni Dios lo entiende y porque nosotros leemos la obra y no los manuales y mucho menos los libritos de encargo para enseñar al vulgo ese que no sabe nada. Estamos en otra dimensión”  y es que“pensar, pensar, lo que se dice pensar, no es divulgar lo que otros han pensado”.

Claro que no todos son así.  Mariplatónica, por ejemplo, filósofa y también profesora de filosofía no tiene esos prejuicios. Y la verdad es que mi maridito tampoco. Le trae al pairo todo ese lustre filosófico. Yo lo he visto leyendo “Platón en 24 horas” y acto seguido coger la ética de Spinoza o al encriptado Heidegger, sin ningún complejo. Pero le gusta hacerse el machote o el sarcástico delante de mí.

Entonces decidí cambiar de tercio, en honor a José Tomás, (aunque no me gusten las corridas de toros) que es como decir el Heidegger del toreo comparado con Rivera, el Marina del toreo. Y para ello he elegido a dos grandes: Mortadelo Y Filemón. Así el tercio es de cinco estrellas.



Así que abandono a Marina (momentáneamente) y lo leeré más adelante. Ahora me apetece más un cómic. Esos dos grandes filósofos del cómic español que son Mortadelo y Filemón. 

 ¡Y VAN 50 TACOS!

Mortadelo es un personaje desastroso pero capaz de disfrazarse de cualquier cosa, y Filemón es su jefe, un tipo colérico con tan sólo dos pelos en su reluciente calva. Son la tesis y la antítesis. Ibañez, el autor y dibujante, a veces pulula como genio maligno, y se disfraza junto a sus personajes, apareciendo en algunas de sus escenas. Un genio “maligno” bonachón.




En este capítulo Mortadelo, Filemón y el Superintendente tienen los achaques propios de la edad. Tienen todas las enfermedades posibles de las personas mayores: reuma, esclerosis costillar, atasco bronquial, desviamiento vertebral, cirrosis. Ni siquiera los grandes héroes como Spiderman, Tarzán o Batman se libran de la enfermedad. Ni tampoco la oronda Ofelia, secretaria de la TIA. Todos son humanos y por tanto “ tienen reuma”.





Del asunto se encargará el Doctor Bacterio, del que Mortadelo y Filemón no se fían- con razón-ni un pelo. Pretende darles un elixir contra el lumbago y la ciática –previamente ensayado en una rata que, por cierto, no ha sobrevivido—y que lo único que hace es agravar la situación con graves efectos secundarios. Bacterio es un científico con mucha fe, casi un mago.





Los agentes Mortadelo Y Filemón deben estar en plenas condiciones para el nuevo caso que les ocupa: atrapar a Caricemento Pedrúsquez implicado en un affaire inmobiliario de Marbellandia. Pero sus condiciones físicas no les impide hacer frente a un auditor corrupto, superar una huelga, lanzarse en persecuciones, afrontar con éxito explosiones y salir indemnes, sin embargo, de caídas espectaculares.


Magnifico. Contra la corrupción política en España tenemos a Mortadelo y a Filemón. No hace falta a ese personaje gabacho de Montesquieu.
¿Quién?
Montes- Quieu.



domingo, 7 de febrero de 2016

TENTACIÓN


DE JANOS SZÉKELY



“Tentación” es una gran novela húngara.

El libro se lee rápido (aunque tiene 775 páginas). Nadie que empiece a leer esta historia con hechuras de novela Dickensiana, puede dejar de hacerlo. (Y si no lo creen, inténtelo a ver si lo consiguen). Se aprende y se disfruta con ella. Con un estilo sencillo, sin requiebros, nada recargada, elegante y de gran intensidad emocional nos cuenta cómo era la vida corriente entre la gente normal en una clase baja  empobrecida. Muy actual.

Comienza de esta forma:

Mi vida empezó como una novela policiaca. Intentaron asesinarme. Por suerte eso pasó cinco meses antes de que yo naciera, de manera que no creo que la cosa me causara mayor sobresalto


Béla es un niño húngaro, pobre y bastardo. Su madre, obligada por las circunstancias, debe marchar a trabajar a Budapest, confiando al pequeño Béla a una especie de hospicio rural regentado por una vieja mezquina que le hará la vida imposible y en unas condiciones de vida infrahumanas. Era una época de inestabilidades políticas: la descomposición del imperio Austro-Hungaro y la llegada al poder del fascista Miklós Horty.

Pero Béla consigue ir al colegio gracias a su insistencia y tenacidad.  Un excepcional maestro, un auténtico magiar, tan bruto como delicado, lo iniciará en la lectura, en la poesía y en el pensamiento. Una joyita en mitad de aquella inhóspita región.

El protagonista marcha  a Budapest.  Allí conocerá a sus padres 
(aunque bastardo conoció al padre,  que resultó ser un gran personaje; un hombre entrañable, divertido,  fuerte…). Entrará a trabajar de botones en un gran hotel. Alternará la riqueza y lujo del hotel con la extrema pobreza del piso y edificio donde malvive junto con otras familias sin apenas recursos. Pasará hambre, conocerá el amor, el sexo, el socialismo, el fascismo…

 Un reflejo de la proverbial tristeza húngara, un mundo desazonado por el destino al que vamos encaminados sin posibilidad de salvación…





“En un mundo como el nuestro solo quedan dos alternativas: hacerse revolucionario o sinvergüenza”

Esta reflexión, me dice mi maridito, debió ser escrita en el año 1990 también por Antonio Muñoz Molina y Mario Vargas Llosa – el marido de Isabel-,,,,,,,J (Yo le digo que no, que es un exagerado, que son dos grandes escritores y que no se meta con ellos y él se ríe dándome la razón)

Y no me digan, señores de la PAH, si esta escena descrita en la novela no es actual en España:

“Al cabo de un minuto todo el mundo sabía ya a quién se disponía a desalojar el portero: se detuvo ante la puerta de Mári, abrió la puerta con su llave, hizo una seña a los matones y entraron los tres. El portero abrió las contraventanas que Mári no se había atrevido a abrir por su culpa y los alemanes tiraron por la ventana  el “mobiliario” de la casa que—para presentar un inventario exhaustivo—consistía en dos maletas desgastadas, una burda manta de color marrón y una caja de madera tosca que hacía las veces de mesa. Y nada más. Eso era todo lo que había quedado de aquel cajista tan laborioso que no bebía ni jugaba a las cartas, que trabajó de sol a sol mientras le dejaron y que soñaba con un hijo y con un mundo más humano”


Janos Székely,  el autor, nació en Hungría, emigró a Berlín y posteriormente a EEUU. Fue, además guionista del genial Lubitsch. "Tentación" es una novela autobiográfica.  ¡Ahh! Y nuestro autor es  uno de los escritores favoritos de la también húngara Agnes Heller.








viernes, 15 de enero de 2016

LA HUIDA DE CÉSAR


DE MARTA SERRANO MARTÍNEZ





Tenía pendiente esta reseña. ¡Que no se me olvide! Vengo diciéndome desde hace tiempo, desde que fui a Alhama a visitar a unas amigas y compré el libro. Ese día, como todavía faltaba para la cita, me fui a la librería, a hacer tiempo. Allí, compré algunas carpetas azules de elástico (de esas de toda la vida). ¡Con el maridito tan desastre que tengo debo tener la mayoría de las cosas clasificadas!

Entonces vi el librito y lo ojee. Como hace todo escritor en una librería.

Lo compré por diez euros, 53 páginas que leí enfrascada en el coche, de vuelta a casa. Yo no conducía ¿eh?  Que conste.

Y está muy bien escrito. ¡Sí señor!

La autora, Marta Serrano, es Diplomada en Educación Social, una disciplina que nada tiene que ver con la literatura, lo cual, confirma mi teoría. Mi teoría consiste en que los filólogos o lingüistas están demasiado atentos a la construcción de las frases, a no equivocarse sintácticamente, de tal manera que nunca o casi nunca se deciden a escribir. A escribir algo para el público.  Así, La mayoría de los escritores o poetas suelen ser de profesión médicos, abogados, historiadores… Aquellos que se arrojan sin miedo, sin temblor ni pudor a la escritura. Lorenzo Silva, Bulgakov, Antonio Muñoz Molina, Alfredo Bryce Echenique… y tantos otros.

La historia gira en torno a la búsqueda de César, un personaje enigmático, que irrumpe en la vida de sus amigos para luego desaparecer sin más. La autora consigue que nos interesemos en el protagonista; alguien especial, que deja huella en aquellas personas que lo conocen y al que todos recuerdan.



A los pocos minutos de comenzar a hablar con él, me dí cuenta  de que disfrutaba con la conversación. Su forma de expresarse y de mover las manos al hablar me resultó muy natural. Había en él algo enérgico, activo, atrayente.


_ ¿No te parece raro cómo nos aferramos a los recuerdos? Estamos atrapados por aquellas cosas que hemos vivido y que nos gustaría revivir una y otra vez. Paso cada día pensando en lo que he experimentado en lo que he perdido... esa forma de existencia me impide disfrutar más del "ahora"


Recuerdo que esa tarde nos hallábamos los dos sentados a la sombra de unos árboles, en un parque, sin nada que hacer. En verdad no hicimos nada de lo que comúnmente se entiende por "hacer algo" en todo el verano. Yo disponía de vacaciones en la universidad. César simplemente decía que estaba de vacaciones, aunque nunca supe de qué.




UN CONTORSIONISTA ESPAÑOL EN LA REVOLUCIÓN RUSA

EL MAESTRO JUAN MARTÍNEZ QUE ESTABA ALLÍ

DE MANUEL CHAVES NOGALES

En un programa de Televisiónde gastronomía nipona: “libros con uasabi” calificaban este libro de “bonito” y “delicioso”.

                 MANUEL CHAVES NOGALES


              


La verdad es que en él se relata con cierta gracia las penas y vicisitudes de un flamenco español, natural de Burgos, que le pilla la Revolución Rusa en ciudades como San Petersburgo, Kiev, Odesa y Moscú, en plena tournée. Y aunque contado a veces en clave de humor, otras, sin embargo, el testimonio es desgarrador. La historia que nos cuenta Manuel Chaves, es real. Autor y protagonista se conocieron en Paris.

Para mí, sin embargo, no ha sido divertido, ha sido muy duro:

“Toda mi vida me acordaré de una mujer famélica con un niño en brazos que, al pasar, estuve viendo durante varios días sentada en un portal próximo a la casa en que vivíamos. El primer día que reparé en ella aquella mujer pedía pan a los que pasaban, y su hijo se resolvía en su regazo llorando. Al día siguiente la infeliz mujer, extenuada, ni siquiera tendía la mano a los transeúntes. Así siguió dos, tres días. Una mañana me fijé en que la mujer ya ni siquiera se movía. Se había quedado muerta de inanición en la misma postura que tenía. El chiquillo, prisionero entre los brazos agarrotados del cadáver, lloraba todavía. Cuando pasé al día siguiente ya tampoco se quejaba la criatura.

Ahora que evoco aquello me maravillo de cómo pude ver fríamente día tras día el desenlace fatal y previsto de aquella tragedia silenciosa. ¿Cómo no arranqué el chiquillo de los brazos helados de la muerta y evité que pereciera?

¡Ah! No se sabe nunca a qué extremos puede llevarnos el instinto de vivir; hasta donde llega el egoísmo. Nadie sabe lo egoísta que es mientras no llega el caso, y a quienes se hagan la ilusión de creer que en aquellas circunstancias hubiesen hecho algo mejor de lo que yo hice—volver la cara al otro lado—, yo les pondría en una de aquellas calles de Odesa durante los años de hambre, cuando centenares de criaturas, abandonadas por sus familiares, muertos de hambre o de tifus, esperaban a morir acoquinadas en los portales”

¡Hombre! Precisamente este libro no  puede ser calificado de  delicioso,  así no lo veo yo. ¡Eso sí! Un buen libro, interesante, imprescindible diría yo, donde nos cuentan los primeros años de la revolución rusa capitaneada por Lenin y Trotsky,  y que a pesar de los hermosos ideales defendidos también por los intelectuales europeos, no impidieron que se cometieran los crímenes más atroces.

Ningún bando quedó libre de esas acusaciones. Unos y otros eran realmente ladrones y asesinos; los rojos asesinaban y robaban a los burgueses, y los blancos a los obreros y judíos.

Y es que cuando hay una guerra civil,  lo mejor que uno puede hacer es marchar, si se puede, huir del lugar. Cuentan que Freud tardó en huir de los nazis en Viena, pero fue debido  a su agorafobia.

Juan Martínez, que ese era el nombre del flamenco hispano, estuvo seis años atrapado en una Revolución que ni le iba ni le venía. Él era flamenco, acostumbrado a correrse juergas con los señoritos españoles, con los bohemios de Paris, con los príncipes rusos…

El hombre tuvo que afiliarse al Sindicato de Artistas del Circo para poder sobrevivir. Nadie conocía allí el mundo del flamenco; y nada sabían de sus requiebros, de las palmas, del zapateo, de su duende… así que tras una actuación de Juan Martínez, una comisión depurativa del sindicato lo inscribió como contorsionista.

                                    Aquí la actuación del contorsionista Antoñete

Por aquella época había un clown llamado Bim-Bom de lo más crítico, ningún soliloquio de ahora podría igualarse. Cuentan que en una ocasión en Berlín sacó un perro con un casco puntiagudo que representaba al Káiser. Este artista tuvo graves problemas con los bolcheviques que no admitían la sátira política.

La mayor parte del tiempo Juan Martínez estuvo en la ciudad de Kiev, con Sole, su mujer y partenaire. Alternativamente Kiev fue invadida por las tropas del Zar y luego por los bolcheviques, incluso por el ejército polaco. Se iban las tropas del zar y venían los bolcheviques, y  al revés. Así durante largo tiempo. 



Cuando venían los blancos, Juan Martínez se ponía el smoquin, corría a los cabarets a trabajar, pues en la ciudad se abrían las salas de fiesta y los cafés y corría el champán y se reanudaba cierta actividad comercial. Entonces, los judíos huían despavoridos a esconderse, y todo aquel que fuera afín a la causa bolchevique. Los judíos fueron masacrados por el ejército blanco.

La “conspiración judeomasónica y roja” como diría Franco.

Y cuando venían los rojos, Juan Martínez escondía el smoquin, pues era indumentaria burguesa y una razón para que te fusilaran sin contemplaciones. Y se convertía en un obrero del sindicato del Circo.Entonces, en la ciudad, todo el mundo se disfrazaba de mendigo.

Hasta que no hizo falta disfrazarse…, pues llegó un momento en que realmente no había nada que echarse a la boca, nada que vestir y nada que calzar. Y efectivamente, eran unos mendigos. Zombis esperando la muerte.

Un bando y otro asesinaban, cundía el terror, los cadáveres en las calles estaban amontonados. Bolcheviques matando a sus propios padres, tropas del zar asesinando a diestro y siniestro. Y luego el hambre, el tifus. ¡Sálvese quien pueda!


“Llegué a la conclusión de que, aproximadamente, había tantas víctimas de los rojos como de los blancos. Era un balance desolador, porque no podía uno inclinarse a ningún lado con la esperanza de hallar un poco menos de ferocidad en algún platillo de la balanza. Asesinos rojos o asesinos blancos, ¿qué más daba? Todos asesinos”

¿Por qué triunfaron los bolcheviques?

Según Juan Martínez porque los rojos pasaban hambre al mismo tiempo que la población y los blancos no. Esto fue, lo que hizo inclinarse la balanza. Se estableció una solidaridad de hambrientos entre la población civil y los guardias rojos. Unidos por el hambre, arremetieron bolcheviques y  no bolcheviques contra el ejército blanco, que tenía pan.

Y finalmente dice Juan Martínez:

Y así triunfó el bolchevismo. El que diga otra cosa miente; o no estuvo allí, o no se enteró de cómo iba la vida.

15 años más tarde, en 1936, en la guerra civil española, ¿comprobaría Juan Martínez su tesis antropológica y moral en la misma España?



lunes, 28 de diciembre de 2015

Biografía del silencio

                
DE PABLO D’ORS


No me gustan especialmente los temas sobre meditación y espiritualidad, aunque desde hace algunos años practico yoga—sin duda la espiritualidad hindú—, o eso intento al menos. Para mí el yoga son ejercicios prácticos muy difíciles (algunos de ellos imposibles) para mantenerse en forma, en cuerpo y soul. Una disciplina muy útil. En cambio, la parte de espiritualidad, la de los chakras y demás historias o leyendas no me interesa lo más mínimo; salvo los diez últimos minutos en que nos relajamos después de los ejercicios porque no supone demasiado esfuerzo físico después de la paliza que nos mete el maestro yogui.

Mis maestros hacen sesiones dedicadas a la meditación y nunca voy.



El caso es que vi a este autor, Pablo d’Ors, nieto de Don Eugenio, en un programa de TV. ¡Vaya! ¡Un ensayo de un cura sobre la meditación! pensé que no me interesaba, a punto estuve de cambiar de canal, aunque seguí prestando atención.
Pablo d’Ors tenía un discurso muy preciso, no se enrollaba.  Con esos apellidos de intelectual catalán (y  puede que de español también)  me asombraba que dijera:

“Leo a ciertos autores que después de leer una frase interminable, no sé qué dicen”

Y me hizo gracia. Así que pensé: A ver cómo ha escrito éste su ensayito sobre el silencio. ¿Se entenderá o no se entenderá?


Pues bien, el ensayo tiene cien páginas y se lee rápido. Además, como había intuido, escribe muy bien y no se enrolla.


Según Pablo d’Ors, la meditación es necesaria porque las personas vivimos dispersas, fuera de nosotros. Nos dedicamos a buscar porque solemos rechazar lo que tenemos y sólo empezaremos a vivir en la medida en que dejemos de soñar con nosotros mismos. Creceremos como personas cuanto más nos dejemos asombrar por lo que sucede, es decir, cuanto más niños seamos.


Vivimos, sí, pero muy a menudo estamos muertos. Lo que realmente mata al hombre es la rutina; lo que le salva es la creatividad, es decir, la capacidad para vislumbrar y rescatar la novedad. (Esto ya lo sabía yo pues es lo que de forma rutinaria no deja de decirme mi maridito). La meditación que practica  D’ORS apunta al carácter aventurero de lo ordinario: hacer la cama, sacar al perro…

A menudo, lo que queremos es que el mundo se pliegue a nuestras apetencias. Nos pasamos la vida manipulando cosas y personas para que nos complazcan. Esa constante violencia, esa búsqueda insaciable que no se detiene ni tan siquiera ante el mal ajeno, esa avidez compulsiva y estructural es lo que  nos destruye.

Lamentablemente, todos solemos estar demasiado enamorados del drama. En cuanto nos percibimos como seres no dramáticos, ¡nos aburrimos de nosotros mismos! Nos inventamos los problemas y las dificultades para sazonar nuestra biografía. Descubrir que uno no puede realizar determinada tarea, por ejemplo, no tiene por qué ser un problema; puede ser una liberación.


Mirar algo no lo cambia, pero nos cambia a nosotros.

Las emociones y los estados anímicos tienen su propio funcionamiento, pero, si nos lo proponemos, nosotros somos infinitamente más poderosos que ellos. Podemos escoger qué papel representar en la función o, incluso, no representar ninguno y asistir a ella cual espectadores.

El potencial de nuestra soberanía es sobrecogedor.

Hay un fondo misterioso—el yo auténtico—que es el espacio que se intenta frecuentar durante la meditación. Cuando dejas de esperar que la obra que estás realizando se ajuste al patrón o idea que te has hecho de ella, dejas de sufrir por este motivo.

La vida se nos va en el esfuerzo por ajustarla a nuestras ideas y apetencias.

Su maestro es Elmar Salmann, monje benedictino, según d’Ors un auténtico sabio con un increíble sentido del humor. De él dice: “resulta poco menos que inaudito encontrarnos ante alguien a quien resulta indiferente lo que pienses o dejes de pensar de él. Esto maravilla por su rareza, pero sobre todo por la soberanía que comporta. Atrae porque es a lo que todos estamos llamados: al olvido de sí.


La meditación…, POR TANTO:

·         “No consiste en mirar penetrantemente, intentando calar hondo o desentrañar quién sabe qué cosas, sino mirar amorosamente, sin pretensión, como quien espera una revelación sin ninguna prisa”

·         “Casi todos los frutos de la meditación se perciben fuera de la meditación. Algunos de estos frutos son, por ejemplo, una mayor aceptación de la vida tal cual es, una asunción más cabal de los propios límites y de los achaques o dolores que se arrastren, una mayor benevolencia hacia los semejantes, confianza en uno mismo, serenidad…”

·         “Sufrimos porque pensamos que las cosas deberían ser de otra manera. La meditación consigue que seamos felices aún si no hemos alcanzado nuestros objetivos porque la satisfacción no se obtiene en la meta sino en el camino mismo. El hombre es un peregrino, un homo viator”

Hasta aquí bien, no hay problemas en meditar sacando a Fox (nuestro perro) o meditar olvidándome de mí, ¡pero lo que no puedo es olvidar a mi maridito! … y sobre todo cuando se pone a cocinar, se les cae las cosas al suelo y lo deja todo perdido...!

                                                                                                            


Mi perro Fox y yo paseando en el atardecer por la Azohia


Tengo que decir también,  que en algunas frases me  he quedado estancada. Por ejemplo en las siguientes:

*  “Para alguien como yo, occidental hasta la médula, fue un gran logro comprender, y empezar a vivir, que yo podía estar sin pensar, sin proyectar, sin imaginar…”
o   Esto es ¿Cómo los alumnos de la ESO pero sin moverse?

*   " Cuando estoy sentado comprendo mejor que el mundo no depende de mí, y que las cosas son como son con independencia de mi intervención”

o   Esta afirmación se referirá a cuestiones domésticas, a lo ordinario de nuestras vidas, por ejemplo relaciones del tipo: ¿Por qué le caigo tan mal a mi cuñado? y que es difícilmente solucionable; ahora bien, lo que es el mundo, desde luego que necesita mejora. Dice mi maridito que tal afirmación es la de un cura y propia de la dejadez de la clase rentista burguesa, y un realismo ingenuo medieval, donde la acción o la interpretación de la persona no existe, sólo importa Dios, ¡vamos una deshumanización!
o   Si un ente no se verbaliza y no está definido, claro que no depende de mí; pero si éste está expresado y conceptuado, entonces, dependerá en cierta medida de nuestra intervención. No sé…

*  “Es mucho más saludable pensar menos y fiarse más de la intuición, del primer impulso. Cuando reflexionamos solemos complicar las cosas, que suelen presentarse nítidas y claras en un primer momento. Casi ninguna reflexión mueve a la acción; la mayoría conduce a la parálisis. Es más reflexionamos para paralizarnos, para encontrar un motivo que justifique nuestra inacción”

o   ¿Eh? …Parece un poco exagerado ¿no?, pues para escribir el ensayo habrá tenido que pensar algo, y tener cierto interés en cambiar algo…digo yo. Todo esto, me dice mi maridito, está ya dicho por Miguel de Molinos y su consejo: “procura estar siempre en la nada”. Por lo que el nieto debería aplicarse lo que dijo su abuelo Don Eugenio D’ors: “lo que no es tradición, es plagio” y Pablo está plagiando a Molinos. (Que conste que no estoy de acuerdo con esta afirmación tan a la ligera de mi maridito y que Pablo D’Ors no plagia a Miguel de Molinos, sino que es, este filósofo del siglo XVII, místico y fundador del quietismo, el que se basa en la doctrina budista, y no al revés)

*    “Si por un momento considerásemos que todas las dificultades que nos toca atravesar en esta etapa de nuestra vida son oportunidades que el destino—ese amigo—nos ofrece para crecer… A ese colega maldiciente ha llegado la hora de ponerle en su sitio; esa tarea pendiente ha resultado mucho más llevadera de lo que imaginabas…¡Deberíamos estar agradecidos de tener tantos conflictos!”

o   Bueno, eso vale para nuestra vida diaria (que no es poco), y es cierto que nos crecemos ante la adversidad;  pero dependerá también del tipo de adversidad. En el caso de la explosión de una bomba nuclear, por ejemplo, no le veo la utilidad por ningún sitio, al menos para los que han sufrido las consecuencias.  
En este caso es conveniente tomar yodo y no estar mucho tiempo bajo los efectos de la radiación nuclear, lo dice la ciencia moderna. ¡Ah la ciencia moderna! ¡esa forma de saber  odiada por tantos místicos ¡! – me dice mi maridito desde su sofá sufista y sin mover un sólo dedo ¡! Quieto, imperturbable…

Finalmente:

Lo gracioso—por no decir patético—es que el hombre está montado en la vida y pretende salir ileso de ella. Tal pretensión de chapotear en el barro sin embarrarse, es, ciertamente ilusoria.


Después de leer este libro me voy a apuntar a Meditación, además, compraré otro libro del  mismo autor, esta vez de literatura: “Andanzas del impresor Zollinger”. Y es que este hombre/cura/escritor  escribe muy bien. ¿Ves Pablo, como tu intervención y la escritura de este libro, sí que ha supuesto una modificación, al menos para mí? ¡Ay! Hombres de poca fe…



martes, 22 de diciembre de 2015

Las obras infames de Pancho Marambio

De Bryce Echenique



Desde mi época de estudiante, Alfredo Bryce Echenique es uno de mis autores preferidos. Y  eso no va a cambiar, ni tan siquiera ahora, cuando leo otras obras suyas apenas comparables en calidad a “La vida exagerada de Martin Romaña” o “Un mundo para Julius”…etc., como es el caso de esta novela.
El universo de Bryce Echenique, es recurrente, todito recurrente, que diría él: la ciudad de Paris o la de Barcelona, Italia, sus viajes por Europa, su familia de rancio abolengo en el viejo Perú y sus compatriotas limeños a los que debe hospitalidad, la literatura, el alcohol…, un universo que se muestra una y otra vez, en toditos sus libros, en toditas sus novelas… ¡en fin! su genial y barroca espontaniedad, en toditos sus cuentitos. 




A Alfredo hay que quererlo porque sí y porque ya lo dice él: “yo escribo para que me quieran”, aunque un amigo mío me dijo al respecto: “No funciona”. Pero yo creo que sí funciona, al menos conmigo  y también con mi maridito (él también se apunta desde la cocina, donde se toma una infusión extraña para el resfriado)

Bienvenido Salvador Buenaventura es un educado, excelente y distinguido abogado perteneciente a una importante familia limeña, cuya maldición familiar consiste en un alcoholismo congénito y hereditario entre sus miembros. Nadie se libra de semejante maldición que se transmite en la familia por generaciones,  hermano tras hermano todos caen en el alcoholismo, hombres y mujeres. Todos, salvo Bienvenido Salvador Buenaventura, que es la gran excepción a la regla.

Pero nuestro protagonista decide jubilarse y con el patrimonio que ha ganado y el heredado,  irse a vivir a Barcelona. Allí compra un pisito, en la calle Provenza, al que debe hacerle unas reformas. Y para ello, contrata nada más y nada menos que a Pancho Marambio, craso error, el mayor estafador y charlatán del mundo. El inefable Pancho lo saquea vilmente, aumenta presupuestos, utiliza materiales de pésima calidad… Así con Pancho Marambio, Bienvenido comienza a beber y a cumplir con su fatal destino.

Y había también otro operario, de inconfundible aspecto magrebí e imposible acento analfabeto, al que Pancho le dijo un día que le debía unos quinientos euros, o sea, unos quinientos euros por tercera o cuarta vez consecutiva. Bienvenido ya no escuchó, ya ni observó, y tampoco miró ya a nadie de arriba abajo. Hacía tiempo que simple y llanamente lo aceptaba todo.
—Pues dime su nombre, para hacerle un cheque nominal. —se limitó a decir aquella enésima vez.
— ¿Su nombre? Pues mira, su nombre es una serie de sonidos cuyo resultado es Rafael. Con eso basta y sobra.

El whisky con sus cubos de hielo perfectos en un vaso de cristal tallado, de cristal tallado de roca…

Y  me recuerda Bryce Echenique, porque los cita en esta novela y en otras y porque lo tengo pendiente, que he de leer a Juan Rulfo y a Julio Ramón Ribeyro.




domingo, 6 de diciembre de 2015

Pessoa en la barbería


He leído en la red el siguiente fragmento del libro del desasosiego.





"He entrado en la barbería como de costumbre, con el placer que me da poder entrar fácilmente sin inhibición en las casas conocidas. Mi sensibilidad ante lo nuevo es angustiante: sólo estoy tranquilo donde ya he estado.

Al sentarme en la butaca he preguntado, porque me ha venido a la cabeza de casualidad, al mozo que me estaba poniendo al cuello un paño de lino fresco y limpio, cómo estaba su compañero de la butaca de la derecha, más viejo e ingenioso, que estaba enfermo. Se lo he preguntado sin que me pesara la necesidad de preguntárselo: se me ocurrió motivado por el sitio y el recuerdo. «Murió ayer», ha respondido la voz sin tono que estaba detrás del paño y de mí, y cuyos dedos se levantaban del último ajuste en la nuca, entre el cuello de la camisa y yo mismo. Todo mi buen humor irracional ha muerto de repente, como el barbero eternamente ausente de la butaca de al lado. El frío ha inundado todo cuanto pienso. No he dicho nada.

¡Nostalgia! La siento incluso de aquello que no ha sido nada para mí, debido a la angustia por la fuga del tiempo y a la enfermedad del misterio de la vida. Si dejo de ver las caras que veía habitualmente por mis calles de costumbre, me entristezco; y no han representado nada para mí, a no ser el símbolo de toda vida.
¿Aquel viejo insignificante de las polainas sucias, que se cruzaba frecuentemente conmigo a las nueve y media de la mañana? ¿El vendedor de lotería cojo que me molestaba inútilmente? ¿El vejete redondo y colorado con su puro a la puerta del estanco? ¿El dueño pálido del estanco? ¿Qué ha sido de todos ellos, que por haberlos visto una y otra vez, han formado parte de mi vida? También yo desapareceré de la Rua da Prata, de la Rua dos Douradores, de la Rua dos Fanqueiros. También yo –el alma que siente y piensa, el universo que soy–, sí, también yo seré mañana el que ha dejado de pasar por estas calles, el que otros evocarán vagamente con un «¿qué habrá sido de él». Y todo cuanto hago, todo cuanto siento, todo cuanto vivo, no será más que un transeúnte menos en la cotidianidad de las calles de una ciudad cualquiera."