LA CONJURA

martes, 12 de julio de 2016

EL BOSCO AL DESNUDO



AUTOR: HENK  BOOM

Madrid. Siempre que visito el Prado voy a ver el cuadro de  “Las lanzas” o “La rendición de Breda” de Velázquez y el tríptico “El jardín de las delicias” del Bosco y, cómo no,  me doy una vuelta por la sección de Goya, echándole un ojo al Greco del que salgo corriendo pues da yuyu.

Otra cosa que hago es pararme ante el cuadro “El conde duque de Olivares”, que está en la misma sala que el de “las Lanzas”. Retrocediendo y  tomando una distancia relativa se puede ver en el suelo un enorme socavón por el que está a punto de precipitarse el caballo del conde, cosa que no se aprecia en las fotografías. Por lo visto y según le confesó en una ocasión un pintor allí apostado a un amigo mio, a Velázquez no le caía demasiado bien el todopoderoso conde duque de Olivares.




Como hace unos días maridito y yo y unos amigos visitamos la exposición que conmemora el V centenario de la muerte del Bosco, me compré el libro “El Bosco al desnudo” a ver si me aclaraba algo de este enigmático pintor y de su extraño lenguaje figurativo. ¿Qué significado tienen los animales, los búhos, las aves? ¿Y las fresas, los mejillones?  ¿O Los instrumentos musicales en el infierno?






Y es que sabemos más de Marte que del Bosco

Eso pensaba yo, aclararme,  pero lo cierto es que el libro no me ha desvelado gran cosa acerca de la personalidad de este genial pintor. El autor se limita a citar a otros exegetas bosquianos y hablar de sus  respectivas tesis.  Así que termina el libro diciendo que: "El misterio de Bosch nunca se resolverá".

Según el autor, hay diversas teorías de interpretación:

Dicen unos que para comprender al Bosco hay que conocer el medievo neerlandés y sus mitos y folclore. Otros, que el autor padecía de soledad y aburrimiento y que debía de consumir alucinógenos para poder plasmar aquellas imágenes oníricas surrealistas con su pincel. También que era ateo e integrante de la secta de los adamitas. O todo lo contrario, que era creyente aunque crítico con la iglesia.





Parece que no se aclaran.

Lo que sí es cierto es que Felipe II, católico y devoto, y uno de los monarcas más papista que el papa, tuvo la colección más importante del Bosco, al que admiraba, tanto que, a la hora de su muerte en el Escorial, mandó colgar en la alcoba dos obras principales del pintor: El jardín de las delicias y La mesa de los pecados capitales.

¡En fin! Son mucho más esclarecedores los propios folletos que reparte el Prado a la entrada de la exposición y estos magníficos enlaces.

El Bosco sirvió de inspiración a otros artistas.

  • Quevedo, por ejemplo, se basó en la imaginería del pintor para recrear sus visiones cargadas de burla y sátira en su obra “Sueños”.
  • Baltasar Gracián, en su obra el “Criticón”, una vasta alegoría de la vida humana, donde aparecen monstruos mitad humanos: “Haced cuenta [] que soñáis despiertos: ¡Oh, qué bien pintaba el Bosco! Ahora entiendo su capricho” Porque los hombres andan con la cabeza para abajo y los ciegos sirven de guía a los demás. “Así va el mundo”.
  •  El filósofo y escritor rumano Mircea Eliade, y el filósofo político Carl Schmitt y Eugenio D’Ors, todos ellos impresionados por la obra del Bosco. Y concretamente con el “Jardín de las delicias “y el detalle inferior del panel central donde tres mujeres llevan una liana en la que cuelga una berenjena. Schmitt llevó reiteradas veces a D’Ors al Prado  para que observara este detalle.

  •  El genial Jacek Yerka, pintor polaco surrealista e influido por el Bosco.







Al salir de la exposición, maridito compró dos subcarpetas del merchandising; una era "el paraíso" del jardín de las delicias para guardar los exámenes de los alumnos que aprueben y la otra "el infierno", para los que suspendan. Yo, por mi parte, compré una chapa de un gatito con un ratón que sale en la parte inferior izquierda del jardín del edén.



La mejor, la más extensa y más importante exposición realizada hasta ahora sobre el Bosch...





domingo, 3 de julio de 2016

CARTAGENA INEXPUGNABLE

Cartagena en la antigüedad. Editorial Áglaya.
Autor : Adolfo Schulten.




Mientras mi maridito conducía su Mercedes hacia Barcelona, yo, copilota,  leía sentada a su lado este librito que más  que libro parece un folleto. Me costó 1 €. Cuenta con apenas cincuenta páginas, siendo la mayoría de ellas ilustraciones del museo arqueológico  municipal de Cartagena.  

Es lo primero que he leído desde hace tiempo.


Me sorprendió  la editorial  Aglaya.  Después de mi lectura consulté su página web y tiene libros, algunos muy interesantes sobre episodios históricos muy concretos. Por ejemplo  ha editado una saga marinera, al estilo de los episodios nacionales. Su autor, Luis Delgado Bañón, es  militar español y escritor. La Armada española siempre ha sido la avanzadilla en la Ciencia.



Me gusta Cartagena, como me gusta Barcelona y como me gusta también Cádiz. Algo tienen, CT, BCN  y Cádiz , quizás mucha luz.

Decía un amigo que estando en estas ciudades a uno le entran ganas de hacerse consignatario de buques, aunque no se sepa muy bien en qué consiste ese oficio. A mí me ocurre algo parecido. Creo ver a Edmundo Dantés desembarcar de su fragata, en busca de Danglars y me imagino a su novia, Mercedes, atisbar el horizonte desde un ventanal  para ver los barcos arribar a Puerto.

Y mucha luz. El mar azul. La ciencia ha descubierto que la orilla del mar es felicidad.

                                                La Azohía. Cartagena
Apunto aquí las notas que más me llamaron la atención de la Mini-lectura de “Cartagena en la antigüedad”.

Según el autor, el puerto de Cartagena es uno de los mejores del mundo.” Efectivamente”- añade el piloto.  Cuenta con varios puertecillos más, como el de Portman y el de Escombreras. Este último llama la atención por el origen de su nombre. La denominación Escombreras viene de la isla de Scombraria, que así la llamaban los romanos por el pez “scombro o caballa” (también llamada melva) del que se obtenían conservas y salsa de pescado.

¡Vaya! ¡Siembre pensé que el nombre de escombreras se debía a la existencia de cascotes y desechos!

En el gran puerto, por otro lado, estaba situada la ciudad Mastia, siglo VI a.C.  Después pasaría a manos de los cartagineses y luego a los romanos. “No sin antes matar a todo Cristo”- dice el marido-piloto acelerando.

Pero, no nos vayamos por las ramas,  el libro se centra principalmente en la conquista de Cartagena a manos (o a espada) de Escipión y su genial estrategia para conseguirlo.

La Cartagena de aquella época estaba situada en una península que sólo quedaba unida a la tierra por el Este, mientras que por el resto estaba rodeada de mar, de manera que  sólo podía ser atacada por el istmo.  

El istmo estaba formado por varias colinas: la de Vulcano (Castillo de Despeñaperros), colina de Aletes (actualmente Castillo de San José), la Colina de Cronos, el Moloch de los púnicos (Monte Sacro) y el actual Molinete.

Por último, en la parte norte de la franja, había una laguna que  terminaba por hacer infranqueable la ciudad de Cartagena. Así que, sus moradores se sentían muy seguros y se limitaban a mantener una guarnición de mil hombres.

Precisamente porque el plan parecía imposible pudo tener éxito. Escipión se atrevió. Salió desde Tarragona con su ejército (las mejores legiones romanas), y haciendo una marcha diaria de cuarenta kilómetros consiguió llegar a Cartagena. “Nosotros, en la autopista, llevamos una media de 130 kms/hora “.

                                                PUBLIO CORNELIO ESCIPIÓN

A fin de distraer la atención de los asediados, los romanos fingieron atacar la puerta Este.  Mientras tanto, el resto del ejército se hallaba acampado en una de las colinas, esperando el atardecer. A esa hora y según le habían confiado a Escipión, la marea bajaba y por ciertos puntos se podía vadear la laguna. Salvado este obstáculo,  les  llevaría a escalar la muralla Norte que se encontraba sin defensas  y, de este modo, atacar a los cartagineses por la retaguardia. Culminó la invasión con la flota romana de Cayo Lelio  (treinta barcos) entrando por la parte Sur.




“Sólo le faltó enviar la aviación de madera, que si la hubieran inventado la habrían utilizado”- sentenció de nuevo el marido-piloto.

Luego vino la matanza y después el saqueo. Como dato curioso se cita que Escipión capturó diez mil prisioneros, entre ellos había dos mil artesanos de los arsenales, que desde entonces tuvieron que trabajar para la Roma victoriosa.


¡Eran los orígenes de la actual “Navantia”!




jueves, 16 de junio de 2016

JONAS KAUFMANN

Uno se entristece sin darse cuenta. Sucede siempre. En mi caso perdí el apetito (algo inaudito en mí) no comía, sólo lo justo, y porque era la hora y tocaba. Siempre estás muy cansada y sólo quieres dormir y no hablar y no pensar. En ese estado, cualquier acto habitual se convierte en un sufrimiento: ir al trabajo, hablar por teléfono, leer o escribir.

Sin embargo, creo que no estaba deprimida. Sólo estaba triste, muy triste. Ni siquiera he llegado a estar deprimida (al menos no profundamente). Quizás sólo un principio.

El caso es que durante este tiempo, me despertaba por las mañanas con la música de un tal Jonas Kaufmann, un tenor alemán, considerado uno de los mejores del mundo. Mi maridito lo escuchaba insistentemente. Pero yo no me encontraba bien y llegué a odiar a este hombre. Y a su música. A todas horas con el dichoso Kaufmann. En una ocasión, bajando las escaleras del sótano, me caí rodando. Mi maridito ni se enteró, en ese momento escuchaba a Kaufmann a todo volumen.

Pues bien, un día me da la gran noticia: tenemos entradas para ir a verlo al Palau de la música en Barcelona.

— ¿No es extraordinario?—me dice entusiasmado.

—¡Más de setecientos kilómetros para escuchar al tal Kaufmann! —le contesté—¿No sería más barato y más cómodo que te compraras un disco?

Cuando llegamos al Palau, la gente, los fans, nerviosos y muy emocionados, se agolpaban a la entrada para ver a su ídolo. Por supuesto ya no quedaban localidades. Me fijé en un cartel con la imagen del tenor que había en el vestíbulo. Hasta ese momento no había tenido el menor interés en saber cómo era. Me imaginaba un Pavarotti, o un Plácido Domingo, versión austriaca, o algo así. Pero no. Era un hombre joven y extrañamente atractivo, de unos cuarenta y pico años. 





Entramos. Nos toca arriba, ¿en el gallinero? (no sé si ese término es el adecuado para el Palau) y además separados, en filas distintas. Conocemos a MJ, una amable profesora de música de la universidad que nos habla del tenor.

—Tiene una voz densa, sutil si se cuida, será uno de los grandes.

Empieza el concierto cantando poemas con música de Mahler y Richard Strauss. Muy triste y solemne. Y es que aquí muere hasta el apuntador. El pianista, Helmut Deutsch, en cambio, me pareció brillante desde el principio.

—Los poemas son muy existencialistas. —me dice mi maridito volviendo la cabeza desde la fila de delante.

—Ya, ya

Como toda aquella parafernalia me es ajena, me distraigo observando a mi alrededor. Algunos espectadores se levantan para ver mejor. Pero solo lo hacen aquellos que no tapan a nadie. Eso sí, lo hacen exquisitamente, demasiado diría yo; en silencio, sin molestar, y siguiendo al mismo tiempo al tenor con el programa en la mano. Como en una liturgia, donde hay que llevar bien aprendido el papel. De pronto, una señora que hay a mi lado, se atreve a aplaudir cinco segundos antes de que finalizara el tenor. La gente se le echa encima y la manda callar. Pero Kaufman no le da importancia y sonríe. Un error lo tiene cualquiera y estaba justificado.

Aproveché para admirar el Palau y su estilo modernista. Sobre el escenario, una escultura de la cabalgata de las Valquirias; en el techo, una gran claraboya que representa un sol, y que a mí me parece más bien una gota de rocío a punto de caer


Miré hacia arriba  y entonces ocurrió. Como mi asiento estaba en un lateral, pude comprobar un gran caballo alado que sobresalía de un arco y que se extendía por encima de los espectadores. El animal tenía unos enormes testículos tallados en piedra que pendían sobre mi cabeza. Entonces me dio risa. Una risa contagiosa. Me parecía una escena surrealista.  No podía reprimirme y cada vez reía más hasta que tuve que taparme la boca y hacer esfuerzos para que no se me oyera. Cualquier movimiento en falso y los fundamentalistas de la ópera me ponían de patitas en la calle.



Terminó Kaufmann con enormes aplausos y siendo muy generoso en los bises. Además, tuvo el detallazo de finalizar cantando una canción española. Eso sí, el tenor tuvo que sacar el ipad  para poder seguir la letra. Una canción de Turina, “las locas por amor”, creo. No sé si con retintín.  El público rendido a sus pies, le regaló flores y cava. Regalos que se llevó personalmente quizás por su origen calvinista.

A partir de ese momento me uní a la fiesta. En platea nos esperaba ML, también profesora de música, muy generosa en sus explicaciones. Por ella sé que Kaufmann tiene un amplio registro, y que además de guapo es grande (musicalmente hablando), que Juan Diego Florez es un tenor peruano, el mejor en su especialidad, el Bel canto, y que Anna Netrebko es una de las mejores sopranos de su generación aunque la ha fastidiado casándose con un tenor ruso al que impone en sus actuaciones.

Salí muy contenta y feliz del Palau. 

Kaufmann y la Netrebko en una actuación. No se pierdan el beso final.




Nosotros, poco antes de la actuación, tomando cava frente a la Catedral del Mar.









lunes, 25 de abril de 2016

ESTA SEMANA ME LLAMO CLEOPATRA

DE LUISA MARIA LINARES



Este es un libro rosa, cuando “rosa” no significaba algo cutre como hoy en día,  y  que leí hace mucho tiempo. Recuerdo de entonces aquellos libros de Luisa Mª Linares, y Enid Blyton, los comics de Zzipi y Zzape, Mortadelo y Filemón, el capitán Trueno, y sobre todo Rompetechos. ¡Qué se le va a hacer! No tenía yo los tutores de la familia Wittgenstein que me guiaran en otras lecturas

Me acuerdo también de la caja de cartón de mi hermano donde guardaba sus novelas gráficas del Oeste y que yo le cogía para leerlas a escondidas. Novelas del oeste que son los únicos libros que, por cierto, terminó leyendo Ludwig Wittgenstein.  Con ellas aprendí a leer. Me gustaba mucho la sueca Pippi Langstrump, sin embargo la  austriaca Heidi, la veía demasiado “pavica” y “lacrimógena” y al italiano Marco un cansino insoportable buscando a su madre.



Hace unos días, coincidencia cósmica, mientras curioseábamos en una feria del libro viejo, encontré “Esta semana me llamo Cleopatra”. No quería comprarlo pues temía decepcionarme, como me pasó con las historias de Enid Blyton, que cuando volví a leerlas, ya de mayor, me parecieron demasiado clasistas.  Ni siquiera las merendolas a base de limonada y mermeladas me parecieron tan deliciosas como antes. La fantasía y la imaginación con que las recordaba se había esfumado.



Pero maridín insistió en que lo comprara.

Así que lo he vuelto a leer, aunque con cierta aprensión a los ácaros por ser un libro de Maricastaña. ¡Es lo que tiene el libro viejo! Y la verdad es que no me ha decepcionado; tampoco es que lo encuentre maravilloso, pero es aceptable, con ciertas ñoñeces (no muchas) y correctamente escrito.

Sus historias parten siempre del mismo patrón: heroínas jóvenes y guapas, ciertamente atractivas e inteligentes, que tras diversos avatares y malentendidos encuentran a ese ser maravilloso, que es un hombre inteligente, adinerado y sobre todo atractivo. La vieja historia de la mujer y el cuento del príncipe azul. Flaubert debidamente condimentado para la plebe.

Cleopatra, que así se llama la protagonista,  es en realidad, Anita Ocampo de Alvear, más conocida en su pueblo como “Anita la Revoltosa”. Al morir sus únicos parientes, marcha a Madrid con una echadora de cartas. La misma noche de su llegada a la capital es confundida con la adivina y es arrastrada por un joven al teatro donde conocerá a Jaime Oliver, el galán y actor de moda; que también se confunde y piensa que Anita es una malévola mujer-depredadora de hombres en busca del dinero de su hermano

En resumidas cuentas, la chica se hace artista y dentro de la compañía de teatro viaja a Portugal:

Debajo de las alas de fieltro lucían los ojos más oscuros y penetrantes que me fuera dado ver nunca. No eran los ojos desafiantes y alegres de los andaluces. Éstos eran sombríos, dramáticos e implorantes. La palabra justa era ésta: implorantes.

El acento me resultaba grato, susurrante y me hizo sentir la impresión de que él y yo estábamos solos en aquel Chiado de las novelas de Eça de Queiroz.

Pero Anita, lectora de los poemas de Paul Geraldy, es en el fondo una chica tímida y muy romántica a la que, todavía,  nadie ha besado. Escondida en “la guarida del solterón” por el propio Oliver con el fin de que no coincida con su hermano, conoce allí a un torero, a un millonario y a un marqués, y, como ha de ser, todos ellos caen rendidos a sus pies.

Si tu m’aimais
Et je t’aimais,
Comme je t’aimerais!

Miré el cielo azul, el rio y la tierra, con sus peñascos grises unidos por el musgo y los helechos, sus setos tachonados de flores silvestres y sus innumerables hojas tiernas que brotaban por todas partes.

Estaba segura de que quedarían grabadas en mi memoria algunas imágenes que formarían desordenado conglomerado paquetes de recuerdos como instantáneas tomadas al sol y mezcladas sin orden ni conciertoLa camisa azul, las rocas, las truchas, el olor a café, el cigarrillo que él me había dado, las cañas, la rama de sauce mordisqueada, el calor, el perfume acre de la hierba y el rumor del agua batiendo en los peñascos.

El Normandie se había refugiado en el puerto de sus pensamientos. Hubiera querido hacer un abordaje para descubrir lo que pasaba por su imaginación. Oliver era una persona “terriblemente hacia adentro”. De vez en cuando permitía que alguien se asomase a mirar un poco, pero sólo un poco. Luego se envolvía en el silencio, como una tortuga en su caparazón. Debía de ser su sistema de autodefensa ante las exigencias del público.
Seguimos callados.

Pero el silencio también puede ser conversación. 



martes, 19 de abril de 2016

SOLANERA



El pasado fin de semana la familia Larios (entre los que figuro) viajó a Yecla a visitar las bodegas Castaño y, de paso, conocer un poco mejor la ciudad. Fue una agradabilísima excursión, sin ninguna pretensión más que pasar el día, comer y ver algo diferente.



En la bodega nos recibió la guía que tiene el papel muy aprendidito de repetirlo una y otra vez. Nos explicó la elaboración del vino tinto y blanco, y nos dio una charla sobre las bondades de la uva monastrell  y los vinos de Yecla en general.



Entre sus productos estrella está el vino “Solanera” considerado por la guía del enólogo Robert Parker uno de los mejores del mundo, en relación calidad precio. Lo probamos debidamente y estaba buenísimo. Yo no entiendo mucho de vinos y no he hecho ningún cursillo de cata, pero mi paladar y mi estómago son muy exquisitos en ese sentido. Si el vino es malo, mi estómago arde.



Lo curioso del caso es que el noventa por ciento de la producción la exportan a Canada, EEUU, y a otros países. La guía comentaba orgullosa que tímidamente empiezan a venderle a China Sólo el diez por ciento de la producción queda en España, y es muy difícil encontrarlo distribuido en nuestros propios comercios, quizás, dijo la guía, se pueda comprar en tiendas gourmet. Es una lástima.


Después de comer, subimos al castillo y callejeamos hasta llegar a la iglesia vieja y luego a la nueva, la Basílica de la Purísima, con su cúpula blanquiazul emergiendo sobre el conjunto de tejados.



En las calles del casco antiguo, colgando de sus muros solemnes, vemos varias placas conmemorativas con fragmentos  de Azorin hablando de Yecla. El escritor vivió allí durante ocho años.  En esta ciudad poética y mística



Yo amo a Yecla, este buen pueblo de labriegosLos veo amar, amar la tierra. Y tienen una fe enorme, la fe de los antiguos místicos Esta es la vieja España, legendaria, heroica



Aquí sentí que por primera vez entraba en mi alma una ráfaga de honda poesía [] aquí se formó mi gravedad castellana [] es donde pasé los ocho mejores años de mi vida.



Aquí estoy con mi Azorin particular.



martes, 12 de abril de 2016

Las andanzas del impresor Zollinger



Pablo D’Ors es de familia bien. Nieto de D. Eugenio D’Ors, humanista y filósofo, de madre filóloga y padre médico.  Se ordenó Pablo (voy a tutearle) (espero que no le importe) sacerdote en 1991, siendo su gran maestro el monje y teólogo Elmar  Salmann, al que cita en su obra “Biografía del silencio”. Desconocía el nihilismo positivo de Nietzsche dice mi maridito. 

Como este libro me gustó especialmente, sentí curiosidad por leer algo más del autor y tirando de bibliografía di con esta novela “Andanzas del impresor zollinger”.

Al final Pablo D’Ors se hizo especialista en germanística tras estudiar en Praga y Viena. Y eso se nota en esta novelita, que es un relato existencialista; una búsqueda del alma  (creo yo) del propio autor por el propio autor. Los nombres, las citas y los emplazamientos son de origen alemán. Así el protagonista se llama zollinger y vive en el pueblecito de Romanshorn; más tarde sus peripecias transcurrirán en la ferrovía austrocheca sustituyendo al suicida Gerhart Weber, en el tercer batallón de caballería del ejército austriaco, en los bosques de St. Heiden  y en Appen- Tobel.

Unos emplazamientos que nada tienen que ver con Sierra Espuña o con el parque de Doña Ana.

Desde niño, zollinger quiere ser impresor; al igual que Pablo quiere ser escritor. Sin embargo la vida, el azar, Dios lo lleva por otros derroteros. En su exilio, ocupa el puesto de jefe de estación, después es  funcionario de un ayuntamiento, zapatero y también se convierte en el asceta de un bosque. Y se enamora de Magdalenala joven que lo llama todas las mañanas por teléfono indicándole que la vía del tren está libre.

En todos sus trabajos es capaz de encontrar una capacidad de asombro y perfeccionamiento. O el amor. Hasta en la labor más insulsa y mecánica como poner sellos a los documentos la convierte en una aventura, en una melodía estimulante. Ser en lugar de Tener.

Dice  Andrés Ibáñez en el prólogo:

Hay algo en el ser humano, parece decirnos el zollinger, que no cambia nunca, pase lo que pase y estemos donde estemos. Hay una posibilidad de vivir y de experimentar la plenitud de la existencia en cualquier lugar, en cualquier momento, con trabajo o sin trabajo, con amigos o sin amigos, con casa o sin casa, con proyecto o sin proyecto, con reconocimiento o sin él, algo que tiene que ver con la aceptación, con la nobleza, con la ilusión, con la gratitud, con la capacidad de asombrarse, con la atención cuidadosa a lo que se tiene entre manos y con el descubrimiento tranquilo de la sorprendente belleza que tienen todas las cosas en todas partes.

Siempre es así: los mejores hallazgos van precedidos de los más grandes fracasos y de los más hondos sentimientos de pérdida.

Maravillado de todos aquellos regalos con los que la vida le obsequiaba—porque era la vida—, August se admiró de que la fruta del mercado fuera de tantos colores y de que una bicicleta rodase (¿no era realmente prodigioso?); y de que una persiana se subiera y una ventana se abriese sin que nadie se asomara. Todos aquellos milagros siempre habían estado ahí, ante sus ojos: un viejecito que hablaba solo y hasta reía; y el chico de los recados, arrastrando la carretilla; y un joven que encendía un cigarrillo mientras un anciano arrojaba lejos el que colgaba de sus labios.

Y aquí os dejo estas reflexiones de mi maridito:

  • El asombro cristiano ante una existencia ¿donada por el Todopoderoso? ¿O por una Naturaleza inocente?
  • ¿Santo Tomás de Aquí-no? ¿Spinoza? ¿Nietzsche teólogo?

Ahora, mientras escribo este post, escucho al Mirlo cantando en el patio...



viernes, 8 de abril de 2016

EL MIRLO


Desde hace algunos días tenía en mente escribir esta entrada sobre un mirlo que todas las mañanas se posa en mi ventana. El ave llega cantando, come pienso de nuestros gatos y luego alza el vuelo hacia el pino de enfrente, donde vive con su compañera a la que lleva alimento. El caso es que Mariplatónica, que no deja de sorprenderme, se me ha adelantado con su Alondra. (Precioso post, por cierto)


Por razones que no vienen al caso, andaba yo disgustada con mi maridito, cuando recibí un correo electrónico suyo en el que había escrito el siguiente haiku (excepcionalmente de cuatro versos)




Justo en la ventana
canta un Mirlo
es el alma de Gladiator
que quiere entrar