LA CONJURA

jueves, 8 de enero de 2026

VIDA Y MUERTE DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 




Henry Buckley fue uno de los más importantes reporteros que informó sobre la guerra civil española. El periodista inglés vio más del enfrentamiento español que ningún otro corresponsal. Se relacionó con los grandes personajes de la guerra, Dolores Ibarruri, Enrique Líster, Negrín; coincidió con Hemingway en la batalla de Teruel y en la del Ebro , y viv en directo los acontecimientos más relevantes de una época y sus protagonistas.


Henry Buckley llegó a España a finales del año 1929 como corresponsal de The Daily Telegraph, a tiempo de presenciar la caída de Miguel Primo de Rivera y con ello el final de la monarquía de Alfonso XIII y el principio y posterior derrota de la II República Española.


Henry Buckley


Comienza el libro con las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 cuyos resultados pusieron en entredicho al rey y a la institución monárquica y determinaron la llegada de la Segunda República Española.


Para el hombre de la calle, la llegada de la República significaba el fin de la era feudal en España; el fin de la hegemonía de la Iglesia, el Ejército, la Corona, y la oligarquía sobre el resto de los españoles”.


Fue testigo del nombramiento de los presidentes de la República Alcalá Zamora y de Manuel Azaña. De Negrín dice ser la persona más interesante que conoció en la guerra. “¿Qué demonios hacía ese canario bonachón y bon vivant que desde siempre había mirado con desprecio la política, que había sido elegido diputado un par de veces pero que jamás había pronunciado un discurso parlamentario, que hacía aquel hombre al frente de la República en su hora más crítica( 1939)?”




Denuncia el nefasto papel jugado por las democracias europeas, como Inglaterra y Francia, en su decisión de no ayudar a la República Española, lo que contribuyó a la victoria de Franco.


Los acusa de pasividad y de negarles la ayuda y el apoyo necesario a la democracia española, en guerra contra el alzamiento de Franco. Cierto es que había un Tratado de NO intervención, pero este tratado los fascistas alemanes e italianos se lo saltaron a la torera. Y no solamente los fascistas enviaron tanques, artillería y batallones al bando nacional, sino que la aviación nazi bombardeó Guernika, con la misma impunidad que el destructor Deutschland atacó a la población civil de Almería sin posibilidad alguna de defenderse. Franco contaba también con la Legión y Regulares de Marruecos. Se hablaba entonces de una fuerza que se acercaba a los ochenta mil hombres.


La República sólo tuvo la ayuda de los brigadistas internacionales. La Brigada Lincoln, la Mackenzie-Papineau (canadienses) y el batallón Attlee de los ingleses, además de franceses, italianos y alemanes contrarios a Hitler y Mussolini. Sólo Rusia enviaba material cuando podía sortear el bloqueo al que estaba sometido el país por el tratado de no intervención.


Brigadas internaciones


Contemplando el heroísmo de aquellos soldados británicos, no podía por menos de pensar que ellos estaban haciendo lo que los políticos—y los empresarios y los burócratas—se habían negado a hacer. Porque salvar la democracia en España era salvarla en todo el mundo civilizado”.


Como parte de la ofensiva de Brunete, las Brigadas Internacionales habían tomado Villanueva de la Cañada en una batalla feroz que duró un día entero. El número de bajas fue enorme. Pude visitar a un brigadista inglés en el hospital de campaña. Tenía la espina dorsal destrozada y sus horas estaban contadas. Me pidió que le leyera la orden del día que les habían dado a los brigadistas aquella misma mañana antes de entrar a combate. Mientras la leía me dijo que le parecía una excelente pieza de oratoria. Me contó que había estudiado en la universidad de Cambridge y que se había alistado en las Brigadas poco después de graduarse. En momentos como esos me convencía a mí mismo de que merecía la pena seguir informando sobre aquella guerra. Recoger las últimas palabras de aquel joven que lo había dejado todo para acudir a luchar por un país que no era el suyo era devolver a mi país un rayo de esperanza, decirles a los ingleses que no todos eran tan ruines como los políticos que en aquellos momentos los gobernaban”.


Eso sí, las potencias europeas se preocuparon de salvaguardar los cuadros del Museo del Prado, mientras exiliados republicanos hacinados en el sur de Francia en “campos de concentración” morían de hambre y frio.


Con el tiempo el enfrentamiento se polarizó y defender la República pasó a significar la ayuda a los rojos, a los bolcheviques, a los revolucionarios. Los países europeos terminaron por apoyar a Franco con la creencia que después de la guerra la ideología del alzamiento pasaría por el redil de la democracia.


Cuando Franco inició el levantamiento nacional, es decir, el golpe militar, la organización obrera más importante , la CNT, lo paró en las principales capitales industriales de España , por lo menos en las de Catalunya, las del Mediterráneo e instauraron, ante el exilio de los burgueses capitalistas, la revolución anarcocomunista, hasta ahora la revolución más avanzada que ha existido nunca al mantener la democracia social y la libertad.


El 1 de abril de 1939 el generalísimo Franco anunció el fin de la guerra. La República había muerto.




Pero en aquel verano de 1938 era consciente sobre todo del tremendo sufrimiento humano que aquella guerra estaba causando. Me paraba por la calle, al verme con pinta de extranjero , una viuda para preguntarme por la güera y cuánto tiempo tardarían las tropas de Franco en entrar en Barcelona. Después me contaba que a su marido lo habían matado los “rojos” en los primeros días de la revolución y por eso quería saber cuándo entrarían “los suyos” en la ciudad. Llegaba al hotel y la camarera quería que le contase los últimos triunfos del ejército republicano. A ella la Falange le había matado a sus dos hermanos, asesinados en Pamplona poco después del Alzamiento.




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