LA CONJURA

viernes, 23 de octubre de 2026

NUNCA JAMAS


 


Este libro lo encontré recomendado en instagram como un thriller trepidante “que te mantendrá atrapado desde la primera página”—decía. La cuenta tiene miles de seguidores, así que le hice caso y lo compré por aquella ley del salto de la cantidad a la cualidad marxista engelsiana como dice mi maridito, que cualquiera sabe lo que significa esa metáfora.


Es verdad que hay capítulos cortos y muy rápidos en la novela, pero no es especialmente trepidante, ni buena, ni original. Es muy normalita. La protagonista es una inspectora de policía cuyo hermano ha resultado ser un asesino en serie, aunque ella no lo cree por aquello de que “lo conoce de la infancia”. Es la razón por la que es alejada del caso y enviada a un campamento minero (de uranio) en el desierto de Australia donde han desaparecido tres mineros— y no por accidente laboral—. En su investigación austral estará acompañada por un nuevo policía del que desconfía. Juntos, sin embargo, se enfrentarán a un entorno hostil alejado de la civilización.


“Nunca Jamás” es el primer libro de la tetralogía de la detective Harriet Blue. No sé el porqué de ese título. A no ser que se refiera a lo lejos y recóndito y poco apacible de los territorios mineros en el desierto australiano, a los que nunca jamás se tiene la intención de volver.


El campamento era una gran monstruosidad de acero en el centro de una planicie rocosa. Un vertedero de maquinaria aparatosa iluminado por lámparas de sodio, cuya luz se reflejaba en las nubes bajas. Había ajetreo: los obreros, vestidos con monos de color azul marino y naranja fluorescente, recorrían las calzadas ya cerca de la medianoche, algunos con el café humeante en vasos de cartón. Las excavadoras rodaban despacio, alumbrando con sus faros intermitentes una maraña de módulos prefabricados etiquetados con letreros de cartón.


domingo, 18 de octubre de 2026

RÉQUIEM POR UN CAMPESINO ESPAÑOL


 


En un pequeño pueblo español se va a celebrar una misa réquiem por un joven fusilado durante la guerra civil. A la espera de los feligreses, el párroco repasa la vida del difunto a quien bautizó, casó y dio la extremaunción. Pero parece ser que nadie acude a la iglesia, ni siquiera la familia del difunto, ni los vecinos; a pesar de que Paco del Molino fue una persona querida en el pueblo. Murió joven, recién casado, una mujer embarazada, unos padres envejecidos. Un hombre justo y generoso, víctima de los caciques del pueblo que lo utilizaron como chivo expiatorio.


Al final, los mismos oligarcas y caciques que condenaron a Paco del Molino (don Gumersindo, don Valeriano, y el señor Cástulo Pérez) son los únicos que acuden a la iglesia demostrando su más absoluta hipocresía al sufragar los gastos de la misa de aquél que mandaron fusilar.


Una gran obra de Ramón J. Sender. Una novela corta, sencilla, que despierta conciencias sobre la sociedad rural y movimientos sociales de inicios de la guerra civil española. Sobrecogedora.


Aquella misma tarde los señoritos forasteros obligaron a la gente a acudir a la plaza e hicieron discursos que nadie entendió, hablando del imperio u del destino inmortal y del orden y de la santa fe. Luego cantaron un himno con el brazo levantado y la mano extendida, y mandaron a todos retirarse a sus casas y no volver a salir hasta el día siguiente bajo amenazas graves.



Era ya de noche, y en lo alto se veían las estrellas. Paco preguntó:

—¿Esa gente es pobre, Mosén Millán?

—Sí, hijo.

—¿Muy pobre?

—Mucho.

—¿La más pobre del pueblo?

—Quién sabe, pero hay cosas peores que la pobreza. Son desgraciados por otras razones.

El monaguillo veía que el sacerdote contestaba con desgana.

—¿Por qué?—preguntó.

—Tienen un hijo que podría ayudarles, pero he oído decir que está en la cárcel.

—¿Ha matado a alguno?

—Yo no sé, pero no me extrañaría.

Paco no podía estar callado. Caminaba a oscuras por terreno desigual. Recordando al enfermo el monaguillo dijo:




martes, 29 de septiembre de 2026

CASTILLA

 




Era tarde y no podía dormir, así que decidí subir al despacho y ponerme a leer “Castilla” de Azorin, un librito de 130 páginas que me había regalado mi marido y dejado en su estantería, como siempre hace. Según él, Azorín es uno de los tres grandes prosistas españoles en español de la Generación del 98 y de las posteriores—“los otros dos son Ramón J.(José) Sender,“Jota”como él dice, y Rafael García Serrano”.


A eso de las doce de la noche empiezo a leer sobre ferrocarriles. Un medio de transporte que en sus inicios aseguraban venía a revolucionar las relaciones humanas, también a Castilla. Y Azorín nos explica con detalle la construcción de la línea, de los túneles y viaductos y de los caminos de hierro (las vías del tren). Sigo leyendo sobre un tratado escrito en 1846 por el ingeniero escocés Robert Ritchie. Y luego otro, y otro más titulado…(no me acuerdo).


Azorín hace referencia también a periódicos como “La Gaceta”, que en 1845 publica la visita de cinco ingenieros ingleses encargados de trazar el ferrocarril de Bilbao a Madrid.


Continuo leyendo y me pregunto si de verdad ésta es una de las obras más representativas de Azorín. Y sobre todo ¿qué tiene ver con Castilla?




A eso de la una leo que en 1845 vino a España Jorge Stephenson, uno de los ingenieros ingleses más grandes del mundo moderno, para estudiar el terreno y construir un ferrocarril de España a Francia. Pues resulta que el gobierno español iba dándole largas a sus requerimientos, llegando incluso a invitarlos a una corrida de toros. Al final, aburridos y cansados, los ingenieros se marcharon de España y el ferrocarril no se construyó. Tampoco fueron a los toros. Rehusaron cortésmente a tal honor. Un senador español dijo que comunicar Francia con España por ferrocarril sería perjudicar la defensa del territorio, y que lo que había que hacer era subir la altura de los Pirineos.


Luego la cosa mejoró.


Azorín entremezcla en catorce capítulos, textos descriptivos, ensayo, y referencias literarias. Lo que se supone un libro de viajes, es en realidad un juego metaliterario que surge de otras lecturas. “Literatura de la literatura”.



El capítulo “la fragancia del vaso” lo construye a partir de la ilustre fregona de Cervantes, “Lo fatal” lo hace sobre el Lazarillo de Tormes.


Pero el cuento más completo y literario y el que más me ha gustado es el de “las nubes”. En él se contempla las nubes como el eterno retorno de Nietzsche; también con referencias a Campoamor, “las nubes son ideas que el viento ha condensado” “Vivir es ver pasar”; y a la casa solariega de Calixto y Melibea. No conocía la meditación budista, me apunta mi marido, pues lo habría dicho: para meditar se dice desde hace siglos “deja la mente en blanco y deja pasar una nube, otra nube…”.


En el capítulo titulado “En una ciudad y un balcón”, un hombre gris con barba afilada, catalejo en mano, observa desde un balcón la ciudad y los campos que la rodean. Aquí se produce un CAMBIO TEMPORAL, (Nuevo Mundo, Revolución Francesa, hasta la generación del 98) donde el espectador atemporal del balcón personifica el tiempo transcurrido.


Y el tren siempre de fondo en cada uno de los capítulos. Al final, según las estadísticas, España no estaba tan desfasada como podíamos creer. En 1864 nuestro país era el tercero en desarrollo ferroviario, por detrás de Inglaterra y Francia.


Para Azorín existe un arte, una paisaje, una raza a vigorizar, a hacer fuerte. Llama la atención la trayectoria política de Azorín desde una juventud inconformista hasta un firme conservadurismo ligado al político Antonio Maura. Apoyó el fusilamiento de Francisco Ferrer Guardia, un pedagogo y liprepensador anarquista cuyo único delito fue crear la Escuela Moderna y al que acusaron de rebelión militar, señalándolo como el autor de la Semana Trágica de Barcelona. Fue un proceso sin garantías. Un chivo expiatorio para calmar a los sectores católicos y oligárquicos.

Sus últimas palabras:


¡Muchachos, apuntad bien! ¡Vosotros no tenéis la culpa! ¡Soy inocente! ¡Viva la Escuela Moderna!




Las de Azorín no me da la gana ponerlas. No era un Zola que digamos.


Azorín en la guerra civil española se exilió en París sin comprometerse con ninguno de los dos bandos. En 1939 regresó a España. Además cobarde.



¡Eternidad, insondable eternidad del dolor! Progresará maravillosamente la especie humana; se realizarán las más fecundas transformaciones. Junto a un balcón, en una ciudad, en una casa, siempre habrá un hombre con la cabeza, meditadora y triste, reclinada en la mano. No le podrán quitar el dolorido sentir.


La catedral era fina y elegante. Se perfilaban sus torres en el cielo limpio y azul; en los días de lluvia, los canes, dragones, lobos y hombrecillos corcovados de las gárgolas arrojaban por sus fauces un raudal de agua que bajaba formando un arco hasta chocar ruidosamente en el suelo.


A esta olmeda que se abre a la salida de la vieja ciudad no llega el rumor rítmico y ronco del oleaje; llega en el silencio de la mañana, en la paz azul del mediodia, el cacareo metálico, largo, de un gallo, el golpear sobre el yunque de una herrería. Estos labriegos secos, de faces polvorientas, cetrinas, no contemplan el mar: ven la llanada de las mieses, miran sin verla la largura monótona de los surcos en los bancales. Estas viejecitas de luto, con sus manos pajizas,sarmentosas, no encienden cuando llega el crepúsculo una luz ante la imagen de una Virgen que vela por los que salen en las barcas; van por las callejas pinas y tortuosas a las novenas, miran al cielo en los días borrascosos y piden, juntando sus manos, no que se aplaquen las olas, sino que las nubes no despidan granizos asoladores.


Si hemos pasado en nuestra mocedad unos días venturosos, en que lo imprevisto y lo pintoresco nos encantaban, será inútil que queramos tornarlos a vivir. Del pasado dichoso sólo podemos conservar el recuerdo; es decir, la fragancia del vaso.




jueves, 24 de septiembre de 2026

EL NOVIO

 




Los autores de thriller no paran de engañar a los pobres lectores. Y no solo en la ficción literaria (cuando nos apuntan a un asesino demasiado evidente), sino también en el uso de pseudónimos y falsas identidades. El nombre de Carmen Mola es falso y el de Freida McFadden también, que parece ser una neuróloga o algo así.


Sydney Shaw es una neoyorquina que busca novio. Lo de toda la vida, sólo que ahora los nativos digitales lo hacen a través de una app de citas. Conoce a Tom, un médico guapo, educado, y muy interesante, tanto que no puede creerse la suerte que ha tenido. Está deslumbrada. Pero claro, el asunto no puede ser tan sencillo y Tom tiene un pasado oscuro. La cosa se complica cuando Bonnie, la mejor amiga de Sydney, aparece salvajemente asesinada en su apartamento de New York.


Bueno, pues entretiene. Capítulos cortos con tensión in crescendo y giros, no sé si calificarlos de “inesperados” porque uno sabe que el final va a ser enrevesado, pero sorprendentes, desde luego que sí. ¿Qué más se puede decir? Aunque mi maridito diría, “como no hay crítica a la tiranía política, que es lo propio de todo Gran Libro, no lo es”. Pero es entretenido como dije antes y eso ya es suficiente ¿ o no?


Mi departamento está en silencio.

Demasiado silencio. Los momentos de absoluta quietud resultan raros en un apartamento de Manhattan, por muy tarde que sea. Incluso cuando entro a trompicones en el baño a las tres de la mañana suelo oír que alguien está de fiesta al otro lado de mi ventana. Por eso, el silencio al abrir la puerta me inquieta.




jueves, 17 de septiembre de 2026

LA CIUDAD DE LAS LUCES MUERTAS

 



Llegué a esta novela de Uclés por su anterior libro (La Península de las casas vacías), que me pareció una gran obra y sentí curiosidad por “La ciudad de las luces muertas “ que además fue galardonada con el Premio Nadal de novela de 2026. Es de resaltar la magnifica portada del libro, obra del ilustrador Diego Rodriguez.

Su argumento se inicia con un apagón en la ciudad de Barcelona. De pronto no hay luz; ni solar, ni artificial. Entonces se superponen todas las Barcelonas, pasadas, presentes y futuras en un mismo plano. Coinciden en el mismo espacio temporal, artistas, escritores, pintores, poetas, gentes de la cultura y de las letras.


¡Un aleph artístico y literario en Barcelona!


Pero la desbordante imaginación del autor no ha servido, esta vez, para lograr una obra consistente como ocurrió con su anterior novela; al contrario, el argumento se queda en una mera enumeración, un anecdotario de personajes que eclipsa la trama y el hilo conductor.

Se me ha hecho largo y pesado, y eso que solo tiene 276 páginas. Un David Uclés “ artificial” aunque con buena intención.


Mario había ingresado en el hospital por voluntad propia. No tenía ninguna dolencia física, pero sí una psicológica que solo podía mitigar mediante una intervención quirúrgica. El escritor peruano quería que le movieran el corazón de sitio, de la región izquierda de la cavidad torácica a la derecha. Explicaba que había dejado no solo de pensar como un hombre progresista, sino también de sentir como tal. Quería que la sangre le fuera bombeada en el lado conservador, recto y uniforme del cuerpo.


miércoles, 19 de agosto de 2026

EL AMO


 


“El amo” es el segundo libro de la serie protagonizada por el subinspector Jotadé, policía gitano en una comisaría de Madrid, un agente descarado e intuitivo, que siempre va a su bola.


En esta ocasión se ocupa de un asesino psicópata que durante años secuestra jóvenes a las que mantiene recluidas en un zulo y a las que termina dejándolas embarazadas y al término de dar a luz las asesina. Una idea no muy original, pero sí denunciadora de la condición criminal de la raza humana.


Esta segunda entrega ha resultado bastante más interesante que la anterior y no por acercarse a una lectura más compleja. Y es que la historia comienza sabiendo el lector quien es el asesino desde el principio; el asesino está muy cerquita de Jotadé, y es ni más ni menos que su propio jefe, el comisario. (No desvelo nada, se sabe desde la primera página, incluso desde el libro anterior y está bien que lo haga pues la naturaleza humana de verdad es la de “ser el jefe de alguna tribu violenta”, como diría mi marido )


Capítulos cortos que se agradecen a Santiago Díaz. Pero hay varias subtramas que, al igual que en el libro anterior, no me han interesado porque se nota construidas para rellenar páginas.


Por lo demás, un tipo de libro que cumple su función veraniega; lectura ligera que de vez en cuando se necesita para relajarse debajo de la sombra de un gran árbol o a la orilla de la playa y desconectar del teléfono móvil.



Cuando llegan los viajeros más madrugadores a la parada del autobús, se asustan al ver a Jotadé dormido en el mismo lugar en el que encontraron muerta a Carla Lombardo unos días atrás, convencidos de que se trata de la segunda víctima del mismo asesino. Un hombre de mediana edad se acerca con cautela y lo toca con el dedo, lo que sobresalta al policía, que saca instintivamente su pistola de la cartuchera.

—¡¿Qué hostias pasa?!

—No pasa nada, perdón—dice el hombre con las manos en alto, acobardado—. Pensábamos que estabas muerto.

—Tus muertos lo están, no te digo el payo.—Se tranquiliza y guarda la pistola, avergonzado—. Solo estaba pensando, así que cada uno a lo suyo.





sábado, 8 de agosto de 2026

EL LORO DE FLAUBERT



“El loro de Flaubert” podría ser el Espíritu Santo, la tercera persona de Dios. Pero lo que es seguro es que se trata de un libro de Julian Barnes.


Narra la historia de un médico apasionado de la obra de Flaubert, que emprende un viaje a las ciudades de Croisset y Rouen en Francia, en busca del verdadero loro que inspiró el relato de “Un corazón simple”.


Y digo “verdadero”, porque aparecen dos loros (disecados) que se atribuyen tal mérito. A pesar de que el libro tiene apariencia de novela, en realidad, tiene más de ensayo con elementos metaliterarios y biográficos de Flaubert.


Se precisa una gran capacidad y una técnica virtuosa para escribir “esto”, irse de un tema a otro, sin que el lector se dé cuenta de ello o se harte, escribir sobre un loro disecado, polvoriento, que una vez estuvo en el escritorio de Flaubert. El lector tiene que tolerar tanta pedantería del autor y la presencia obsesiva del loro y, sin embargo, sigue leyendo. La razón es que está muy bien escrito, con una gran técnica y destreza, es culto, irónico… es una gran lectura.


“El loro/escritor acepta con pusilanimidad el lenguaje como una cosa recibida, imitativa e inerte. El propio Sartre reprendió a Flaubert por su pasividad, por su creencia ( o por su colusión con la creencia) en que on est parlé: nos hablan”


La historia del loro aparece en un relato corto “Un coeur simple” . Una criada pobre e inculta llamada “Felicité” sirve toda su vida a la misma familia. Cuando mueren todos o sencillamente se van y se olvidan de ella, sólo le queda un loro al que llama Loulou. El día en que el animal muere lo manda disecar. La reliquia la guarda en un altar sustituyendo a la paloma del Espíritu Santo, pues, según la pobre Felicité, el don de las lenguas la tiene el loro y no la paloma.


Para escribir este cuento Flaubert se basó en una noticia encontrada en la prensa en el año 1863 y del que podríamos decir uno de los primeros casos therians que se conoce. Un hombre víctima de un desengaño amoroso se convierte en un misántropo, viviendo únicamente con su loro. Al cabo del tiempo, cuando éste muere, el hombre empezó a creerse un loro.


A partir de ahí, el autor (Julian Barnes) hace un estudio sobre los loros en la obra de Flaubert. Que si en “Salammbô” los traductores cartagineses llevaban un loro tatuado en el pecho, que si en la “L’Éducation sentimental” aparece la percha de un loro, o que en “Saint Julien l’hospitalier” al cazador le resulta imposible matar a un grupo de loros. Y lo hace con mérito, como si de ello dependiera el realismo literario. Vamos, que no es cosa baladí sino principal encontrar al verdadero loro, disecado y acaroso.


También Barnes hace una aproximación al carácter de Flaubert. Vivía solo, en compañía de sus padres, su hermana, los criados, el perro, y las visitas regulares de sus amigos. Odiaba los ferrocarriles. Sexualmente muy activo, nunca se casó, Louise Colet, fue su confidente y amante, al igual que algunos hombres (le gustaba los muchachos de las casas de baños). Sufría crisis epilépticas y contrajo la sífilis. En un viaje a Egipto su amigo Du Camp le colocó una tarjeta de visita entre las piedras de una pirámide. Pertenecía a un vecino suyo, encerador de suelos. Flaubert la encontró y cayó en la broma. Era un escritor al que la ironía y la forma le apasionaban.


En resumen, un libro genialmente escrito. Digresivo, interesante y culto. Volveré a Barnes.


PD: Las iglesias deberían sustituir el símbolo de la paloma por el del loro a la hora de representar el Espíritu Santo.


Yo me río de todo, incluso de lo que más amo.


El artista, en mi opinión, es una monstruosidad, una cosa que escapa a la naturaleza.


Pase lo que pase—escribió Flaubert cuando estalló la guerra franco-prusiana—seguiremos siendo unos estúpidos.


Flaubert no creía en el progreso: especialmente en el progreso moral, que es el único que importa.


El mayor sueño de la democracia consiste en elevar al proletariado hasta el nivel de estupidez de la burguesía.


De acuerdo con mi ideal de Arte, creo que no hay que mostrar ninguna idea propia. Y que el artista debe aparecer tan poco en su obra como Dios en la naturaleza. ¡El hombre no es nada, la obra es todo!


Creía en el estilo más que nadie. El estilo está en función del tema. No se le puede imponer estilo al asunto, sino que debe surgir de él. El estilo es la fidelidad al pensamiento.


En el fondo de mi corazón estoy irremediablemente convencido de que mis queridos prójimos, con unas pocas excepciones, son unos seres despreciables.


Su sistema preferido de gobierno era el chino, el mandarinazgo; pero estaba perfectamente dispuesto a reconocer que las posibilidades de que este sistema fuese introducido en Francia eran remotísimas.


La democracia no es la última palabra de la humanidad, de la misma manera que tampoco lo fueron la esclavitud, el feudalismo o la monarquía. La mejor forma de gobierno, aseguraba, es la que ya ha empezado a agonizar, porque significa que está cediéndole el paso a otra forma.


Pero quiero añadir otra consideración, la de esta increible debilidad de carácter de mi cliente: no era partidario de que las personas se matasen las unas a las otras. Podrá decir usted que era un remilgado, pero la cuestión es que no lo aprobaba.


El mayor acto de patriotismo consiste en decirle a tu patria que está comportándose de forma deshonrosa, estúpida, malévola. El escritor debe tener simpatías universales, y ser un proscrito por naturaleza: sólo entonces puede ver las cosas con claridad.


Es tan imposible imaginar una Idea sin Forma como una Forma sin Idea. En arte todo depende de la ejecución: la historia de un piojo puede ser más bella que la historia de Alejandro Magno.


Cuando estaba en Croisset soñaba con la arena caliente y el reluciente Nilo; cuando estaba en el Nilo soñaba en nieblas húmedas y el reluciente Croisset. En realidad no le gustaba viajar. Le gustaba la idea de los viajes, y también el recuerdo que dejan los viajes, pero no el viaje en sí.


Una vez dijo que para ser feliz había que cumplir tres requisitos previos—ser estúpido, ser egoísta, y gozar de buena salud—y que él no estaba seguro de cumplir más que el segundo.


El desastre le encantó: en cinco minutos la Naturaleza había impuesto de nuevo a las cosas el verdadero orden, tan diferente del breve y ficticio orden que el hombre, con su característico engreimiento, imagina haber creado. La gente está demasiado dispuesta a creer que la función de sol consiste en ayudar a crecer las coles.


No se puede cambiar a la humanidad, sólo conocerla.






domingo, 26 de julio de 2026

JOTADÉ


 



De nuevo leyendo a Santiago Díaz y a su universo ficcional de policías en una comisaría madrileña que combaten el crimen organizado.


Jotadé, es policía y es gitano y protagonista de esta novela negra que trata de mafias, traficantes y asesinos al más puro estilo hollywoodense. Es Jotadé tan duro y sarcástico como un Clint Eastwood interpretando a Harry el Sucio. El policía patrulla los barrios madrileños con su viejo Cadillac. Muy chulo él, pero leal a sus compañeros. Su familia vende bragas en el mercadillo y su “ex” vive con el hijo de ambos en un modesto piso, y trabaja en un supermercado por el que apenas le llega para pagar la hipoteca.


Empieza la novela con un ajuste de cuentas cuando dos hombres son lanzados con una soga al cuello y destripados desde un puente de la M-30.


Intervienen , claro está, otros policías: Vero Arganza, oficial de confianza de Jotadé; la agente Lucía Navarro, antigua compañera y amiga de Jotadé, que ahora cumple condena por un asesinato; y otros, como Iván Moreno, el viudo de la fallecida inspectora Indira Ramos, que vive en un pueblecito, Villafranca de los Barros, y que forma parte de una subtrama que no interesa mucho, la verdad.


Sigue siendo novela piscinera para amortiguar las olas de calor. Y¿cómo se lee en las piscinas? Se lee y no se lee.



Jotadé habla por el móvil frente a la casa de sus padres, sin quitar ojo al Jonathan, un gitano de su quinta que revisa su Cadillac con una linterna en la boca y una vieja caja de herramientas a sus pies.

—Yo me encargo, tranquila—dice al teléfono—. Pero tú, por si acaso, procura no dejarte ver. Lo digo en serio, Lucía. No salgas de tu celda hasta que te vaya a visitar yo mañana, ¿vale? Intenta descansar.

Cuelga y va hacia el mecánico.

—¿Ya sabes lo que tiene?

—Más años que el hilo negro. ¿Por qué no lo cambias de una vez, primo?

—Porque no. ¿Lo puedes arreglar o no para que me den la pegatina?

—Una de dos: o sueltas cincuenta euros para que lo lleve a una ITV donde curra un colega mío, o le metes cuatrocientos para cambiar el carburador, que falta le hace.

—Hay una tercera: que me lo cambies tú por doscientos o hablo con unos colegas para que vayan a hacer una inspección a tu taller.



domingo, 19 de julio de 2026

EL COLOQUIO DE LOS PERROS


 



Precisamente, tres siglos y medio antes de que James Herriot titulara a su novela “Si los animales pudieran hablar”, (anteriormente reseñada), ya Cervantes construía esta broma donde dos perros adquieren la facultad de hablar y contar y reflexionar sobre su vida y experiencias.


“El coloquio de los perros” es una novela ejemplar publicada en 1613 y estructurada como un diálogo entre dos perros, Cipión y Berganza. Partiendo del famoso dicho que hay sobre nuestras mascotas “sólo le falta hablar” Cervantes estructura un relato con las características de una novela picaresca en la que ,como siempre hizo, supera el género de la novela picaresca y donde el perro Berganza cuenta sus andanzas a lo largo del tiempo a las órdenes de sus diferentes dueños; el mercader, la hechicera, los gitanos, el poeta, los soldados… etc; a todos ellos sirve honradamente pero también con la picaresca del superviviente que ha de intentar mejorar su suerte.


Berganza es el perro que narra su vida y vive sus aventuras, es pícaro aunque noble en sus actos y reflexiones, demostrando tener más ética y valores morales que los humanos que le rodean. Cipión, es el perro que escucha, el crítico, el filósofo, valora la brevedad en el relato, y es racional y pragmático.


Berganza es la acción, Cipión el pensamiento.



CIPIÓN.- Por haber oído decir que dijo un gran poeta de los antiguos que era difícil cosa el no escribir sátiras, consentiré que murmures un poco de luz y no de sangre; quiero decir que señales y no hieras ni des mate a ninguno en cosa señalada: que no es buena la murmuración, aunque haga reír a muchos, si mata a uno; y si puedes agradas sin ella, te tendré por muy discreto.


BERGANZA.- Yo tomaré tu consejo, y esperaré con gran deseo que llegue el tiempo en que me cuentes tus sucesos; que de quien tan bien sabe conocer y enmendar los defetos que tengo en contar los míos, bien se puede esperar que contará los suyos de manera que enseñen y deleiten a un mismo punto.






martes, 30 de junio de 2026

SI LOS ANIMALES PUDIERAN HABLAR


 


Terminados sus estudios en Glasgow, James Herriot ( 1916- 1995 ) se traslada en los años previos a II Guerra Mundial a una clínica rural en Yorkshire en la ciudad de Thirsk, donde trabajará toda su vida como veterinario.


Su jefe, Siegfried, es un tipo malhumorado y gruñón, capaz de agotar la paciencia de la persona más calmada, pero también un hombre sensible e inteligente, experto en caballos. Su hermano, Tristan, un joven de buen corazón y despreocupado e irresponsable, el perfecto camarada de correrías por las tabernas del lugar. La señora Hall es la eficiente ama de llaves que pone orden en la casa. Allí conoce también a Helen, la atractiva hija del granjero Alderson con la que después de varios intentos de noviazgo se convertirá en su prometida.


Me encantan estos libros de James Harriot porque escribe con gracia y sensibilidad; transmite paz, amabilidad, sentido del humor y sus historias no son meramente anécdotas, es mucho más que eso, es música para vivir mejor (como dicen en la radio nacional clásica).


Bajarse del coche para contemplar el valle, granjeros hablándole de las distintas consistencia de las cacas en mitad de una cita con su novia en el cine, extraviar un termómetro en el trasero de una vaca, o asistir a una pareja de caballos que sorprendentemente llevaban doce años “jubilados” sin trabajar.


Un libro que transmite amor y empatía hacia los animales. Y a sus variopintos dueños.


—Solo tengo un miedo. Mis perros y mis gatos, señor Herriot. Me da miedo no volver a verlos cuando me vaya, y eso me preocupa mucho. Sé que volveré a ver a mis padres y mis hermanos pero… pero…

—¿Y por qué no va a volver a ver a sus animales?

—Esa es la cosa.—Sacudió la cabeza en la almohada y solo entonces vi que las lágrimas le caían por la mejilla—. Dicen que los animales no tienen alma.

 — ¿Quién dice eso?

—Lo he leído y sé que hay mucha gente religiosa que lo cree así.

—Bueno, yo no lo creo.—Le di unas palmaditas en la mano, que aún se aferraba a la mía—. Si tener alma significa ser capaz de sentir amor, y lealtad, y gratitud, a los animales se les da mucho mejor que a muchos humanos. Yo por eso no me preocuparía.




lunes, 15 de junio de 2026

MADRID, DE CORTE A CHECA

 




En la ciudad de Nastola, al norte de Helsinki, un tipo gordo y alto atraviesa con abrigo de pieles, puro en mano, aire solemne y andares fascistas, el patio de un campo de concentración. Se para ante la celda de un grupo de comunistas españoles capturados en la II Guerra Mundial. Entra, y ante el asombro de los prisioneros les habla en español. En el barracón se hace el silencio hasta que uno de ellos lo reconoce: “Pero si es el conde de Foxá, el que escribió: Madrid, de Corte a Checa”


Así era Agustín de Foxá el autor de este libro, escrito en el año 37, en plena guerra civil española. Un fascista, sí, pero también un hombre inteligente y cínico e imprevisible que haciendo uso de su estatus diplomático no dudó en salvar la vida de un grupo de compatriotas sin importarle su ideología.


La novela está escrita desde el punto de vista del bando sublevado. Es una obra a merced de la propaganda política falangista, un libelo imbuido de la más pura tradición católica que justifica el golpe de Estado previo a la guerra civil.


Pero como una cosa no tiene que ver con la otra, Foxá es también un gran escritor. De una gran capacidad literaria, estilo conciso, audaz en la metáfora y en la ironía. De palabra rápida, ingeniosa, ofensiva.


La obra consta de tres partes: en la primera se relata el final de la Dictadura de Primo de Rivera y el final de la Monarquía; en la segunda, se proclama la II República; y por último, en la tercera parte, la Guerra Civil Española.


El protagonista es José Félix, un joven aristócrata con veleidades revolucionarias, un hombre “tentado por los filmes rusos, la pintura cubista de Picasso, nacido en el siglo de la deshumanización del Arte, abandonando a Dios en la sordidez del Ateneo, a la novia en los libros zoológicos de Freud y a la Patria en los Estatutos de Ginebra”.


Pronto José Félix se desengaña de la República. Todo es decadencia moral y política: Los trabajadores son brutos y resentidos, los intelectuales afines a la izquierda, mediocres y fracasados, y suponen otra decepción para el protagonista; todo va encaminado a una sociedad en la que acecha el comunismo. Por todo esto, y como única forma de volver al orden y evitar el desmoronamiento de la nación, José Félix se afilia a la Falange.


Hoy como ayer, la falange de Foxá.


Hay también una trama sentimental. El protagonista está enamorado de Pilar. Pero ésta, obligada por sus padres, por la necesidad de dinero pues su familia está arruinada, se casa con Miguel Solís, un joven terrateniente con caudales, que tras la boda se nos revela además como juerguista y mujeriego.


El Madrid de las tertulias, de los cafés, es descrito como una gran caricatura. En la segunda parte, durante la vigencia de la II República, el estilo de Foxá es mordaz y grotesco. Recuerda a “las máscaras del héroe”. O más bien al revés. La novela de Juan Manuel de Prada recuerda a la de Foxá en estilo, en personajes, en ese batiburrillo intelectual de la época. Personajes comunes como Pedro Luis de Gálvez salen en ambas novelas. Y otros como, César González Ruano, José Bergamín, y muchos de los intelectuales y políticos de la época.


En las tertulias que describe Foxá encontramos personajes singulares, esperpénticos, como el médico-poeta que trataba de encontrar una lente que devolviera la vista al ojo atrofiado que tenemos en el occipucio. Relata, según él, el esnobismo intelectual simpatizante con los comunistas; uno de ellos Alberti, al que califica de mal poeta, cantando al cemento, las turbinas, el canal de Kiel o el plan quinquenal.


Y llegados a la Guerra Civil, Agustín de Foxá hace un relato descarnado de la contienda, un estado de terror dentro del Madrid sitiado donde cualquiera puede ser perseguido y fusilado a la menor sospecha de pertenecer al bando sublevado. Ello, según Foxá, propició venganzas personales. Olvida Foxá que los militares sublevados fueron los que abrieron la caja de los males.


Hombre, cada uno cuenta la historia según la ha vivido. Está claro que en una guerra se cometen disparates por ambos lados. Pero lo que Foxá cuenta es un horror. Relata, por ejemplo, la historia de los marineros muertos por la república y echados al mar sin ningún reparo. Lo que no cuenta es que la nave en la que iban estaba al mando de la República y que los marineros se amotinaron como terroristas contra la República.


Pero hay un pasaje de la barbarie anticlerical que me ha impresionado. El de los soldados fotografiándose orgullos con los esqueletos de las monjas de un convento. Es cruel, desde luego. Y es real.


Ahora bien, no cuenta Foxá, por ejemplo, las acciones de las tropas moras en Badajoz traídas por Franco de África para defender a los latifundistas españoles.


La vida y la obra de Foxá y la experiencia demuestran que cuando hay guerra lo mejor es escapar, si se puede, a un país neutral.



Era el símbolo de los mediocres en la hora gloriosa de la revancha. Un mundo gris y rencoroso de pedagogos y funcionarios de Correos, de abogadetes y tertulianos mal vestidos, triunfaban con su exaltación. Era el vengador de los cocidos modestos y los pisos de cuarenta duros de los Gutierrez y González anónimos, cargados de hijos y de envidia, paseando con sus mujeres gordas por el Parque del Oeste, de los boticarios que hablan de la Humanidad con h mayúscula, de los cafés lóbregos, de los archivos sin luz, de los opositores sin novia, de los fracasados, de los jefes de negociado veraneantes en Cercedilla, de todo un mundo sin paisaje ni sport, que olían a brasero, a Heraldo de Madrid y a contrato de inquilinos.



Todos repetían en sociedad los temas de sus oposiciones, las preguntas de sus cátedras, las reflexiones de sus críticas, los comentarios de sus bufetes. Porque no habían encontrado todavía ese tono ligero, esa espuma maliciosa y cortés que alude a las cosas y las desflora sin entrar en ellas y que constituye la conversación del hombre de mundo.





lunes, 25 de mayo de 2026

EL COMPOSITOR DE TORMENTAS

 




Esta novela de aventuras de más de 500 páginas y dividida en tres actos se me ha hecho excesivamente larga, con la mitad de texto hubiese estado mejor: una sonata mejor que una sinfonía. Y es que cuando llegué al final había olvidado el principio. Será cosa mía y del momento del cosmos en que lo leí…porque leer es como entonar la melodía respetando la escala y el compás.


La novela consiste en una historia que cuenta el director de la Ópera Garnier de Paris a Michael Steiner, un músico, compositor y director que se siente incapacitado para interpretar cierta melodía tras la muerte de su mujer.


Y entonces nos trasportamos a la Francia del siglo XVII, con Luis XIV, el rey Sol, y a la corte de Versalles, con sus intrigas palaciegas y fiestas en París. Aparecen viajes, historias de piratas y negreros, paisajes idílicos en la isla de Madagascar, y el amor. Matthieu es un joven músico que se ve implicado en un asesinato y por el que tiene que embarcarse rumbo a la isla de Madagascar en busca de la música primigenia que conecta todos los elementos del cosmos, en la búsqueda de una armonía global.


Se presentan personajes históricos como Newton, el ministro Louvois, el jardinero real André Le Nôtre que diseñó los jardines de Versalles, el artista Le Brun, pintor barroco, y el enfrentamiento real, (a la manera de Mozart y Salieri pero esta vez de verdad) entre los músicos Marc-Antoine Charpentier y Lully.


Y como el lenguaje de la Naturaleza también puede ser transcrito en notas musicales en un pentagrama, “El compositor de tormentas” así lo hace una noche de tormenta en la cubierta de un barco. Los truenos eran timbales, las gotas de lluvia que tintineaban como campanillas de percusión, el viento como el silbido cortante de un violín en máxima tensión o como una densa sección de violonchelos.




—Los griegos sabían que, al igual que las escalas mixolidias entristecen, otras afiebran la mente—añadió Matthieu—. Es como los ritmos: unos desprenden calma; otros, nobleza, pasión…


—¡Sí! —exclamó Misson golpeando con furia la mesa, derramando el cacao líquido.


—Como escribió Marc-Antoine Charpentier—se le ocurrió citar, recordando las enseñanzas de su tío—cada modo tiene su espíritu: do mayor es duro y guerrero; do menor, oscuro y triste; re mayor, alegre y muy belicoso; re menor, grave y devoto, y así hasta terminar las tonalidades.





domingo, 12 de abril de 2026

LA PACIENTE SILENCIOSA


 


He comprado este libro en el supermercado entre ricos productos de pescadería, frutería y latas de conservas. No es de lo más habitual, lo sé, pero es otra opción en un mundo en el que ya no se lee y las bibliotecas son puntos de venta. No hay que dejarse atrapar por los prejuicios, ni por la primera impresión al ver los libros rodeados de ofertas de jabones, ni por el estilo del lugar, y entrar al mundo consumista del supermercado que es uno de los mayores ecosistemas urbanos que podamos encontrar.


¿Y acaso no hay veteranos rastreadores de obras que alardean de comprar gangas al peso, por un euro entre montones de libros repletos de ácaros?


¿De qué trata el libro? Pues es un thriller, por supuesto. Alicia Berenson, una exitosa pintora, dispara a su marido cinco tiros en la cabeza. Naturalmente con tales heridas el marido muere. Su mujer, Alicia, no vuelve a hablar y es encerrada en un psiquiátrico. Entonces entra en escena un psicoterapeuta obsesionado con el caso e intenta investigar qué sucedió realmente esa noche.


La pincelada culta (y digo pincelada porque Alicia es una gran pintora) es el paralelismo que el autor hace de su historia con la tragedia griega Alcestis de Eurípides. En la obra griega, Admeto es condenado a muerte pero podrá salvarse si alguien se sacrifica por él. Intenta convencer a sus padres para que mueran en su lugar, pero no los convence; y es Alcestis, su mujer, quien se ofrece voluntaria para morir por su marido.


Se lee rápido. Aunque los avezados lectores de thriller intuirán el desenlace y quien es el culpable .




La cosa no acaba ahí, sin embargo. Hay un final más o menos feliz, un deus ex machina. Heracles saca a Alcestis del Hades y la devuelve triunfal a la tierra de los vivos. Ella regresa a la vida y Admeto llora conmovido en el reencuentro con su mujer. Las emociones de Alcestis son más difíciles de interpretar; permanece callada, no habla.