LA CONJURA

lunes, 16 de marzo de 2026

LA PENÍNSULA DE LAS CASAS VACÍAS

 




La verdad es que no sabía si leer este libro de setecientas páginas que tiene tan buena como mala crítica. Al final me decidí a leerlo con atención, por varias razones, como ésta que cuento a continuación.


Un editor de Murcia, un tío campechano, que parece inteligente, con sentido del humor y un gato y que escribe muy requetebién (no es ironía, lo digo en serio) contaba en su página de facebook que David Uclés es... un desinformado y un pedante y que por ello no iba a leer su libro. Luego le dio la razón (con uno de esos emoticonos en el que aparece el dedo pulgar hacia arriba) a un comentario en su muro a alguien que llamaba borregos a los cuatrocientas personas que fueron a verlo a Cartagena. A ese y a otros comentarios que le bailaban el agua. Una vergüenza de crítico literario, da pena.


Continuaba nuestro supuesto editor y “duro crítico” comentando el último libro de Uclés “la ciudad de las luces muertas” que tras leer tres páginas en la sección de libros del corte inglés (dicho por él mismo) afirma lo siguiente: “Lo que leí me hizo pasarlo mal, porque me dió (lo escribe con tilde, además de otras faltas que le he visto en su muro, ¡que no pasa ná!, yo también cometo faltas de ortografía pero no hago esas críticas tan severas) hasta pena de cómo puede hacerse algo tan cursi y tan cutre


Pues eso. Un apasionado odiador de Uclés.




A mí no me gustó el escritor, David Uclés, me pareció—cuando asistí “como borrego” a una conferencia suya— un joven bastante vanidoso y preocupado por el dinero. Y ahora que ha fichado por la Editorial Destino, perteneciente al Grupo Planeta, creo que lo tendremos pronto como Premio Planeta. Pero lo cortés no quita lo valiente.


Además como dijo una vez mi amigo Antonio G. Soler, poeta, hay gente que nace sabiendo. Así que me puse a leer el libro que además me lo regaló Mariplatónica y del que yo no sabía nada.


Me sorprende encontrar una historia de la guerra civil española contada desde el realismo mágico. Estilo que parece haber asumido como suyo por David Uclés a tenor de su novela “La ciudad sin luces”( último premio Nadal).


En el universo ficcional de “La península de las casas vacías” asistimos a la guerra civil española con la familia de los Odisto Ardolento en Jándula, pueblo trasunto de la ciudad de Quesada (Jaén) durante el inicio y posterior guerra fratricida, con dos hermanos, José y Pablo, enfrentados en bandos opuestos.


Odisto y su mujer María tienen ocho hijos y nadie quedará cuando termine la guerra. No desvelo nada pues lo dice el propio Uclés en la primera página. La idea que inicia la novela, por tanto, es la frase típica que se decía en los pueblos cuando en los hogares ya no hay niños o hijos: “ Cuando ya los hijos no están parece que la casa está vacía”.


La parte histórica ha supuesto para el autor quince años de investigación. Eso dice él. Con una estructura muy trabajada intercala con la ficción capítulos históricos donde aparecen los principales protagonistas de la contienda (militares, políticos, intelectuales y artistas del momento y del futuro también ...) del bando sublevado y del bando legítimo y legal, el republicano.


Relata los crímenes cometidos en ambos lados, las venganzas personales que fueron atroces, aporta datos históricos y otras veces utiliza los augurios de la cuñada de Odisto, Eva, un personaje tipo Casandra que profetiza el futuro), para informar del devenir de la guerra.


David Uclés rompe la línea temporal del relato, y como narrador omnisciente juega a ser Dios con sus personajes. Les habla, los interrumpe, y nos anticipa lo que les va a suceder, juega con nosotros y con los personajes; hasta llegar, por ejemplo, a mantener una conversación de tú a tú con el mismísimo Franco, o con Unamuno, o Robert Capa.


A mí me ha gustado el libro por las razones anteriormente citadas. A ver quien es capaz de escribir un mamotreto de 700 páginas sin aburrir.



Pues mi hermano Pablito va camino de ser uno de ellos. Dice que en cuanto pueda se irá del pueblo y luchará contra los revolucionarios. Tiene un cuaderno en el que escribe todas las peroratas derechistas que oye por la radio como las de los miembros de la Acción Popular. ¿No escuchaste a Gil-Robles decir que hay que ir a por un Estado nuevo, aunque tengamos que derramar sangre? ¡Y que Iberia había de liberarse de los judíos, herejes, masones, liberales y marxistas!


¡La Virgen, le faltarán adjetivos! —se ríen—.No sabía lo de tu hermano. No le pega ser de derechas. ¿A quién ha salido? ¿Tu padre de qué pie cojea?

A mi padre solo le interesa el campo. Vota al partido que le conviene a la huerta.

¡Como si hubiera algún partido que pensara más en la tierra que en el poder!

¿Qué pasa, tú también te vas a cambiar de bando?

No. Yo seré siempre de izquierdas. ¿Cuándo querrá el Dios del cielo que la tortilla se vuelva y los pobres coman pan y los ricos coman mierda?—. Pero no me jodas, José… No es posible que los nuestros sean unos santos y los otros el demonio, ¿no? Vivimos en un pueblo de izquierdas y no nos enteramos de la misa la media. Dice mi padre que el otro día fue a llevar¿no? Dos terneros a un pueblo de Graná y que vio una turba acuchillar a un guardia civil a plena luz del día. Luego le contó en la peña y dijo que nadie se atrevía a admitir que era una mala acción. De hecho Venancio lo amenazó con hacerle otro tanto si hablaba mal de “nuestros camaradas”.

¡Y eso que tu padre no se mete con nadie! ¡Si no sale del establo ni pa cagar!





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