La
verdad es que no sabía si leer este libro de setecientas páginas
que tiene tan buena como mala crítica. Al final me decidí a leerlo
con atención, por varias razones, como ésta que cuento a continuación.
Un
editor de Murcia, un tío campechano, que parece inteligente, con
sentido del humor y un gato y que escribe muy requetebién (no es
ironía, lo digo en serio) contaba en su página de facebook que
David Uclés es... un desinformado y un pedante y que por ello no iba
a leer su libro. Luego le dio la razón (con uno de esos emoticonos
en el que aparece el dedo pulgar hacia arriba) a un comentario que alguien hizo en su
muro llamando borregos a los cuatrocientas personas que
fueron a verlo a Cartagena. A ese y a otros comentarios que le
bailaban el agua. ¡Un crítico literario que deja mucho que desear para los lectores!
Continuaba
nuestro supuesto editor y “duro crítico” comentando el último
libro de Uclés “la ciudad de las luces muertas” que tras leer
tres páginas en la sección de libros del corte inglés (dicho por
él mismo) afirma lo siguiente: “Lo que leí me hizo pasarlo
mal, porque me dió (lo escribe con tilde, además
de otras faltas que le he visto en su muro, ¡que no pasa ná!,
yo también cometo faltas de ortografía pero no hago esas críticas
tan severas) hasta pena de cómo puede hacerse algo tan cursi
y tan cutre”
Pues
eso. Un apasionado odiador de Uclés.
A
mí no me gustó el escritor, David Uclés, me pareció—cuando
asistí “como borrego” a una conferencia suya— un joven
bastante vanidoso y preocupado por el dinero. Y ahora que ha fichado
por la Editorial Destino, perteneciente al Grupo Planeta, creo que lo
tendremos pronto como Premio Planeta. Pero lo cortés no quita lo
valiente.
Además de escritor, David Uclés, es músico, dibujante, cantautor y habla cuatro idiomas. Como dice mi amigo y poeta Antonio G. Soler, "hay gente que
nace sabiendo". Así que me puse a leer el libro que además me lo
regaló Mariplatónica y del que yo no sabía nada.
Me
sorprende encontrar una historia de la guerra civil española contada
desde el realismo mágico. Estilo que parece haber asumido
como suyo por David Uclés a tenor de su novela “La ciudad sin
luces”( último premio Nadal).
En
el universo ficcional de “La península de las casas vacías”
asistimos a la guerra civil española con la familia de los Odisto
Ardolento en Jándula,
pueblo
trasunto de la ciudad de Quesada (Jaén) durante
el inicio y posterior guerra fratricida, con dos hermanos,
José y Pablo, enfrentados en bandos opuestos.
Odisto
y su mujer María tienen ocho hijos y nadie quedará cuando termine
la guerra. No desvelo nada pues lo dice el propio Uclés en la
primera página. La idea que inicia la novela, por tanto, es la frase
típica que se decía en los pueblos cuando en los hogares ya no hay
niños o hijos: “ Cuando ya los hijos no están parece que la casa
está vacía”.
La
parte histórica ha supuesto para el autor quince años de
investigación. Eso dice él. Con una estructura muy trabajada
intercala con la ficción capítulos históricos donde aparecen los
principales protagonistas de la contienda (militares, políticos,
intelectuales y artistas del momento y del futuro también ...) del
bando sublevado y del bando legítimo y legal, el republicano.
Relata
los crímenes cometidos en ambos lados, las venganzas personales que
fueron atroces, aporta datos históricos y otras veces utiliza los
augurios de la cuñada de Odisto, Eva, un personaje tipo Casandra que
profetiza el futuro), para informar del devenir de la guerra.
David
Uclés rompe la línea temporal del relato, y como narrador
omnisciente juega a ser Dios con sus personajes. Les habla, los
interrumpe, y nos anticipa lo que les va a suceder, juega con
nosotros y con los personajes; hasta llegar, por ejemplo, a mantener
una conversación de tú a tú con el mismísimo Franco, o con
Unamuno, o Robert Capa.
A
mí me ha gustado el libro por las razones anteriormente citadas. A
ver quien es capaz de escribir un mamotreto de 700 páginas sin
aburrir.
—Pues
mi hermano Pablito va camino de ser uno de ellos. Dice que en cuanto
pueda se irá del pueblo y luchará contra los revolucionarios. Tiene
un cuaderno en el que escribe todas las peroratas derechistas que oye
por la radio como las de los miembros de la Acción Popular. ¿No
escuchaste a Gil-Robles decir que hay que ir a por un Estado nuevo,
aunque tengamos que derramar sangre? ¡Y que Iberia había de
liberarse de los judíos, herejes, masones, liberales y marxistas!
—¡La
Virgen, le faltarán adjetivos! —se ríen—.No sabía lo de tu
hermano. No le pega ser de derechas. ¿A quién ha salido? ¿Tu padre
de qué pie cojea?
—A
mi padre solo le interesa el campo. Vota al partido que le conviene a
la huerta.
—¡Como
si hubiera algún partido que pensara más en la tierra que en el
poder!
—¿Qué
pasa, tú también te vas a cambiar de bando?
—No.
Yo seré siempre de izquierdas. ¿Cuándo querrá el Dios del cielo
que la tortilla se vuelva y los pobres coman pan y los ricos coman
mierda?—. Pero no me jodas, José… No es posible que los nuestros
sean unos santos y los otros el demonio, ¿no? Vivimos en un pueblo
de izquierdas y no nos enteramos de la misa la media. Dice mi padre
que el otro día fue a llevar¿no? Dos terneros a un pueblo de Graná
y que vio una turba acuchillar a un guardia civil a plena luz del
día. Luego le contó en la peña y dijo que nadie se atrevía a
admitir que era una mala acción. De hecho Venancio lo amenazó con
hacerle otro tanto si hablaba mal de “nuestros camaradas”.
—¡Y
eso que tu padre no se mete con nadie! ¡Si no sale del establo ni pa
cagar!