LA CONJURA

jueves, 5 de noviembre de 2026

LAS VENTAJAS DE SER ANTIPÁTICO


 


“Las ventajas de ser antipático” es un libro difícil de clasificar. Hay en él viajes alrededor de cuatro continentes, aventuras e investigación etnológica, y una suerte de ensayo literario con referencias filosóficas, antropológicas y artísticas.


¿Por qué antipático? Entiende la antipatía como felicidad primitiva que más tiene que ver con el sufrimiento de mantenerse en vida que con el gozo refinado de las cosas materiales. Mostrar el lado oscuro y decadente del ser humano.


Simón Elías, el autor, tiene tres libros publicados. Además de escritor es alpinista y aventurero. Se declara bisexual. Precisamente uno de sus libros se titula “Alpinismo bisexual y otros escritos de altura” publicado por la editorial “Pepitas de calabaza”.


El texto está dividido en nueve capítulos con nombres de ciudades o zonas geográficas, cosa que ayuda a ubicarte en el mundo. Abundan las referencias literarias, artísticas, anécdotas y aventuras. Es un libro simpático, en realidad.


Por ejemplo, en Ginebra una prostituta genovesa, Grisélides Réal, también escritora y mujer intelectual. Pidió ser inhumada (2005) en el cementerio más ilustre de la ciudad con una placa que la describiese como escritora, pintora y prostituta. La petición fue denegada. Posteriormente su tumba fue trasladada junto a Borges, escritor, Juan Calvino, precursor del capitalismo según Max Weber, o Jean Piaget, psicólogo evolutivo.


En la ciudad marroquí Esauira conocemos a los pintores Rachid Amarhouch y a Mohamed Tabal. El primero era pescador y el segundo hijo de un tamborilero y nieto de una esclava.


Sorprende que Irán tenga el récord mundial de rinoplastias, consecuencia del culto local al cuerpo en un país donde se impide mostrarlo ( ni el pelo si es el cabello de una mujer) pero donde las fiestas en privado que duran hasta la madrugada es todo lo contrario. Más de seis millones de iraníes están afectados por las drogas (en Afganistán es peor). Aquí, el cineasta Jafar Panahi rodó a escondidas la película “Taxi Teherán” que salió del país en un USB escondido en una tarta de cumpleaños.


En Tánger la historia del escritor Mohamed Choukri es especialmente dura. Vivió en la calle por miedo a un padre cruel que mató a un hermano partiéndole el cuello. Ocho hermanos suyos murieron de malnutrición. Choukri creció entre prostitutas, ladrones y proxenetas y aprendió a leer y escribir a la edad de veinte años. Su libro “El pan desnudo” estuvo prohibido en Marruecos hasta el año 2000.


De París dice que es la capital de la antipatía. Curiosa la anécdota de la prostituta Louise Villedieu que acompañó a Baudelaire al Louvre y se escandalizó de los desnudos. Y la de Mozart que de niño le pidió en el palacio de Schönbrunn la mano a María Antonieta.



Aunque la lectura es interesante, a medida que llegamos al final se pierde frescura y abruma la cantidad de datos, a veces, mal hilvanados en el discurso como si no se hubiera molestado en terminarlo bien o como si los editores no lo revisaran. Sin embargo, es un libro altamente recomendable por simpático.


¡La vida, os digo vecinos, está siempre escondida detrás de una nube!


La simpatía está sobrevalorada. Son simpáticos los presentadores de televisión, los chóferes y las arpías. Cualquier bípedo ligeramente espabilado puede ser simpático. Pero enfrentarse a las convenciones sociales, a la estructura del poder de la sonrisa desde la razón, es tremendamente complicado. Ser antipático parece ser una de las cualidades menos reconocidas de la sociedad moderna.


Es importante hacer una cosa ilegal al día. No tiene por qué ser un atraco a un banco o jugarte al póker la casa de tus padres; basta con saltar la valla de un parking, pisar un sembrado u orinar donde no se debe. Es de esta reflexión pueril y prácticamente inofensiva desde donde nacen estas notas. Es un intento de combatir el mundo desde la antipatía.


Luego he ido a tomar un vermú. Siempre he defendido que tomar el aperitivo es el mayor símbolo de civilización después de la guerra. Cuando una sociedad alcanza su apogeo, combate al prójimo y luego se toma un Campari.